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martes, 9 de agosto de 2016

Marchita por la familia

La marcha que mañana se realizará en varias ciudades del país contra el supuesto "adoctrinamiento" del Ministerio de Educación ha sido llamada por sus promotores, la Iglesia Católica y repentinas protectoras de la moral y buenas costumbres como las senadoras María del Rosario Guerra y Thania Vega, como una "marcha por la familia".

¿Qué es proteger la familia para estos defensores de la tradición? Parece ser impedir la idea de reconocer que en un aula de clases hay espacio para otras visiones que no sean las sacadas de la Biblia católica. Que la idea de un niño de conocer su orientación sexual se origina en el hostil ambiente de un salón de clases en vez de en su casa. Que porque sus hijos sepan que hay algo más que el papá y la mamá en la vida, se van a convertir en miembros de un frenesí sexual desinhibido, propio de Sodoma o de Babilonia.

La Iglesia tiene muy claro el motivo de su oposición. Es lógico: va en contra de la tradición y las costumbres que impuso y controló con su llegada de mano de los conquistadores en el siglo XVI. 500 años de dominio no se pueden perder tan fácil, sobre todo considerando todo el espacio que se ha perdido.

Hace 100 años los curas imponian qué enseñar. Hoy aseguran que decirle a los niños que ese hombre con falda no es una violación a la ley divina y una aberración a los ojos de Dios es una imposición. Ese poder de moldear los designios de Dios para moldear la política y la sociedad ha sido perdido y de qué forma.

Lo mismo sucede con tantos honorables personajes de la política y la sociedad que gritan su rechazo a la idea de que los niños aprendan algo que deberían aprender en su casa. Rechazan que un niño, tal vez un hijo suyo, sepa de la existencia de esa... de esa gente.

Así se perpetúa la discriminación. Con padres incapaces de pensar que esa ignorancia los somete a aún más riesgos porque no imaginan que sus angelitos debían saber de condones hasta que la curiosidad loa impulsa a tener relaciones sexuales sin protección y a un embarazo adolescente o una ETS. Con familias que no creen que un niño pueda entender algo como "ese señor está vestido de señora porque se siente más cómodo así, cree que es una señora metida en el cuerpo de un hombre" porque ellos le tienen pavor a esa idea: de sentirse feliz y cómodo con un estándar distinto al propio.

Cada quien construye su identidad y la moldea con sus experiencias personales. Esto no implica que dicha construcción no sea un proceso guiado o que se realice de manera independiente: la construcción de identidad (no de género: de toda la identidad personal) depende mucho de la educación, y sobre todo, de los padres.

Los participantes a la marcha de mañana no defienden la familia: defienden una idea marchita y caduca de la familia como papá, mamá, hijos, casa, carro y perro. La defensa verdadera de la familia no es la de exigir que todos piensen lo mismo que yo y de esconder a los puros oídos de los niños la idea de una comunidad LGTBI: es la de educarlos a respetar a sus congéneres, a no discriminar por motivos de género u orientación sexual y, sobre todo, a ser personas que puedan acabar con la idea caduca de que alguien es diferente por usar otra prenda. Sea una falda, camiseta de otro equipo o un vestuario étnico.

Adenda: ¿en serio alguien cree que un ministerio que no puede controlar la alimentación escolar se va a poner a repartir pornografía homosexual en los salones?

lunes, 24 de febrero de 2014

Es mi primer día

(N. del C. de R.: el pasado sábado estuve en mi primer cubrmiento en el Estadio El Campín, preciso para un clásico. Estas son mis reflexiones. Para ver cómo quedó el partido, por acá.)

Subes al ascensor. A tus pies, la carrera 30 se va haciendo más pequeña. A tu lado hay un tipo que has visto antes y no recuerdas en dónde. A tu otro lado, Antonio Casale te pregunta cómo vas.
-              Bien, es mi primer día.
-              ¿Y de dónde viene?
-              La credencial dice golgolgol.net pero la página ya no la maneja la empresa, entonces…
-              ¿Cómo así, ahora golgolgol no es de Claro?
-              Sí es de Claro, pero ahora la hacen en Miami.
-              Ah, de razón – te interpela el otro. Ya recuerdas dónde lo viste: en Dimayor, el día en que reclamaste la credencial de prensa. Es de la página oficial de la Liga. – Uno entra y nunca había nada actualizado.
Te bajas del ascensor. Acabas de darle una chiva al del programa de deportes de RCN en la mañana, y de La FM por la tarde. Giras en una esquina y el panorama te abruma. Treinta mil personas están reunidas en el Estadio El Campín, esperando para ver el clásico capitalino número 278 entre Millonarios y Santa Fe. Más del 70% del estadio está de rojo, pero hay un gran contingente azul también. No puedes evitar emocionarte. Ni preocuparte.
Te preocupas por todo. ¿Sí servirá el WiFi? ¿Resistirá la batería al computador? Acá no hay repeticiones, ¿y si te pierdes algo? ¿Habrá puesto en la tribuna de prensa? ¿Habrá electricidad? Recuerdas que durante la semana tus colegas hicieron protesta contra el IDRD, porque ahora quieren cobrar “el pupitre”, como llaman las sillas reservadas para periodistas que están en el centro del tercer piso de la tribuna occidental del Estadio, como si fueran las boletas más caras. ¿Y si las cobran? Tienes diez mil pesos en el bolsillo.
Desde hace más de diez meses esperabas este momento. Mientras los altoparlantes anuncian que la fuerte lluvia que te lavó al salir de tu casa, a unas 15 cuadras al sur, va a retrasar el partido media hora, piensas en el día en que un conocido del foro de fútbol te mandó un mensaje privado. “Tengo entendido que usted estudia periodismo. ¿Le interesa trabajar en una página de fútbol?” Por supuesto, le dijiste. Te hicieron una prueba con un partido de Champions League, y luego te soltaron la vaca loca. Tu primer partido, un Equidad – Huila. La crónica ya no existe: la página cambió de dueños.
El parlante anuncia que el partido va a empezar a las 5:40. ¿Cómo? La batería no te va a resistir tanto. Comienzas a probar todos los enchufes que están debajo de los puestos. Incluso uno de los camarógrafos te ayuda pero no, no hay electricidad. Te resignas, cierras el computador mientras llega la hora y lees Twitter en tu celular. Te sorprende la rechifla de la tribuna: ves a los árbitros salir por el túnel, los equipos saltan a la cancha. Levantas el pupitre, haces a un lado el computador. Cantas el himno de Colombia, gritas el de Bogotá. Como las otras treinta mil personas presentes.
Inicia el partido. El Internet no carga: no solo tienes que hacer la crónica del partido para la página, sino también comentar en el minuto a minuto que se verá en otros dos sitios. Te das cuenta de lo distinto que es esto a hacer lo que haces en la casa. Allá te limitas a ver lo que las cámaras te dejan ver, casi siempre el balón. Acá puedes ver todo: cómo Dayro Moreno está solo, la gritería de Juan Manuel Lillo, las proyecciones de los delanteros buscando el pelotazo de Omar Pérez, las porristas que se mueven sin que nadie las vea.
Y el ruido. Detrás de ti están las cabinas de radio, selladas para que el ruido no se sienta. Puede que en el Fortaleza – Patriotas que cubriste más temprano desde tu casa no necesiten eso: la bulla que hacen 400 personas apenas se siente. Pero cuando son treinta mil, sientes al estadio trepidar. Sabes que tiene más de 75 años esta estructura, aunque fue remodelada hace tres. La sientes temblar y no importa.
A tu lado está una muchacha con un iPad. Al otro, el de la Liga está con un amigo y sus respectivas parejas. Los seis somos hinchas azules, aunque ninguno lleva una prenda distintiva: te das cuenta porque cada uno insulta en bajo volumen cuando Millonarios pierde la pelota. El fútbol es un deporte pasional, y cubrirlo implica dejar de lado las pasiones. No puedes saltar ni gritar ni putear duro. Son los sacrificios del oficio.
Pero estás ahí, en el estadio. Y mientras todos tienen que pagar para ir, a ti te pagan por ir. No importa que chupes frío, que el pupitre no tenga luz, que la empanada valga $3000 cuando en el barrio una igual está a $1200, que tengas que cargar con maleta y cuidarte mucho para que no te la roben antes de llegar, que no puedas gritar “árbitro hijueputa” cuando se lo merece. Estás ahí, en las mejores sillas de todo el estadio, y te pagan por eso.
Te fue bien. El aviso de “batería baja” llega justo cuando asoma la paleta indicando el tiempo de adición. Debes bajar al centro de medios con el pitazo final, porque ahí sí hay energía, pero no vista a la cancha. Te preguntas si en una de esas te dejarán entrar a una cabina, que tiene corriente. Hay un gentío esperando en la puerta del ascensor: unos bajan a la sala de prensa a esperar a los técnicos, otros quieren irse.
Al final Millonarios ganó. Entre polémicas, a los golpes, pero se fue vencedor del clásico 278. Sabes que el lunes llegarás a la universidad y podrás burlarte de los hinchas cardenales, de los cuales estás seguro que varios estaban allá abajo. Pagaron boleta para ver a su equipo perder. Y te sale una sonrisa maliciosa: te pagaron para ver a tu equipo ganar. El fútbol es de pasiones, y aunque lo quieras negar, estás seguro que en tu crónica, a la que le falta todavía una pulida, se filtró la pasión por el fútbol y por Millonarios, aunque ganó bien.
-              Hágame un favor, ¿dónde queda el centro de medios?
-              ¿No sabe, joven? Acá, a la derecha y al final del pasillo.
-              Gracias, qué pena… es que es mi primer día y…
-              Tranquilo, joven. Todos tuvimos un primer día y a todos nos tocó un susto.
Las últimas palabras las oigo con una voz que identifico inmediatamente. Es Gabriel “Chemas” Escandón, el reportero de Caracol Radio, que baja a la rueda de prensa. Y al final, luego de esperar un buen rato en la zona mixta, cuando te dejan salir y empiezas el camino a tu casa, las palabras de Chemas resuenan en tu cabeza. Fue tu primer día, pero estás seguro que va a ser el primero de muchos más.

martes, 17 de abril de 2012

En Cartagena me quedo (de putas)

¿Qué quedó de la Cumbre de las Américas en Cartagena? Un burro en Turbaco que debía quedar en Washington, la libertad de Ublime, un Juan Valdez junto a la Torre del Reloj... y un escándalo de prostitución que involucra al Servicio Secreto de Estados Unidos. El escándalo no es propiamente porque los agentes del Servicio Secreto de la Presidencia de Estados Unidos se hayan ido de putas, como bien chambonamente lo dijo Pascual Gaviria en La Luciérnaga, sino porque es el Servicio Secreto, es decir, la seguridad del presidente Obama. Más si estamos hablando de un viaje internacional con muchos delegados, 30 jefes de estado, y en una ciudad como Cartagena.

Ese es el quid del asunto para los gringos. ¿Qué se puede esperar de la seguridad de la presidencia, si deja de cumplir su labor para armar tremenda parranda con 21 mujeres en un hotel? Por supuesto, también explotó la derecha goda gringa, moralista y pacata, porque muchos de estos agentes son casados; y también explotó la derecha goda gringa, tacaña y enemiga del gasto público, porque estos agentes reciben sueldos altos que no están gastando para generar empleo en la prostitución de los Estados Unidos, sino en la economía colombiana. (?)

Ahora, el escándalo en Colombia parece ser porque se descubrió lo que todo el mundo sabía en Cartagena: el turismo sexual está vigente. No sólo el turismo de menores, que ha sido atacado por la alcaldesa pasada, Maríamulata, sino el de mayores que lo hacen de forma consentida y con todo el ánimo del mundo. Y que no es un problema exclusivo de Cartagena, pues muchos que se rasgan las vestiduras se hacen los pendejos con los burdeles en Bogotá entera, por ejemplo.

Por supuesto, el turismo sexual en Cartagena es una forma que mucha de la población de la ciudad tiene para sobrevivir, y no me refiero únicamente a las prostitutas. Taxistas, meseros de bares, camareros de hoteles, y otras personas que también reciben su comisión por promocionar un burdel específico, o el servicio de una "prepago" precisa. Es más, a mí no me sorprendería que muchos de los vendedores ambulantes que fueron desterrados del Centro Histórico por una semana, lo hubieran sido porque ofrecían chicle, maní, tinto, caramelo y chicas.

Esa  demuestra otro factor crucial en Cartagena, que las torres de Bocagrande y las obras en el Centro Histórico se empeñan en ocultar: la ciudad oculta, la gran cantidad de cartageneros que viven en la pobreza y que fueron olvidados durante la cumbre. Estos cartageneros, a duras penas, se pudieron ver en el camino entre el Aeropuerto y el área turística, y si acaso, cuando algún delegado miraba al Cerro de la Popa. Toda esa ciudad oculta, tal como se esconde el gueto angelino tras el glamour de Hollywood, tenía que salir de alguna u otra forma en esta cumbre. Y lo hizo de la forma más vergonzosa (para los agentes del Servicio Secreto) posible.


En fin. Se supo que el escándalo se destapó porque uno de los miembros del Servicio Secreto no quiso sacar US$200 de los US$110000 que aparentemente ganan estos agentes, para pagarle a la acompañante que lo había acompañado. Esta puso el grito en el cielo (o más exactamente, en la recepción del hotel) y la prensa, ni corta ni perezosa, utilizó su poderosa capacidad de investigación para ir hasta las últimas consecuencias y joderle la vida hasta el fondo a los agentes, las prostitutas, el hotel y Cartagena. Si esto es cierto, sería el colmo que la Cumbre de las Américas no hubiera dejado nada a Colombia: ni siquiera la remuneración a las prostitutas que sirvieron a la comitiva de Obama.

sábado, 28 de enero de 2012

Ay, rojo, no me mates

Ernesto Gamboa intentaba mantener la serenidad pero era incapaz. La ilusión lo dominaba en esa tarde soleada entrando a la tribuna occidental sur del estadio capitalino. Ahí estaba como en el 2005, viendo a su equipo del alma, su rojo, apuntarle a un campeonato. Uno que ya llevaba 37 años siéndole esquivo; los 37 que él había vivido. Hasta su nombre se lo debía al equipo cardenal: su padre, sobrino de uno de los estudiantes del Rosario que un día, departiendo entre los tintos del Café Pasaje, decidieron crear un equipo de fútbol y llamarlo Independiente Santa Fe, le puso dicho nombre porque ese día Ernesto Díaz, ídolo de la afición santafereña, había anotado señor golazo contra Paraguay, en la Copa América. Y él, que consideraba buen augurio que su primogénito hubiera nacido el 20 de julio, le puso el nombre de su ídolo, que tantas veces había hecho celebrar a los hinchas del león.

Porque Ernesto Gamboa heredó de su padre la afición a Santa Fe. Uno de sus primeros recuerdos era en el 78, con tres años: ver a su padre marchar al Campín, a un clásico por el título. Y esa noche verlo entristecido, y él, que no sabía por qué, le preguntó. “Perdimos, hijo, los de Millos ganaron otra estrella”, le dijo su padre. Y él, con su chaqueta roja, abatido, sentado en su poltrona favorita, viendo el televisor sin prenderlo, porque sabía que si lo prendía, ahí estaría otra vez la imagen de Willington Ortiz celebrando el tercer gol, el negro Mina Camacho en el suelo, vencido, los hinchas azules gozando su undécimo título.

Un título, nunca lo había vivido. Aunque estuvo cerca. Cerca estuvo en el 87, cuando ya tenía edad para que su padre lo dejara ir al Campín sin tener que ir con él, e iba con sus amigos del barrio a la tribuna sur porque era la más barata. Y ahí lo vio a Taverna, el increíble delantero cardenal, cobrando pasito un penal, a las manos del arquero de Millonarios. Desde ahí aseguró él que Gacha, el narco dueño de Millos, había sobornado a Taverna. Y nunca nadie le quitaría de encima esa idea.

“Ay, rojo, no me mates”, susurró Ernesto Gamboa al ver cómo salía corriendo el delantero rival, pero su tiro fue desviado por el arquero rojo, un chico de la casa, que había hecho el gol de la victoria en un clásico del semestre anterior. Ya estaba acostumbrado a eso, a ver cómo su ilusión de título era constantemente aplazada por una acción en el último minuto.

El partido definitivo es otra vez contra Millonarios. Como en el 78, como en el 87. Como el primer día del campeonato, cuando el golazo de Omar Pérez no fue suficiente para que Millos no ganara. Como no había podido ser hacía seis meses, cuando incluso los periódicos titularon final bogotana, pero Santafecito no pudo con el Caldas en un partido que no pudo ver porque se suspendió por lluvia y se tuvo que jugar en la mañana, y las gallinas hicieron eco de su apodo botando tres goles de diferencia contra el Junior.

“Ay, rojo, no me mates”, dijo Ernesto Gamboa viendo a Rodas lanzar un tiro flojo que no tuvo ninguna dificultad el arquero embajador en atajar. Esta vez no había Tavernas, pero tampoco había Cousillas al frente. Y además estaba harto de jugadores que, por dárselas de Messi o Cristiano, se creían capaces de hacer cinco amagues frente a la cancha, para que al final el defensor recuperara la pelota y la botara a banda.

Clásicos los había vivido todos. Los dolorosos, como cuando por jugar Libertadores tuvieron que llevar suplentes y Millonarios les pasó por encima. Sobre todo los gloriosos, como cuando celebró y se la montó a sus compañeros azules de universidad por el mítico 7-3 del 92. Él estaba en primer semestre, y se hizo conocido por su fanatismo a Santa Fe. Incluso armó un combo para ir al estadio con otros amigos y compañeros de estudio afiebrados al cardenal, y así fueron a muchos partidos, gritaron goles, lloraron derrotas, y estuvieron en aquella final de la Conmebol que perdieron contra un equipo ignoto argentino de camisa granate, un tal Lanús. Y él, Ernesto Gamboa, que había oído de su padre las maravillas de Cañón y Díaz, que había visto cuando niño a Gottardi y Odine, se hizo fanático de Léider. Y celebró como nunca cuando Léider le metió tres a un Millonarios en quiebra, por haberse dejado comprar por los narcos.

“Ay, rojo, no me mates”, dijo Ernesto Gamboa cuando vio que Bedoya se ganó una tarjeta amarilla más. Bedoya, amarilla ambulante, pero qué gran volante de marca. No como Pimentel, por supuesto; Bedoya se gana las amarillas por jugar fuerte, Pimentel se las ganaba por chambón y tropelero. No son comparables.

 Y Ernesto Gamboa gritó gol. Un ligero dolor en la boca del estómago no le iba a impedir que gritara como loco cuando por fin, Anchico logró recuperar el balón, logró romper con un pase la línea de defensas de Millonarios, y dejó a Cardona para que la pusiera suavecita contra el palo derecho de la tribuna norte. Callados los azules, que llevan ya 24 años sin celebrar. Gritando los rojos que iban a acabar con una sequía de 37. Los 37 que él había vivido, muchos de ellos susurrando como en un rezo, para intentar conjurar la mala suerte, “ay, rojo, no me mates”.

Porque para él había sido duro ser fanático de Santa Fe. Ver por televisión cómo se perdió el título del 2005 en Medellín. Se sintió morir cuando Luis Yánez perdió un contragolpe clarísimo contra el arquero verde, con el partido en ceros, y que en tres minutos le acabaran los sueños. No volver a ir durante un tiempo a los clásicos, porque un día del 2001 fue con chaqueta roja y él, que siempre había parqueado junto al Palacio del Colesterol, casi fue aniquilado por unos vándalos con camisetas azules. Desde ahí empezó a dejar el carro en Galerías, y sólo a ir a occidental donde podía gritar igual, pero no le llegaba el hedor a marihuana de los pelados en sur, que no veían el partido por andar saltando y gritando, que se creían más argentinos que colombianos, y que eran capaces de matar a alguien si lo encontraban con la camiseta de Millonarios.

Poco a poco se estaba acercando el minuto 90. Cada vez era más fuerte el grito de los hinchas cardenales, que veían a su equipo dominar tranquilamente, y al azul intentar sin tino ni precisión. Cada vez era más fuerte el malestar de Ernesto Gamboa en el pecho, y él gritó, de forma tan sorpresiva como el contragolpe del lateral de Millonarios que por poco se le mete a Vargas “ay, rojo, no me mates, que he estado toda la vida esperando para verte campeón”.

Tomó agua y una aspirina que llevaba en el bolsillo, para bajar el dolor. Tres minutos de adición. 20 mil personas de rojo empezaban a gritar “campeón”, mientras las otras 20 mil de azul permanecían resignadas, esperando que se abrieran las puertas del estadio. Ernesto Gamboa sintió que el dolor cedía un poco, tuvo ánimo incluso de pararse, y de gritar él también “campeón, rojo campeón”, y aplaudir.

Pero él no iría a celebrar más. Su corazón, ese que desde que su padre le indujo el amor al equipo de Cañón y Pandolfi estaba reservado únicamente para los cardenales, no lo resistió. Cuando el árbitro central pitó la terminación del encuentro, Ernesto Gamboa quiso saltar pero no pudo. Se desplomó en el suelo, fulminado por un infarto que lo había estado acechando desde que Cardona metiera el gol. Cayó de bruces en la fila de adelante, ignorado entre la turba que lo rodeaba, que se abrazaba y lloraba de la felicidad por ver, en el caso de muchos, por fin a su equipo del alma campeón.

Su corazón, que tantas veces había sentido roto por los goles de último minuto, por los resultados en otros estadios que eliminaban a su equipo de cuadrangulares, por los que preferían hacer 10 amagues y perder el balón a disparar con arquero vencido, por los tiros que se iban a Galerías o el Coliseo, por los que no eran capaces de hacer ni un pase, ese corazón no pudo más cuando Ernesto Gamboa cayó en cuenta que iba a ser campeón. Y caería fulminado, en esa luminosa tarde de junio que empezara con un cielo azul sin nubes blancas, y que ahora se despedía en fulgurantes rojos y naranjas de la Sabana de Bogotá para darle paso a la noche y a las celebraciones cardenales.

viernes, 22 de abril de 2011

Semana Santa (o Receso de Primavera?)

Una semana de abril del 30 d.C., en Jerusalén, era la Pascua judía, fiesta a la que se volcaban los pueblos de Judea y Galilea. Entre ellos, llegó un grupo de pescadores, pastores y campesinos hebreos liderados por un maestro religioso llamado Jesús de Nazaret, de unos 35 años, el cual fue arrestado debido a las maquinaciones de los líderes religiosos del pueblo judío en aquel entonces, los fariseos. Y apoyado por estos líderes, el gobernador romano de la provincia de Judea lo mandó crucificar el día anterior a la Pascua, viernes. Ese viernes murió Jesús, y cuenta la leyenda que el domingo resucitó, y se apareció a algunas mujeres fieles de sus creencias. Esta leyenda, que se llama evangelio en lenguaje coloquial, es parte trascendental de las creencias cristianas que, en diferentes colores, sabores y olores, contienen a más o menos un tercio de la población mundial. Y más o menos la mitad (en el mundo) de los cristianos son católicos, los que celebran de una u otra forma toda esta semana con el nombre de Semana Santa. Entre ellos, más o menos el 85% de la población colombiana, que está bautizada.

Población colombiana entre la que me cuento. Escribo esto desde Duitama, ciudad de 130 mil habitantes en el (inundado) valle del río Chicamocha, en Boyacá; tierra de lo más católica de este país. Acá la gente todavía cumple con muchos preceptos: lleva ramos de caña, porque ya no se puede usar palma, para el Domingo de Ramos. Visita monumentos los Jueves Santos, en varias de las 15 iglesias, más o menos, que tiene la ciudad. Hace el viacrucis los viernes. Algunos se aguantan dos horas de las Siete Palabras; otros van a las vigilias, y así. Acá en Boyacá se vive todavía la religiosidad y recogimiento de la Semana que, todavía, algunos se empeñan en llamar como Mayor. Cómo se vive? Todo está cerrado. No hubo hoy buses, no hubo taxis, ni supermercados (sólo Carrefour) ni la mayoría de restaurantes ni bares ni nada de nada de nada. Todavía la gente se reúne a rezar en Semana Santa.

Por qué digo que "todavía"? Pues porque está reduciéndose esa proporción de gente que toma la Semana Santa como una cosa religiosa. Y aumenta la que la toma como descanso, como yo. Sinceramente, yo fui a ver monumentos ayer e hice el viacrucis (así sea dentro de la iglesia que queda a una cuadra de mi casa de acá) esta mañana, pero porque mis papás iban; si no, me quedaba en mi casa durmiendo, viendo películas que me tocan, o simplemente pasando las pertinaces lluvias, que mal que bien, se calmaron para las 24 horas de las procesiones. Y muchísima gente directamente se olvidó de lo religioso, cogió las de Villadiego, y se fue a donde el presupuesto, el clima y los derrumbes la dejaran. Llámese Villa de Leiva o Miami, Armenia o Cancún, San Andrés, Santa Marta o, simplemente, se quedó en Bogotá. Y qué es todo ese bullicio? Dejen descansar, carajo, que hace guayabo.

Cada quien hace de su trasero un candelero, dice mi mamá. Cada quien tiene libertad de escoger la religión en la que cree y la forma en la que lo expresa, dice la constitución. Y cada quien conoce de qué lado le tallan los zapatos, dice el refrán. Así, cada quien verá qué hace con los días que los empleadores otorgan, sea de buena voluntad u obligados por el gobierno, para descansar y recogerse, diría la Iglesia Católica. Iglesia que cada vez está más enredada en poder conseguir que la gente se aproxime a ella. Y eso se nota en las procesiones, que tienen un promedio de edad mayor, y una proporción menor de jóvenes, cada año. A nosotros los adolescentes y adultos muy jóvenes - diga usted, hasta los 27 - no nos llama la atención mucho estar dos horas a sol y lluvia cantando desganados cosas como "por tu cruz y tus clavos, perdón, Señor, piedad..." o recitando, que no rezando, una oración que nos coge "gimiendo y llorando en este valle de lágrimas" (Dios te salve, Reina y Madre, madre de vida, dulzura...)

Para muchos, este es el Receso de Primavera que los gringos llaman Spring Break y aprovechan para bajar a calentarse, luego de varios meses de nieve, embriagarse como cosacos, tener sexo como mandriles, y volver como muertos a presentar exámenes. O a estudiar, se han visto casos. Y sí, para muchos ese es el plan de Semana Santa: bajar al valle de los pueblos sexosos (Nalgar, Tirardot, el Preñón, Carmen de Apichalá) a hacer las gracias que sugieren dichos nombres, adorando al dios Baco o su equivalente aguardientero. Si da la plata, hasta Cartagena, Santa Marta, San Andrés o donde caiga. Y si no, pues qué carajos.

Yo no puedo hacer eso. Motivo? Estoy con mis padres, mi mamá está con su madre (es decir, mi abuela) a 2 km, y por ende se hace lo que la matriarca de la familia diga; sobre todo porque la familia materna viene del pueblo de Tibasosa, conocido como el Matriarcado gracias a sus 5 alcaldesas consecutivas en los 70. La matriarca de la familia tiene 83 años, está lúcida y jode como por 10. Y por gracia de ella no se sale a los bares, no se reúne uno con los amigotes, no se come carne desde el miércoles, y no se hace un carajo. Es tiempo de recogimiento y reflexión. Tal vez eso es lo que nos hace falta, reflexionar un poco en medio de tanto trago y tanto guayabo. Yo ya puse mi reflexión de la semana. Eso, o que el aburrimiento por no hacer un carajo me tiene pensando pendejadas sobre la Semana Santa mientras me voy a Bogotá...

viernes, 18 de marzo de 2011

Después del debut

No pensé que fuera tan jodido sino hasta que me metí en ello. No pensé que fuera a sacarme tanto sudor. No se me ocurrió que se hiciera tan complicado conseguir un resultado satisfactorio para mí. No esperaba que le gustara a quien quería que le gustara. Y por supuesto, no esperaba que fuera a causar la reacción que generó. No supe en la que me metí, y sólo hasta que vi los resultados me hice a una idea.

En verdad, escribir de sexo es jodido.
La pluma descansa sobre el cuaderno (foto propia)

Lunes, 8:50 pm. Con cuatro parciales esta semana, de los que sólo sabía realmente que tenía dos, dos reseñas, y con una exposición presentada por la mañana, resultaba complejo cuando menos que pudiera concentrarme totalmente en algo. Y en una de esas desconcentraciones, recordé el proyecto que tenía pendiente. Un intento de historia en respuesta a una que Marcela, sicóloga de la casa, había publicado en el blog "Del Amor y otros Desastres", citada en el post anterior.

Yo no soy sicólogo y, por ende, no sé cómo asocia uno los pensamientos. Pero por alguna razón que sólo puedo adjudicar al aburrimiento de leer tres artículos sobre la década de 1930 en la historia colombiana para tres asignaturas diferentes (Historia de Colombia para exposición, Historia del Mundo para reseña, Cátedra Rosarista para reseña y parcial), se me hizo la luz. Once borradores había escrito y ninguno me había gustado; algo que, de hecho, todo el que lee lo que escribe sufre. La palabra incorrecta, el término dudoso o la idea oscurecida por la forma. Aunque en este caso era algo más grave.

Este blog se caracteriza por escribir sobre situaciones ocurridas o que llaman la atención de su autor. Por ejemplo, este post bien podría ser del terremoto - tsunami - crisis nuclear - evacuación - etcétera de Japón. O de la situación libia. O de Wikileaks, de los Nule, de la lucha de Uribe con Santos y la coalición, etcétera. Motivos para escribir, hay muchos. Pero, realmente, ¿había algo nuevo e importante que decir?

En mi opinión, no tengo nada importante que decir. Algo que he aprendido en la carrera es que uno debería usar los medios para decir cosas importantes o, al menos, interesantes, pero lo único que podría añadir son mis opiniones. Y como no soy Lucas Caballero Calderón, quien tenía columna diaria en El Tiempo, ni Héctor Osuna, que tanto puede decir que hace columnas (como Lorenzo Madrigal) y caricaturas en El Espectador; y ni siquiera me da para ser Daniel Samper Ospina y reciclar los chistes cada 3 columnas, ¡a la gente no le importan mis opiniones! Entonces, no tengo nada que decir en ese tema. Mis 20 lectores por post podrían hacer más informándose en medios serios, como la NHK. Y por eso estoy acá, escribiendo sobre lo jodido que es escribir de sexo. Pensando la pensadera, pero bueh.

Porque sí, es jodido. Me robo una frase de Estefanía Zárate, lectora del sitio y cuyo blog recomiendo, sobre el post anterior: "hay una línea muy delgada que divide la literatura erótica del porno barato, y casi nadie la distingue" (por cierto, Estefanía, deberías hacer el ensayo, así sea como un documento privado). Ciertamente, "...acaba de cerrar sesión" se caracterizó por un proceso de pulido lento y paciente, como sacarle filo a un buen cuchillo: tratar de hacer el post lo menos vulgar y pornográfico posible. Aparentemente, según los comentarios que he recibido en Las Equivocadas y de manera privada, el post ha sido recibido de manera favorable.

Eso es bueno, porque al fin y al cabo, demuestra que uno puede escribir sobre este tema con cierta holgura, y que hay una buena base. Cosas para mejorar, muchas. A mi modo de ver, y al de varios de los lectores. Este relato de un episodio ficticio, pero que puede suceder (y seguramente, está ocurriendo mientras escribo estas reflexiones y mientras usted las lee) en cualquier lugar y ante cualquier persona.

Porque esa es la verdad, el sexo virtual existe. Ciertamente no es un sucedáneo para el sexo real, y yo lo veo como un tanto más cercano a la pornografía que al sexo como tal. Pero, hoy en día, con el auge de las relaciones personales a larga distancia, cortesía de Internet, telefonía celular y los sistemas de comunicación bajo estas plataformas, es perfectamente posible ver una pareja, un grupo de amigos, y hasta la formación de enemistades y odios acérrimos, entre personas que se hallan a miles de kilómetros de distancia. Cada quien lo tomará con los juicios de valor que su moral, ética y educación le haya inculcado (prejuicios incluidos); y en ese sentido no me voy a meter.

El caso es, al escribir el post intenté representar una situación que (valga la redundancia) ha sucedido muchísimas veces con anterioridad, el acercamiento al cibersexo y la conversión en sexo físico, auténtico si se quiere. Este post de Johanna Pérez lo explica mucho mejor de lo que yo me considero capaz. Jodido, sí. Satisfactorio... lo satisfactorio fue la reacción que generó: a muchísima gente le gustó por X, Y, Z o W razón que no voy a comentar acá. El post también fue publicado en Las Equivocadas con reacciones aprobatorias. Ese es un impulso importante para el escritor, el ver que lo que escribe gusta. 12 borradores después, hace sentir que vale la pena.

Y después de esto, ¿qué sigue? Ya veremos. A lo mejor vuelva a creer que mi opinión es importante. O toque poner un tachonazo más. La pluma está quieta por ahora, pero si hay que moverla, la moveré de nuevo. Sólo les puedo adelantar: no más sexo por ahora en la Floresta de Varia Estulticia. Es muy jodido.

Adenda. El Consejo de Redacción ha decidido cambiar el diseño del blog. Aún así, mantenemos el mismo esquema de colores: British Racing Green en el fondo del blog, un sucedáneo para el dorado en el título. Aún así, las entradas las hemos decidido poner en texto blanco para que se lean mejor y dejar descansar al lector. Espero les guste el diseño nuevo.

domingo, 26 de diciembre de 2010

El post del daño 2010

Porque eso es lo principal que se vio en el 2010, en mi humilde opinión. Daños por todos lados. Desde el terremoto en Haití, el 12 de enero - y para completar, los problemas del cólera en estos meses recientes -, hasta las inundaciones, deslizamientos y derrumbes en Colombia y Venezuela, mencionados por Su Santidad el Papa en el clásico saludo de 25 de diciembre. Desde la destrucción causada por el otro terremoto grande, el de febrero en Chile, hasta el caos por las nevadas en Europa Central. Desde la detención de casi todos los vuelos en espacio aéreo europeo por el volcán impronunciable, Eyjafjallajoekull o algo así, en Islandia, hasta las graves dificultades con las que tendrá que verse el Departamento de Estado de los Estados Unidos, cortesía de Julian Assange y Wikileaks. Daños por doquier. Nada más usted, amigo bogotano, asómese a la ventana o salga y dése una vuelta por la calle 26. El daño de los Nule a la capital es impresionante.

Aún así, el año será recordado probablemente por otros factores. Para los que gustan de las historias de supervivencia, los 33 mineros de Chile dieron una novela inacabable en los 70 días que duraron sepultados en una mina. Nosotros los fanáticos del deporte lo recordaremos como el año de los españoles: Nadal, Pau Gasol, Xavi Hernández y Andrés Iniesta (tanto en el equipo de Guardiola como en el de del Bosque), y por supuesto, la pelea de Alonso en el campeonato que terminó en manos de Vettel. Y este país también lo recordará, además del invierno, como el año en el que Juan Manuel Santos asumió el poder y empezó un proceso de modificación estructural, que le ha quitado de encima tiempo al gobierno para mirar pendejadas como los 5 millones, más o menos, de damnificados por las inundaciones.

Lo cierto es que también este año se vio el poder de la gente a pie. Gente a pie como el militar que entregó 250 mil documentos del Departamento de Estado y armó una barahúnda en donde todo el mundo se puso a saber lo que los gringos tienen para decirle. Gente a pie como los miles de niñas que subieron a Justin Bieber de prepúber cantante en Youtube a estrella de talla mundial (lo mismo aplica para el creador de Annoying Orange, Mark Zuckenberg vía Facebook y The Social Network, y demás maestros de los virales). Gente a pie como 33 de los decenas de miles de obreros de la minería en el desierto de Atacama, que se volvieron famosos al caerle encima una roca de 700 metros, durar dos meses largos bajo tierra, y sobrevivir. Gente a pie como los de la Ola Verde, que fueron capaces de llevar un millón más de votantes a las urnas y darle a Antanas Mockus, a pesar de las pifias de los debates, el 22% de los votos en primera vuelta y el 28% en segunda. Gente a pie como la que armó el Tea Party en los Estados Unidos, que es una de las mayores piedras en el zapato para el gobierno de Barack Obama, sobre todo por el poder nuevo de los republicanos en el Congreso gringo.

Aún así, el poder de la gente de a pie no es suficiente para cambiar las cosas donde se pueden cambiar. Por mucho que 9 millones de personas hayan votado por Santos para que siguiera las políticas de Uribe, Santos ha decidido seguir por su camino y cambiar cosas importantes. Por mucho que la costa se inunde todos los años en los que no hay El Niño, la corrupción de los políticos costeños es uno de los principales culpables para que se haya deteriorado la protección contra inundaciones, con el resultado que las orillas de los ríos costeños están a 5 o 6 km de donde deberían, con los resultados de esperar para los cultivos. Por mucho que todo el mundo vea claro que los bancos tienen ganancias que se cuentan en billones de pesos (miles de millones de dólares) e intente protestar, los bancos siguen cobrando lo que se les da la gana por retiros, consultas, dando intereses de miseria y cobrando lo más cerca a usura que pueden. Por mucho que uno intente trollear al señor expresidente Uribe en Twitter (y "uno" es tanto el twittero a pie como Felipe Zuleta Lleras, Daniel Coronell o Vladimir Flórez, alias "Vladdo"), él sigue ahí, impune, con sus hijos, peleando con todo el mundo.

Como resultado, este es el año en lo que más se va a recordar son daños. Hasta el fútbol salió dañado, con la nominación de Rusia y Qatar a los mundiales 2018 y 2022, respectivamente, sobre todo por la última. Pero la gente no recordará eso. Tal vez la imagen del año sea la del presidente Piñera diciendo "viva Chile, mierda" cuando aseguró que iba a sacar a 33 compatriotas suyos enterrados en cercanías de Copiapó. Porque hay que mantener la esperanza viva, y los mineros fueron la esperanza del mundo durante dos meses largos. Por eso hoy día están por el mundo, los llevaron a ver al Manchester United y a Disney World.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Resumen final del semestre

Dedicado a Laura en Sincelejo, por la ayuda que me dio para sacarme de encima a Bocarejo. Y al profesor Álvaro Duque de Introducción al Periodismo: esas tres horas a la semana compensaron las puteadas por Lógica y Geografía Humana, las peloteras de los trabajos en grupo, y me permitieron mi momento de gloria del año: entrevistar al Pibe Valderrama.

Hoy, 10 de diciembre de 2010, el Colegio Mayor Nuestra Señora del Rosario entrega las notas definitvas del segundo semestre del 2010. Dato que no les interesa pero a mí sí: hoy se entregan las notas definitivas de mi primer semestre como periodista. Así mismo, hoy, 10 de diciembre, salieron los recibos de pago en dicha alma mater. La importancia del dato: debido a que logré mantener mi promedio por encima de 4.0, mantengo media beca. Traducción: sigo estudiando periodismo en universidad privada.

¿Por qué la importancia de que sea "la universidad privada"? Como muchos de los lectores saben, yo estuve durante casi 6 años dando tumbos en LA universidad pública: la Universidad Nacional de Colombia. Las dinámicas entre universidades son muy distintas, y aún el paso por la Facultad de Ciencias Económicas de la Nacho, que es lo más parecido a una universidad privada que hay adentro, es difícil de comparar. Sobre todo, considerando el factor económico y de estratos, que me ocasionaron algunos problemas complejos de lidiar durante los 5 meses que separan este post, escrito en la semana de inducción de este post.

A eso, añádase que yo soy viejo para ser primíparo. 22 años son edad en la que hoy día, la mayoría de la gente está firmando diplomas y saliendo a matarse en las oficinas, como muchos de mis lectores lo hacen hoy día. Si no me cree, vea la edad promedio de los pasantes en su carrera o en la empresa donde trabaja: 21 o 22 años. Yo cumplo 23 en el próximo mes. Y apenas voy a empezar segundo semestre.

El resultado final de todo esto: estoy desconectado del resto de los primíparos. Su crianza está en otras partes: un complejo que, en términos netamente culturales, resultaba muchísimo más variado que el de la Nacional, pero que de los 19 estudiantes a Periodismo y Opinión Pública que entramos, sólo 3 no somos de estratos socioeconómicos 5 o 6. Añado otra de las estudiantes de transferencia: 4 de 21. Los otros 17 (el 80% de la población de este semestre, haciendo cálculo expreso) resultan venir de un esquema socioeconómico similar, y estar metidos en un mismo ambiente en general de crianza.

Es así como quedé desconectado de ellos. Mientras los primíparos estaban en 7º u 8º grado, yo ya lidiaba contra las crudas lides de la ingeniería química, llámese el cálculo diferencial, la transferencia de calor o el movimiento de fluidos. Ellos apenas despuntaban a los licores y las celebraciones cuando yo me metía las festividades del siglo con todo tipo de gentes: los días de los prom para ellos fueron los días del Container para mí. Ellos oyen reguetón, cosa que, a pesar de haberle dado múltiples oportunidades, nunca podré aguantar, ni siquiera borracho. Ellos no conocen lo que es el trabajo, sea arreando madera en el aserradero de mi prima (2006), cargando cajas llenas de documentos mohosos propiedad de Davivienda (2010) o andando - literalmente: a pie o en bus - la ciudad entera en busca de una dirección para una aseguradora (2007).

Aún así, a pesar de todo no estoy resentido con los primíparos. Ellos están despuntando hasta ahora. De los 19 que entramos este semestre, hay 4 que se retiraron ya a estudiar otras cosas. Éxitos en sus vidas futuras a ellos. Quedamos 15, y 2 de transferencia: 17 estudiantes de primer semestre. En la primera semana de febrero, tendremos que volver a vernos las caras los 17, a ver quién va a estudiar qué con quién y en qué horario. Ellos tendrán que lidiar por primera vez con el sistema, con las inscripciones académicas y con los cruces de horarios. Yo, me armaré de paciencia porque eso es lo que hay.

Ah, cierto, resumen de semestre: todo bien. La calidad académica del Rosario es innegable, aunque la exigencia es menor que en la Nacional. O si es mayor, yo sinceramente no la sentí; muy seguramente, era por estar haciendo algo que me gusta. Varias materias por encima de 4.5, sólo una por debajo de 3.5. Los profesores son excelentes académicamente hablando, y algunos, como mi profesora de Ética, son bastante buenas personas. He tenido tiempo para echar cabeza, más del debido, tal vez, y siempre llego a una pregunta: ¿hubieran cambiado las cosas si hubiera estudiado Periodismo en el 2004 y no en el 2010?

Para responderme, me quedo con la frase que mi profesora de Geografía Humana, que no se caracterizó nunca por los halagos, dijo cuando le entregué cierto taller que elogió profusamente: "bueno, tal vez usted no escribiría tan bien si hubiera llegado acá de 16 años. Con esa habilidad para analizar las cosas, le va a ir muy bien en el periodismo."

Dios la oiga, profesora Bocarejo. Dios la oiga.

Adenda:


Los visitantes de este blog también pueden ver mi nuevo Tumblr. Advierto: va a haber muchas fotos de automovilismo, con algunas ideas al estilo Paulo Coelho, como dijo mi fiel amigo @Jmondrag_ cuando lo conoció. Esa es la idea.

viernes, 19 de noviembre de 2010

Premios PTW 2010: El arte de ser troll

Siempre me ha llamado la atención la facilidad que mucha gente tiene para criticar. Porque criticar es algo difícil, por lo menos para mí. Tiendo a ver, en general, las cosas buenas que tienen las cosas, por malas que sean. Intento ser mesurado en mis opiniones y no dejarme llevar, y las críticas intento hacerlas en tono constructivo, que no destructivo y arrasador con todo y con todos. Tal vez eso es algo que tenga que aprender en los próximos dos meses, cuando por fin pueda leer en calma las obras de Lucas Caballero Calderón "Klim", y pueda ver cómo este maestro de la pluma y el fino humor cachaco, inspirador de algunas de las mejores caricaturas de Héctor Osuna, y de quien Daniel Samper Ospina (una de las pocas cosas a las que todavía no le puedo ver algo positivo) dice que es su maestro, era capaz de aplastar a un crítico con dos frases certeras, penetrantes, agudas y, sobre todo, cómicas.

Porque es una verdadera pelea criticar con habilidad. Y no puedo decantarme a hacer lo que hacen muchos "trolls" y pelafustanes de media petaca, en pleno timeline, cuya (des) gracia es salir insultando con las primeras tres sandeces que se les ocurran. Podría hacer como mi adlátere, el lechón Link, de responder sus ataques de forma tan rebuscada y compleja que no sepan hacerlo, pero prefiero hacerlo a MI estilo, con la llamada "diplomacia machecoriana", arte que aprendí en la caja del Bestiario2 (un saludo para ellos, gracias por leerme y gracias por preocuparse de mis problemas sicológicos, Ajax) y que consiste en atacar de frente y de costado, con términos cortos, certeros, agudos y penetrantes. Por ejemplo:

El FPC es un torneo emocionante. Y las películas de Stallone son emocionantes. Pero malísimos ambos.

Contundente. Me permite redondear en 15 palabras mis opiniones sobre el FPC: es un torneo emocionante, sí, con un final explosivo, como una película de Stallone, pero que no sirve para desarrollar nada más que  pánico a la humanidad. Y también tiene algunos ribetes sutiles: es el relleno de los domingos por la tarde, le gusta incomprensiblemente a cantidad de personas (más que nada, porque lo meten hasta por los oídos en RCN), fue de lo mejor del mundo en los 80, pero se quedó ahí...

Toda esta reflexión anterior sobre críticas y trolleadas se da sobre otra nueva iniciativa, como la que ayer comenté de los premios TWT 2010, y que de hecho está derivada indirectamente de la anterior: los Premios PTW 2010 (de ahora en adelante, PP). El PTW traduce "Peor de TWitter", lo que explica directamente la idea del concurso: sacar a los peores twitteros y las peores cosas de Twitter hoy día. O séase, la oportunidad para que un colectivo tan disímil entre sus similitudes, una turba iracunda sin líderes reales, pueda expresar una de las cosas que más fácilmente los identifica: el odio.

La mentalidad de turba de Twitter es apropiada para que los odios de uno se masifiquen. Sea porque uno encuentra que mucha gente odia lo que uno, sea porque uno se hace odiar (la señora de los ensayos, docente de la Central que, según cierta amiga que estudió en la Central, es medio loca pero no es más, es experta en eso), pero es seguro que alguien podrá asimilar sus impresiones negativas sobre algún evento o suceso. Es parte de la postura de la red social, así que nosotros podemos pensar que esto es algo previsible, incluso deseable, aunque no lo sea.

Ciertamente, en Twitter hay espacio para todo. Así como hay quien aplaude a la señora de los ensayos, así como hay quien cree que es graciosísimo decir "marica petarda", y así como hay quien cree que es la mata de la ofensa decirle a un gordo barbado de 22, que vive fuera de su casa desde los 16 "gordo barbado de 40 que vive con su mamá", pues también hay quien cree que su objetivo en la vida es hacerse el irreverente y ofensivo porque "ay, no, es que esta gente del tal Twitter es una jartera, todos niños pupis y relamiditos, no señor, acá toca es dárselas de irreverente". Y se ponen a ofender para dárselas de tales. Y fracasan rotundamente. Por eso el único dizque troll que está en los PP (y no en la categoría de peor troll) es @nikoarrieta, y más que nada, por incoherente: no se puede pretender dárselas de ofensivo y de ir contra la corriente, si a los 10 tweets pide que por favor voten por él en un concurso de MTV. Niña, mal.

Para poder joder a la gente, creo que es más importante conocerla. Muchos de los que ponen "lo peor de Twitter" en los PP lo hacen porque simplemente no conocen a la gente, y actúan por resentimiento. Es más fácil atacar al que está arriba, y eso en este país parece ser una forma de elevarse: Twitter sigue siendo una comunidad de colombianos, y como tal, está inmersa en las dinámicas del país. El hecho que haya nominaciones dobles en los PP y en los Premios TWT (@adrianitaca, por ejemplo), es diciente.

Ya por último, considero un éxito que no haya sido nominado ni en los PP ni en los TWT. El motivo es simple: por muy Jaider Villa que suene, yo no fui a Twitter a hacerme famoso. Si tengo 975 followers, es porque a la gente le interesa en algo lo que yo digo, lo que yo hago. Mis esfuerzos por salir de la olla, y alguno que otro comentario que, como dije antes, tiene la intención de ser corto, certero, agudo y penetrante. Dejaré la gracia para cuando lea a Klim.

lunes, 11 de octubre de 2010

La mujer de mi vida

(N. de la P.: El siguiente cuento lo realicé yo como parte de un trabajo de mi hermano, para su clase de Taller de Creatividad 1 (me queda grande suponer que en la Nacional dictan tres clases de ese nombre, para ingenieros industriales). Esto fue lo que salió. La mujer de las gafas blancas existe, estudia creo que Relaciones Internacionales en el Rosario. No sé cómo se llama, y todo el resto sí es un ejercicio de la imaginación.)





Lo primero que me llamó la atención de ella fueron sus gafas blancas. Las mismas gafas que me llevaron a ver sus ojos claros, con una mirada profunda y triste. Algo comprensible a tan temprana hora de la mañana, y en un Transmilenio repleto de gente, que viaja hacia el norte. Sólo supe en ese momento que ella era la mujer más atractiva que yo jamás había visto en mi vida.

Entró en la estación del Campín. Yo iba de pie, apretujado en el mismo viaje de siempre, 6:30 de la mañana, por la 30 para la oficina. Iba escuchando las noticias de Caracol, como siempre, pero cuando ella entró, alta y segura, empujada por la puerta cerrándose para que el bus arrancara, dejé de prestar atención a los últimos hechos del presidente Santos y el ministro Vargas Lleras. Obviamente, no podía ver qué tal era su cuerpo, pero no me importaba: su cara me atraía mucho. La nariz apenas prominente, como la de una muñeca, la boca pequeña que tarareaba alguna canción que vendría oyendo en su reproductor de música. El pelo rubio y liso, que le llegaba más o menos hasta los hombros, y le enmarcaba unas mejillas como de porcelana.

En la estación Simón Bolívar, me propuse intentar hacerle la conversación. Pero ¿cómo? Si tenía un par de audífonos, era lógico que ella no quisiera que la molestaran. Podría empezar a hablarle precisamente sobre eso, pero lo más seguro es que ella me viera con cara de “y este tipo, ¿qué?” Tal vez incluso me rechazara de forma más escandalosa. Ya se sabe: “a usted qué le pasa, fuera, policía” y eso. Y me tocaría ir con los policías. Algo que no quería, por supuesto. En esas cuentas, se me fue una parte del viaje.

Ya íbamos llegando al cruce de la Escuela Militar. Y ahí seguía yo, preguntándome sobre cómo iniciarle la conversación. Oí que le timbró el celular,  y no se quitó los audífonos: era un celular lo que estaba oyendo. ¿Estaría oyendo noticias, alguna emisora juvenil – pues parecía de universidad, y no de cualquier universidad – o tal vez música en su celular? Habló, y yo me quité los audífonos de mi propio celular para poder oír su voz. Que Darío Arizmendi siguiera hablando, pensé, eso no me interesaba en el momento. Sólo quería oírla.

El Transmilenio arrancó para cruzar el semáforo de la 24. Justo en ese momento, un camión viejo, un Ford de los años 60 (supe después) iba a toda velocidad por la carrera 24, acercándose al cruce: el conductor no pudo frenar a tiempo por las toneladas de papa que llevaba en sobrecarga (supe después), y se estrelló a casi 50 kilómetros por hora, a las 6:45 de la mañana de ese viernes, contra dos autos, antes de detenerse en el Transmilenio en el que yo iba. El camión se incrustó en las puertas delanteras, y mi niña de piel de porcelana iba recostada contra una de esas puertas. Sus gafas blancas salieron despedidas, su nariz de muñeca se dio contra uno de los tubos para sostenerse, y su cabeza sufrió varios cortes por las esquirlas de vidrio que salieron del camión (supe después).

Yo también me golpeé contra una silla en el pecho y la cabeza, pero no sufrí mayor daño aparente, más allá de un dolor de cabeza. Varios pasajeros ya habían roto los vidrios de emergencia, un par estaban llamando al 123, y otros comenzaban a intentar mover a los heridos para sacarlos del bus. Yo me uní a ellos apenas retomé la conciencia, y sorprendentemente, a mi niña de piel de porcelana nadie la había visto. Y ella estaba sangrando por su nariz rota, su mata de cabello rubio se veía oscurecida por la sangre que estaba secándose en ella. Me le acerqué y le hice la pregunta más estúpida que se me ocurrió en el momento:


   -   ¿Ya te atendieron?
  Sí, no se preocupe.
   - No, sí me preocupo, estás sangrando. Ven, sal mientras llegan las ambulancias.

Salimos por la puerta de emergencias, y la dejé en el separador de la calle. Ella se recostó contra el borde de la calle a esperar alguna ambulancia, y mientras tanto, el dolor de cabeza mío se iba haciendo más fuerte. Yo también me senté al lado, y para dejar de pensar en el dolor de cabeza, decidí hacerle conversación. Adriana, se llamaba, estaba estudiando administración de empresas en una universidad del norte. Yo dije con pena lo que hacía, pues trabajar en un call center no parece una opción muy válida si quieres levantarte a una estudiante de universidad privada. Pero ella me dijo que también lo había hecho durante unos meses, hasta que pudo conseguir una beca; y me sonrió.

Yo intenté sonreírle también, pero el dolor de cabeza se volvió insoportable. Así que me recosté, aunque seguía pendiente de ella, que me parecía cada vez más pálida. Ya había llegado la Policía a hacer la investigación del caso, ya habían llegado algunas ambulancias. Y un paramédico nos vio a los dos, en el separador de la Calle 80 con 24, recostados, ella, con el cabello ensangrentado y el tabique roto, y yo, con una ligera hemorragia nasal, algo de dificultad para respirar, y un dolor de cabeza que iba cediendo.

Nos llevaron a los dos en la misma ambulancia, con destino a una clínica cercana. En el camino, sentí que no podía respirar, pero el dolor de cabeza seguía bajando, y una repentina sensación de liviandad se apoderó de mí. Supuse que eran anestésicos que me estaban aplicando, pero el paramédico comenzó a gritar por radioteléfono que necesitaban, apenas llegáramos al hospital, un equipo de reanimación y una máscara de oxígeno. Y no me preocupé, el alivio se estaba haciendo completo y me sentía flotando en el espacio.

Nunca llegué a la sala de urgencias. Adriana sí lo hizo, y en este momento está en cirugía plástica para corregirle el tabique nasal roto. Yo no sé dónde estoy, aunque sí sé qué me pasó: sufrí una serie de hemorragias internas (cuya única muestra externa fue la hemorragia nasal) que impedían que me pasara suficiente sangre al cerebro. Básicamente, me asfixié con mi propia sangre. No sé dónde estoy ahora, pero sí sé que Adriana no está conmigo. Y tal vez, cuando llegue, ya no me acuerde de ella; ella era la mujer de mi vida. Ahora busco la mujer de mi muerte.

lunes, 23 de agosto de 2010

Oda al "amigo gay"

No, no me refiero al amigo de uno que por cuestiones de la vida resulta siendo homosexual. Ni mucho menos al gay que termina haciéndose amigo de uno para intentar caerle a uno porque, sospecha el, a uno, como cantaría Diomedes, "se le moja la canoa, pobre hombre, cuando se emborracha".

Me refiero a la posición de amigo de una vieja sin interés en ella. Es decir, al amigo que no le está cayendo, y que por ende, otros hombres lo definen como gay. Esa es la posición más mentirosa del mundo, por supuesto: el 95% de los amigos gays, o son de verdad homosexuales, o son tipos que esconden que escurren la baba por la vieja, o son amigos de una vieja demostrablemente fuera de los gustos de uno (la popular amiga fea, que todos los hombres tenemos para que nos ayuden a entender a las mujeres, porque comprenderlas, ni ellas mismas pueden). Del 95% hice (y también hago) parte yo. Y del 5% restante hago parte yo. Voy a hacer este artículo como una loa a los dos lados, porque en los dos lados conozco.

Porque uno como amigo gay, tiene un privilegio inmesurable: las conoce. Y si las conoce, puede entenderlas (usualmente, con la amiga fea como intérprete). Y ese conocimiento, ese entendimiento que uno tiene a ellas, puede ayudar en el objetivo del 95% de los "amigos gays": levantarse a la amiga. Pero por supuesto: uno va conociendo qué les gusta a ellas para una cita, cómo quieren que las traten, qué tipo de persona quieren... y así uno va moldeándose e intentando mostrarse como lo que ellas quieren. Ya después uno tiene tiempo de ser el mismo barbachán, guache y farabute (disculparán la mezcla de chibcha con lunfardo) que se empeñó en esconder durante semanas, meses o hasta años.

Esto implica otra cosa: nosotros potenciamos nuestras capacidades actorales, que después para levantar, cuando de verdad queremos levantar, nos sirve. Así como pudimos ceder a los deseos de nuestra amiga, podemos aparentar ser personas a la medida para maximizar nuestro éxito. Y también nos sirve para desarrollar persistencia, tenacidad y esas cosas que tanto invoca Jorge Duque Linares como la clave del éxito; porque la confianza no le da a la pelada a las semanas, sino es cuestión, muchas veces, de un par de años. Terquedad ante todo. Ciertamente, es un proceso arriesgado y lento, pero funciona.

Porque esa es la ventaja: muchas veces, funciona. A veces, no es para levantar, pero muchísimas veces, sí termina llevándola a la cama, que al final de cuentas, es el objetivo para muchos de nosotros. Una amiga (no, no estoy aplicando esos casos con ella: sí me la querría comer, que no levantar y hasta lo he dicho de frente. Otra cosa es que sé que no puedo) me decía que, en muchas ocasiones, las mujeres se olvidan que al frente, ese tipo que les dio consuelo durante sus cruces con barbachanes, gañanes y pelafustanes; ese tipo que podían decirle "dime cuál blusa me queda mejor" mientras se empelotan y visten al frente de él; en fin, ese "amigo gay", o como ella los definió, "amigo capado", es un hombre.

Y cuando lo creen a uno un pendejo paño de lágrimas, por la vigésima pelea con el novio de turno, ceden. Y empieza la descripción de National Geographic tan mal imitada por Andrés López, sobre cómo el venado, vulnerable al tener lastimado su ego, cede por el deseo de sentirse amada, tal vez; o de saturar su depresión con estrógenos, de pronto. Y ha ganado el hombre, se ha comido a la vieja que quería.

Por supuesto, las cosas pueden fallar. Puede que la vieja descubra que uno es un pobre diablo antes de lo conveniente. O que las cosas fallen y uno no se la levante, sino que después (e incluso antes) de comérsela, tenga que poner pies en polvorosa, porque las cosas no se dan con ella; los escrúpulos, las recriminaciones, el "no eres tú, soy yo". Eso. Pero no nos estamos enfocando en esos detalles nimios: nos enfocamos en que así nos podemos comer a las viejas que queremos comernos, si tenemos la persistencia suficiente para lograrlo. Porque la mayor falla somos nosotros mismos, compañeros lectores: nosotros y nuestra gana de la inmediatez. Y por eso saludo a todos los "amigos gays" del mundo, porque nosotros somos unos berracos, y esa berraquera nos va a llevar adelante. Salud, buen polvo y buen amar!

lunes, 26 de julio de 2010

La crema sin nata

Casi toda la leche del mundo tiene dos procesos que la habilitan para venta: pasteurización y homogeneización. El proceso de homogeneización sirve para que la grasa de la leche se descomponga, y se formen glóbulos más y más pequeños que no puedan subir con tanta facilidad (es decir, que no se forme nata en la leche cuando se deja en reposo). Resultado: la leche entera en bolsa mantiene la crema que la compone, pero no forma (tanta) nata. Algo agradable cuando uno se la va a tomar o va a preparar café, pero no tanto para armar postres. Y a mi gusto, los postres son mejores que el café.

Pero usted, amigo lector, se preguntará qué carajos tiene que ver la nata de la leche y por qué le dedico una entrada a eso. Pues bien, esta figura de la nata fue usada por Richard Nixon en su libro "Leaders", para referirse a cómo, de la misma forma en que la nata no sube a la superficie homogeneizada, no se destacaban los políticos más brillantes entre las generaciones de congresos por televisión. Eso mismo voy a usarlo yo, para referirme a Twitter.

El núcleo de usuarios de Twitter, más o menos hasta inicios de este año, fue muy restringido, y se puede dividir en tres tipos básicos globales: gente muy metida en los cuentos de sistemas y que tiene todos los servicios habidos y por haber (y los usa), a quienes llamaremos "geeks"; gente muy metida en blogs y demás servicios de comunicación y divulgación por Internet, a quienes llamaremos "bloggers" (me incluyo en este rubro), y gente muy metida en los cuentos de medios, innovación en prensa y etcétera, a quienes llamaremos de forma un tanto burda "comunicadores". A grosso modo, estos tres eran los tipos de twitteros hasta enero del 2010, acá en Colombia.


A pesar de la gente que ha ido llegando cada vez en mayor medida a Twitter, todavía se puede decir que la gente sigue acomodándose en uno de estos grupos. Y por ende, hay muy poco espacio para la independencia. Miramos feo al que llega haciendo o diciendo cosas raras. Nos contradecimos a nosotros mismos en el proceso. Y tratamos de opacar a quien opina distinto, hundiéndolo en un mar de insultos y trolleadas.

Un par de ejemplos simples: a pesar que muchos nos la dimos de "abiertos" durante las elecciones, todos caímos, en un punto dado, en la monta a otro por sus opiniones políticas opuestas a las nuestras. Así mismo, gritamos a todos los vientos que no queremos que nos jodan por nuestras opiniones, pero somos descaradamente polémicos. Y nos creemos genios, queremos RTs continuos y miles de followers; pero nuestros tweets (los míos, sobre todo) son una birria.

Por ambos lados perdemos. La originalidad se pierde entre usuarios, porque cuando encontramos a alguien que opina diferente, lo intentamos opacar. Se supone que Twitter debería ser espacio para la discusión de ideas, pero cuando la opinión de alguien no nos gusta, paf, unfollow y ya. Y así, nos perdemos comentarios valiosos en otro sentido. Henry Kaiser, cuyas empresas hicieron, entre otras cosas, la represa Hoover, los Jeep originales y los buques Liberty de la Segunda Guerra Mundial, decía, respecto a un subordinado suyo: "este hombre lleva 50 años contradiciendo todas mis decisiones; es el empleado más valioso de mi compañía". Nosotros no aceptamos la opción de poder estar equivocados: somos nosotros, estamos bien. Y punto. No siempre la sabiduría popular es correcta: piense usted, amigo lector, en los millones de personas que votaron por cientos de corruptos al Congreso.

Así mismo, nuestros tweets a veces tienen buenas ideas. Pero las dejamos perder por el afán de escribir siempre genialidades. E intentamos homogeneizar todo, con mayor frecuencia, subiendo de nivel tweets pendejos, y volviéndonos sobreactuados. Un unfollow es un drama, un malentendido con otro twittero se vuelve una guerra, un atardecer de los que, afortunadamente, abundan en Bogotá, es un espectáculo increíble. Así, cuando de verdad queremos decir algo, la gente lo minimiza. "Otra pendejada de este güevón", y perdimos la idea en general.

Nuestras grandes ideas son la nata de la vida. Si se separan y se cocinan, pueden hacer grandes cosas, como un delicioso postre de natas o una mantecada. Además, otras personas realmente destacadas pueden subir y hacer parte de un postre aún mejor. Pero si tendemos a homogeneizar nuestros pensamientos y nuestro entorno, nuestra vida será homogénea. Rutinaria, si se quiere. Y nuestras ideas, a duras penas, podrán igualarse a la leche pasteurizada: no nos enfermaremos, tal vez, pero posiblemente, no podamos hacer nada mejor que café con ellas.

Yo mientras tanto, sigo haciendo birrias de tweets.

lunes, 5 de julio de 2010

Aparentemente...

Porque el complemento de hablar como los dioses es ser legal...
R.H. Moreno Durán. Los felinos del canciller.

Los 4 de julio, todos los estadounidenses celebran una reunión realizada en Filadelfia en 1776. Ese día, representantes de 13 pequeñas colonias en la costa oriental de América del Norte, en ese momento en guerra contra la corona británica en cabeza de Jorge III, declararon que combatirían a los ingleses como estados de una república unida, democrática y en la cual hubiera espacio para todos. Hoy, 234 años después, Estados Unidos es el país más poderoso del mundo, uno de los más desarrollados... y uno de los más injustos. En Estados Unidos, todo es desmesurado: los carros son enormes y consumen demasiada gasolina, las ciudades son extensísimas moles de casas de suburbios, los ricos son billonarios (en dólares) y los pobres son míseros (aunque ganen en dólares), y la "independencia" de los hijos es tal que a los 19 años ya no viven con sus padres.


19 años. Esa es la edad de nuestra constitución actual, firmada el 4 de julio de 1991. La anterior duró, nominalmente, 105 años, pero también fue tachada, retachada, reformada y enmendada para intentar convertir una "democracia" de ricos poetas y terratenientes en una "democracia" donde millones de campesinos y obreros votaran por quien dijeran los patrones (de la empresa o del cartel, no importa. Patrón es patrón).

Usted preguntará qué tiene que ver este inicio. O qué relación tiene que hoy, 4 de julio (escribo esto el 4/07/2010 a las 23:15 UTC -5), cumpla años nuestra constitución y los Estados Unidos. O por qué escribo de esto.Pues bien, este post es más que nada un pensamiento político. Y un pensamiento basado en las instituciones. Algo que este país ha olvidado por completo, en su búsqueda del caudillismo.

Es cierto que Colombia es un país con un historial democrático envidiable, en teoría. Mientras a nuestro alrededor se dieron las dictaduras de prohombres como Stroessner, Perón, Videla, Pinochet, Getulio Vargas, Garrastazu Médici, Noriega o el PRI, el solio de Bolívar contó únicamente con un dictador, llamado Gustavo Rojas Pinilla; que fue, curiosamente, uno de los mejores presidentes que haya visto Suramérica: progresista, invirtió en educación, infraestructura, pacificó a los Llanos y acabó con la violencia partidista. Desde 1957, no ha habido un golpe de estado en Colombia. Y nuestra "democracia" funciona a las mil maravillas, aparentemente.

Esta palabra es clave: "aparentemente". Porque nosotros los colombianos somos expertos en eso de aparentar cosas, y sobre todo, en hacer que todo funcione aparentemente bien. La economía va "aparentemente" bien, porque el PIB crece y entra plata del exterior. Se está ganando "aparentemente" la guerra, porque cada día se dan de baja dos guerrilleros, desertan tres, se rescata un secuestrado. Además, uno está "aparentemente" más seguro: vea todos estos retenes en carretera! Y lo mismo, uno "aparentemente" está una maravilla en los negocios, porque remodeló la casa y compró carro. Y claro, la política está "aparentemente" inmejorable para Santos: va a contar como con 70 senadores y 150 representantes que "aparentemente" lo apoyan.

Pero por supuesto, las apariencias engañan. En Estados Unidos, la gente es respetuosa de la ley. La Constitución de Estados Unidos, firmada en 1789, ha tenido 26 reformas en 220 años; 10 de ellas están aprobadas desde, prácticamente, los inicios, en la llamada "ley de derechos". Acá, en 19 años se ha reemplazado de todo en la constitución, que "aparentemente" es sólida. Acá la constitución no se respeta, y las instituciones, tampoco. Y la democracia, menos.

Esa es otra cosa. En apariencia, la democracia colombiana ofrece una amplia serie de opciones, desde la izquierda "extrema" del Polo, hasta los godos. Va uno a ver, y no hay tal: la U, los conservadores, Cambio Radical y el PIN son la misma cosa. Los liberales oscilan de lado a lado. El Polo, que hace 9 años eran por lo menos 5 partidos, todavía está partido entre "comunistas" (Robledo, Gaviria), "moderados" (Petro) y Samuel Moreno. Los verdes aparecieron, como la tierra que en teoría deberían defender, de la nada, creados por un Dios barbado (no Mockus: Jorge Londoño). Y aún así, todos piensan igual: primero en el bolsillo. Y las diferencias son casi nulas, en muchos sentidos: la veleta política oscila, excepto casos de broncas personales, hacia donde más plata llegue. En Estados Unidos pasa algo similar, pero con la diferencia que allá sí hay un control adecuado. Allá el lobby es una actitud controlada, regulada y conocida: acá, es un escándalo que las empresas digan que gasten dinero en apoyo político. Pero lo hacen.

En parte, eso de las apariencias es lo que tiene jodido al país: la gente, por tratar de quedar limpia, es capaz de hacer de todo. Pero no importa: "vea, todo está en orden". Y sí, todo está legalmente bien: candidatos limpios, contribuciones prístinas, elecciones que se desarrollan normalmente. Pero debajo de cuerda (y a veces hasta encima), está la trampa puesta. Y el político se defiende: "todo está en orden". Como decía el viejo adagio, tan viejo que aplicaba en el virreinato, el colombiano acata pero no cumple. Y en política es boyante. Y si algo sale mal, la prensa grita y se rasga las vestiduras, todos menean la cabeza y dicen que no volverá a pasar, los jueces salen prometiendo exhaustivas investigaciones. Aparentemente sí, ha acabado todo. Y realmente... también, porque no pasa nada, todos se cuidan un rato, y todo vuelve a la normalidad. Cuando (y si) hay una respuesta de la justicia, el público ya no se acuerda y la prensa lo pone por allá en la página 10, o antes de comerciales.

Acabar con ese problema de apariencias es casi imposible, puesto que nosotros los colombianos somos expertos en aparentar. Así pues, no cabía esperar más que políticos que aparentan hacer las cosas bien: si uno aparenta estar cumpliendo con todo mientras los impuestos están ahí, venciéndose, es fácil suponer por qué nuestros dirigentes aparentan seguir las normas al pie de la letra mientras las acomodan a su antojo. Nosotros también lo hacemos. Y cuando nos pescan, nos hacemos los dolidos, sí, qué pena, no vuelve a pasar, una semana y volvemos a las andadas. El país tiene al gobierno que se merece, y aparentemente, también.

Así pues, este país está en la olla, aunque aparentemente vayamos bien. Pero por supuesto, eso no es un problema únicamente de política. Es un problema más bien social, con un componente de política. Pero la sociedad lo demuestra. Aunque eso da para otro post, así que este se termina, aparentemente, aquí...

sábado, 29 de mayo de 2010

Tachonazos

Estoy a punto de renunciar a escribir más en los blogs. De qué me sirve tener un blog si no lo actualizo y, por ende, nadie lo lee?

Este post no es una despedida, sino un recordatorio personal. Tal vez algo (Twitter?) esté drenándome mis ideas. Alguna vez me dijeron, por allá en los tiempos en que era un novato en esto de los blogs, que si no me cansaba de escribir. Es cierto, no lo hago. Pero ahora lo hago más en Twitter que en otra cosa. Por eso me retiré de los foros de Hattrick. Por eso ya casi no escribo en los otros foros. Por eso este blog volvió a llenarse de polvo.

Y no es que no haya tema. Podría volver a escribir de fútbol en Falta contra el Balón, o de automovilismo en La Zona Mach. Podría hacer análisis político, tema candente por las elecciones. Podría hacer análisis económico, en un país como este que nunca, nunca, nunca va a dejar de tener problemas financieros. Podría hacer como el hijo de Janeth o la marmota, y escribir sobre pendejadas que me pasan. Incluso podría hacer como el tarado de Samper Ospina, ponerme a llenar de clichés y chistes malísimos un par de obviedades y conseguir alabanzas por eso. Pero no puedo. Estoy bloqueado mentalmente, no sé de qué escribir.

No sé por qué será el bloqueo. Parece ser que un ciclo depresivo está en toda su extensión, y se lleva mi ánimo de hacer cualquier cosa. Algo posible, porque realmente no me alegra haber sacado la media beca en el Rosario que esperaba sacar. También puede ser el trabajo, al que estoy buscando una excusa para renunciar. Estoy harto de todo en ese trabajo. Incluso puede ser Twitter, que me hace sacar pequeñas estupideces de 140 caracteres en vez de grandes estupideces de 1400 palabras.

Una muestra del bloqueo, es que esta entrada empezó realmente como un plagio a un post de @omargamboa, pero tomé 16 ideas diferentes de la que ninguna concretó. Y del mal genio que me produjo esto, es fruto este post.

El caso es que estoy harto de todo esto. Del bloqueo que me impide escribir acá, mi libro y hasta un saludo decente en MSN. Del estado depresivo que puede hacer que la poca gente que todavía no ha salido espantada por la mirada Machecor, ni por mis hábitos de mulero medio sociópata, ni por el excesivo desprecio con el que hablo de mí mismo, comience a ver cómo se va. Del estado de soledad que me posee desde hace varios meses. De intentar caerle a alguien y que todo conspire para que termine dejándola en bandeja de plata a alguien que no necesita que le ayude. De que no pueda superar una tarde que fue sólo eso, una tarde. De los viejos amigos que ahora no hacen más que mencionarlo a uno como la maricada hecha gordo, porque uno tiene amigos homosexuales. Incluso, del repudio que desarrollé el jueves al Container, otrora grupo de amigos, hoy día carrera para emborracharse y emborrachar a otros, con tequila a $21000 la media.

Toda esta situación me tiene harto, me ha vuelto a alguien muy mamón. Todavía me causa curiosidad que haya gente que siga mi Twitter, e incluso me causa sorpresa si recibo más de una visita a este post. Todo porque considero que la gente debe leer a alguien cuando tiene algo agradable que decir, y yo no lo tengo, ni lo he tenido durante mucho tiempo. Sólo sandeces que a la gente le causan gracia, y que a veces me hacen dudar si la gente se ríe conmigo o de mí.

Pero no lo sé realmente. Sólo sé que tenía que desquitarme. Que tal vez tengo que romper algún sello interno. Que necesito echarle la madre a alguien, que tal vez, deba deshacerme de muchas cosas, y tal vez de algunas personas. Que de pronto ya no de más espera eso de tener una novia. O que de pronto simplemente soy un pobre güevón con algo de suerte, algo de habilidad, y que sólo ha servido para fallarle a todo el mundo y no cumplir con las expectativas de la gente. Y como digo continuamente, "si una persona te dice que eres un güevón, el güevón es él, pero si 100 personas te dicen que eres un güevón, es porque eres MUY güevón".

Dije no cumplir con las expectativas de la gente. Tal vez sea que hago que la gente crea mucho sobre mí. Debe ser que tengo habilidad para la política Casi todos los que conozco creen que soy una gran persona, que resulto muy agradable, buen conversador, amable y buena gente, cuando la verdad es que soy demasiado despiadado para ser agradable. Muy frentero para ser amable. Y muy descarado para ser buena gente. Y eso sólo lo saben los que me conocen bien.

Precisamente por frentero es que escribo esto, a pesar de los problemas que pueda traerme en el futuro. No soy hombre de callarme las cosas, y mucho menos cuando necesito desquitarme. Porque sé que puede (no, no puede, VA) a traerme problemas lo hice acá, donde menos gente lo vea. Es mi desquite, y como alguna vez le dije a mi papá, es como vaciar una presa: si se hace mal, la presa se rompe y arrasa con todo lo que haya río abajo. Intento vaciar mi presa de forma controlada, pero parece que se ha roto. Así que, amigo lector, protéjase antes de que la inundación se lo lleve.