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lunes, 24 de junio de 2013

Álvaro Uribe, el gran colombiano según una encuesta

Ayer el país (que tiene televisión por cable, el resto estaba viendo la película de RCN o de Caracol) se paralizó para ver lo del Gran Colombiano del History Channel. Por una vez en la vida, el canal que antes fuera de la Segunda Guerra Mundial y que ahora se la pasa entre conspiraciones, aliens y casas de empeño le dio por voltear a mirar a la historia de Colombia, y puso a la gente a votar para ver quién era el más grande de un panel de 125 colombianos. El formato es originario del Reino Unido, donde la BBC lo diseñó y corrió una encuesta, en la que ganó sir Winston Churchill. Entre otros países, este formato se realizó en México (salió ganador Benito Juárez), en Argentina (se escogió al general San Martín) y en Estados Unidos (se eligió a Ronald Reagan).

Tal vez el ejemplo gringo sea el más cercano para explicar por qué Álvaro Uribe Vélez fue elegido como "El Gran Colombiano". Para empezar, hay que tener en cuenta el mecanismo de escogencia. Se suponía que los elegidos serían de una de estas categorías:
  • Historia y política del Siglo XIX: acá el más alto ubicado fue Antonio Nariño.
  • Historia y política del Siglo XX.
  • Artes populares y periodismo: Jaime Garzón y Gabriel García Márquez
  • Ciencias y Humanidades: Manuel Elkin Patarroyo
  • Deportes.
 En blanco quedó deportes porque no hubo ningún deportista entre los 5 primeros, que fueron en orden ascendente Nariño, García Márquez, Patarroyo, Garzón y Uribe. También en blanco quedaron las mentes de uno al saber qué carajos hacía Uribe ahí metido, si sus mayores aportes a la política del siglo XX fueron ser ponente de la ley 100, inventarse nuevas formas de convivir con la guerra en Antioquia y dirigir la Aeronáutica Civil.

Es evidente que el mecanismo de votación no era el ideal. En países serios como Gran Bretaña, programas como este son considerados encuestas, simplemente, tan válidas como las encuestas de intención de voto. Y tal vez se está sobrevaluando el carácter de esta recopilación de votos. Que un millón de los 45 que habitan este país haya votado, y que 300 mil de esos votos hayan sido por Uribe, no indica que el 30% de la población colombiana cree que Uribe es más grande que Alberto Lleras, García Márquez, el Pibe y Totó la Momposina juntos.

La demostración es clara: supongamos que Uribe quede descalificado. ¿Es entonces Jaime Garzón más grande que Alfonso López Pumarejo, Santander o Guillermo Cano? ¿Cómo se puede comparar el Nobel de García Márquez con la traducción de los derechos del hombre? ¿O la Constitución del 91 con el 5-0 contra Argentina? Esas son discusiones teóricas, y salir a hacer lo que los uribistas salieron a hacer hoy, que es básicamente colgarse el triunfo como si ese 30.3% de los encuestados fueran votantes fijos para marzo de 2014, es un exabrupto. Y es un exabrupto que, curiosamente, legitiman aquellos indignados que salen hoy a decir que este país es un asco porque, en vez de protestar como en Brasil, nos quedamos sentados y dejamos que otros elijan al Gran Colombiano.


Esto es una encuesta y como tal debe tomársela. Es posible que, como se podía votar varias veces en el formulario de History, la encuesta haya quedado sesgada. No quiere decir esto que haya trampas o que el pueblo no haya opinado: el pueblo, si se entiende como tal la gente que se tomó el trabajo de votar, cree que Uribe es el personaje más importante de la historia. ¿Vale de algo? Sí, vale de mucho: sirve para ver que no conocemos nuestra historia. Hay personajes como Gustavo Rojas Pinilla, Alfonso López Pumarejo o Laureano Gómez que han tenido un peso más marcado en nuestro paso como nación.

Es notorio que, de los cinco primeros, tres estén vivos y uno haya muerto hace relativamente poco, además de ser un personaje de enorme trascendencia mediática: no nos acordamos de los personajes sino cuando los vemos de vez en cuando. Es muy posible que, con la eterna presencia de Uribe por las redes sociales y la trascendencia que le dan los medios masivos a lo que pone en 140 caracteres, eso lo haya impulsado. Tal vez sea necesario un trabajo de seguimiento más docto, con consultas a expertos (pero expertos de verdad, no Refisal Bonnet) que nos diga quién pudo haber sido el colombiano más influyente en la historia de Colombia. Mientras tanto, la encuesta ha hablado. Podemos dejar de pelear?

jueves, 8 de marzo de 2012

Reverencias a la irreverencia

Hoy es 8 de marzo, día en el que se conmemora la lucha de miles de mujeres trabajadoras en el mundo para conseguir condiciones de trabajo similares a la de los hombres, lucha que aún hoy está pendiente. Por supuesto, el nombre "Día Internacional de la Mujer" dio para todo, desde conmemoraciones en la órbita comunista que convirtieron el día en una celebración a la mujer patriótica que peleó en la Segunda Guerra Mundial, hasta la conmemoración netamente comercial en donde no falta la vieja que espera que le gasten todo, y para colmo, todo más fino que lo normal. Pero ese, aparte de un saludo a todas las mujeres que son capaces de luchar en un mundo injusto para ellas, y de sacar adelante familias, negocios y países, no es el objetivo de este post.

La razón de este post es muchísimo más mundana. Simplemente, es una crítica - pelea contra la pose de irreverentes que domina hoy día todo lado. Pose que, sin lugar a dudas, ha sido influida por los vendedores de camionetas Duster (?) Martín de Francisco y Santiago Moure, que demostraron la viabilidad de hacer humor por la mañana en la radio, y ahora nos toca aguantarnos los chistes de Candela, Olímpica, Radioactiva, La Mega y prácticamente toda emisora que no sea de noticias. Nunca he puesto Planeta Fútbol en Antena 2, pero estoy seguro que tienen los mismos chistes a bordo.

Por qué? Porque en este país se creyó que la irreverencia es simplemente el humor chocante, la falta de respeto y esas cosas. Se tomó demasiado literal la definición de irreverencia, que es falta de reverencia; entendiendo esta última como el "respeto o veneración que tiene alguien a otra persona" (DRAE, 23a edición). Entonces, como para ser irreverente se tiene que perder dicha veneración, se falta al respeto de estas personas en el proceso. Es así como se convierte el comentario agudo en chiste obvio, la crítica en ofensa, se le pone lo pendejo a la pendejada.

Para la muestra, botones sobran hoy. Por ejemplo, los que toman la voz del Bolillo Gómez para hacer chistes de pésimo gusto relativos a la violencia femenina. O la gente que cree que es directamente ofensivo dedicar Mujeres de Ricardo Arjona, sólo porque es un cliché. O quienes, por rechazar el comercialismo del día de la mujer, lo comparan con el día del contador. O, pasando a rubros menos relacionados a la fecha, los que hacen chistes sobre la edad de Amparo Grisales, irrespetando así los derechos de esa pobre y botúlica anciana.

Porque lo otro es la reverencia que se tiene a dicha pose, situación que los agentes comerciales de Renault (?) Moure y de Francisco habían notado en su tiempo de El Siguiente Programa. Hay gente cuya vida parece girar alrededor de la tendencia a ser siempre chistoso, siempre irreverente, siempre buscando ese humor chocante. Sobre todo en las redes sociales, donde son una subespecie de la diva twittera, también conocida como Twitstar: son el "ácido", "sarcástico" y "crudo" que han devaluado esas tres palabrejas haciéndose los malos y buscando una repulsión que, paradójicamente, atrae gente porque dice "uitz, qué irreverentes". Y así terminan prendiéndole velas a dicha ofensa. Terminan venerando el concepto de la falta de veneración al prójimo, algo tan meta que me queda grande explicarlo más claramente.

En ese punto se vuelve cliché el chiste del Bolillo. Se da por sentado que una emisión de Yo me Llamo va a tener por ocasión número 455 el chiste de Amparo Grisales y el Ron Joven (o Nuevo) de Caldas. Se espera ver el mismo chiste de los tres huevitos en la columna de Daniel Samper Ospina en Semana, si dio la casualidad de ser noticia un uribista. Se repiten los mismos chistes flojos de, y sobre, Za-Za-Zableh. En fin.


El resultado final es una depauperación del concepto final. Sucede lo mismo que con la canción de Arjona: ya no se rechaza el chiste porque no se nota. Se pierde el concepto de la falta de reverencia, y se convierte en un adorno más, efectista y chambón, para conseguir unas risas. Y así pasamos de las genialidades de Klim a la burla barata del sobrino del bojote. La maestría humorística de Martín y Santiago degeneró en los chistes de Hassan y Piter Albeiro. La inspiración, la búsqueda de variantes, se pierde porque todo el mundo prefiere seguir viendo Yo me Llamo y reírse de nuestra antediluviana diva, que ver el talento en Colombia y a su sucesora, la prematuramente envejecida Alejandra Azcárate.

Incluso es probable que usted, querido lector que todavía está acá y no puteando por las contradicciones en que caí, no se haya dado cuenta de ellas. Vuelva a ellas y reflexione. Con la necesidad de mantenerlo a usted entretenido, tuve que caer en lo mismo que critico. Por qué? Simplemente es el camino fácil. La inspiración no me da para ser un Jaime Garzón; tengo que ser un José Ordóñez. Me toca volverme Tinelli para camuflar mi propia imposibilidad de homenajear al Negro Fontanarrosa. Y termino cediendo al cliché  de dedicar Mujeres de Arjona hoy porque sinceramente no se me ocurre qué más dedicar.

Para cerrar, una reflexión que nos lleva a la Grecia helenística. Los filósofos cínicos consideraban que la búsqueda del placer requería, como uno de sus tres pilares, la anaideia, derivada de "an", no, y "aidós", reverencia: irreverencia. Aún así, la anaideia cínica (de la filosofía de los cínicos, no del cinismo) no era burlarse de todo o faltar al respeto: era simplemente seguir los impulsos propios si le place a uno, sin ceder a las convenciones que dicen que, por ejemplo, Arjona es boleta y dedicar Mujeres de Arjona hoy lo hace a uno boleta. Esto, para ellos, era uno de los secretos que conduce a la felicidad: ser uno mismo y no preocuparse por el qué dirán. Ese es mi mejor concepto de irreverencia, la anaideia cínica. Y me acogeré a este.


Feliz día a todas las lectoras de este humilde blog.

viernes, 17 de febrero de 2012

La música en la cancha

Ha vuelto a la palestra pública la petición de alquilar el Estadio Nemesio Camacho para conciertos. El motivo: Antonio Navarro Wolff, Secretario de Gobierno del Distrito, propuso que se prestara el Campín para conciertos de, entre otros, Paul McCartney, Madonna y Lady Gaga.

Más allá del discutible gusto musical de Navarro, y no propiamente por sir Paul McCartney, la discusión de si prestar el estadio o no se a ha realizado en otras condiciones. Desde las expresadas por Juan Esteban Constaín en su columna de ayer en El Tiempo, hasta las múltiples críticas patentes en las redes sociales por ambos bandos. Los futboleros pelean porque es vulnerar el sagrado recinto donde estrellas como Boyero, Pacho Wittingham y Falucho Silva se han hecho famosos. Los musicólogos responden conque dicho estadio no puede dejarse únicamente para que jueguen los petardos de azul, diciendo que escenarios como el Azteca o el Monumental de River han servido muy bien para recitales y partidos.

Cierto: el Campín puede ser sede de eventos. ¿Pero a qué costo?



Este video muestra el deplorable estado de la cancha del Estadio El Campín el 2 de mayo del 2006, luego que se realizara el Evento 40 el sábado anterior. Como se ve, la cancha del estadio de la 57 estaba hecha un lodazal, debido a la saturación de eventos.

Porque no es sólo que se preste el estadio para que venga Paul McCartney, U2 o Madonna. Con la misma facilidad que una empresa de eventos pide a McCartney para que venga al Campín, otra empresa puede decir exactamente lo mismo para que venga Vicente Fernández, ya que está de gira de despedida. Y otra más hace exactamente la misma petición para que venga la costeñomiamunoespañola Shakira, porque es injusto tenerla en la Plaza de Eventos del Simón Bolívar. Y ooootra empresa solicita alquiler del estadio para que vaya Fergie, Lady Gaga, Juanes, Los de Adentro, Les Luthiers, el Evento 40 otra vez, los de La Mega, un prom, etcétera.

En esos tiempos hasta el 2006, cualquiera que pusiera plata podía usar el estadio para lo que quisiera. Entonces, si usted tenía 5 millones volando, podía ir al IDRD y pedir que por favor le alquilaran por dos horas el estadio para un picao de fútbol 11, entre Contabilidad y Recursos Humanos. Y ese esquema que parece funcionar bien para las canchas sintéticas no funciona en el estadio de la 57, que como todos sabemos, tiene el mismo suelo fangoso que compone a toda la Sabana de Bogotá, muy fértil para la siembra agrícola pero muy malo para soportar grandes pesos. Cosa que no sucede tan mal en cancha de River, con un suelo más rígido, o en el Azteca, que desde el comienzo fue diseñado para esta clase de eventos.

Entonces, es lógico que el IDRD, pensando en que esa cancha de fútbol, porque eso es lo que es (aunque no lo parezca) tiene que mantenerse más o menos bien, y sobre todo si Bogotá es la sede de la Selección y Millonarios va este año a copa internacional, haya decidido restringir el alquiler del estadio. La gramilla no es sagrada porque ahí juegue Mayer Candelo o Gerardo Bedoya: la gramilla es sagrada porque es delicada, y alterarla cuesta. Mucho. Adaptar la grama para que soporte esos pesos también tendría un costo elevado, en un estadio al que se le acaban de meter US$15 millones por las obras del Mundial Sub20.

En últimas, como se sabe a Bogotá le falta un gran centro que cubra la función de la Plaza de Eventos del Simón Bolívar. Un estadio diseñado desde ceros para recibir estos conciertos. No tiene que ser tan grande como el Campín: un estadio como el Red Bull Arena en Nueva Jersey, o el Único de La Plata (sin techo, tampoco es necesario), con capacidad para 30 mil personas para fútbol y deportes atléticos pero para 50 mil en conciertos. ¿Y mientras tanto? Pues que se preste el Campín pero en un cupo limitado, y con un tiempo prudencial para que la cancha se recupere. Se me ocurre en julio, mes muerto para el FPC; dos conciertos con una semana de recuperación entre cada uno, y para partidos también.

lunes, 16 de enero de 2012

Haciéndole el ole a la discusión taurina

Como todos los años, la presencia de la temporada taurina en Colombia alborota el debate entre los fanáticos al ancestral arte de la tauromaquia y quienes se oponen a la tortura de los toros para la diversión de un público adepto a la sangre. Estos términos, sacados de las opiniones mayoritarias de ambos lados, permiten denotar un problema fundamental que hay en la pelea entre protaurinos y antitaurinos: la radicalización de las partes.

En mis años de experiencia, que no son muchos pero son, no he visto un debate tan parcializado como lo es el relativo a la tauromaquia. Los anti-taurinos, para empezar, son extremadamente virulentos en su posición de considerarla como una tortura, creen que esa creencia bárbara, elitista y retrógrada debe ser extirpada de inmediato, e igualan a los toreros y taurófilos con asesinos salvajes, sádicos y desconsiderados con el sufrimiento de unas pobres reses maltratadas. Y para ellos, quienes lo reportan sin incluir condenas a este (léase: quienes hacen artículos sobre toros, o twittean de toros sin necesidad de ser adeptos a las corridas) son también salvajes asesinos y apoyan el maltrato animal.

Los taurófilos, por su parte, son más moderados en sus mecanismos, pero igualmente fanatizados. Para ellos, la tauromaquia es un arte antiguo, una tradición inmemorial traída desde la península Ibérica con la conquista, una parte importante de la cultura hispánica que está en las bases de la cultura colombiana. Acuden ellos, en su estilo sonoro y altisonante, a mencionar los grandes hitos arquitectónicos, literarios y pictóricos que el toreo ha dejado a la cultura mundial, y consideran el tema de los antitaurinos como una invasión de la modernidad y la pérdida de nuestras raíces y nuestras tradiciones.

Parte y parte tienen razón. Objetivamente, la tauromaquia tiene mucho que ver con nuestra cultura, y no hay que recurrir a Hemingway o Goya, Botero o la Santamaría para verlo. Frases coloquiales como "mientras más bravo el toro, mejor la corrida", "darle la estocada", "vuelta al ruedo" y demás son necesariamente relativas a la penetración que en tiempos antiguos tenían los toros en el pueblo. Y el lenguaje taurino resulta sonoro, peculiarmente hermoso en sus términos, casi románticos, para referirse al toro. Para el ejemplo, este recorte de un comentario sobre cierta corrida de rejones (léase, a caballo):

Lo toreó de cabo a rabo, de principio a fin: desde que lo recibió en puerta de toriles para llevarlo al galope por todo el ruedo con el regatón de su larga garrocha campera arrastrando por la arena como si fuera un imán, hasta el rejonazo de muerte que le dio en el mismo platillo de la plaza. Lo levantó el puntillero al sacarle el acero, y el toro se fue a morir a toriles una muerte de bravo. Y entre una y otra cosa, qué buen toreo a caballo, y de qué intensidad: templando siempre al toro, citándolo con las manos del caballo encabritado en una corveta, recibiéndolo con los pechos como con una muleta adelantada, dando cabriolas y lanzadas de desplante y piruetas de adorno entre los dos pitones, y ensayando en las pausas juegos de paso español delante del toro estupefacto, que en su vida había visto semejante espectáculo.

Para el antitaurino, por su parte, el anterior comentario se resume en: "el torero mareó al toro, que estaba alborotado, y entre aplausos de la muchedumbre el asesino, montado en su caballo, le enterró una espada para matarlo y que se le cortaran sus orejas".

El antitaurino, en el proceso, ignora ciertas situaciones derivadas de la tauromaquia. No referidas al tema cultural, porque yo con cultura no pretendo meterme: de los toros depende no sólo ganaderías, toreros y algún que otro periodista, sino también las taquillas de la Plaza, vendedores en sus aledaños, restaurantes que hacen previas y condumios, en fin. Así mismo, el toro de tauromaquia no es cualquier novillo sacado de una finca ganadera donde estaba engordando para dar carne: es un toro alimentado con el mejor pienso, cuidado en los mejores potreros, dejado madurar durante tres o cuatro años en extensas fincas (y no tratado a las patadas, como hacen los ganaderos lácteos) de una raza peculiar y refinada para atacar a quien se atraviese. No puede decirse, como escuché alguna vez a mi hermano, radical antitaurino, que los toros podían volver con las vacas lecheras y esperar comida: las destrozarían a cornadas. La extinción de la tauromaquia implicaría la extinción de negocios como este.

Y el protaurino, por su parte, olvida un hecho objetivo: está viendo matar a un toro. Y lo celebra. La tauromaquia, desposeída de todo su carácter artístico, puede resumirse simplemente como una forma elaborada y ante un público de matar seis toros. Después de la corrida, el torero es celebrado, le llueven claveles y palmas y de pronto le dan la vuelta al ruedo mientras al toro muerto lo destazan, despellejan y trozan para llevarlo a las carnicerías y asarlo con papa salada, guacamole y maduro. Visto así, pareciera que lo que apoyan los taurófilos, más que la matada del animal, es el arte alrededor de esta. Tal como los hinchas de ciertos equipos de fútbol, que no apoyan a los 11 tipos que le dan patadas al balón, sino a los 3000 que cantan cuando las patadas salen bien y putean cuando estas salen mal.

Medidas como la del alcalde Petro, de suspender el apoyo a las corridas en Bogotá, pueden ser útiles para acabar con el fanatismo a la tauromaquia, o por lo menos, hacerlo privado. Pero lo que proponen los antitaurinos, de cerrar todas las plazas y acabar con todo lo relativo a estos de una vez, es básicamente inviable. La tauromaquia sí está arraigada en la sociedad, aunque las corridas en Bogotá sean una muestra de la élite: para la muestra, las corridas en Duitama, donde esa élite proveniente de la capital se codea con los campesinos y obreros humildes, que también son conocedores y disfrutan de las corridas, a su estilo.

Tal vez en varios años la pelea se pueda resolver, por un mecanismo que los antitaurinos hacen lo posible por promover, pero que ellos mismos se aseguran de impedir: la deserción de materia. Los opositores a las corridas hacen toda la bulla del mundo contra los taurófilos, y esta bulla sirve para reclutar más antitaurinos, pero no para reducir el número de fanáticos a las corridas. Estos, como su nombre lo indica, son fanáticos, y su fanatismo a dicho arte hace que vean el arte como algo intrínseco e imposible de negociar. Y la pelea radicaliza a las partes, como se dijo en un principio. Y una pelea radicalizada impide cualquier tipo de discusión.

A pesar de su virulencia, tanto taurófilos como antitaurinos son minorías en una masa indiferente. Estoy seguro que, si no fuera por la bulla de lado y lado, esta masa indiferente crecería, hasta el punto en el que las corridas dejaran de ser rentables y viables. Y como nadie es capaz de hacer algo únicamente por amor al arte (esa es la pelea real de los protaurinos con Petro: que se les retire un patrocinio de la Alcaldía en dinero), las corridas acabarían, simplemente porque no dan dinero. Así han acabado muchas cosas con grandes aficiones, como las carreras de caballos en Colombia, o las emisoras que sólo daban reguetón. Es simplemente callarse, dejar de pararle bolas y ya. Es un reto para los antitaurinos, pero es la forma más efectiva de conseguir el fin de un antiguo problema, y sin tanto esfuerzo; sólo paciencia.

miércoles, 6 de abril de 2011

La Ley Lleras

El ministro del Interior y de Justicia, Germán Vargas Lleras, presentó el día de ayer ante el Congreso un proyecto de ley con el fin de regular el acceso a contenido por Internet sin cumplir con la normativa de derechos de autor. En pocas palabras, el proyecto de ley implica que podría penalizarse con cárcel a los que utilicen Internet para obtener artículos como películas, canciones, programas o libros sin pagar los derechos de autor, y sancionar a los proveedores de Internet que se presten a esta piratería con bloqueos de sus páginas, suspensión del acceso o simplemente dando de baja sus servicios.

Este artículo de Carlos Forero, en su página Segunda Plana (recomendadísimo de esta casa) contiene un análisis de 8 puntos que propone el autor para oponerse al proyecto. Más allá de obviedades como que este país tiene crímenes peores por los cuales preocuparse, o que la medida fue planteada desde el Mininterior sin consultar con un ente capacitado como lo es el Ministerio de Tecnologías de la Información y Comunicaciones, existen dos puntos de esta crítica que tomaré y desarrollaré para realizar la mía.

El primero: la norma induce directamente a asumir que todo el que descarga una canción o un libro lo hace pirateando. Ignora, de esta forma, la posición del freeware, el código libre y el copyleft: el ministro Vargas Lleras parece ignorar, a partir del lobby, que existe una comunidad de artistas que crean sus obras fuera del alcance de Sayco y Acinpro. Súmese a esto la exigencia de Sayco, donde uno literalmente no puede tener un radio o un computador con parlantes en un negocio desconectado y dañado, sin pagar, porque se vuelve ahí mismo evasor de derechos de autor. La normativa en ese tema, en particular en lo relativo a música, es supremamente retrógrada y desfasada con las realidades tecnológicas. Y los sobrecostos por estas normativas son escandalosos. Veía un tweet al respecto, según el cual un libro publicado en Argentina llega con 75% de sobrecostos a una librería colombiana por aduanas, impuestos y derechos de autor.

Ese es otro asunto. Muchas de las fuentes de la piratería se dan en realidad porque no hay más que hacer: en este país, la oferta musical y de literatura no académica, es excesivamente limitada. Por ejemplo, he volteado medio centro de Bogotá buscando obras de Harry Turtledove, y no he encontrado. Así mismo, en Colombia no hay un Amazon, Barnes and Noble, iTunes, Netflix u otro servicio que permita adquirir música, libros, películas o programas de televisión por Internet, sin problemas. Lo más cercano es la Librería Nacional con su compra de libros por Internet, un buen proyecto, pero limitado por lo que hay en sus propias estanterías y depósitos.

En fin, esta norma ha demostrado ser impopular. Yo me opongo a ella, por lo que he comentado arriba; no por los problemas de derechos de autor y la anarquía digital. Como puse en Twitter, yo apoyo una norma que penalice la piratería cuando haya alternativas válidas. La situación momentánea se presta para llevar a romper la ley a quien necesita o quiere realizar algo fuera de los límites de Sayco, las grandes editoriales, disqueras o estudios de cine. Y ciertamente, aunque es cierto que la piratería ha sido poseída, el país no puede seguir en esa tónica política de considerar culpables a todos por adelantado, sin antes averiguar sus motivos. Las normas deben adaptarse a la realidad, y la ley Lleras parece querer adaptar la realidad a una norma. En eso, espero que el MinTIC pueda prestar colaboración a la cartera del Interior, para evitar que Vargas Lleras, que lo iba haciendo bien como ministro, cometa un error similar al de la Ley SINDE en España, y el retroceso político que esto le implicó. Así sea por eso no más, pensando en las elecciones del 2014, Vargas Lleras debería reconsiderar la rigidez de su postura.

domingo, 3 de abril de 2011

Activismo conceptual

Mañana, 4 de abril, mucha gente saldrá a las calles de las ciudades colombianas con una manga del pantalón remangada. El motivo, a pesar del clima lluvioso, no es proteger las botas de los pantalones. Tampoco es mostrar sus medias, o falta de ellas. Y mucho menos, se trata de alguna campaña publicitaria, aunque se parece en algo. La campaña es de tipo social e impulsada desde las redes sociales: la idea es remangarse la bota del pantalón para sensibilizarse sobre las víctimas de minas antipersona y mostrar rechazo a su uso por parte de los actores del conflicto. El drama de las minas antipersona se muestra muchísimo mejor de lo que soy capaz en la película "Los Colores de la Montaña", que recomiendo.

Ahora, qué tan útil es? Poco. Ese es un apoyo netamente conceptual.

Por qué netamente conceptual? Simplemente porque ese apoyo está presente. No creo que haya alguien que no sepa la dureza de las muertes, lesiones y mutilaciones que generan las minas antipersona. Así mismo, creo que son pocos los que no rechazan su uso, aunque no tengan que gritarlo. O demostrarlo fehacientemente. Ahora toca demostrarlo fehacientemente, porque si no, uno es un insensible. Mañana no me voy a remangar el pantalón, y ya preveo a la gente armando escándalo que por qué usted es así, qué le pasa, es que no entiende.

Pues sí: sí entiendo. Y porque entiendo, no lo voy a hacer. No voy a remangarme el pantalón, porque sé que este es el segundo país con más víctimas de minas antipersona, sólo superado por Afganistán. No lo voy a hacer, porque sé que más de 30000 personas han sufrido estos impactos en esta década. Y no lo voy a hacer, porque sé que coger mi pantalón y levantarle la bota para mostrar una media no va a ayudar a nadie en ese sentido. Es como la famosa campaña del año pasado de cambiar nuestras fotos de perfil en Facebook por caricaturas, dizque en contra de la pedofilia. Y lo peor: la gente lo cree.

Las campañas útiles exigen un esfuerzo real. Salir a la calle y protestar, por ejemplo. Donar algún objeto que ya no queremos, para que en vez de estar guardando moho, sirva para otro. Esa sería una ayuda útil. Váyase de voluntario a una ONG, eso sí que sería mucho más útil. Todas esas cosas realmente modifican algo la condición de los damnificados por esta y por otras catástrofes. Pero remangarse el pantalón... como que para lo único útil es para que la pierna coja algo de color, ahora para Semana Santa. De resto... mmm... como jodido.

Por eso es el apoyo conceptual: se queda uno en el concepto del apoyo, en "ayudar de forma abstracta" a estos damnificados, y se lavan las manos a la hora de pasar a lo concreto. La intención no es suficiente: bien dice el dicho "el camino al infierno está pavimentado de buenas intenciones". De nada sirve que nos mostremos indignados, si lo hacemos para quedar de muy conscientes y desentendernos del tema en búsqueda de la próxima campaña para lavar nuestra conciencia. Hace 15 días, era "La Hora del Planeta", en la que al menos hubo algún cambio medible en la disminución de consumo de energía eléctrica.

Esta vez estamos enconchados con algo que no puede quedarse en ese activismo conceptual, y en creernos superiores por apoyar esas campañas. Ciertamente podemos lograr algo más. La Ola Verde demostró que el activismo en redes sociales y las demostraciones no sirven de nada si no se ponen firmes en algo tangible (incluso: la Ola Verde todavía tiene en muchas ventanas pósters de "La Vida es Sagrada" y de la campaña Mockus - Fajardo). Así que espero que lo de mañana sirva para replantear esa postura y analizar si somos realmente capaces de conseguir una forma de usar el poder de las redes sociales para algo más que levantar la bota de los pantalones y sentirnos muy comprometidos por eso.

domingo, 20 de marzo de 2011

Buena, bonita y empelotada

Recientemente, en mi TL me ha llamado la atención (lamento desanimar a los nuevos lectores, pero sí: muchas de las cosas que comento acá son derivadas de lo que leo en mi timeline de Twitter. Está cargado de ideas interesantes que me ponen a reflexionar, y como dice arriba, esto está lleno de pensamientos inconexos, léase, lo primero que me llamó la atención) la fiesta de la Revista BB&B llamada "el Bogotazo", que supongo caerá el 9 de abril. El motivo por el que me llama la atención este Bogotazo es por algo que Gaitán se escandalizaría en sus años mozos: la cantidad de mujeres que buscan por todos los medios la entrada a la dicha parranda, mediante fotos muy sugestivas, al estilo claro del postulado de la revista: que las mujeres buenas y bonitas también son bogotanas y que hay que mostrarlo.

Ciertamente, hay una fuerte tendencia de la mujer de hoy día a exhibirse. Lejísimos estamos de los viejos tiempos en los que era un escándalo el uso del bikini, y ahora para los hombres, una medida de la fama de una nueva actriz o modelo es ver si, y hace cuánto, se desnudó en Soho o Don Juan. Un artículo reciente de Semana, que por desgracia no tengo a la mano, dice el por qué: porque ahora la mujer quiere sentirse atractiva, y para eso una de las mejores ideas es, precisamente, desnudarse, tomarse unas fotos en cueros, y que el mundo juzgue.

Aún así, no estamos acostumbrados a ello, y por eso quien se desnuda ante una cámara y ve sus fotos publicadas en una revista o a la Internet, debe aceptar una serie de hechos, entre ellos, la certeza de que se la van a morbosear. Es así de simple: para mucho macho alfa cuya educación va en sentido inverso a su líbido, se encuentra con la foto de una mujer atractiva y se cree capaz de levantársela. Como si fuera así de sencillo. Ese caso se veía mucho hace unos 4 años en Soho.com.co: la gente que le pedía el MSN a Isabel Cristina Estrada o a Carolina Cruz... en los comentarios de sus sesiones. Aplica también para quienes se desnudan ante fotógrafos particulares en sesiones que, evidentemente, no van para los medios.

Y ahora, como quien tiene cámara profesional se cree fotógrafo y, si además sabe Photoshop y tiene labia, resulta dándoselas de fotógrafo de Don Juan, muchísimas mujeres salen a sentirse atractivas, según el postulado de Semana, gracias a ello. Las fotos andan por Flickr y los fotógrafos las publicitan por Twitter, además de buscar sus siguientes víct... ajem, modelos por la red social. Dos de los mejores que conozco en ese sentido son Gustavo Perdomo y Rafael Mora, fotógrafos profesionales ellos, pero no falta quien crea que en serio, con una Canon de millón, un juego de lentes y un MacBook Pro con Adobe Photoshop CS5, es capaz de hacer "arte" con una pelada que se le desnude.

Porque la verdad, la línea entre erotismo y pornografía es muy, muy difícil de determinar, tanto por escrito como en imagen. Muchas veces, esa línea se difumina a tal nivel que es imposible distinguirlos, y entonces salen las modelos a decir que su empelotada es un "desnudo artístico", para que no se la coma la crítica. Y para los machos alfa que comentaba antes, menos aún existe esta línea: "uuuuy, mami" ante el hecho que una mujer muestre lo que, al final de cuentas, también muestra en sus fotos de vacaciones en el Rodadero, o de puentes en Girardot. De ahí que muchas de las "modelos no modelo" de los fotógrafos reciban invitaciones de todo tipo y calibre, que muchas veces salen destempladas y pasadas de tema, precisamente por confundir la pornografía con el arte.

BB&B ha intentado solucionar esta dicotomía con el uso de los elementos urbanos de Bogotá. Mora lo intenta resolver con el uso artístico de elementos tanto de hogar (sospecho que su casa, por la constante repetición en muchas sesiones de los mismos elementos) como de la naturaleza, en una serie de sesiones. Y Perdomo hace que el manejo del tema lo dé la modelo, ella verá cómo se presenta: después de todo, el trabajo del fotógrafo es retratar a la modelo como él la ve. Con el "intenta" demuestro que hay éxitos, pero también, fracasos, como en todo. Algunas veces salen fotos artísticamente excelentes, según el término de Arthur Danto, y otras veces, sale una copia de alto costo de Juan Sin Miedo, el del Espacio: vieja buena empelota con texto chimbo de decoración, porque nadie se toma el trabajo de leerlo.

Finalmente queda la duda de por qué las mujeres que se empelotan, lo hacen. La respuesta ya la había dicho antes: por sentirse atractivas. Una amiga de esta casa lo puso así: "son viejas que no sólo están buenas, sino que saben que están buenas y además tienen que refregarle al mundo que están muy buenas, y se empelotan para que todo el mundo les diga que están buenas". Otra amiga lo puso así: "están buenas pero no se las creen, así que tienen que salir a que les digan que están buenas para creerlo". Yo estoy en la mitad de ese espectro: saben lo que tienen y que tienen que mostrarlo, pero necesitan igual que se lo reafirmen. Por eso, por ejemplo, el éxito de BB&B: mostrar lo atractivas que son las mujeres bogotanas en general, en contra de la opinión popular del colombiano promedio que cree que las rolas no tienen nada porque no lo muestran. Esto no se deberá cumplir para todas, supongo, pero ahí sí, allá ellas.

En resumen, cuando una mujer se desnuda ante una cámara, debe atenerse a las consecuencias. La gente que todavía no está acostumbrada a ver a su compañera de trabajo - amiga - novia - vecina desnuda lo puede tomar por donde no es (y lo hace). Y cambiar por completo las relaciones de las personas por eso, resulta necio. Al fin y al cabo, uno no debería cambiar la opinión de alguien, porque dio la casualidad que a ella le pareció buena idea ir a que le tomen fotos como llegó al mundo. Tal vez ese es el principal problema de las fotos, falta de comprensión a esa idea. Uno no debería pelear con eso, al fin y al cabo, está viendo a su amiga empelota...

viernes, 18 de marzo de 2011

Buenos días, sus mercedes!

Viernes por la mañana. Me despierto tarde, ya no fui a Comunicación y Lenguaje, y me pongo a leer los medios como todo buen colombiano, y Twitter como todo buen twittero. Y me encuentro con una marejada de "sumercé" en el TL que me hace pensar: hemos ganado los boyacos! Por fin dejamos de lado la influencia paisa en este país que nos dominaba vía Uribe, Gustavo Bolívar y Juan Esteban Aristizábal! Pero no. 

Encontré, en la página de Caracol Radio, la razón real de la sobredosis de "sumercé" en el TL: una decisión de Hernando Lozada, director del Instituto Geográfico Agustín Codazzi en Tunja, en donde, con espíritu digno de Miguel Antonio Caro, sale prohibiendo el uso de minifaldas, escotes y sumercé por el personal de atención al cliente del IGAC. Las dos primeras prohibiciones, con las que no comulgo, al menos las entiendo: debe ser muy bravo para una de las muchachas de servicio al cliente andar, en el frío de Tunja, con los ventarrones de Tunja, y ahora con las lluvias de Tunja, en minifalda y escotada.

Pero la prohibición de decir "sumercé", que ahora resulta que no es la única - vía @tuiterosboyaca me llega la información que también se lo prohibieron decir a las enfermeras de cierta clínica en Sogamoso -, es un atentado contra la cultura boyacense. Nosotros los boyacos heredamos desde la Colonia esa hermosa virtud (originaria del "vuesa merced" como fórmula de respeto ante los superiores, luego derivada en "su merced" y hoy vamos en sumercé), y que junto a la ruana, la arepa de Ventaquemada, el Puente de la batalla y los cuentachistes campesinos en Sábados Felices, es nuestro emblema para el resto del país.

Decía la mamá de un amigo, nativa de Sogamoso, en frase que me gusta citar "es que los boyacos tenemos el Puente de Boyacá pintado en la frente". Yo creo que no: lo tenemos es en la punta de la lengua, y cuando usted escucha a alguien decir "sumercé", sabe que le responde igual y se entienden perfectamente: su interlocutor también tiene ascendencia boyacense. Los sumercés (plurar del término "sumercé"; para referirse a varias personas, se dice "sus mercedes" como en el título de este post) en otros acentos no cuadran, y además tiene la virtud de ser un intermedio similar al "vos" entre usted, fórmula de respeto, y tú, fórmula de confianza.

El caso es, pareciera que el doctor Lozada quiere que los asesores del IGAC sean excesivamente respetuosos con sus clientes; entonces, no minifaldas y no escotes para no ofender a las señoras (y que no las ofendan los señores, aunque el respeto en ese sentido de los tunjanos es encomiable, y si no, pregúntenle al lechón Link). No "sumercés" para que no se pasen de confiancitas con los clientes. Pero yo no conozco al primer boyacense que se sienta ofendido porque lo traten de su merced. Los pocos que conozco son boyacos por un accidente geográfico, porque toda la vida se han sentido rolos o paisas aunque hayan nacido en Firavitoba, Antioquia.

En fin, que me parece que el doctor Lozada debería untarse más de pueblo en Boyacá, y ver mejor cómo son los usuarios a los que atienden en el Agustín Codazzi. Mientras tanto, yo los saludo a sus mercedes, queridos lectores, y seguiré llevando mi Puente de Boyacá pintado en la frente, o mejor aún, en la punta de la lengua.

domingo, 30 de enero de 2011

Mucho tiempo, 100 años

Como nos recuerdan en simultánea los editoriales de El Tiempo y El Espectador, la familia Santos y el Grupo Editorial Planeta celebran los 100 años de su diario, El Tiempo. Un periódico que nació un día 30 del mes de enero del año de 1911, en un país que a duras penas estaba recuperándose del desangre de 70 años de guerras civiles y la pérdida de Panamá. Un periódico hecho para apoyar a Carlos E. Restrepo, que luego fue propiedad y buque insignia de Eduardo Santos hasta que vendieron un buen pedazo a Planeta. Un diario que quedó siendo el único diario nacional entre 1997 y 2007, que se llenó de colores hace unos meses, y que hoy día mantiene su puesto de "el periódico más leído del país" como desde los años 40.

Por qué? Por sus escritores en ese entonces. Un periódico que en su nómina contó con plumas del peso y poder de Alberto Lleras, Carlos Lleras, Calibán, Germán Arciniegas, Klim, Eduardo Caballero, Ricardo Rendón, Indalecio Liévano, Daniel Samper Pizano, Luis Carlos Galán, Germán Castro Caycedo y otros muchos, dirigidos durante por Eduardo Santos, o por Roberto García-Peña, o por sus hijos Enrique (padre del presidente) y Hernando (padre de Pachito). Siempre en una disputa continua por los lectores con el diario de los Cano, lo que no evitó que en su momento, hubiera compañerismo. Como cuando los dos fueron cerrados en tiempos de Rojas Pinilla. O cuando El Espectador sufrió el asesinato de don Guillermo Cano de parte del cartel de Medellín, y El Tiempo lideró el proceso para sacar todas las investigaciones sobre narcotráfico de todos los medios, para mostrar que la prensa no se deja amedrentar. Como escribió Klim, luego del incendio que acabó con El Tiempo (y El Espectador y la casa de López Pumarejo y la de Alberto Lleras) en 1952:

El Tiempo, en todo momento, ha sido el alimento espiritual de los colombianos que aman la libertad, la justicia y la dignidad humanas, y de una época a esta parte ha recogido en sus páginas, que tienen la noble fragilidad de las banderas, el clamor angustiado de una ilustre colectividad vencida.

Eran esos tiempos de diarios partidistas. Los Cano y los Santos, liberales. Laureano Gómez ponía El Siglo, y Mariano Ospina Pérez, La República. De esos cuatro periódicos, el único que mantiene (más o menos) su orientación es El Tiempo: los Cano debieron vender el Espectador a don Julio Mario Santo Domingo en los 90, El Nuevo Siglo logró sobrevivir a los golpes el asesinato de Álvaro Gómez (y volverse en el periódico más feo del mundo, aunque es el más vendido en los juzgados) y La República subsiste, convertido en diario económico, y con la mejor información de economía en el país.

Por qué dije que "más o menos" se mantiene El Tiempo en esa orientación? Hoy día da pena verlo. Antes, las magistrales investigaciones que hacía la Unidad Investigativa que mandaba Daniel Samper Pizano destapaban las ollas podridas de Misael Pastrana y Alfonso López Michelsen; hoy, la CEET cierra Cambio (que hacía más o menos lo mismo) porque no vende, cuando, como el mismo Samper dice en su columna de hoy, "[Eduardo] Santos desdeñaba el negocio; su obsesión era un diario nacido para defender ideas liberales". Prueba 1: la misión de un diario es informar, no producir utilidades abultadas. Al poner las ganancias encima de la información, El Tiempo se ha convertido en una hoja donde las noticias quedan ocultas por comunicados de prensa, clasificados de página entera y titulares sin sentido. Para no hablar del amarillismo hecho Diario Mío, o de los tweets del estilo "¿cómo celebran en sus casas la muerte del Mono Jojoy?".

Y esa es otra. Antes los diarios tenían una afiliación política clara: eran liberales, o godos, o socialistas, y punto. Hoy día El Tiempo es el diario gobiernista por excelencia: en tiempos de Pastrana, las noticias le echaban flores al Caguán. Cuando Uribe empezó a subir en las encuestas, todo El Tiempo se fue detrás, y estuvo detrás hasta la parapolítica y los falsos positivos, cuando comenzaron a reportar algunas cosas como son. Y hoy día, con Santos como presidente (y ex jefe de redacción, y ex accionista), es apenas obvio que se vuelvan defensores de lo que ha hecho bien, y que oculten lo que ha hecho mal. Eso en los reportes: porque las editoriales nadie las lee, pero ahí la colección de ideas que salen dan para todo. Desde un José Obdulio Gaviria dedicado a parecer el Martín de Francisco (versión La Luciérnaga) de la política, hasta una Salud Hernández que lleva como 50 años en la edad de la caca de gato: no le gusta nada.

Hay cosas para replantear en el periódico. Ciertamente ha mejorado mucho desde la época que se volvió tan uribista, que Vladdo lo puso como bandera de su Casa de Nariño. Creo yo que eso se debe a que el director actual, Roberto Pombo, es uno de los personajes que más sabe de hacer noticia en este país, y aunque nunca faltan los gazapos de pasquín de cuarta, y de vez en cuando aparecen noticias sin lógica, el proceso de Pombo, con su experiencia en Cambio, ha vuelto poco a poco al diario de Planeta en lo que era con los Santos

Aprovecho este pequeño espacio para felicitar al diario que tiene 2 millones de lectores los domingos, sin contar sus visitantes. Yo tengo 20 lectores por post, una bobada. Igual va este pequeño homenaje y esta pequeña reflexión. Esperamos que El Tiempo se mantenga en el nivel que lo hizo uno de los más importantes diarios de América Latina, y que su historia, que como decían sus propagandas de hace varios años, "se escribe a diario", mantenga más páginas gloriosas de acá para adelante. Y que si se puede, yo contribuya a escribir (a diario) la historia del diario de los Santos.

domingo, 26 de diciembre de 2010

El post del daño 2010

Porque eso es lo principal que se vio en el 2010, en mi humilde opinión. Daños por todos lados. Desde el terremoto en Haití, el 12 de enero - y para completar, los problemas del cólera en estos meses recientes -, hasta las inundaciones, deslizamientos y derrumbes en Colombia y Venezuela, mencionados por Su Santidad el Papa en el clásico saludo de 25 de diciembre. Desde la destrucción causada por el otro terremoto grande, el de febrero en Chile, hasta el caos por las nevadas en Europa Central. Desde la detención de casi todos los vuelos en espacio aéreo europeo por el volcán impronunciable, Eyjafjallajoekull o algo así, en Islandia, hasta las graves dificultades con las que tendrá que verse el Departamento de Estado de los Estados Unidos, cortesía de Julian Assange y Wikileaks. Daños por doquier. Nada más usted, amigo bogotano, asómese a la ventana o salga y dése una vuelta por la calle 26. El daño de los Nule a la capital es impresionante.

Aún así, el año será recordado probablemente por otros factores. Para los que gustan de las historias de supervivencia, los 33 mineros de Chile dieron una novela inacabable en los 70 días que duraron sepultados en una mina. Nosotros los fanáticos del deporte lo recordaremos como el año de los españoles: Nadal, Pau Gasol, Xavi Hernández y Andrés Iniesta (tanto en el equipo de Guardiola como en el de del Bosque), y por supuesto, la pelea de Alonso en el campeonato que terminó en manos de Vettel. Y este país también lo recordará, además del invierno, como el año en el que Juan Manuel Santos asumió el poder y empezó un proceso de modificación estructural, que le ha quitado de encima tiempo al gobierno para mirar pendejadas como los 5 millones, más o menos, de damnificados por las inundaciones.

Lo cierto es que también este año se vio el poder de la gente a pie. Gente a pie como el militar que entregó 250 mil documentos del Departamento de Estado y armó una barahúnda en donde todo el mundo se puso a saber lo que los gringos tienen para decirle. Gente a pie como los miles de niñas que subieron a Justin Bieber de prepúber cantante en Youtube a estrella de talla mundial (lo mismo aplica para el creador de Annoying Orange, Mark Zuckenberg vía Facebook y The Social Network, y demás maestros de los virales). Gente a pie como 33 de los decenas de miles de obreros de la minería en el desierto de Atacama, que se volvieron famosos al caerle encima una roca de 700 metros, durar dos meses largos bajo tierra, y sobrevivir. Gente a pie como los de la Ola Verde, que fueron capaces de llevar un millón más de votantes a las urnas y darle a Antanas Mockus, a pesar de las pifias de los debates, el 22% de los votos en primera vuelta y el 28% en segunda. Gente a pie como la que armó el Tea Party en los Estados Unidos, que es una de las mayores piedras en el zapato para el gobierno de Barack Obama, sobre todo por el poder nuevo de los republicanos en el Congreso gringo.

Aún así, el poder de la gente de a pie no es suficiente para cambiar las cosas donde se pueden cambiar. Por mucho que 9 millones de personas hayan votado por Santos para que siguiera las políticas de Uribe, Santos ha decidido seguir por su camino y cambiar cosas importantes. Por mucho que la costa se inunde todos los años en los que no hay El Niño, la corrupción de los políticos costeños es uno de los principales culpables para que se haya deteriorado la protección contra inundaciones, con el resultado que las orillas de los ríos costeños están a 5 o 6 km de donde deberían, con los resultados de esperar para los cultivos. Por mucho que todo el mundo vea claro que los bancos tienen ganancias que se cuentan en billones de pesos (miles de millones de dólares) e intente protestar, los bancos siguen cobrando lo que se les da la gana por retiros, consultas, dando intereses de miseria y cobrando lo más cerca a usura que pueden. Por mucho que uno intente trollear al señor expresidente Uribe en Twitter (y "uno" es tanto el twittero a pie como Felipe Zuleta Lleras, Daniel Coronell o Vladimir Flórez, alias "Vladdo"), él sigue ahí, impune, con sus hijos, peleando con todo el mundo.

Como resultado, este es el año en lo que más se va a recordar son daños. Hasta el fútbol salió dañado, con la nominación de Rusia y Qatar a los mundiales 2018 y 2022, respectivamente, sobre todo por la última. Pero la gente no recordará eso. Tal vez la imagen del año sea la del presidente Piñera diciendo "viva Chile, mierda" cuando aseguró que iba a sacar a 33 compatriotas suyos enterrados en cercanías de Copiapó. Porque hay que mantener la esperanza viva, y los mineros fueron la esperanza del mundo durante dos meses largos. Por eso hoy día están por el mundo, los llevaron a ver al Manchester United y a Disney World.

viernes, 19 de noviembre de 2010

Premios PTW 2010: El arte de ser troll

Siempre me ha llamado la atención la facilidad que mucha gente tiene para criticar. Porque criticar es algo difícil, por lo menos para mí. Tiendo a ver, en general, las cosas buenas que tienen las cosas, por malas que sean. Intento ser mesurado en mis opiniones y no dejarme llevar, y las críticas intento hacerlas en tono constructivo, que no destructivo y arrasador con todo y con todos. Tal vez eso es algo que tenga que aprender en los próximos dos meses, cuando por fin pueda leer en calma las obras de Lucas Caballero Calderón "Klim", y pueda ver cómo este maestro de la pluma y el fino humor cachaco, inspirador de algunas de las mejores caricaturas de Héctor Osuna, y de quien Daniel Samper Ospina (una de las pocas cosas a las que todavía no le puedo ver algo positivo) dice que es su maestro, era capaz de aplastar a un crítico con dos frases certeras, penetrantes, agudas y, sobre todo, cómicas.

Porque es una verdadera pelea criticar con habilidad. Y no puedo decantarme a hacer lo que hacen muchos "trolls" y pelafustanes de media petaca, en pleno timeline, cuya (des) gracia es salir insultando con las primeras tres sandeces que se les ocurran. Podría hacer como mi adlátere, el lechón Link, de responder sus ataques de forma tan rebuscada y compleja que no sepan hacerlo, pero prefiero hacerlo a MI estilo, con la llamada "diplomacia machecoriana", arte que aprendí en la caja del Bestiario2 (un saludo para ellos, gracias por leerme y gracias por preocuparse de mis problemas sicológicos, Ajax) y que consiste en atacar de frente y de costado, con términos cortos, certeros, agudos y penetrantes. Por ejemplo:

El FPC es un torneo emocionante. Y las películas de Stallone son emocionantes. Pero malísimos ambos.

Contundente. Me permite redondear en 15 palabras mis opiniones sobre el FPC: es un torneo emocionante, sí, con un final explosivo, como una película de Stallone, pero que no sirve para desarrollar nada más que  pánico a la humanidad. Y también tiene algunos ribetes sutiles: es el relleno de los domingos por la tarde, le gusta incomprensiblemente a cantidad de personas (más que nada, porque lo meten hasta por los oídos en RCN), fue de lo mejor del mundo en los 80, pero se quedó ahí...

Toda esta reflexión anterior sobre críticas y trolleadas se da sobre otra nueva iniciativa, como la que ayer comenté de los premios TWT 2010, y que de hecho está derivada indirectamente de la anterior: los Premios PTW 2010 (de ahora en adelante, PP). El PTW traduce "Peor de TWitter", lo que explica directamente la idea del concurso: sacar a los peores twitteros y las peores cosas de Twitter hoy día. O séase, la oportunidad para que un colectivo tan disímil entre sus similitudes, una turba iracunda sin líderes reales, pueda expresar una de las cosas que más fácilmente los identifica: el odio.

La mentalidad de turba de Twitter es apropiada para que los odios de uno se masifiquen. Sea porque uno encuentra que mucha gente odia lo que uno, sea porque uno se hace odiar (la señora de los ensayos, docente de la Central que, según cierta amiga que estudió en la Central, es medio loca pero no es más, es experta en eso), pero es seguro que alguien podrá asimilar sus impresiones negativas sobre algún evento o suceso. Es parte de la postura de la red social, así que nosotros podemos pensar que esto es algo previsible, incluso deseable, aunque no lo sea.

Ciertamente, en Twitter hay espacio para todo. Así como hay quien aplaude a la señora de los ensayos, así como hay quien cree que es graciosísimo decir "marica petarda", y así como hay quien cree que es la mata de la ofensa decirle a un gordo barbado de 22, que vive fuera de su casa desde los 16 "gordo barbado de 40 que vive con su mamá", pues también hay quien cree que su objetivo en la vida es hacerse el irreverente y ofensivo porque "ay, no, es que esta gente del tal Twitter es una jartera, todos niños pupis y relamiditos, no señor, acá toca es dárselas de irreverente". Y se ponen a ofender para dárselas de tales. Y fracasan rotundamente. Por eso el único dizque troll que está en los PP (y no en la categoría de peor troll) es @nikoarrieta, y más que nada, por incoherente: no se puede pretender dárselas de ofensivo y de ir contra la corriente, si a los 10 tweets pide que por favor voten por él en un concurso de MTV. Niña, mal.

Para poder joder a la gente, creo que es más importante conocerla. Muchos de los que ponen "lo peor de Twitter" en los PP lo hacen porque simplemente no conocen a la gente, y actúan por resentimiento. Es más fácil atacar al que está arriba, y eso en este país parece ser una forma de elevarse: Twitter sigue siendo una comunidad de colombianos, y como tal, está inmersa en las dinámicas del país. El hecho que haya nominaciones dobles en los PP y en los Premios TWT (@adrianitaca, por ejemplo), es diciente.

Ya por último, considero un éxito que no haya sido nominado ni en los PP ni en los TWT. El motivo es simple: por muy Jaider Villa que suene, yo no fui a Twitter a hacerme famoso. Si tengo 975 followers, es porque a la gente le interesa en algo lo que yo digo, lo que yo hago. Mis esfuerzos por salir de la olla, y alguno que otro comentario que, como dije antes, tiene la intención de ser corto, certero, agudo y penetrante. Dejaré la gracia para cuando lea a Klim.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Premios TWT 2010: Reinado de Popularidad

(N. del C. de R.: Debido a una serie de razones en la que no tiene nada que ver los posts anteriores, la Presidencia de la Floresta de Varia Estulticia ha sido reemplazada por un Consejo de Redacción. El Consejo de Redacción ha decidido lanzar un rediseño de la Floresta, para volver más atractivo el sitio. Ojalá les guste el British Racing Green.)

Siempre que se realiza alguna elección, de cualquier cosa, en cualquier medio, existe la polémica de los mecanismos hechos para elegir a los candidatos. Que fulano no sirve porque tiene un problema de corrupción, que zutano no se merece la candidatura porque le pega a la esposa, que mengana no debe representar a tal lado porque nunca ha vivido allá, etcétera. Eso es inherente al proceso de clasificación de una elección, para ver quién es la persona más apta para un puesto, cargo o concurso: no hay candidatura en la que queden todos contentos.

Los Premios Twitter Colombia 2010 (de ahora en adelante, PT) son una elección más. En teoría, los centenares de twitteros colombianos vamos a votar por los que nos parece que son los mejores usuarios de la red social, en la cual nos encontramos inmersos. Con el apoyo de Heineken, Nokia y otras empresas, se busca también hacer que los twitteros, una población que está en general en los estratos económicos más altos, y que en general tiene alguna clase de compromiso social, apoye una serie de campañas sociales para el beneficio de la población vulnerable del país. Una perspectiva loable hacer que Twitter sea más que un sitio web para quejarse de Samuel Moreno, decir que hay trancones, cuadrar rumbas y beberecuas, o armar bochinche. Y en todas estas, dárselas de gran celebridad.

Porque, a pesar que digan que no, eso es lo que más se ve en la enorme batea de masa amorfa, aunque todavía con ciertas similitudes sociales, que se ha vuelto Twitter. Un mundo en el que uno puede conseguir un reconocimiento relativo de un momento a otro, donde el pensamiento de turba (usualmente iracunda) es dominante, y donde los que tienen un número de followers elevado se sienten con la capacidad de poder moldear la opinión de su público, es un caldo de cultivo perfecto para las ansias de fama de muchas de estas personas. Y para legitimar esto, nada mejor que una ceremonia con alfombra roja, transmisión a todo el mundo por la vía del Internet, y votaciones directas y en bulto, donde supuestamente se premie a los mejores twitteros, pero en donde realmente se premia a los más populares.

Porque esa es la verdad: el esquema está diseñado para premiar a los más populares. Se supone que los PT son para los mejores usuarios, pero para escogerlos, el método es ver quién saca más votos. Y por simple lógica numérica, un Daniel Coronell, Vladdo, o Ramoncito, capaces de reunir 30000 seguidores, y con un reconocimiento popular, tienen gran posibilidad de ser nominados por la masa ignara que no conoce de Twitter más allá de lo que dicen en Caracol, El Espectador y Semana. En menor medida, un usuario con 4000 seguidores va a tener más opción de conseguir los votos que un usuario con 500, así el de 4000 sea un completo tarambana y el de 500 tenga la filosofía magistral que lo hace heredero de Kant, Aristóteles y García Márquez.

Así mismo, resulta evidente la gana de figurar de demasiada gente. La abundancia de categorías (21), algunas de las cuales seguramente serán perdidas (como la de mejor celebridad: a las "estrellas" de la "farándula" colombiana no les importa Twitter, así de sencillo), hacen pensar que la intención es premiar a la gente para que más se comprometa ahí. Y los nominados están ya, desde el lunes que se lanzaron las categorías, mendigando votos para conseguir el apoyo de la masa. Algunos, para compensar la falta de seguidores de la que hablé arriba; otros, para potenciarla.

Pero bueno, eso no es culpa de los premios, ni mucho menos de los organizadores, gente a la que estimo a pesar de tener algunas diferencias con ellos. Es parte de, como decía, la dificultad de poder trazar un mecanismo de selección adecuado. Que beneficia a los tradicionales, lo hace, pero es lo mejor que hay, y la emocracia (es decir, la lloradera por las elecciones, sus candidatos, sus mecanismos y demás situaciones relacionadas con esto) es algo que, a pesar de suceder con mucha frecuencia en Twitter, yo no comulgo con eso. En ese sentido, mi postura es el importaculismo.

Los PT no son el primer intento de categorizar a alguien como "mejor" twittero. Tampoco son la primera vez en las que las ganas de creerse populares terminan formando parte de los proyectos de la comunidad. Mientras escribo estas líneas, se lanza un evento de twitteros de Bogotá que, palabras más o menos, intenta tomar la idea de las reuniones twitteras anteriores, pero metiéndole a la nación, cobrando cover y, en fin, haciéndolo aparentar como una fiesta de lo más jai. Viendo así el asunto, los PT son una cosa loable. Aún así, hay críticas que hacerle a estos premios, y no hacerlas resulta

martes, 3 de agosto de 2010

Abuso en amarillo

Mañana lluviosa sobre Bogotá. Cientos de personas se arremolinan en los paraderos, debajo de los puentes peatonales, en casetas, o en los aleros de los edificios, todos buscando cómo llegar a sus destinos temprano. Algunos levantan la mano a los buses repletos, pero esos no nos importan hoy; otros buscan desesperadamente coger un taxi, así que cuando un amarillo cruza desocupado, varios brazos se extienden para intentar detenerlos.

- A dónde?

Ese es un aviso terrible. Alguien dice "a la Virgilio Barco". No le sirve al taxista. Otro: "a Salitre Plaza". Tampoco. Otro más: "a Puente Aranda". Ese sí le sirve, súbase. Los otros deben esperar bajo la lluvia y el frío, al próximo taxi desocupado que llegue y los recoja.

Uno de los problemas más graves del transporte público en Bogotá, es que es casi autónomo en sus reglas. Así como los buses pueden llevar el sobrecupo que quieran (siempre y cuando no haya el racimo en las puertas), parar donde se les dé la gana e ir a la velocidad que se les dé la gana; así como Transmilenio puede cambiar rutas, frecuencias y paradas sin previo aviso (y muchas veces sobre la marcha: yo demoré ayer 15 minutos en esperar un G5 que pasara por la estación Escuela Militar); así mismo, los taxistas ponen condiciones que uno, como pasajero, debe aceptar so pena de que no se brinde un servicio. Un ejemplo, muy bien expuesto por Omar Gamboa en su excelente post de denuncia de hoy, Yo Denuncio (recomendado el blog, por cierto), de muchísimos conductores cuyo oficio es servir de alimentadores en Cedritos, Mazurén, Niza y sectores cercanos, a la gente que se dirige a Transmilenio. Algo que per se no es ilegal, pero sí tiene restricciones, como veremos a continuación.

Puede haber muchos motivos para que un taxista se niegue a prestar el servicio. Hay quienes se niegan a prestar servicios a ciertos barrios, sobre todo en la tarde, porque "tengo que entregar el carro en el Galán, no puedo ir hasta Suba". Vaya y venga, eso es entendible: el modo de explotación de muchos taxis es darle a varios taxistas el manejo del vehículo por turnos, y un taxista que tenga que recorrer media hora después de su turno, le quita el trabajo a un compañero y el retorno se vuelve largo y muerto. Así mismo, muchos otros se niegan a ir a zonas peligrosas de noche, por preocupaciones de seguridad; esto suele suceder, sobre todo, cuando se toma un taxi en la calle cerca a sitios de rumba, por la hora y la inherente posibilidad de recoger gente con destinos inciertos. Y también está la chance de que a uno no lo lleven a un barrio remoto porque simplemente no conocen el sector de destino.

Pero ahí viene el hecho del abuso. Hay conductores que no lo llevan a uno con motivos ilógicos. Por ejemplo, una muy común: "no, al centro no, después cómo salgo de ahí". Otra no tan común: "por allá no porque de allá no salen carreras" (me la dijeron un día refiriéndose a un servicio hacia Fontibón, que debí tomar porque no conocía el punto al que debía llegar). Y están también los taxistas que se creen buseta, como los alimentadores en Cedritos a los que Omar se refiere en su post.

El tema es el siguiente: se supone que un taxi es un vehículo de transporte público (en otros lados lo definen como "de alquiler") que lo conduce a un punto determinado por el pasajero a cambio de una tarifa dependiente de, entre otras cosas, la distancia y el tráfico, y con recargos de acuerdo a situaciones relativas al transporte (por ejemplo: la hora, si el destino es un aeropuerto, o si es un servicio solicitado por teléfono). Es decir, la excusa de que "eso queda muy lejos" o "me demoro mucho" no puede ser utilizada: se supone que uno paga más precisamente para lidiar con esos detalles. Así mismo, el destino es determinado por el pasajero: en teoría, el taxi debe ir al punto que le diga quien lo toma, porque para eso uno paga la carrera. Y el servicio por rutas lo dan los buses.

Así mismo, el servicio debe ir por el valor exacto que marca el taxímetro y no más. La tarjeta de operación del taxi (la hoja donde va el nombre y foto del taxista, la placa del taxi y el comprobante de revisión de la empresa) tiene impresa en la parte de abajo, el valor de la carrera de acuerdo al número de unidades marcadas por el taxímetro, y esto debe ser mostrado públicamente. Aunque si prefiere hacer la cuenta usted, es simple: multiplique el número de unidades por $64 que vale cada unidad (recuerde, la carrera mínima son 50 unidades, es decir, $3200; el banderazo son 25 unidades; tanto el recargo nocturno como el de servicio telefónico son 15 unidades adicionales a lo que marque el taxímetro). Así mismo, cada unidad son 100 metros o 30 segundos detenido; esté pendiente del taxímetro, pues algunos taxistas inescrupulosos ponen botones ocultos en el radio, la caja de cambios o el manubrio, y añaden unidades o aceleran el taxímetro sin que el cliente se dé cuenta.

Cualquier caso en el que uno perciba un abuso, puede ser denunciado ante la Secretaría de Movilidad, al número 3649400, o en la línea 195.

No es más. Y lo de costumbre: tenga cuidado con el taxi que toma. Y buen viaje.

miércoles, 7 de julio de 2010

Comentario con ideas opuestas a la corrección política excesiva de una persona con éxito pendiente

(es decir: la queja de un fracasado -yo- contra la hipercorrección política)

Hubo una época en que a los negros se los trataba distinto en el mundo, por ser negros. Hubo una época en que los obreros eran "motivados" a punta de grito herido de sus capataces, sobrestantes o supervisores. Hubo una época en que la gente podía ser prejuiciosa sin que nadie dijera nada, y despreciaba a un retrasado mental, un pobre o un tipo mamón. Eso se acabó en los años 50 y 60, con la lucha por los derechos civiles y el fin de la discriminación de los negros estadounidenses, liderada por hombres como Martin Luther King, Malcolm X, Jesse Jackson y Rosa Parks.

Uno de los objetivos que consiguió la lucha de los derechos civiles fue el "respeto" a los negros. De hecho, el término "nigger", negro, es ahora considerado de mal gusto entre todo el mundo en los Estados Unidos... excepto entre los mismos negros. Maya Angelou o Michael Jordan lo pueden decir con orgullo, pero si, por decir algo, a Jeff Gordon o Larry King se les resbala la palabreja, el mundo se les viene encima, por irrespeto a los afroamericanos. Así mismo, por este lado se comenzó a dar cuenta la gente de cómo el respeto tenía que ser difundido entre todos y que los defectos de alguien no debían ser un indicativo de ellos. Pero por supuesto, esto ha llegado demasiado lejos.

Tomemos el siguiente caso. En los 50, a las personas cuya mente no funcionaba bien (autistas, retrasados mentales, y similares) se les decía "lentos". Luego, la gente dijo que era de mal gusto decir eso, porque un "lento" no lo es por gusto, sino por enfermedad. Entonces se les decía "retardados". Después de eso, se determinó que el término "retardado" no aplica tampoco, porque no es que el conocimiento les llega tarde. Entonces, se les puso que no, que debe ser "deficiente mental". Pero tampoco: eso es definir a la persona por su deficiencia mental. Casi inmediatamente, se le cambió a "persona con deficiencia mental". Y ahora resulta que no: eso es pordebajear la mente de aquella persona. Entonces vamos en que es "persona con requerimientos mentales especiales". Sólo que, según el Diccionario de la Real Academia:


especial.
(Del lat. speciālis).
1. adj. Singular o particular, que se diferencia de lo común o general.
2. adj. Muy adecuado o propio para algún efecto.
3. adj. Que está destinado a un fin concreto y esporádico. Tren, reunión especial.
4. adj. Dicho de un programa radiofónico o de una emisión televisiva: Que se dedica monográficamente a un asunto determinado. U. t. c. s. m.
 Es decir, se neutralizó el lenguaje. Siguiendo la idea de evitar demeritar a la persona o el grupo de personas con dicho defecto, se desdibuja completamente la idea del defecto: un desprevenido, puede fácilmente confundir la "mente especial", ya sea por la primera acepción (es decir, cree que la mente es especial por brillante, no por defectuosa) o con otras acepciones (que es una mente especializada en algo). Y esto es más común de lo que se cree.

Está el ejemplo socorrido de usar para todo el "amigos y amigas", "ingenieros e ingenieras", "modistos y modistas", en vez de recurrir al "amigos" como la lengua permite. También el de evitar referirse a los pueblos negros como "negros", sino con términos como afrocolombianos (una mentira: los "afrocolombianos" tienen muy poco de africanos, pues sus ancestros están hace 200 o 300 años en América...), gente de color (y es que el resto no tiene color?) y similares. Y por supuesto, esa tendencia de desdibujar los defectos que sufre la gente para evitar molestar a alguien. No se pueden decir las cosas en forma negativa, porque eso es restringir lo sucedido, y además crea estereotipos. Eso es lo que denominan "lenguaje incluyente", y que también se llama corrección política.

El lenguaje incluyente, a mi parecer, ya está yendo demasiado lejos. Hay cosas que no se pueden esconder, y que esconderlas pueden generar más daño que bien para la gente. Y muchas veces se trata de dar un enredo mayor, mayor y mayor, de detenernos en términos en vez de ideas de fondo: ese es el verdadero problema con la corrección política. Supóngase que alguien con algo de poder (que en este país, suele ser blanco de nacimiento o de los kilos que envía al extranjero) dice: "los negros del Chocó tienen serios problemas de malnutrición". Es una realidad fehaciente: los habitantes del Chocó, en su gran mayoría negros, sufren en general de hambre, producto de las pésimas condiciones económicas que azotan a los chocoanos. Pero un comentarista se enfoca en decir que "por qué dijo negros! Es que eso es racismo de parte de don Fulano!". Y se arma el problema con don Fulano, que no tuvo la sensibilidad suficiente para decir "los afrocolombianos del Chocó sufren de hambre". Y se olvida el hambre de la gente del Chocó, porque uno dice "negro". Así se han perdido denuncias enteras, en discusiones vanas sobre los términos usados.

Todo esto redunda en una forma de escabullirse de los problemas, algo en lo que nosotros somos expertos titulados. En años pretéritos, eso se lograba hablando como los dioses, para enredar a la gente; y este tipo qué dijo?, se preguntaba uno al encontrar una erudita transcripción de un discurso, llena de latinajos, arcaísmos, expresiones poéticas y sinónimos traídos de los cabellos, que confundirían al mismo Góngora. Hoy, se hace pasar la discusión por un tamiz que la alarga en exceso y la difumina: entonces, uno debe ser muy cuidadoso a la hora de hablar de los problemas de los afrodescendientes que cuentan con dificultades para su alimentación en el Chocó. Y el estereotipo, ahí.

Ese límite entre la inclusión y la hipercorrección es muy, muy, muy fino y delicado, muchas veces borroso, pero he determinado una forma más o menos sencilla de trazarlo: si se necesitan más de dos palabras para reemplazar una idea de una palabra (por ejemplo: "persona con dificultades de movilidad" en vez de "persona discapacitada" o "discapacitado"), es probable que sea hipercorrecto. Una de las características del lenguaje es que uno puede hacerlo concreto, conciso, preciso y elegante al tiempo; no se necesita abandonarse en frases tan floridas como tediosas para expresar una idea con elegancia, así como puede explayarse en expresiones para resultar siendo un patán dándoselas de culto; de hecho, pasando a sobreactuado y afectado.

Esta es una polémica en la que la forma no puede ganarle al fondo, y esa es la base de todo. Cuando la forma le gana al fondo, la discusión se pierde. Lo decía Ignacio Escobar, el personaje de Sin Remedio de Antonio Caballero, en uno de sus poemas: "Palabras: en vez de la luz, el río de la forma". Es cierto que la pulcritud en el lenguaje ilumina la idea representada, pero el exceso de pulcritud, en vez de ayudar, termina encegueciendo al representado.

Y eso es todo, o mejor dicho... nada.

sábado, 10 de abril de 2010

Mockus y el problema con los hipsters

La campaña de Antanas Mockus a la presidencia es tal vez una de las más complejas que haya tenido este país en toda su historia. Compleja, porque por primera vez en muchísimo tiempo, Colombia se encuentra con un candidato presidencial intachable. Tal vez desde los tiempos de Alberto Lleras, uno de los presidentes más cultos que ha tenido Colombia, no había alguien con las cualidades académicas y personales que tiene el exalcalde de Bogotá. Y además, con su fórmula vicepresidencial, Sergio Fajardo, que es básicamente el mismo paquete (ambos matemáticos y ambos exalcaldes muy populares de las dos ciudades más grandes de Colombia), pero en paisa en vez de lituano, se entiende cómo los jóvenes y las redes sociales, hartas de ver 50 años de politiquería ininterrumpida, y que buscan una opción más transparente, se han volcado en masa a la campaña del Partido Verde.

Campaña que ha tenido altos y bajos. Los altos: la ética que ha mostrado el partido, a pesar de los inconvenientes que su presidente, el exgobernador de Boyacá Jorge Londoño, tuvo; una investigación propuesta por una ciudadana de Boyacá, por motivo de malversación, anuló la elección de Londoño para el Senado, en la que había obtenido más de 120 mil votos. A pesar de esto, los verdes han dado una serie de golpes éticos impresionantes, partiendo desde la misma campaña, en donde, mientras Andrés Felipe Arias y Noemí Sanín se increpaban durante el debate televisado de la primaria conservadora, los tres tenores (Mockus, Peñalosa y Lucho Garzón), en su debate de la primaria verde, se dedicaron a darse soporte entre sí. Y la estrategia funcionó. Un millón ochocientos mil votos en la consulta verde después, Mockus despegó como candidato del partido que había tenido antes en sus filas a Ingrid Betancourt, y que se salvó de la desaparición en el 2006 al elegir un par de representantes a la Cámara. Y hoy, Mockus, en la última encuesta publicada por Datexco, sería el segundo en la votación de la primera vuelta, y se enfrentaría en segunda con Juan Manuel Santos.

Por supuesto, hay algo peligroso en la campaña de Mockus. Últimamente, se ha visto un crecimiento exponencial en el soporte de las redes sociales del candidato verde; esto en sí, obviamente, no es malo. Lo malo es el comportamiento que se ve en gran parte de estos nuevos fanáticos de los verdes. Se ve que la gente lo apoya porque sí: porque devolvió una plata por votos, asignada por el gobierno (que en honor a la verdad, no le correspondía, porque es plata que el Partido Verde no gastó); porque es un candidato limpio; porque es el único que puede hacerle contrapeso al uribismo. Es decir, ha habido una tendencia de coger a Mockus porque está de moda ser mockusiano. Algo parecido ocurrió en 2002: mucha gente se volcó a Uribe (alejándose de Serpa y Noemí) porque prometió darle bala a las FARC, y luego mucha más gente se montó al tren de Uribe, porque estaba de moda (y todavía lo está) ser uribista...

La muestra más grande de esto, es la cloaca llamada comentarios de El Tiempo. Antes centro del furibismo desaforado, hoy día está saturada de nuevos mockusianos. Y mucha gente cree que Mockus va a oponerse a las políticas de Uribe, lo que demuestra una ignorancia completa del tema: Mockus y Fajardo no van a ser antiuribistas. Van a tomar lo que necesiten para gobernar bien: si eso implica intensificar la Seguridad Democrática, lo harán. De hecho, el mismo equipo de campaña del Partido Verde lo confirmó, cuando dijo que se descartaba una unión con Gustavo Petro y el Polo Democrático, porque son "un poquito diferentes" sus puntos de vista en ciertas políticas (algo que Jorge Robledo, senador del Polo, confirmó ayer en Hora 20, diciendo que no son "un poquito" diferentes los verdes y el Polo, sino totalmente diferentes).

Aún así, se ha desencadenado guerra sucia en las campañas. Primero, fue el tema de Londoño, pensado en ensuciar al partido Verde por problemas que son de única importancia de los boyacenses (y que sinceramente, yo, como boyaco, considero que deben ser retirados de toda política). Por otro lado, está el tema del Parkinson: corre el rumor que la campaña de Santos, intentando ensuciar a Mockus haciéndolo pasar como un enfermo, desencadenó que ayer el mismo candidato sacara a colación el tema en entrevista en La W. Y de hecho, terminó causando más simpatía que otra cosa. Y por supuesto, el tema de la cercanía con el Polo, planeado para pintar a Mockus como un candidato cercano a Chávez y las FARC para la masa bruta, rebotó con el alejamiento público, tanto del partido Verde como de Petro y Robledo, arriba mencionado. Y todo esto ha alienado al público a favor de Mockus; en el mismo mecanismo que alienó al público a favor de Uribe en el 2006, cuando Carlos Gaviria y el Polo se dedicaron a intentar sacar cosas como los falsos positivos, y la gente lo tomó como resentimiento del antiuribismo. Y votó aún más en masa por Uribe.

He de decir que yo voy a votar por Mockus. Pero me preocupa seriamente cómo se está presentando esta hipsterización de la política nacional, algo que Daniel Coronell ha llamado el "voto útil". Me preocupa que la gente que vote por Mockus no lo haga convencida, sino por el fenómeno del voto útil: yo voy a votar por un programa, no por el candidato que va a ganar. Hacer eso es ignorar la base del movimiento democrático. Ignorar los programas es hacerle más fácil la vida a los corruptos. Y el problema no es que voten por Mockus, porque esos mismos fenómenos fueron los que hicieron que Uribe quedara de presidente en el 2002, y obviara la primera ronda en el 2006.

Por favor, estimado lector: vote con conciencia. Sepa por quién va a votar, por qué programas y qué persona es. Así sea Robinson Devia. Y no tema decirlo. Yo no temo decirlo: voy a votar por Mockus, y conozco el programa de Mockus desde antes de la consulta verde. Yo iba a votar por Mockus desde cuando lo consideraban, como Coronell dijo en la entrevista que le hizo María Isabel Rueda en Semana, "el mejor candidato de todos, pero completamente inviable". Ahora es viable. Pero ojalá y lo sea por las razones correctas, no porque ser fan de Mockus está de moda.

jueves, 4 de marzo de 2010

Tanta maravilla nunca es cierta

A mí me podrán vender todo tipo de ideas, si me saben convencer de ellas. Pero nunca creo en alguien que se presenta como ultraliberal en Internet. Nunca lo he hecho, y nunca lo haré. Llámenlo tara, retrogradez, lo que sea: el caso es, no creo en las viejas lanzadas en línea.

Yo confieso que hubo un tiempo en el que caí en ese tipo de situaciones. Pero por supuesto, hay excusas: yo era un púber de 15 años, descubriendo la red en los escasos cafés Internet de Duitama. En esos remotos tiempos, me la pasaba mucho en Latinchat, que estaba de moda en esos días. Y como casi todos los que tenemos entre 20 y 30 años hoy y teníamos algún tipo de acceso e interés por Internet, intenté levantar por Latinchat. Infructuosamente, como es apenas obvio para un culicagado sin computador propio y sin conexión a Internet, ni siquiera de la de tarjeta.

Eran tiempos viejos, de Windows Live Messenger sin avatar y que se llamaba MSN, en los que los blogs eran leídos por una comunidad de geeks y no fuente de noticias para periódicos establecidos (vean cómo ha cambiado lasillavacia.com la política nacional), en la que la banda ancha era cualquier cosa por encima de 56 kbps, y en la que los negocios en Internet sonaban al estallido de la burbuja puntocom. En esos tiempos, en los que los más de mis lectores, estoy seguro, llegaron a la red, se podía hacer mucho en línea.

Como dije antes, en esos tiempos intenté levantar. Y había mucha "pelada lanzada" en esos salones morados de Latinchat, que hoy hacen parte del baúl de los recuerdos, como Hotmail para mí. Logré sacar el mésinger de ella, y cuadrar una salida con ella, que tenía 17 años. Me había mandado una foto donde salía bastante bien. Y yo iba con expectativas bastante altas, no lo niego.

Pues bien, la pelada efectivamente era ella. Pero como persona era inaguantable. Una jartera: hueca, medio boba, supremamente gasolinera. Y por sobre todas las cosas, calentahuevos a morir. Luego de varias cervezas (no pregunten cómo hice para meterme, como menor de edad, y con otra menor de edad, a un chuzo en la 51), intenté con el paso de sacar rumbeo, lo que fue una pifia completa. Luego le comenté lo mismo a otro conocido, que también salió con ella... y la misma joda. La pelada no se quería dejar rumbear, cuando en las conversaciones de MSN, había relatado sus fantasías sexuales de pe a pa.

Dos años después, la situación había mejorado. Ya no era asiduo de los chats de Latinchat, pero en uno de los sitios donde me la pasaba, sucedió exactamente lo mismo. Y con exactamente el mismo resultado. Yo caí dos veces, a la tercera ya no.

Por qué digo esto? Siento repentinamente que vuelve a pasar lo mismo en estos días, esta vez en Twitter. Hay una camada de twitteras que se las dan de muy liberadas, ponen tweets bastante reveladores respecto a sus costumbres sexuales, y dicen que no toman el sexo con morbo sino como algo natural. Puede que sea en serio, pero yo me mantengo en mi postura, probada por cientos de ejemplos, no sólo míos sino de amigos y conocidos, con decenas de mujeres de ese estilo, en varios años y en múltiples sitios, desde Latinchat hasta Linkedin.

He de decir que mis últimas dos relaciones sentimentales arrancaron parcialmente en línea: en un caso, era la hermana de un gran amigo 2.0, a la que empecé a ayudar con sus tareas del colegio y terminé pidiéndole prestado un televisor mientras mi papá compraba el de la casa; en el otro, apareció una visitante nueva en un sitio del que era asiduo, me dio por enseñarle la dinámica de este sitio, y para un encuentro de visitantes, nos conocimos de frente y tuvimos una relación de cuatro meses. Es decir, no me opongo a que se puedan obtener relaciones de frente.

Pero sí me parece que tanta maravilla cuando uno se encuentra con una mujer como las que relaté arriba, no es cierta. Por qué lo hacen? Muy seguramente es el afán de figurar: como la tara dice que Internet está repleto de gordos geeks, desesperados por sexo, una de las formas más fáciles de atraer la atención es esa, posar como una vieja liberada y atractiva, que en la vida real debe tener relaciones estables de mil años con el novio. O necesitan urgentemente sentir que tienen hombres interesados en ellas, normalmente luego de una decepción amorosa. Lo que mucha gente en Internet hace, obnubilada por conocer las fantasías sexuales de alguien que, a muchos pings de distancia, mira condescendiente a todos los pendejos que cayeron. Qué tipos tan estúpidos, debe pensar...

Soy alguien muy desconfiado, el mundo me hizo así. Si algún día me llega a suceder eso, lo más seguro es que yo mismo impida esos sucesos, retirándome por un mecanismo de supervivencia particular, en el que me alejo de ofertas que se ven maravillosas, y suelen ser fraudes. Así como con DMG, de estos tipos de mujeres me alejo, casi siempre inconscientemente. A pesar de que a veces en mis sueños, como casi todos los hombres, tenga la ilusión de resultar en un encuentro sexual desenfrenado con alguna de ellas, veo a esta clase de mujeres como eso, una ilusión creada y transmitida por alguien con la idea de hacer, en la vida 2.0, lo que no puede en la vida 1.0.

martes, 2 de marzo de 2010

El colapso de los buseteros

Segundo día del paro de transportadores, y mañana ya es el tercero. Bogotá no ha colapsado porque nosotros somos muchos berracos, estamos acostumbrados a irnos el uno espichado contra el otro en un Transmilenio (a lo que no estamos acostumbrados es a esperar nuestro turno de espichada), a que los taxistas nos tumben, a que el gobierno no aparezca sino a prometer paños de agua tibia, y a que dentro de todo bogotano hay un animal de la selva.

Porque eso es lo que ha regido en la Bogotá del paro. El espíritu darwiniano de supervivencia, específicamente de la supervivencia laboral: como si fuéramos arena, nos vamos en volquetas. Nos apeñuscamos en furgones. Nos aventamos al carro de un desconocido, que tiene un letrero pintado en cartulina con el aviso "Calle 53 GALERIAS". Todo porque nos toca mantener el puesto, y evitar que engrosemos la lista de desempleados y rebuscadores que, hoy, andan con su carro consiguiendo puestos, llevando gente entre Santa Isabel y el centro.

Pero todo por qué? Porque a unos buseteros se les olvidó el rebusque. Tienen la gallina de los huevos de oro encima: unos $6000 millones estima El Tiempo que maneja el sistema de buses públicos, si se le puede llamar sistema. Esta guerra del centavo está controlada en un 80% por empresas del calibre de la Sidauto (que también está metida en Transmilenio con los alimentadores de varios portales), Santa Lucía, Expreso Bogotano, Republicana, y varias cooperativas con nombres jocosos como Coceves, Promotora Universo y Ucolbus. Estas son las transportadoras asociadas en Conaltur.

Pero el 20% restante es propiedad de buseteros pequeños. Si se le puede decir pequeño a alguien que saca $115 millones para comprar una buseta de 19 pasajeros, y otros $40 millones para pagar el cupo, mínimo. Esta gente se queja de que con el SITP le van a quitar sus ingresos, y "sólo" van a ganarse 1.4 millones de pesos mensuales en la renta mínima para una buseta, en la que deben $5 y $6 millones mensuales. Y por supuesto, que se perderá el control que cada bus, un universo en sí mismo, tiene sobre sus ingresos, al supeditarlo a un sistema que estará en un 99.95% controlado por Transmilenio.

El paro de los buseteros, para mí, lo que determina es el colapso de este gremio poderoso. Otrora, cada aumento de la gasolina o el diesel era "celebrado" por los transportadores a punta de tachuelas. Hoy, con TM a bordo, todavía muchos colombianos podemos ir a nuestros destinos. Hace tiempos, cuando decían paro de taxis, era paro de taxis, no como el "paro" de hoy, en el que rodaba la mitad de la flota amarilla de Bogotá. Y el alcalde, dando una muestra de firmeza que no me esperaba, se rehúsa a negociar con los transportadores para evitar que lo mangoneen, tal como han mangoneado a infinidad de alcaldías desde los tiempos en que Fernando Mazuera cambió los tranvías por trolleys y buses.

El proceso del SITP tiene menos reversa que el fin de la presidencia de Uribe. Los buseteros deberían adaptarse a este sistema nuevo. Por qué? Porque simplemente van a quedar fuera del negocio. Tuvieron 50 años de monopolio, y 10 años de competencia desigual con Transmilenio. Y a pesar de motivos de peso contra TM (tarifas, rutas limitadas, enredos con los alimentadores, la troncal con base de mermelada de la Autop. Norte, las obras de la 26), los buses no han hecho casi nada para mejorar. Y los buseteros pequeños, nada.

Están en la Séptima los famosos buses azules de la Sidauto, con modelos Volvo de alimentador de TM. Cada que me subo en uno de esos buses, o en los amarillos del Sistema Express, me digo que si el transporte público bogotano fuera así, la mayoría de las quejas sobre los buses serían obviadas. Pero cuando los buses y busetas son cacharros con modelo 1970, o cuando se ponen a coger a piedra a los que no apoyan el paro (lunes, Santa Lucía), a TM (lunes, Bosa) y a los tombos (martes, Suba Gaitana); cuando las sillas están diseñadas para niños de 12 años porque nadie más cabe bien; en ese momento uno se pregunta qué carajos piden los transportadores.

La situación es insostenible, pero acá los buseteros tienen todas las de perder. Bogotá no ha colapsado, y si Samuel Moreno Rojas hace las cosas bien por primera vez en dos años largos, el gremio del transporte, que ha subido y tumbado alcaldes, concejales y representantes a la Cámara, tiene las de perder.

Mientras tanto... tome camión hasta su oficina, espíchese en la troncal de TM que le sirve para su oficina, o pague $25000 por una carrera de taxi. Todo para que no pierda su empleo.

viernes, 22 de enero de 2010

Con miedo al sur

Recientemente he conocido más gente que le teme al sur de lo que creía. Es posible que todo se deba por su modo de crianza. Al fin y al cabo, yo cuando niño le temía a los negros, porque en Boyacá la colonia afrodescendiente era casi nula (ya no, culpa del desplazamiento, pero eso es otra cosa). O también puede ser por ignorancia.

Pero a mí, que he vivido en 4 casas diferentes en los cuatro puntos cardinales de Bogotá, siempre me causa curiosidad ese detalle de la gente que le teme al sur. Ellos que, como alguna vez dije, creen que de la calle 72 para abajo es Soacha, que al sur de la 26 atracan, y de la 13 para allá hay guerrilla. Por supuesto, hay cosas de esas que son verídicas, pero la pregunta es el por qué.

Una teoría mía es la ignorancia de la gente. Por ejemplo, muchos no saben qué es Mandalay o Ciudad Jardín Sur. El primero es un barrio, que creo fue construido por Sarmiento Angulo, ubicado al lado de Banderas y de Ciudad Kennedy, Avenida de las Américas con Boyacá. El segundo es otro barrio por el estilo, que queda muy cerca al hospital San Rafael y el Restrepo, calle 17 sur entre Carrera 10 y Av. Caracas.

Qué ocurre con ambos barrios? Ambos son estrato 4 y, de hecho, algunas casas son 5. Hay un amplio corredor que atraviesa la ciudad aproximadamente por las calles 11 sur y 8 sur, que es el "sur rico", si se puede llamar así: Ciudad Montes, Santa Isabel, Marsella y otros barrios más, ubicados con nomenclaturas que incluyen el término "sur" al que tanta gente le teme.

Por supuesto, también hay depauperados en el norte, y no me refiero a Suba o al Codito. Está aquella invasión en la 127 con Séptima, oculta ahora de los ojos de los peatones por la construcción de amplias y seguras torres. Aún así, esta invasión se hace notar, cada que alguien es robado en Unicentro o en Usaquén, a lo que la gente ignorante le achaca la culpa a los 3 millones de bogotanos, es decir, la tercera parte de la población bogotana, que vive al sur del río Fucha. Y que se le olvida que todos los cerros orientales, desde Lijacá hasta Usme, tienen un corredor de pobreza sólo interrumpido por Bosque Medina, Chicó Oriental, Rosales, y parte de Chapinero Alto. Mire usted, querido amigo, cuando su taxi lo lleve por la Circunvalar, hacia arriba, entre la Javeriana y el Politécnico. Eso es el Pardo Rubio, un barrio de invasión legalizado y bien grande, estrato 2, trepado en el cerro del Cable.

Por supuesto, también está el temor a lo desconocido, a kilómetros de cuadras iguales donde "puede salir un atracador en cada esquina", con direcciones como calle 45G sur con carrera 73N (Olarte). Es claro que hay pedazos atemorizantes, y que muchísimas partes del sur de verdad son peligrosas. Pero por qué lo son?

Muchas veces, el atracador ataca al asustado. Piensa, y con razón, que si alguien está paralizado del susto, es porque tiene algo de valor. Y por eso ataca. Pero no sucede sólo en el sur (o el centro, ya que estamos) aunque la probabilidad es más alta. Ya había dicho lo de la 127, entre la 9a y Unicentro; por muy Country Club que haya al lado, es cosa sabida que ese es un foco de robos impresionante. Una amiga le teme muchísimo a la calle 81 entre carreras 15 y 19, por su alumbrado deficiente y que es una calle peatonal arborizada. Es decir, para asustarse lo único que uno necesita es tener motivos, y así como la gente le teme a las ratas, a hablar en público o a las arañas, le podrá temer a una calle si no le gusta.

Tal vez el tema del sur es que, entre el nororiente y el suroriente, se encuentra el centro. Ver cómo hay cientos de recicladoras, burdeles y talleres a sólo 3 cuadras del Parque Central Bavaria, o cómo las Torres de Fenicia tienen como vecinos al peligroso barrio Laches, la gente teme cruzar más al sur. Y supone que todo el sur es así, cuando la verdad no lo es.

Y claro, sólo cruza el sur cuando va para Chinauta, Girardot, Anapoima o demás municipios donde uno se calienta. Cómo lo hace? De la misma forma que los yuppies de Manhattan cruzan el Bronx cuando suben a los paradores de esquí alrededor de Lake Placid, o cruzan Queens camino de los Hamptons: con los vidrios cerrados, el aire acondicionado/calefacción prendidos, y escuchando música o La W a todo volumen. Y perpetúan el desconocimiento, que como bien se sabe, redunda en odio.

Así pues, querido amigo que le teme al sur, la mejor receta es que lo cruce. Tome un bus para el Centro Comercial del Tunal (si le teme también a los buses, coja Transmilenio y haga el cambio al alimentador "Tunal" en la estación de la calle 40 sur). Conozca las carnes en la Primero de Mayo con Boyacá, la iglesia del 20 de Julio, toda la gente que está allá, al sur. Y deje de mirarlos con desprecio.

jueves, 10 de diciembre de 2009

I'm free to do what they want

Colombia, en los breves años entre 1991 y 2003, había aprobado una serie de normas pioneras en lo que respecta a la libertad de escoger para el pueblo. Una de estas, fue la sentencia impulsada por Carlos Gaviria, durante la presidencia de Pastrana, por la cual la Corte Constitucional consideró que el porte de una dosis personal de un narcótico (cocaína, marihuana, éxtasis) no es delito. En otras palabras, que uno tenga su porro para consumo privado no lo hace narcotraficante.

Aún así, el gobierno Uribe, donde del presidente para abajo son emblemas de la vieja política conservadora del "Dios, patria y libertad", a duras penas pudo ocultar su disgusto por ver continuamente a la gente que de vez en cuando se pega un pase hacer eso, pegarse un pase. Durante varios años buscaron la forma de conseguir que el congreso, bañado en whisky, lograra apelar esa norma. Los motivos pudieron haber sido muchos: desde igualar al hippie metelón en el campus de la Nacional con el traqueto alabado en "El Capo" y "Sin tetas", hasta considerar la posibilidad de tratamiento médico para los adictos.

Anoche, el loable congreso de la República decidió ceder a la presión de ciertos sectores moralistas que, de alguna forma u otra, logran imponer sus decisiones pasando por encima de uno de los privilegios más grandes que le da a la ciudadanía la Constitución del 91. Ese principio de la libertad de decisión y expresión, que ha sido tan maltratado en los últimos años por la oposición al gobierno.

Quiero aclarar que nunca he metido, más allá de lo que se pueda meter por andar oliendo el humo de los vecinos en la Nacional. Pero sí me parece que la cuestión de la prohibición de la dosis personal tiene un fuerte componente político.

Este componente es, básicamente, la falsa sensación de seguridad que da pensar que un metelón será echado a la UPJ. Es de todos conocido el arquetipo del drogadicto, el cual nuestra mentalidad pueblerina ha dado por igualar con el de un delincuente, que delinque para meter droga. Ese es un estereotipo válido en la época del Cartucho, o en el sector de Cinco Huecos, en el olvidado centro de Bogotá. Excepto por dos detalles es válido el estereotipo: uno, la delincuencia ahora es menos vinculada con la necesidad adquirida de meter, y más con la necesidad instintiva de comer. Y segundo, que en los sectores donde la delincuencia realmente tiene que ver con el consumo de estupefacientes, como el mismo Cinco Huecos, la fuerza pública no entra ni con tanqueta.

Esta falacia mencionada tiene un objetivo: la sensación de seguridad. Cuando una de las críticas más grandes que tiene el gobierno es sus resultados mediocres en seguridad urbana respecto a los muy publicitados éxitos de la Seguridad Democrática rural, cualquier cosa sirve para inflar cifras, algo en lo que este gobierno es experto. Además, también colabora esta perseguidera para inflar las cifras de la "guerra contra las drogas", puesto que el rubro de "decomisos" que manejan los organismos oficiales verá un aumento notable cortesía de los gramos de marihuana, las pepas de éxtasis y las papeletas de bazuco que se encuentren.

Por supuesto, hay gente como uno que se opone a esta medida. Pero la base del apoyo de Uribe, esa porción que cree que la guerrilla se va a meter por la ventana si sale de la presidencia el presidente, ha dado por descalificar a los opositores como drogadictos, narcos, guerrilleros y demás epítetos propios de ellos. No estoy de acuerdo con ellos, ya que Colombia no se descompuso moralmente (algo corriente en las alusiones de la derecha retrógrada y pacata de este país) cuando se liberó la dosis personal. Tampoco se dio el aumento del narcotráfico por esa vía, sino por el exterior. Y ahora, los presupuestos y el personal de las fuerzas policiales serán aún más atomizados por andar buscando metelones, en vez de dedicarse a proteger los bienes y personas de los crímenes serios.

Tal vez el mejor país que ha podido tratar con la drogadicción es Portugal. Allá no sólo la droga no está penalizada, sino que se trata como un problema de salud pública, y como tal, un adicto recibe tratamiento de parte del gobierno para dejar la adicción. Y las cifras son contundentes: según el instituto CATO, el consumo en adolescentes ha disminuido, lo mismo que los contagios de VIH y las muertes por sobredosis, mientras el número de adictos en tratamiento crece.

Es decir: el tema acá no es prohibir la droga por prohibirla. Una ley básica de la economía dice que, si un bien o servicio tiene demanda, habrá oferta porque habrá oferta de dicho bien. En el caso de las drogas, esta oferta y esta demanda existen, la una como narcotráfico y la otra como drogaadicciones. Así, la prohibición de la dosis personal creará un aumento en el tráfico ilegal, en vez de restringirlo. Eso implica más fondos y una mayor persecución de los adictos, lo que redunda en un círculo vicioso. Hay que aprender de los portugueses, y darle una solución que sea preventiva, no punitiva, para que la drogadicción disminuya y que no se requiera gastar dinero y personal necesarios para temas más graves del espectro político nacional. Los metelones, gústenos o no, están ahí, y es mejor tenderles una mano y ayudarlos a salir de sus adicciones, en vez de sacarles rejo, esconderlos y vivir con una bomba social por debajo de nuestras sillas.