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miércoles, 17 de abril de 2013

Hombre con hombre, mujer con mujer

La comunidad LGBTIÑDS (?) colombiana está en una fuerte disputa hoy, miércoles 17 de abril, para intentar conseguir uno de sus mayores anhelos: el matrimonio entre parejas del mismo sexo. Para esto, se ha contado con el apoyo de políticos como Armando Benedetti, Angélica Lozano y otros, quienes han brindado su soporte para que las comunidades no heterosexuales tengan los mismos derechos de las heterosexuales a la hora de demostrar amor entre ellas.

Por supuesto, al frente se encuentran el ex uribista que no hace pactos con el diablo, Roy, y Su Santidad Alexander VII Ordonius. El Procurador con el poder de hacer misas de siglo XV, y el presidente del Congreso, son las puntas de lanza de la oposición al llamado "matrimonio igualitario", que básicamente es la firma de un contrato donde la comunidad LGBTI pueda declararle a un notario que sí, que quieren vivir juntos y quererse por dos años toda la vida.

El principal argumento que Ordonius y Roy esgrimen es que eso es atentar contra la concepción de la familia como una unión de hombre y mujer para tener hijos. Una visión que, a pesar de su contexto bíblico, suena mucho a serie estadounidense de los 60: la visión de familia conservadora es la de un padre trabajador, una madre ama de casa, dos hijos, un perro, un Oldsmobile o Pontiac, una casa en los suburbios y risas pregrabadas. Y esas son las familias que se pueden unir en un contrato a declararle a un sacerdote que sí, que quieren vivir juntos y quererse por tres años toda la vida.

Tal vez la discusión no sea sobre si los homosexuales quieren firmar ese contrato. Tal vez la discusión sea de revaluar la figura del matrimonio civil. Esta columna se pregunta por qué los godos no pelean por la figura del matrimonio civil, puesto que las únicas uniones válidas para la Iglesia Católica son las hechas ante sacerdote. Pero yo voy un poco más allá: ¿para qué llamar matrimonio a esa unión? Que eso sea únicamente en la iglesia. Lo otro merece un nombre nuevo, que en la tradición de pésimos nombres del gobierno Santos, podría ser Contrato Unificado de Naturalización del Amor (CUNA).

Propongo que el CUNA sea el lugar en donde todo lo que no comparta la visión de familia de un sitcom gringo (que diga, la del matrimonio religioso) llegue. ¿Su novia entra a trabajar? Al CUNA. ¿Es usted un descarado y tiene esposa, novia, amante y moza? Todas pueden ser formalizadas en el CUNA. ¿Sufre de problemas de fertilidad? Lo siento, señor, pero el CUNA está para ayudarle. ¿Es usted una mujer muy responsable, que le dio a cada hijo un padre diferente? En el CUNA también somos responsables.Y por supuesto, amigos de la comunidad LGBTI, en el CUNA los van a ayudar.

El catolicismo está en la potestad de decir "no me gusta que los homosexuales se casen", pero estos contratos que llamamos por conveniencia "matrimonio civil" no son de su incumbencia. Son eso, contratos, que en vez de estar benditos por Dios todopoderoso en el altar están benditos por el sello de la Superintendencia de Notariado y Registro. Y como Notariado y Registro depende del gobierno nacional y no de la Santa Sede, el tema es enteramente potestativo de quienes dan la bendición. Aunque con el papa Alexander VII despachando desde la Procuraduría no parezca.

 Adenda. Samuel Moreno se tiró a Bogotá. ¿Por qué la comunidad prefiere culpar a Petro? Si él apoyó a María Emma...

sábado, 6 de octubre de 2012

50 años con Los Beatles

Hoy es 6 de octubre de 2012. Hace 50 años y un día, el primer sencillo de una banda de peludos en trajes, proveniente de Liverpool, y que se había ganado cierto renombre tanto en el puerto como en Hamburgo, se lanzó al mercado de parte de una compañía discográfica al borde del cierre, Parlophone. La banda había grabado para ellos porque a un productor de su casa matriz, EMI, les gustó lo que oyó en sus pruebas durante junio, pero no tenían más espacio en dónde ponerlos que con Parlophone, normalmente acostumbrada a sacar discos de música clásica. Y lo que estos peludos del norte, Harrison, Lennon, McCartney y Starr hacían, no era música clásica. Todo lo contrario.

Love Me Do, el primer sencillo de The Beatles, salió a la luz pública el 5 de octubre de 2012. Y era lo que la música pedía en el mundo. En Gran Bretaña, ellos fueron los primeros en crear sus propias canciones basados en los sonidos de los más grandes del rock and roll y el blues de los 50: Lennon y McCartney escribieron montados sobre los hombros de los más grandes. Ray Charles, Little Richard, Muddy Waters, Chuck Berry, todos ellos sirvieron como soporte para todos los jóvenes que los conocieron en los discos que llegaban a Liverpool en los barcos de carga. Y muchos lo intentaron, pero sólo estos cuatro, de los cuales el mayor tenía 22 años en el momento, lograron el éxito en el mundo.

En Estados Unidos no fue tan rápido el éxito como en su tierra de origen. Love Me Do tuvo que salir varias veces al mercado, por dos compañías disqueras distintas, hasta que se volvió número 1 en 1964, dos años después de lanzado en el Reino Unido. Luego de presentarse ante Ed Sullivan, y que una Beatlemanía que se había ubicado en los corazones de los (y las) jóvenes británicos se multiplicara al otro lado del charco. La música estadounidense los necesitaba, para acabar con el reinado de artistas y bandas inocuos y aburridos, con canciones que parecían salidas de una fábrica por su similitud, su plasticidad y su tedio. La emoción estaba en los ritmos de las comunidades negras, pero la música, como todo, todavía estaba segregada.

En Gran Bretaña no. Por eso los Beatles, y luego los Stones, The Who, Cream, y todos los grandes artistas del rock en los 60, toda la Invasión Británica que dominó la cultura juvenil estadounidense en el 64, 65 y 66 pudieron tomar todas aquellas influencias del blues, el jazz y el soul, blanquearlas y transmitirlas a un público blanco harto de la música manufacturada y en un bajo estado de ánimo, tras el asesinato de Kennedy. Pero los Beatles fueron los que extendieron ese puente entre Abbey Road y los estudios de ABC donde se presentaron en febrero de 1964. Y detrás de ese puente entró una unificación cultural entre las juventudes de ambos lados. Todo por esos cuatro peludos de Liverpool.

El 6 de octubre de 1962 se dieron los primeros pasos de la Beatlemanía, cuando mucha gente empezó a oír el single de Love Me Do y su lado B, P.S. I Love You. El 6 de octubre fue el primer día completo en que tuvimos a los Beatles entre nosotros. Luego vendría lo que vimos antes, Ed Sullivan, las niñas gritando en Shea Stadium, la retirada de los escenarios, el ser "más grandes que Jesús", el Sargent Pepper's, el concierto en el techo, la ruptura. Y la vida siguió luego de ese 8 de abril de 1970 en que Paul McCartney diría que Los Beatles se acabarían. Pero la vida no siguió como era antes del 6 de octubre de 1962, porque en sus 12 LPs e innumerables singles, 27 de los cuales llegaron a ser número 1 en Gran Bretaña y/o en Estados Unidos, los Beatles dejaron una marca imborrable en la historia del mundo. Este es el homenaje que puedo hacerles a ellos.

miércoles, 11 de abril de 2012

Ley Lleras: letra muerta

En la sesión del martes 10 de abril, el Senado de la República aprobó a pupitrazo la nueva ley que pretende regular los problemas de contenido y derechos de autor en Internet, conocida de forma masiva como "Ley Lleras 2". Envuelto entre el paquete de medidas para aprobar el TLC, que está siendo enviado a las carreras para hacer que Santos lo firme en Cartagena ante la mirada aprobatoria de Obama, esa ley mantiene los mismos temores que mantuvo la Ley Lleras 1, a la cual este sitio se opuso en este post. Sobre el TLC en pleno no opino: está más allá de mi alcance.

Aún así, voy a dar una aclaración fuerte que es únicamente mi opinión. Para mí, esa ley Lleras 2 está diseñada para ser letra muerta. La razón para esto se da por una situación que ha sido pasada de largo por la indignación que está provocando la aprobación de estos artículos de la ley. Porque es una norma casi imposible de ejercer, a menos que se cuente con recursos con los que no cuenta este país.

Me explico. Colombia no es un país que se destaque por su justicia. Nada más dos noticias de hoy lo demuestran: primero, un fallo del Consejo de Estado revivió una indemnización aprobada en el gobierno de Samper y en trámite desde el 2004, que haría que el gobierno le deba $1.3 Billones (la B con mayúscula para que se vea) a magistrados regionales, procuradores delegados y fiscales. Por otro lado, que Julio Gómez fue condenado a 5 años de cárcel y una multa de $58 millones por robarse $68000 millones en el carrusel de la contratación.

Por supuesto, estos son sólo dos de los miles de casos que se registran de fallas en el sistema de justicia nacional. Así mismo, se tiene que recordar que en este país los entes de control están sobrecargados de trabajo, que los juzgados tienen millones de procesos represados durante años, y que para colmo, la mayoría de esos procesos son provocadas por negligencias: el 34% de todas las tutelas que se presentan al año en Colombia, por ejemplo, son causadas por temas de salud, es decir, negligencias de EPS.

En estas condiciones, a mí me cuesta creer que un gobierno se va a dar la pela en judicializar a los que piratean programas, señales de televisión o música. No porque esté de acuerdo con la piratería (aunque pirateo: hay cosas que son simplemente imposibles de conseguir de forma legal, como lo representa excelentemente esta caricatura de The Oatmeal), sino por falta de recursos. No me imagino la cantidad de personal, equipo y demás que se necesitará para poder hacer efectiva la visión orwelliana que temen los críticos de esta norma, más con los organismos de control maltrechos de este país.

Esta es una norma que se va a quedar como muchas en el país en eso, norma. En el papel, será una norma que podrá castigar tradiciones locales como poner streaming de los partidos del FPC para quien no tiene DirecTV, descargar porno o comprar libros en la calle. En la práctica, los usuarios individuales probablemente no nos veamos afectados. Tal vez sea mayor el temor al descargar algo, pero no va a cambiar tanto la cultura del colombiano.Y no será la primera vez que las leyes efectivas en el papel se quedan ahí, en el papel.

Adenda. Un administrador de redes conocido mío dio un posible (qué posible, seguro) uso de la nueva ley en la práctica. El uso: persecución política. Y un ejemplo, el caso de Nicolás Castro, famoso por "amenazar" a Tom y Jerry Uribe en Facebook: si a alguien le agarran el computador y no le encuentran nada incriminatorio, fácilmente puede ser detenido igual por tener un capítulo de Los Simpson o un MP3 que bajó para poner de ringtone. Así estamos.

jueves, 2 de febrero de 2012

De música ligera

(N. del C. de R.: dedicado a Marcela, porque sé que quiere que Gustavo sea su superhombre)

Como todos los veranos, mucha gente en Argentina abandonó una sofocante Buenos Aires para disfrutar el verano del 82 en los balnearios. Mar del Plata, Pinamar y Punta del Este recibían grandes cantidades de turistas porteños, que descansaban de la misma forma como los bogotanos lo hacemos en Melgar, Cartagena y San Andrés: tomando el sol de día y parrandeando cosa sabrosa por la noche. En ese ambiente, impulsado por gran cantidad de jóvenes universitarios inquietos, que habían oído la música de The Police en cancha de River, era común que algunas bandas aficionadas se reunieran a tocar en los "boliches" de los balnearios, tal como lo hacían en la noche bonaerense.

Dos de ellos eran Gustavo y Héctor. Cada uno tocaba en bandas diferentes, aunque se conocían por haber estudiado juntos publicidad en la Universidad del Salvador. Y se encontraron ellos en Punta del Este, donde tocaba la banda de Héctor, a la que terminaría uniéndose Gustavo dado que su banda había quedado arruinada por una estafa de una dueña de bar. El primer ensayo de esta banda, donde quedarían juntos Gustavo y Héctor, quien se hacía llamar "Zeta", fue el 2 de febrero, y al reiniciar clases en la Argentina, mantuvieron la banda, en un principio con los teclados de otro conocido llamado Andrés Calamaro, quien poco después se retiraría.

Finalmente llegaría Carlos, hijo de un famoso baterista de jazz, intentando invitar a salir a la hermana de Gustavo. Una de las muchas llamadas del intenso Charly fue contestada por Gustavo, quien se enteró en el camino que el pibe (pues era bastante menor a Héctor y él) sabía tocar la batería. A la semana lo vieron tocar y decidieron aceptarlo en su banda nueva, la cual se llamó por un tiempo Los Estereotipos. Aún así, ese nombre no sobreviviría mucho tiempo, y el 19 de diciembre, en el cumpleaños de un amigo, tocaron con su identidad definitiva, basada en la soda de sifón.

Han pasado 30 años desde entonces. Soda Stereo es, tal vez, el grupo argentino más famoso de la historia. Para mí, Canción Animal es el mejor disco de todo el rock en español. Gustavo Cerati, Zeta Bosio y Charly Alberti convirtieron las influencias de The Police, The Cure y Duran Duran en un sonido innovador, atractivo y que ha influido a la música entre el Río Bravo y el Estrecho de Magallanes: su presentación en Viña del Mar en el 87, la gira del Nada Personal, el concierto en la 9 de Julio, el "gracias totales" en el último concierto en cancha de River, el "hasta dentro de 10 años" para cerrar, nuevamente en el Monumental, la gira Me Verás Volver. Siete álbumes, dos EP.

La importancia de Soda Stereo para la música en español se vio en los primeros premios de MTV Latinoamérica. Las primeras leyendas premiadas fueron, justamente, Soda Stereo: su música ha sido una de las principales bases alrededor de las cuales se ha desarrollado el rock latinoamericano. Para la muestra un botón: el rock colombiano en los 80 era casi inexistente. En 1986, la gira Nada Personal pasó por Bogotá y Medellín, y la respuesta fue tal que Fernando Pava y la Superestación se metieron la mano al dril para hacer un gran concierto en El Campín y reunir figuras internacionales. Su nombre, Concierto de Conciertos.

Hoy día, Gustavo Cerati está en coma después de su accidente cardiovascular en Caracas (#fuerzacerati). Zeta y Charly siguen con sus proyectos personales. El "hasta dentro de 10 años" parece cada vez más difícil, pero quedan las historias. Queda la música, ligera para muchos pero con un gran peso en el fondo. Queda su influencia, que va desde la Bersuit hasta Caifanes, desde Ekymosis y Juanes hasta los Bunkers.

Y en estos 30 años de Soda, sólo queda una cosa por decir: gracias a Gustavo, Héctor y Carlos por eso mismo. Gracias totales.

sábado, 28 de enero de 2012

Ay, rojo, no me mates

Ernesto Gamboa intentaba mantener la serenidad pero era incapaz. La ilusión lo dominaba en esa tarde soleada entrando a la tribuna occidental sur del estadio capitalino. Ahí estaba como en el 2005, viendo a su equipo del alma, su rojo, apuntarle a un campeonato. Uno que ya llevaba 37 años siéndole esquivo; los 37 que él había vivido. Hasta su nombre se lo debía al equipo cardenal: su padre, sobrino de uno de los estudiantes del Rosario que un día, departiendo entre los tintos del Café Pasaje, decidieron crear un equipo de fútbol y llamarlo Independiente Santa Fe, le puso dicho nombre porque ese día Ernesto Díaz, ídolo de la afición santafereña, había anotado señor golazo contra Paraguay, en la Copa América. Y él, que consideraba buen augurio que su primogénito hubiera nacido el 20 de julio, le puso el nombre de su ídolo, que tantas veces había hecho celebrar a los hinchas del león.

Porque Ernesto Gamboa heredó de su padre la afición a Santa Fe. Uno de sus primeros recuerdos era en el 78, con tres años: ver a su padre marchar al Campín, a un clásico por el título. Y esa noche verlo entristecido, y él, que no sabía por qué, le preguntó. “Perdimos, hijo, los de Millos ganaron otra estrella”, le dijo su padre. Y él, con su chaqueta roja, abatido, sentado en su poltrona favorita, viendo el televisor sin prenderlo, porque sabía que si lo prendía, ahí estaría otra vez la imagen de Willington Ortiz celebrando el tercer gol, el negro Mina Camacho en el suelo, vencido, los hinchas azules gozando su undécimo título.

Un título, nunca lo había vivido. Aunque estuvo cerca. Cerca estuvo en el 87, cuando ya tenía edad para que su padre lo dejara ir al Campín sin tener que ir con él, e iba con sus amigos del barrio a la tribuna sur porque era la más barata. Y ahí lo vio a Taverna, el increíble delantero cardenal, cobrando pasito un penal, a las manos del arquero de Millonarios. Desde ahí aseguró él que Gacha, el narco dueño de Millos, había sobornado a Taverna. Y nunca nadie le quitaría de encima esa idea.

“Ay, rojo, no me mates”, susurró Ernesto Gamboa al ver cómo salía corriendo el delantero rival, pero su tiro fue desviado por el arquero rojo, un chico de la casa, que había hecho el gol de la victoria en un clásico del semestre anterior. Ya estaba acostumbrado a eso, a ver cómo su ilusión de título era constantemente aplazada por una acción en el último minuto.

El partido definitivo es otra vez contra Millonarios. Como en el 78, como en el 87. Como el primer día del campeonato, cuando el golazo de Omar Pérez no fue suficiente para que Millos no ganara. Como no había podido ser hacía seis meses, cuando incluso los periódicos titularon final bogotana, pero Santafecito no pudo con el Caldas en un partido que no pudo ver porque se suspendió por lluvia y se tuvo que jugar en la mañana, y las gallinas hicieron eco de su apodo botando tres goles de diferencia contra el Junior.

“Ay, rojo, no me mates”, dijo Ernesto Gamboa viendo a Rodas lanzar un tiro flojo que no tuvo ninguna dificultad el arquero embajador en atajar. Esta vez no había Tavernas, pero tampoco había Cousillas al frente. Y además estaba harto de jugadores que, por dárselas de Messi o Cristiano, se creían capaces de hacer cinco amagues frente a la cancha, para que al final el defensor recuperara la pelota y la botara a banda.

Clásicos los había vivido todos. Los dolorosos, como cuando por jugar Libertadores tuvieron que llevar suplentes y Millonarios les pasó por encima. Sobre todo los gloriosos, como cuando celebró y se la montó a sus compañeros azules de universidad por el mítico 7-3 del 92. Él estaba en primer semestre, y se hizo conocido por su fanatismo a Santa Fe. Incluso armó un combo para ir al estadio con otros amigos y compañeros de estudio afiebrados al cardenal, y así fueron a muchos partidos, gritaron goles, lloraron derrotas, y estuvieron en aquella final de la Conmebol que perdieron contra un equipo ignoto argentino de camisa granate, un tal Lanús. Y él, Ernesto Gamboa, que había oído de su padre las maravillas de Cañón y Díaz, que había visto cuando niño a Gottardi y Odine, se hizo fanático de Léider. Y celebró como nunca cuando Léider le metió tres a un Millonarios en quiebra, por haberse dejado comprar por los narcos.

“Ay, rojo, no me mates”, dijo Ernesto Gamboa cuando vio que Bedoya se ganó una tarjeta amarilla más. Bedoya, amarilla ambulante, pero qué gran volante de marca. No como Pimentel, por supuesto; Bedoya se gana las amarillas por jugar fuerte, Pimentel se las ganaba por chambón y tropelero. No son comparables.

 Y Ernesto Gamboa gritó gol. Un ligero dolor en la boca del estómago no le iba a impedir que gritara como loco cuando por fin, Anchico logró recuperar el balón, logró romper con un pase la línea de defensas de Millonarios, y dejó a Cardona para que la pusiera suavecita contra el palo derecho de la tribuna norte. Callados los azules, que llevan ya 24 años sin celebrar. Gritando los rojos que iban a acabar con una sequía de 37. Los 37 que él había vivido, muchos de ellos susurrando como en un rezo, para intentar conjurar la mala suerte, “ay, rojo, no me mates”.

Porque para él había sido duro ser fanático de Santa Fe. Ver por televisión cómo se perdió el título del 2005 en Medellín. Se sintió morir cuando Luis Yánez perdió un contragolpe clarísimo contra el arquero verde, con el partido en ceros, y que en tres minutos le acabaran los sueños. No volver a ir durante un tiempo a los clásicos, porque un día del 2001 fue con chaqueta roja y él, que siempre había parqueado junto al Palacio del Colesterol, casi fue aniquilado por unos vándalos con camisetas azules. Desde ahí empezó a dejar el carro en Galerías, y sólo a ir a occidental donde podía gritar igual, pero no le llegaba el hedor a marihuana de los pelados en sur, que no veían el partido por andar saltando y gritando, que se creían más argentinos que colombianos, y que eran capaces de matar a alguien si lo encontraban con la camiseta de Millonarios.

Poco a poco se estaba acercando el minuto 90. Cada vez era más fuerte el grito de los hinchas cardenales, que veían a su equipo dominar tranquilamente, y al azul intentar sin tino ni precisión. Cada vez era más fuerte el malestar de Ernesto Gamboa en el pecho, y él gritó, de forma tan sorpresiva como el contragolpe del lateral de Millonarios que por poco se le mete a Vargas “ay, rojo, no me mates, que he estado toda la vida esperando para verte campeón”.

Tomó agua y una aspirina que llevaba en el bolsillo, para bajar el dolor. Tres minutos de adición. 20 mil personas de rojo empezaban a gritar “campeón”, mientras las otras 20 mil de azul permanecían resignadas, esperando que se abrieran las puertas del estadio. Ernesto Gamboa sintió que el dolor cedía un poco, tuvo ánimo incluso de pararse, y de gritar él también “campeón, rojo campeón”, y aplaudir.

Pero él no iría a celebrar más. Su corazón, ese que desde que su padre le indujo el amor al equipo de Cañón y Pandolfi estaba reservado únicamente para los cardenales, no lo resistió. Cuando el árbitro central pitó la terminación del encuentro, Ernesto Gamboa quiso saltar pero no pudo. Se desplomó en el suelo, fulminado por un infarto que lo había estado acechando desde que Cardona metiera el gol. Cayó de bruces en la fila de adelante, ignorado entre la turba que lo rodeaba, que se abrazaba y lloraba de la felicidad por ver, en el caso de muchos, por fin a su equipo del alma campeón.

Su corazón, que tantas veces había sentido roto por los goles de último minuto, por los resultados en otros estadios que eliminaban a su equipo de cuadrangulares, por los que preferían hacer 10 amagues y perder el balón a disparar con arquero vencido, por los tiros que se iban a Galerías o el Coliseo, por los que no eran capaces de hacer ni un pase, ese corazón no pudo más cuando Ernesto Gamboa cayó en cuenta que iba a ser campeón. Y caería fulminado, en esa luminosa tarde de junio que empezara con un cielo azul sin nubes blancas, y que ahora se despedía en fulgurantes rojos y naranjas de la Sabana de Bogotá para darle paso a la noche y a las celebraciones cardenales.

lunes, 16 de enero de 2012

Haciéndole el ole a la discusión taurina

Como todos los años, la presencia de la temporada taurina en Colombia alborota el debate entre los fanáticos al ancestral arte de la tauromaquia y quienes se oponen a la tortura de los toros para la diversión de un público adepto a la sangre. Estos términos, sacados de las opiniones mayoritarias de ambos lados, permiten denotar un problema fundamental que hay en la pelea entre protaurinos y antitaurinos: la radicalización de las partes.

En mis años de experiencia, que no son muchos pero son, no he visto un debate tan parcializado como lo es el relativo a la tauromaquia. Los anti-taurinos, para empezar, son extremadamente virulentos en su posición de considerarla como una tortura, creen que esa creencia bárbara, elitista y retrógrada debe ser extirpada de inmediato, e igualan a los toreros y taurófilos con asesinos salvajes, sádicos y desconsiderados con el sufrimiento de unas pobres reses maltratadas. Y para ellos, quienes lo reportan sin incluir condenas a este (léase: quienes hacen artículos sobre toros, o twittean de toros sin necesidad de ser adeptos a las corridas) son también salvajes asesinos y apoyan el maltrato animal.

Los taurófilos, por su parte, son más moderados en sus mecanismos, pero igualmente fanatizados. Para ellos, la tauromaquia es un arte antiguo, una tradición inmemorial traída desde la península Ibérica con la conquista, una parte importante de la cultura hispánica que está en las bases de la cultura colombiana. Acuden ellos, en su estilo sonoro y altisonante, a mencionar los grandes hitos arquitectónicos, literarios y pictóricos que el toreo ha dejado a la cultura mundial, y consideran el tema de los antitaurinos como una invasión de la modernidad y la pérdida de nuestras raíces y nuestras tradiciones.

Parte y parte tienen razón. Objetivamente, la tauromaquia tiene mucho que ver con nuestra cultura, y no hay que recurrir a Hemingway o Goya, Botero o la Santamaría para verlo. Frases coloquiales como "mientras más bravo el toro, mejor la corrida", "darle la estocada", "vuelta al ruedo" y demás son necesariamente relativas a la penetración que en tiempos antiguos tenían los toros en el pueblo. Y el lenguaje taurino resulta sonoro, peculiarmente hermoso en sus términos, casi románticos, para referirse al toro. Para el ejemplo, este recorte de un comentario sobre cierta corrida de rejones (léase, a caballo):

Lo toreó de cabo a rabo, de principio a fin: desde que lo recibió en puerta de toriles para llevarlo al galope por todo el ruedo con el regatón de su larga garrocha campera arrastrando por la arena como si fuera un imán, hasta el rejonazo de muerte que le dio en el mismo platillo de la plaza. Lo levantó el puntillero al sacarle el acero, y el toro se fue a morir a toriles una muerte de bravo. Y entre una y otra cosa, qué buen toreo a caballo, y de qué intensidad: templando siempre al toro, citándolo con las manos del caballo encabritado en una corveta, recibiéndolo con los pechos como con una muleta adelantada, dando cabriolas y lanzadas de desplante y piruetas de adorno entre los dos pitones, y ensayando en las pausas juegos de paso español delante del toro estupefacto, que en su vida había visto semejante espectáculo.

Para el antitaurino, por su parte, el anterior comentario se resume en: "el torero mareó al toro, que estaba alborotado, y entre aplausos de la muchedumbre el asesino, montado en su caballo, le enterró una espada para matarlo y que se le cortaran sus orejas".

El antitaurino, en el proceso, ignora ciertas situaciones derivadas de la tauromaquia. No referidas al tema cultural, porque yo con cultura no pretendo meterme: de los toros depende no sólo ganaderías, toreros y algún que otro periodista, sino también las taquillas de la Plaza, vendedores en sus aledaños, restaurantes que hacen previas y condumios, en fin. Así mismo, el toro de tauromaquia no es cualquier novillo sacado de una finca ganadera donde estaba engordando para dar carne: es un toro alimentado con el mejor pienso, cuidado en los mejores potreros, dejado madurar durante tres o cuatro años en extensas fincas (y no tratado a las patadas, como hacen los ganaderos lácteos) de una raza peculiar y refinada para atacar a quien se atraviese. No puede decirse, como escuché alguna vez a mi hermano, radical antitaurino, que los toros podían volver con las vacas lecheras y esperar comida: las destrozarían a cornadas. La extinción de la tauromaquia implicaría la extinción de negocios como este.

Y el protaurino, por su parte, olvida un hecho objetivo: está viendo matar a un toro. Y lo celebra. La tauromaquia, desposeída de todo su carácter artístico, puede resumirse simplemente como una forma elaborada y ante un público de matar seis toros. Después de la corrida, el torero es celebrado, le llueven claveles y palmas y de pronto le dan la vuelta al ruedo mientras al toro muerto lo destazan, despellejan y trozan para llevarlo a las carnicerías y asarlo con papa salada, guacamole y maduro. Visto así, pareciera que lo que apoyan los taurófilos, más que la matada del animal, es el arte alrededor de esta. Tal como los hinchas de ciertos equipos de fútbol, que no apoyan a los 11 tipos que le dan patadas al balón, sino a los 3000 que cantan cuando las patadas salen bien y putean cuando estas salen mal.

Medidas como la del alcalde Petro, de suspender el apoyo a las corridas en Bogotá, pueden ser útiles para acabar con el fanatismo a la tauromaquia, o por lo menos, hacerlo privado. Pero lo que proponen los antitaurinos, de cerrar todas las plazas y acabar con todo lo relativo a estos de una vez, es básicamente inviable. La tauromaquia sí está arraigada en la sociedad, aunque las corridas en Bogotá sean una muestra de la élite: para la muestra, las corridas en Duitama, donde esa élite proveniente de la capital se codea con los campesinos y obreros humildes, que también son conocedores y disfrutan de las corridas, a su estilo.

Tal vez en varios años la pelea se pueda resolver, por un mecanismo que los antitaurinos hacen lo posible por promover, pero que ellos mismos se aseguran de impedir: la deserción de materia. Los opositores a las corridas hacen toda la bulla del mundo contra los taurófilos, y esta bulla sirve para reclutar más antitaurinos, pero no para reducir el número de fanáticos a las corridas. Estos, como su nombre lo indica, son fanáticos, y su fanatismo a dicho arte hace que vean el arte como algo intrínseco e imposible de negociar. Y la pelea radicaliza a las partes, como se dijo en un principio. Y una pelea radicalizada impide cualquier tipo de discusión.

A pesar de su virulencia, tanto taurófilos como antitaurinos son minorías en una masa indiferente. Estoy seguro que, si no fuera por la bulla de lado y lado, esta masa indiferente crecería, hasta el punto en el que las corridas dejaran de ser rentables y viables. Y como nadie es capaz de hacer algo únicamente por amor al arte (esa es la pelea real de los protaurinos con Petro: que se les retire un patrocinio de la Alcaldía en dinero), las corridas acabarían, simplemente porque no dan dinero. Así han acabado muchas cosas con grandes aficiones, como las carreras de caballos en Colombia, o las emisoras que sólo daban reguetón. Es simplemente callarse, dejar de pararle bolas y ya. Es un reto para los antitaurinos, pero es la forma más efectiva de conseguir el fin de un antiguo problema, y sin tanto esfuerzo; sólo paciencia.

lunes, 16 de mayo de 2011

Reciclatoniando

Mañana, 17 de mayo, es el Día Mundial del Reciclaje. Una de esas festividades en la que la población mundial se arrepiente de todas las cagadas que ha cometido a nivel global. Como el Día del Idioma es el día donde uno jura que no se va a comer una sola tilde, o el día del agua es cuando uno promete que no va a volver a demorar 30 minutos bajo la ducha, el día del reciclaje es cuando uno cree que se va a poner a separar basura entre plásticos, papel, alimentos y desechos peligrosos.

Al fin y al cabo, no es muy difícil.

Mañana, 17 de mayo, la Cámara de Comercio de Bogotá va a realizar un evento al respecto, denominado Reciclatón. Este evento espera recoger, en cada uno de 30 puntos en las 19 localidades urbanas de Bogotá, una tonelada de implementos reciclables: vidrio, papel, metal (latas, no el calentador que cambió hace un mes) y plástico como botellas.

Para qué? Bueno, por apoyo al ambiente, a los recicladores, y en general, a todo lo que apoya el reciclaje. Este video lo dice mucho mejor que yo.


Los puntos. Entre los más importantes, están puntos en Unicentro, Galerías, Avenida Chile, el Parque Nacional, la Plaza de Bolívar, Corferias, la plaza de Usaquén y Lourdes. Aún así, como dije antes, son 30 puntos en 19 localidades de Bogotá (la única que no tiene es Sumapaz). Así pues, esté seguro que hay uno cerca a su casa u oficina.

Espero que haya más chances de ver a la gente reciclando. Así sea por economía. Si le dio a Tom y Jerry Uribe para montar zona franca (bueno, eso y tener un papá en el poder), pues sirve para todos, así sea para no llenar un relleno como Doña Juana...

viernes, 22 de abril de 2011

Semana Santa (o Receso de Primavera?)

Una semana de abril del 30 d.C., en Jerusalén, era la Pascua judía, fiesta a la que se volcaban los pueblos de Judea y Galilea. Entre ellos, llegó un grupo de pescadores, pastores y campesinos hebreos liderados por un maestro religioso llamado Jesús de Nazaret, de unos 35 años, el cual fue arrestado debido a las maquinaciones de los líderes religiosos del pueblo judío en aquel entonces, los fariseos. Y apoyado por estos líderes, el gobernador romano de la provincia de Judea lo mandó crucificar el día anterior a la Pascua, viernes. Ese viernes murió Jesús, y cuenta la leyenda que el domingo resucitó, y se apareció a algunas mujeres fieles de sus creencias. Esta leyenda, que se llama evangelio en lenguaje coloquial, es parte trascendental de las creencias cristianas que, en diferentes colores, sabores y olores, contienen a más o menos un tercio de la población mundial. Y más o menos la mitad (en el mundo) de los cristianos son católicos, los que celebran de una u otra forma toda esta semana con el nombre de Semana Santa. Entre ellos, más o menos el 85% de la población colombiana, que está bautizada.

Población colombiana entre la que me cuento. Escribo esto desde Duitama, ciudad de 130 mil habitantes en el (inundado) valle del río Chicamocha, en Boyacá; tierra de lo más católica de este país. Acá la gente todavía cumple con muchos preceptos: lleva ramos de caña, porque ya no se puede usar palma, para el Domingo de Ramos. Visita monumentos los Jueves Santos, en varias de las 15 iglesias, más o menos, que tiene la ciudad. Hace el viacrucis los viernes. Algunos se aguantan dos horas de las Siete Palabras; otros van a las vigilias, y así. Acá en Boyacá se vive todavía la religiosidad y recogimiento de la Semana que, todavía, algunos se empeñan en llamar como Mayor. Cómo se vive? Todo está cerrado. No hubo hoy buses, no hubo taxis, ni supermercados (sólo Carrefour) ni la mayoría de restaurantes ni bares ni nada de nada de nada. Todavía la gente se reúne a rezar en Semana Santa.

Por qué digo que "todavía"? Pues porque está reduciéndose esa proporción de gente que toma la Semana Santa como una cosa religiosa. Y aumenta la que la toma como descanso, como yo. Sinceramente, yo fui a ver monumentos ayer e hice el viacrucis (así sea dentro de la iglesia que queda a una cuadra de mi casa de acá) esta mañana, pero porque mis papás iban; si no, me quedaba en mi casa durmiendo, viendo películas que me tocan, o simplemente pasando las pertinaces lluvias, que mal que bien, se calmaron para las 24 horas de las procesiones. Y muchísima gente directamente se olvidó de lo religioso, cogió las de Villadiego, y se fue a donde el presupuesto, el clima y los derrumbes la dejaran. Llámese Villa de Leiva o Miami, Armenia o Cancún, San Andrés, Santa Marta o, simplemente, se quedó en Bogotá. Y qué es todo ese bullicio? Dejen descansar, carajo, que hace guayabo.

Cada quien hace de su trasero un candelero, dice mi mamá. Cada quien tiene libertad de escoger la religión en la que cree y la forma en la que lo expresa, dice la constitución. Y cada quien conoce de qué lado le tallan los zapatos, dice el refrán. Así, cada quien verá qué hace con los días que los empleadores otorgan, sea de buena voluntad u obligados por el gobierno, para descansar y recogerse, diría la Iglesia Católica. Iglesia que cada vez está más enredada en poder conseguir que la gente se aproxime a ella. Y eso se nota en las procesiones, que tienen un promedio de edad mayor, y una proporción menor de jóvenes, cada año. A nosotros los adolescentes y adultos muy jóvenes - diga usted, hasta los 27 - no nos llama la atención mucho estar dos horas a sol y lluvia cantando desganados cosas como "por tu cruz y tus clavos, perdón, Señor, piedad..." o recitando, que no rezando, una oración que nos coge "gimiendo y llorando en este valle de lágrimas" (Dios te salve, Reina y Madre, madre de vida, dulzura...)

Para muchos, este es el Receso de Primavera que los gringos llaman Spring Break y aprovechan para bajar a calentarse, luego de varios meses de nieve, embriagarse como cosacos, tener sexo como mandriles, y volver como muertos a presentar exámenes. O a estudiar, se han visto casos. Y sí, para muchos ese es el plan de Semana Santa: bajar al valle de los pueblos sexosos (Nalgar, Tirardot, el Preñón, Carmen de Apichalá) a hacer las gracias que sugieren dichos nombres, adorando al dios Baco o su equivalente aguardientero. Si da la plata, hasta Cartagena, Santa Marta, San Andrés o donde caiga. Y si no, pues qué carajos.

Yo no puedo hacer eso. Motivo? Estoy con mis padres, mi mamá está con su madre (es decir, mi abuela) a 2 km, y por ende se hace lo que la matriarca de la familia diga; sobre todo porque la familia materna viene del pueblo de Tibasosa, conocido como el Matriarcado gracias a sus 5 alcaldesas consecutivas en los 70. La matriarca de la familia tiene 83 años, está lúcida y jode como por 10. Y por gracia de ella no se sale a los bares, no se reúne uno con los amigotes, no se come carne desde el miércoles, y no se hace un carajo. Es tiempo de recogimiento y reflexión. Tal vez eso es lo que nos hace falta, reflexionar un poco en medio de tanto trago y tanto guayabo. Yo ya puse mi reflexión de la semana. Eso, o que el aburrimiento por no hacer un carajo me tiene pensando pendejadas sobre la Semana Santa mientras me voy a Bogotá...

martes, 15 de marzo de 2011

...acaba de cerrar sesión (un experimento)

(N. del C. de R.: el Consejo de Redacción se descualquieró leyendo este post, escrito por una amiga de la casa que ya pasó por acá, Marcela. Como una cana al aire, entre reseñas de textos de economía y análisis argumentales que se espera convertir en mejores posts a futuro, este Consejo se permitió la chance de probar algo que nunca había probado: escribir sobre sexo. Marcela, también conocida como @_inquieta, se tomó la molestia de publicar este post y su pareja, si se quiere, en su blog Las Equivocadas, el cual aprovecha para recomendar).

Acabas de irte. Después de venirnos, nos despedimos y nos retiramos. Te desconectas porque tienes que dormir. Yo tengo todavía trabajo por hacer, fotocopias por leer. Tu trabajo, mi universidad. Los dos alejados por la distancia; una serie de alambres y una visita a Skype nos acerca a los dos.
Pero ya no es suficiente.

Yo no quiero estar contigo sin estarlo. No es lo mismo oírte gimiendo y suspirando sin sentir tus suspiros encima. No es lo mismo leer cómo te mojas por lo que mi teclado y mi lengua dicen, no por lo que mis dedos y mi lengua (te) hacen. No es lo mismo ver cómo te secas el sudor sin secártelo lamiéndote. En fin, no es lo mismo instruirte para que te masturbes, y masturbarme en el proceso, que tener sexo.

Yo sé, en los primeros días fue suficiente, y fue muy excitante. Desde aquella remota noche de octubre en que nos quitamos las prevenciones y te pasaste la mano por encima de la camisa, provocativa y seductora, cada quien conoció los gustos, del otro y hasta los propios, como cuando te dejaste sólo el audífono izquierdo porque descubriste que hablarte por ese lado te excitaba más. Poco a poco, Skype y tu iniciativa fueron campo para poder vencer mis temores y miedos, hasta el día en que tu regalo por mi cumpleaños resultó ser la primera sesión de sexo virtual en mi vida. Y sí que fue excitante esa vez, y las siguientes. Hasta que nos conocimos.

Esa tarde, tú estabas acá por algún motivo laboral que se me olvida. Yo sabía que ibas a venir, y había intentado cuadrar un café contigo, pero te me adelantaste; como siempre, tú llevando la iniciativa. Llegaste a la universidad a la hora exacta en la que salía ese martes, y ahí lo supe: pediste tu tiquete en el primer avión para poder pasar la noche acá, conmigo. Y así fue: no necesitamos más que un par de cervezas y una cena. Ya sabíamos lo que nos gustaba, lo que nos excitaba, y cómo conseguir del otro el máximo de placer; y así, sin mediar palabra, tuvimos un polvo épico, si cabe la expresión. De esos que muy pocas veces se repiten.

Han pasado ocho días, y todavía tengo tu sabor en la punta de la lengua; tu olor se aparece en los lugares más insospechados, y tu estallido se alojó en un lugar recóndito de mi cerebro. Hoy volvimos a Skype, a volver a hablarte de lo que te haría, pero esta vez, te dije lo que te hice. Y tú te diste cuenta, y me dijiste lo que me hiciste. No sé tú, pero esta vez sentí que me masturbaba con el recuerdo de la noche pasada, no con lo que me decías. Creo que debemos tener más frecuentemente sexo físico, el virtual no es suficiente. Ya encontré el tiquete aéreo, y seguramente será en el próximo festivo.

¿Desea confirmar su transacción?

domingo, 30 de enero de 2011

Mucho tiempo, 100 años

Como nos recuerdan en simultánea los editoriales de El Tiempo y El Espectador, la familia Santos y el Grupo Editorial Planeta celebran los 100 años de su diario, El Tiempo. Un periódico que nació un día 30 del mes de enero del año de 1911, en un país que a duras penas estaba recuperándose del desangre de 70 años de guerras civiles y la pérdida de Panamá. Un periódico hecho para apoyar a Carlos E. Restrepo, que luego fue propiedad y buque insignia de Eduardo Santos hasta que vendieron un buen pedazo a Planeta. Un diario que quedó siendo el único diario nacional entre 1997 y 2007, que se llenó de colores hace unos meses, y que hoy día mantiene su puesto de "el periódico más leído del país" como desde los años 40.

Por qué? Por sus escritores en ese entonces. Un periódico que en su nómina contó con plumas del peso y poder de Alberto Lleras, Carlos Lleras, Calibán, Germán Arciniegas, Klim, Eduardo Caballero, Ricardo Rendón, Indalecio Liévano, Daniel Samper Pizano, Luis Carlos Galán, Germán Castro Caycedo y otros muchos, dirigidos durante por Eduardo Santos, o por Roberto García-Peña, o por sus hijos Enrique (padre del presidente) y Hernando (padre de Pachito). Siempre en una disputa continua por los lectores con el diario de los Cano, lo que no evitó que en su momento, hubiera compañerismo. Como cuando los dos fueron cerrados en tiempos de Rojas Pinilla. O cuando El Espectador sufrió el asesinato de don Guillermo Cano de parte del cartel de Medellín, y El Tiempo lideró el proceso para sacar todas las investigaciones sobre narcotráfico de todos los medios, para mostrar que la prensa no se deja amedrentar. Como escribió Klim, luego del incendio que acabó con El Tiempo (y El Espectador y la casa de López Pumarejo y la de Alberto Lleras) en 1952:

El Tiempo, en todo momento, ha sido el alimento espiritual de los colombianos que aman la libertad, la justicia y la dignidad humanas, y de una época a esta parte ha recogido en sus páginas, que tienen la noble fragilidad de las banderas, el clamor angustiado de una ilustre colectividad vencida.

Eran esos tiempos de diarios partidistas. Los Cano y los Santos, liberales. Laureano Gómez ponía El Siglo, y Mariano Ospina Pérez, La República. De esos cuatro periódicos, el único que mantiene (más o menos) su orientación es El Tiempo: los Cano debieron vender el Espectador a don Julio Mario Santo Domingo en los 90, El Nuevo Siglo logró sobrevivir a los golpes el asesinato de Álvaro Gómez (y volverse en el periódico más feo del mundo, aunque es el más vendido en los juzgados) y La República subsiste, convertido en diario económico, y con la mejor información de economía en el país.

Por qué dije que "más o menos" se mantiene El Tiempo en esa orientación? Hoy día da pena verlo. Antes, las magistrales investigaciones que hacía la Unidad Investigativa que mandaba Daniel Samper Pizano destapaban las ollas podridas de Misael Pastrana y Alfonso López Michelsen; hoy, la CEET cierra Cambio (que hacía más o menos lo mismo) porque no vende, cuando, como el mismo Samper dice en su columna de hoy, "[Eduardo] Santos desdeñaba el negocio; su obsesión era un diario nacido para defender ideas liberales". Prueba 1: la misión de un diario es informar, no producir utilidades abultadas. Al poner las ganancias encima de la información, El Tiempo se ha convertido en una hoja donde las noticias quedan ocultas por comunicados de prensa, clasificados de página entera y titulares sin sentido. Para no hablar del amarillismo hecho Diario Mío, o de los tweets del estilo "¿cómo celebran en sus casas la muerte del Mono Jojoy?".

Y esa es otra. Antes los diarios tenían una afiliación política clara: eran liberales, o godos, o socialistas, y punto. Hoy día El Tiempo es el diario gobiernista por excelencia: en tiempos de Pastrana, las noticias le echaban flores al Caguán. Cuando Uribe empezó a subir en las encuestas, todo El Tiempo se fue detrás, y estuvo detrás hasta la parapolítica y los falsos positivos, cuando comenzaron a reportar algunas cosas como son. Y hoy día, con Santos como presidente (y ex jefe de redacción, y ex accionista), es apenas obvio que se vuelvan defensores de lo que ha hecho bien, y que oculten lo que ha hecho mal. Eso en los reportes: porque las editoriales nadie las lee, pero ahí la colección de ideas que salen dan para todo. Desde un José Obdulio Gaviria dedicado a parecer el Martín de Francisco (versión La Luciérnaga) de la política, hasta una Salud Hernández que lleva como 50 años en la edad de la caca de gato: no le gusta nada.

Hay cosas para replantear en el periódico. Ciertamente ha mejorado mucho desde la época que se volvió tan uribista, que Vladdo lo puso como bandera de su Casa de Nariño. Creo yo que eso se debe a que el director actual, Roberto Pombo, es uno de los personajes que más sabe de hacer noticia en este país, y aunque nunca faltan los gazapos de pasquín de cuarta, y de vez en cuando aparecen noticias sin lógica, el proceso de Pombo, con su experiencia en Cambio, ha vuelto poco a poco al diario de Planeta en lo que era con los Santos

Aprovecho este pequeño espacio para felicitar al diario que tiene 2 millones de lectores los domingos, sin contar sus visitantes. Yo tengo 20 lectores por post, una bobada. Igual va este pequeño homenaje y esta pequeña reflexión. Esperamos que El Tiempo se mantenga en el nivel que lo hizo uno de los más importantes diarios de América Latina, y que su historia, que como decían sus propagandas de hace varios años, "se escribe a diario", mantenga más páginas gloriosas de acá para adelante. Y que si se puede, yo contribuya a escribir (a diario) la historia del diario de los Santos.

viernes, 24 de diciembre de 2010

Querido niño Dios...

(N. del C. de R.: el post a continuación está basado en este post de uno de los blogs más leídos de estos últimos meses, "No es cuestión de hormonas" de Naty Marenco)


Querido niño Dios:


Este año no voy a pedir nada material. Más bien me espero para pedir esas pendejadas hasta el cumpleaños. A cambio, te pido algo que va a ayudar a miles de personas, no solo a uno que no ha sido tan bueno este año como debiera, la honestidad por delante.


Y eso mismo es lo que te pido: que le des a este país una pasada de honestidad. Que el país reciba un golpe que lo haga más honesto, sobre todo a su clase política, y que todos seamos más honestos y menos corruptos.


¿Pero cómo así que honestidad?, te preguntarás. Es simple. Viendo las tragedias que han ocurrido en los últimos meses en Colombia y en el mundo, a mí me quedó la duda de por qué los chilenos sí fueron capaces de reconstruir su país después de un terremoto, y los colombianos no hemos sido capaces de protegernos ante la catástrofe anunciada que es cada temporada invernal.


Pues claro, porque los políticos chilenos no son corruptos (al menos hasta donde se sabe acá), y los colombianos sí lo son, y mucho. Desde los Nule hasta los albergues temporales, nuestra clase dirigente es la corrupción hecha gente, y como tal, es más peligrosa aún que nuestro clima, inclemente aunque ya esté dando signos de ceder.


Es por eso, también, que no te pido sol, donaciones ni milagros, niño del pesebre, sino más bien, soluciones. Que esta Navidad no traiga simplemente una mar de regalos para que, en el próximo aguacero, se los lleve la corriente del río Magdalena; sino que la gente que hoy ha perdido todo pueda, por fin, estar tranquila en sus nuevos hogares.


Y gracias de antemano por las cosas materiales que lleguen.


Con cariño,


Juan Manuel.

domingo, 19 de diciembre de 2010

El post de mi año

Dedicado a Estefanía, que apareció un buen día en el Formspring con una pregunta magistral, y que hoy, 9 meses después, se ha vuelto una  fuente de comentarios y críticas, y una lectora (espero) de este humilde sitio.

Otro año que se acaba. Inicio a escribirlo el 19 de diciembre de 2010 a las 10 de la noche, lo que indica que, a partir de este momento, quedan 10 días y 2 horas para acabar este año, y por una vez en la vida, estoy seguro que voy a cantar con todas las ganas del mundo:



Y sí que me ha dejado cosas muy buenas este año que termina. Ciertamente no me dejó ni chiva (bueno, algo de Chivas sí, pero no mucho tampoco), ni burra negra, ni yegua blanca ni, por supuesto, buena suegra. Pero sí me dejó cosas muy valiosas, y una de ellas es destacadísima: una carrera en lo que me gusta, en lo que soy bueno, y en lo que me va bien. Porque antes estudiaba algo en lo que me gustaba y era bueno, pero no me iba bien (y luego dejó de gustarme); y luego pasé a estudiar algo para lo que era bueno y me iba más o menos  bien, pero que no me gustó. Ahora en el periodismo me siento muy, pero muy, pero muy bien, y mi desempeño académico quedó visto en un post anterior.

En otros aspectos, me parece importantísimo mencionar a un grupo de personas cuya característica principal es que son twitteros. Aunque yo sé que todos los twitteros no son buenas personas - y he estado en varios posts de este año rajando sobre ellos - también quiero agradecer a los que considero amigos, aunque a duras penas los conocía hace 360 días. Carlos Forero, Julián Mondragón, Leonardo Báez, Angie Torres, Andrea Pongutá, Lorena González, Marcela Delgado, Augusto Ruiz, Pedro Poveda, Alejo (Echandía y Cortés), Jaime y Diana Luque. Nombres que dichos así suenan como una lista de fulanos, pero que son personas a las que he logrado conocer por medio de la red social llamada Twitter, con los que pasé buenos momentos en alguna oportunidad, que me dieron oportunidades y apoyaron en su momento, y que todavía están ahí.

Por supuesto, mi momento de gloria del año fue la entrevista al Pibe. Historia que ya he repetido muchas veces (no en este sitio, así que la voy a repetir otra vez más): una entrevista programada un viernes a Nicolás Samper, director de Fútbol Total y uno de los más grandes twitteros que he conocido, que regaña cuando toca pero que no deja de ser buena gente mientras vacía, fue adelantada a miércoles para aprovechar que iba el Pibe. Y pude preguntarle cuatro pendejadas sobre barras bravas, que al final del caso no usé en mi trabajo, pero que me dieron la sensación de que sí, no la había cagado, era esto lo que debía estar haciendo desde un momento. Y al día siguiente, la entrevista a Juan Carlos López, en la que pude lanzar un par de puyas como quería, me confirmó mis impresiones del día anterior: eso es lo que quiero hacer.

Por supuesto, no todo fue bueno este año. Perdí un semestre metido en toda clase de trabajos para evitar morirme de hambre. Me robaron dos celulares y murió otro. Se dañó mi computador, al que tocó meterle casi $300 mil en piezas. No pude superar un momento en la vida, y como resultado terminé perdiendo a mi mejor amiga en una pugna insensata que mantengo sin que, realmente, sepa por qué mantenerla. Tal vez es por celos, o porque decidí perderla con todas las de la ley, no lo sé. Me vi envuelto en un mar de peloteras por todos los frentes, desde el intrascendente de Twitter hasta el pesadísimo frente familiar. Me vi obligado a abandonar la caja del Bestiario2 cuando las diferencias con otros miembros se hicieron insuperables. Duré el año entero sin novia, moza, amante o cosa parecida. Tuve ciertas diferencias con mis compañeros de carrera. Y por supuesto, un duelo inagotable contra el reguetón resulté perdiéndolo.

Pero, al final de cuentas, esos temas negativos del año son poca cosa. Soy feliz haciendo lo que hago, espero con ansias que llegue el 31 de enero e inicie mi segundo semestre en la carrera. Espero que llegue el 15 de enero para llegar a Bogotá, empezar de nuevo mi vida regular, y retomar las cosas en donde las dejé el pasado martes. Estoy dispuesto a hacerlo. Es mi reto. Es mi trabajo. Es lo que quiero hacer.

domingo, 10 de octubre de 2010

Conformismo a la Colombiana

(Este artículo originalmente surgió como un trabajo para la asignatura Propedéutica de Textos, que era sobre una columna de opinión. La versión original está disponible aquí. La versión de este lado es la ampliada, y en la que no hay que cumplir ciertos preceptos cerrados. Es decir, la mía.)

El 6 de octubre estuve presente en una entrevista que Nicolás Samper, director de la revista Fútbol Total, le realizó a Carlos “El Pibe” Valderrama, uno de los emblemas históricos del fútbol colombiano. El motivo de la entrevista era presentar un campeonato de fútbol aficionado, patrocinado por Samsung, el cual le va a dar como premio a un jugador juvenil la oportunidad de probarse con el Chelsea.

Una de las preguntas que le realizó Samper al Pibe fue la siguiente: ¿cómo convencer a un joven de 16 años de seguir adelante después de haber probado en el Chelsea? Esto insinuaba el riesgo latente de que un jugador, al probar en un club de la Premier League que ha llegado a la final de la Liga de Campeones de la UEFA y que ha contado con jugadores que se encuentran entre los más rutilantes de la actualidad del fútbol mundial, consideraba que ya no tenía que hacer más. Un chino de Tumaco, Buenaventura o Ayapel podría considerar que llegó ya a la cima del mundo y no importaría nada más, ya le puede contar a los hijos que estuvo en pruebas en el Chelsea.

Es lamentable ver que esto es algo muy común para los colombianos, y no sólo respecto al fútbol.  Es muy común: la gente en este país tiene la tendencia a ser muy mediocre. Pero MUY mediocre. Acá, es cosa de todos los días ver cómo las personas tienden a conformarse con pendejadas como el bachillerato, un contrato por 6 meses o un apartamento en el Tunal. Un jugador de fútbol toca el cielo cuando llega al Cartagena. Y esta mediocridad se ve en nuestros resultados: celebramos un quinto puesto, una eliminación en cuartos de final. Nos sentimos dichosos de la pelota cuando conseguimos cualquiera cosa, y si no la conseguimos "lástima, mijo, pero eso no era para usted; mínimo el otro tiene rosca; Dios cierra una puerta pero abre una ventana".

Las frases de la gente que no se preocupa por el futuro también son símbolos muy poderosos. Escuchar a alguien decir en Transmilenio “no, no me gusta el trabajo pero es eso o quedarme en la casa”... tener que aguantar cuatro años de la peor alcaldía del país porque “todos son iguales”… incluso, tener que ver cómo la Selección Colombia no puede superar al Bolillo Gómez porque “él sí nos clasificó al Mundial”… como si el Pibe, el Tino, Rincón, Iguarán, de Ávila, Higuita, Córdoba y Mondragón hubieran sido unos pintados en la pared.

Ojalá este país pudiera potenciar su propia impresión y darse cuenta de sus potenciales. Acá decimos “tenemos las playas más lindas, el mejor café, la mayor cantidad de aves”. ¿Y la gente? “Ah, es que Colombia es pasión”. ¿Y eso sirve para avanzar para algún lado? Acá se celebra que tenemos a García Márquez, Botero, Juanes, Montoya y el Pibe. Y se dice que los colombianos somos “unos verracos”, pero porque nos aguantamos todo, y siempre conseguimos lo de sostenernos en donde sea. Los colombianos no nos quedamos varados en ningún lado, pero tampoco nos matamos para arreglar las cosas: con el simple desvare nos conformamos. El espíritu de empresa de los paisas, tan famoso, parece que se acaba al entrar a inmigración en El Dorado o en Rionegro, sin contar los genios de los carteles, pero eso es otra cosa. 


El mismo Pibe Valderrama, respondiendo la pregunta que le hizo Nicolás Samper, explicaba su éxito como una búsqueda para poder llegar a un objetivo mayor. Y después hablaba con legítimo dolor sobre su única frustración: no haber podido ganar el Mundial. Con 11 jugadores con la mentalidad del Pibe, hubiéramos podido ganar en el 94. Con 45 millones de personas que sean capaces de seguir pensando adelante, Colombia sería un país desarrollado. Mientras tanto, quejémonos del modo en que Bogotá está de vuelta mierda por Samuel, pero "da igual, quien suba va a subir a robar".

viernes, 4 de junio de 2010

Por qué votar por Mockus

Sin necesidad de recurrir a la guerra sucia.

Quiero compartir con ustedes, un post de un foro (nominalmente de fútbol) en el que me la paso metido. Todo surgió de una serie de comentarios en las que un controversista, santista hasta la médula, dijo que la primera alcaldía de Bogotá (Mockus y Bromberg, entre 1996 y 1998) había sido mala, porque no se habían visto obras y Mockus había represado los fondos del distrito, para que después llegara Peñalosa y los usara. A lo que se le vino una respuesta magistral, de parte de un médico domiciliado en Atlanta, y que de paso me permito tomar como una de las razones principales, y poco comentadas, para votar por el candidato verde (a pesar que las encuestas den 61% - 30% a favor de Santos).

Que argumento mas flojo pocho. Ahora resulta que llenar las arcas de la ciudad es mala administraicon. No Sr , eso se llama planificacion a largo plazo. Cuando Mockus cogio a Bogota, funcionaba a deficit. A punta de apretarse el cinturon fiscal, de cortar los chorros de plata que se robaban los corruptos, fue que precisamente pudo llenar las arcas de Bogota. Antanas tenia claro que el no iba a ser el de las obras, pero que si Bogota queria salir del mierdero en que estaba, alguien primero tenia que poner a la ciudad en una situacion tal que no se tratara de solo sobrevivir, sino de empezar a crecer y progresar. 

Precisamente por la gestion de Mockus, es que Peñalosa le pudo cambiar la cara a Bogota. Sin Mockus, lo que hizo Peñalosa no hubiese sido posible. La razon por la que NO hubiese sido posible, y por la que no habia sido posible antes, es porque a nadie le dolia que se robaran los recursos de la ciudad. Todo el que habia pasado por ahi o robaba, o por lo menos se hacia el de la vista gorda. Se necesitaba alguien honesto, al que de verdad le doliera la ciudad, para demostrar que recursos para crecer si habia, que solo era cuestion de no dejar que se los ratearan. 

Esto es algo que muchos no han podido entender. Señores a nosotros ya no nos toco la colombia que soñamos: La Colombia pujante, derecha, segura, equitativa. Nosotros ya vamos de salida. Los que vamos por Mockus lo hacemos pensando en que si ahora nos damos la pela, si ahora hacemos al inversion en la infancia y la educamos, en 20 años tenemos una generacion de jovenes educados con calidad que van a empezar a desarrollar este pais. Vana generar empleo, van agenerar riqueza, ciencia y tecnologia. Es la misma teoria que tiene en este momento a paises como Irlanda, la republica checa, Polonia y a la India, acercandose a los paises mas desarrollados. Algo que con la educacion tan deficiente que tenemos ahora, y con la desiguladad y falta de acceso a recursos educativos, no podemos aspirar a tener. 

Por lo menos yo tengo claro que cuando yo apoyo la campaña de Mocus, no lo hago pensando ni en MI salario, ni en MIS impuestos que tengo que pagar en Colomba, ni en que me conviene a MI...yo lo apoyo pensado en que para el futuro a mediano, largo plazo el pais va a estar encarrilado. Tal como estaba Bogota cuando se la soltaron a Peñalosa. 
La parte en cursiva determina en gran parte, por qué voy a votar por Mockus en segunda vuelta. Santos propone arreglar los problemas de hoy: el desempleo de hoy, la guerrilla de hoy, las pensiones de hoy. Mockus propone invertir más en lo de mañana, para evitar que esos problemas de hoy se repitan mañana, pasado mañana, y en un mes.

Puede ser que nosotros, hoy día, no veamos el verdadero impulso de una elección por Mockus. Mockus no propone crear dos millones de empleos, ni construir un millón de casas, y sí reconoce que es necesario subir la tasa impositiva, algo apenas lógico en un país con déficit fiscal. Algo que es exactamente lo mismo que sucedía, en materia corrupción, en Bogotá hasta 1994. Con Jaime Castro empezó a cuadrarse el manejo financiero de Bogotá, con la venta de la Empresa de Energía y la reestructuración del Acueducto. Mockus puso las bases financieras, consiguió limpiar mucho más profundamente de corrupción el Distrito, y pudo fortalecer el erario público bogotano, para que Peñalosa construyera Transmilenio, andenes... y bolardos, todo hay que decirlo.

Así pues, yo voy a votar este 20 de junio con la conciencia tranquila, que no estaré votando por soluciones inmediatas (llámese un tamal por mi voto, o una propuesta cortoplacista). Las propuestas a corto plazo en los gobiernos, como Familias en Acción, sirven mientras tanto, y requieren del auspicio permanente del gobierno de turno para mantenerse, volviéndose serios inconvenientes en el momento de desmontarse; esto lo aprendieron gobiernos "benefactores" como el soviético de Gorbachov o el de Nueva Zelanda de los 90. Invertir, como lo hicieron los polacos y los checos, en mejores condiciones educativas y económicas para crear negocio AL MISMO TIEMPO, que es la base de la propuesta mockusiana, puede hacer que la Colombia del 2012 vaya un poco mejor, pero que la del 2025 esté mucho mejor que la que nos espera si seguimos haciendo lo mismo.

Llámenme iluso. Puede que lo sea. Pero como diría el comentarista deportivo: "quien pierde la fe y la esperanza lo ha perdido todo".

sábado, 29 de mayo de 2010

Tachonazos

Estoy a punto de renunciar a escribir más en los blogs. De qué me sirve tener un blog si no lo actualizo y, por ende, nadie lo lee?

Este post no es una despedida, sino un recordatorio personal. Tal vez algo (Twitter?) esté drenándome mis ideas. Alguna vez me dijeron, por allá en los tiempos en que era un novato en esto de los blogs, que si no me cansaba de escribir. Es cierto, no lo hago. Pero ahora lo hago más en Twitter que en otra cosa. Por eso me retiré de los foros de Hattrick. Por eso ya casi no escribo en los otros foros. Por eso este blog volvió a llenarse de polvo.

Y no es que no haya tema. Podría volver a escribir de fútbol en Falta contra el Balón, o de automovilismo en La Zona Mach. Podría hacer análisis político, tema candente por las elecciones. Podría hacer análisis económico, en un país como este que nunca, nunca, nunca va a dejar de tener problemas financieros. Podría hacer como el hijo de Janeth o la marmota, y escribir sobre pendejadas que me pasan. Incluso podría hacer como el tarado de Samper Ospina, ponerme a llenar de clichés y chistes malísimos un par de obviedades y conseguir alabanzas por eso. Pero no puedo. Estoy bloqueado mentalmente, no sé de qué escribir.

No sé por qué será el bloqueo. Parece ser que un ciclo depresivo está en toda su extensión, y se lleva mi ánimo de hacer cualquier cosa. Algo posible, porque realmente no me alegra haber sacado la media beca en el Rosario que esperaba sacar. También puede ser el trabajo, al que estoy buscando una excusa para renunciar. Estoy harto de todo en ese trabajo. Incluso puede ser Twitter, que me hace sacar pequeñas estupideces de 140 caracteres en vez de grandes estupideces de 1400 palabras.

Una muestra del bloqueo, es que esta entrada empezó realmente como un plagio a un post de @omargamboa, pero tomé 16 ideas diferentes de la que ninguna concretó. Y del mal genio que me produjo esto, es fruto este post.

El caso es que estoy harto de todo esto. Del bloqueo que me impide escribir acá, mi libro y hasta un saludo decente en MSN. Del estado depresivo que puede hacer que la poca gente que todavía no ha salido espantada por la mirada Machecor, ni por mis hábitos de mulero medio sociópata, ni por el excesivo desprecio con el que hablo de mí mismo, comience a ver cómo se va. Del estado de soledad que me posee desde hace varios meses. De intentar caerle a alguien y que todo conspire para que termine dejándola en bandeja de plata a alguien que no necesita que le ayude. De que no pueda superar una tarde que fue sólo eso, una tarde. De los viejos amigos que ahora no hacen más que mencionarlo a uno como la maricada hecha gordo, porque uno tiene amigos homosexuales. Incluso, del repudio que desarrollé el jueves al Container, otrora grupo de amigos, hoy día carrera para emborracharse y emborrachar a otros, con tequila a $21000 la media.

Toda esta situación me tiene harto, me ha vuelto a alguien muy mamón. Todavía me causa curiosidad que haya gente que siga mi Twitter, e incluso me causa sorpresa si recibo más de una visita a este post. Todo porque considero que la gente debe leer a alguien cuando tiene algo agradable que decir, y yo no lo tengo, ni lo he tenido durante mucho tiempo. Sólo sandeces que a la gente le causan gracia, y que a veces me hacen dudar si la gente se ríe conmigo o de mí.

Pero no lo sé realmente. Sólo sé que tenía que desquitarme. Que tal vez tengo que romper algún sello interno. Que necesito echarle la madre a alguien, que tal vez, deba deshacerme de muchas cosas, y tal vez de algunas personas. Que de pronto ya no de más espera eso de tener una novia. O que de pronto simplemente soy un pobre güevón con algo de suerte, algo de habilidad, y que sólo ha servido para fallarle a todo el mundo y no cumplir con las expectativas de la gente. Y como digo continuamente, "si una persona te dice que eres un güevón, el güevón es él, pero si 100 personas te dicen que eres un güevón, es porque eres MUY güevón".

Dije no cumplir con las expectativas de la gente. Tal vez sea que hago que la gente crea mucho sobre mí. Debe ser que tengo habilidad para la política Casi todos los que conozco creen que soy una gran persona, que resulto muy agradable, buen conversador, amable y buena gente, cuando la verdad es que soy demasiado despiadado para ser agradable. Muy frentero para ser amable. Y muy descarado para ser buena gente. Y eso sólo lo saben los que me conocen bien.

Precisamente por frentero es que escribo esto, a pesar de los problemas que pueda traerme en el futuro. No soy hombre de callarme las cosas, y mucho menos cuando necesito desquitarme. Porque sé que puede (no, no puede, VA) a traerme problemas lo hice acá, donde menos gente lo vea. Es mi desquite, y como alguna vez le dije a mi papá, es como vaciar una presa: si se hace mal, la presa se rompe y arrasa con todo lo que haya río abajo. Intento vaciar mi presa de forma controlada, pero parece que se ha roto. Así que, amigo lector, protéjase antes de que la inundación se lo lleve.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Reflexiones en el camino a Chinauta (fragmento del libro)

N. de la P.: este es un aparte de mi libro, que está en proceso de creación. La idea con este aparte es, además de interesar al lector sobre mi obra en creación, y tratar de ganar lectores del blog de @n0ta_mental (?), es pulir un poco el estilo de escritura con la opinión del público. Por favor, estimado lector, no se guarde sus opiniones: por muy malas que sean, comente usted.

La vegetación cambiante, un constante pitido en la parte media del oído y el paulatino incremento de la temperatura son formas en que alguien de tierra fría reconoce su descenso más allá de la cota dos mil. Fabio se sentía sofocado en medio de capas de ropa: debido a que habían salido a las 6 de la mañana de Bogotá, cargaba una gruesa chaqueta de motociclista que comenzaba a estorbarle, ya a las 8, en inmediaciones de Silvania. Así que se desabrochó rápidamente el cinturón para quitarse la chaqueta, mientras Mónica, a su lado, viajaba tranquilamente con su blusa descotada.

En el auto, que descendía desaforadamente entre tractomulas y autobuses, sonaba Blur, mientras Mónica al volante comentaba con Fabio sus impresiones de Camden Park, el verano del 94, y cómo ella fue la causante de que Damon Albarn escribiera la canción que estaba sonando, Girls and Boys: "estábamos en Mallorca con unos amigos, sí? Allá van todos los tipos de toda Europa a desinhibirse, vieras las parrandas que se arman, allá meten todo lo que producen los carteles y las mafias de todo el mundo... pero bueno, te decía, pues en mi hotel estaba este tipo, Albarn, con una gente medio rara, y no te voy a negar que allá en Mallorca habían tipos muy buenos, y con unas amigas nos pusimos un día, en el bar del hotel, a apostar cuántos tipos éramos capaces de rumbearnos esa noche, y pues yo perdí porque sólo pude rumbearme ocho, mientras que la otra era una pelirroja operada, unas tetas absurdas, que se rumbeó como a 10 y se comió a otro tipo, pero eso me vine a dar cuenta después; y pues en esas se me acercó Albarn y me dice algo como "ustedes estaban apostando con tu amiga, cierto?" y le respondo esto: "No, we are girls who like boys, they're boys who like girls" pero le digo que sexo no, que siempre es con alguien que yo ame, algo como "I always do it with someone I really love, you know", y claro, le di mi dirección y tal, y cuando a los tres, cuatro meses salió la canción, Damon, muy amable él, me manda el sencillo de la canción y una carta que tengo allá en Londres..."

Y a Fabio no le importaba lo que dijera. Podía habérsela rumbeado Damon Albarn, todo Blur, todo Londres: en estos momentos él es el que la tiene como oficial. Y después del regalo de cumpleaños que Mónica le había dado, un fin de semana solos, sin siquiera escoltas, en casa de unos tíos, en Chinauta, el alemán estaba preparado para recibir la confirmación del "someone you really love". Ya hacía tres largos meses que había podido darle el primer beso, tras el cual había extendido la trinchera a través de su propia cama, en el apartamento de Chapinero Alto.

Y por supuesto, después de ese habían sucedido muchos. Algunos fallidos, como el que estaba listo a darle cuando sonaron los disparos y atacaron en Chapinero. Otros gloriosos, como el del parque de Usaquén, con coro de basquetbolistas a sus espaldas. Otros más, sutiles, como el andeneado con el que se saludaban si andaba cerca Duberney. Y otros apasionados, como el de la semana pasada en el apartamento de La Cabrera, que se arruinó porque duró 10 minutos, y ya iba convirtiéndose en relación sexual, cuando Fabio, en un arranque de lucidez, recordó que no había comprado condones para esa tarde. Por eso esta vez iba con todas las cuentas claras: dos cajas de Today, por si acaso. Dos botellas de Chivas 12. Dos de Absolut puro y una de Cinzano blanco, para hacer martinis. Algo de comida, mucho de licor. Y algo para la piscina, por supuesto; es así como va a salir todo perfecto este fincho.

Cruzar Fusa. La carretera convertida en calle principal, porque toda la ciudad se extiende alrededor. Fabio sólo veía, a lo lejos, los altos del páramo de Sumapaz. Nombre hermoso ese, aunque allá arriba había una sola guerra desde hace mucho rato, y estaba seguro que unos, a nombre del cartel, estaban transportando por ahí los paquetes para mandar a Nueva York, hoy o mañana, para empezar a abastecer antes de la temporada decembrina. Vacaciones en Cartagena, eran sus planes. Vacaciones en Manizales, eran los de ella. Un fin de semana juntos, eran los planes actuales, y es mejor no pensar mientras tanto, ya que el que piensa, pierde. Así que simplemente se dedicó a escuchar los acordes de Blur, y se dejaría llevar en Chinauta.

jueves, 28 de enero de 2010

Vistas bogotanas I: Centro Internacional

Esta es una sección nueva, contando cosas que se me ocurren cuando recorro Bogotá. Todo esto sucedió camino de la Luis Ángel Arango, el 29 de diciembre de 2009. Va dedicado a Ana María, por la cual me fui a la Luis Ángel ese día, y para Karen, que pidió la entrada desde las 2 de la tarde.

Andaba yo por la ciudad, partiendo desde mi apartamento, en La Soledad. Había recorrido largo trecho por entre muchas calles, carreras, avenidas y diagonales, para llegar hasta donde me encontraba, aunque iba en mitad de mi recorrido, que era para ver iluminaciones (pues sucedió en el diciembre pasado), por un lado, y para reunirme con una gran amiga en inmediaciones de la Luis Ángel Arango, por otro. El atardecer bogotano, que en esos días decembrinos se torna más brillante de lo normal, daba un atractivo tono dorado a las adustas torres de las Residencias Tequendama y la vieja fábrica de Bavaria, a un lado, y del antiguo hotel Hilton, al otro.

Decidí detenerme en ese punto, junto a la estatua de San Martín, quien muriera pobre y ciego después de liberar el sur de América, y de cederle todo su poder militar a Bolívar en Guayaquil. La Carrera Séptima, a esa hora de la tarde, inicia su contraflujo a partir del semáforo de la 32, así que se veía mucho menos transitada que de costumbre. Y la Carrera Trece, por su parte, comenzaba a dar seña de la congestión eterna y constante que ofrece, para todos los que alguna vez hemos tenido que padecerla, desde que se llama Carrera Once y nace en la Universidad Militar, hasta que su flujo vial se distribuye a otra vía estancada, como lo es la Carrera Décima, en los cercanos puentes de la 26.

La Trece ofrece una vista que puede asimilarse, haciendo una cruda regresión, a la del Financial District de Nueva York. Allí, la estrechez de la calle, circulando entre altos edificios, empequeñece al que la recorre en ese corto tramo que rodea al complejo del Hotel Tequendama. Aún así, hay algo que la hace una vía bogotana, y es el barullo de la gente. No conozco Nueva York, pero asumo que debe ser difícil, cuando menos, esperar que en Wall Street se vean personas ofreciendo a grito herido minutos a celular, una caseta con empanadas, otra con “chito charme maní caramelo”, un tipo vendiendo cursos de inglés de 20 páginas y libros de colorear, un grupo vendiendo SIM Cards de Comcel, y otro puesto más con perros calientes (este último sí es posible de conseguir). Aún así, la imagen vista de lejos no es tan alejada de la realidad.

Y ahí está, girando un poco la vista, la Séptima. Una vía indescriptible, más en ese tramo, que concentra la historia del país. La iglesia de San Diego, minimizada por los colosos de acero y hormigón que la rodean. El parque de La Independencia, mutilado por los puentes que a duras penas mantienen el tráfico del centro en orden. El Hotel Tequendama, hogar de papas, presidentes y artistas, cuando vienen de paso por Bogotá. La seguidilla de torres empresariales que, desde la de Colpatria hasta la del Hilton, le dan el nombre de “Centro Internacional” al sector. El Museo Nacional, entre estas torres, que parece una fortaleza y retiene la cultura y el arte del país, con fuerte competencia de parte de la red de museos del Banco de la República. Y ahí estaba San Martín, verdoso de pátina, con excremento de palomas encima, y apuntando al sur que liberara en una campaña militar asombrosa, entre los Andes argentinos y chilenos.

Y en la mitad, yo. Por alguna razón, tal vez el tono dorado de la tarde desvaneciéndose, me dio por quedarme parado ahí, unos 10 minutos. La historia corría ante mis ojos: oía las masas vitoreando toreros en la Santamaría. Veía manifestaciones de todos los calibres, silenciosas unas y ruidosas otras. Allá a lo lejos, distinguí el esplendor y estruendo de la gran Exposición del Centenario, de la cual queda el Kiosco de la Luz, antes hogar de transformadores eléctricos y ahora convertido en biblioteca. Oí el grito de los presos clamando su inocencia, mientras eran llevados a los calabozos del Panóptico. Sentí la brisa recorrer los campos de cebada, llevando consigo el humo que alcancé a oler de la cervecería en plena operación. Escuché el tranvía rodando por la carrera Trece al norte, mientras veía una chiva intermunicipal subiendo pasajeros a mi Boyacá natal, iniciando el largo trayecto que llevaría su pasaje a destino.

Cómo se deshizo el hechizo? No estoy seguro. Tal vez fue una llamada de celular, un pito de buseta, o un grito destemplado: el caso es que algo me hizo reaccionar. Volvió la ciudad, con una brisa fría bajando de Monserrate, como lo ha hecho desde tiempos inmemoriales. Volvieron las busetas, congestionadas en la Trece. Volvió el atardecer, ya perdiendo sus tonos dorados y tornándose ligeramente rojizo, allá, al occidente. Y me puse en marcha.

Bogotá es una ciudad que tiene una magia oculta. Al contrario de París, Nueva York, Buenos Aires o Roma, la magia bogotana no está expuesta a los turistas, sean de los que quieren ver el Museo del Oro, el parque de la 93, o la coca en La Candelaria. Hay que buscarla, y a veces está en un recóndito cruce, un pequeño prado, una casa antigua sosteniéndose entre torres de cristal y mampostería. Otras veces, se le exhibe a quien se encuentra en el lugar justo y en el momento justo. Esta vez, la estatua de San Martín me permitió encontrar la magia de la Séptima.

En los próximos días escribiré más al respecto de esas ideas que transitan por mi mente, cuando ando vagando por Bogotá, la que, a pesar de ser boyacense, considero mi ciudad hoy día. Porque uno, amigo lector, no es de la ciudad que dice su cédula o su registro de nacimiento, sino es de donde siente su hogar. Y esta ciudad, capaz de sobrevivir a Pastrana, a Samuel Moreno y a los marcianos, es mi hogar.