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viernes, 11 de mayo de 2012

Lágrimas en el paraíso

"Qué te pasa?"


Al fin estaba con la mujer más hermosa del mundo. La mujer de la que había estado enamorado desde la primera vez que la vi, en la inducción a la universidad. Aquella de la cual estuve detrás durante un buen tiempo, aunque la cosa era un poco difícil porque ella estudiaba Economía y yo Finanzas. Ella, con la que casi nunca pude cruzar palabra cuando estudiábamos porque no tenía la valentía para hacerlo. En fin, ella.

Aunque nos habíamos añadido a Facebook como cualquier persona lo hacía entonces, no era que habláramos mucho. Debo reconocerlo, ella me encantaba y más de una vez me masturbé a su honor, sobre todo cuando puso fotos de sus vacaciones en San Andrés. Hasta un día en el que ya no recuerdo qué dijo, yo comenté todo lo contrario en su post, ella se puso en el chat para abrir la discusión. Y ahí entré a conocerla mejor, a ver que era brillante además de hermosa. Que de puertas para afuera, ella tenía todo para ser la mujer perfecta.

Pero ella tenía graves problemas personales, de puertas para adentro. Se había mudado con su novio de toda la carrera a Medellín. Pero él empezó a tener un cuento con una compañera de su trabajo. Ella no lo supo hasta que alguien le pasó fotos de la pareja en Isla Margarita. Ese día estaba destrozada, y yo en algo la consolé por el chat de Facebook. Ahí me convertí en su confidente, y empezamos a hablar mucho más seguido, primero por Facebook, luego Messenger, Twitter, PIN de Blackberry, Skype, teléfono.

Hasta esa noche. Ella había viajado a Bogotá por una capacitación, y me dijo que quería que saliéramos. Yo estaba pasando hojas de vida luego de un trabajo breve, obviamente sin un peso, así que le respondí que si quería, viniera a mi casa y yo le cocinaba algo. Ella aceptó, y acá estábamos. No había mucho que decir, así que comimos los espaguetis que le preparé, y le dije si quería ver una película. Aunque tampoco la vimos mucho, nos quedamos un buen rato ahí, callados, en el sofá del apartamento, yo consintiéndola. Pero otra vez la cobardía me dominó. Quería besarla, pero temía romper el momento.

No sé cuánto tiempo pasó en ese tenso equilibrio. La situación era perfecta: no nos habíamos tomado ni un trago, mi roommate no iba a llegar ese día, estaba todo hecho para una noche salvaje de sexo como las que había soñado viendo sus fotos de vacaciones en San Andrés. Pero no podía, sólo pude besarla pero al intentar desabotonarle la camisa, la película acabó, y mi computador reprodujo una canción que tal vez simboliza todo lo que me pasó esa noche...


Tal vez ese fue el problema. La noche era demasiado perfecta, y por eso mi cobardía me dominó. Tal vez lo que no quería romper era ella, no pertenecía al paraíso. La mujer más hermosa del mundo. El saber que nunca la podría volver a tener. Y sólo cuando caí en cuenta de eso dejé de lastimarme. Porque me di cuenta que cerrando esa puerta, no habría más lágrimas en el paraíso.

martes, 15 de marzo de 2011

...acaba de cerrar sesión (un experimento)

(N. del C. de R.: el Consejo de Redacción se descualquieró leyendo este post, escrito por una amiga de la casa que ya pasó por acá, Marcela. Como una cana al aire, entre reseñas de textos de economía y análisis argumentales que se espera convertir en mejores posts a futuro, este Consejo se permitió la chance de probar algo que nunca había probado: escribir sobre sexo. Marcela, también conocida como @_inquieta, se tomó la molestia de publicar este post y su pareja, si se quiere, en su blog Las Equivocadas, el cual aprovecha para recomendar).

Acabas de irte. Después de venirnos, nos despedimos y nos retiramos. Te desconectas porque tienes que dormir. Yo tengo todavía trabajo por hacer, fotocopias por leer. Tu trabajo, mi universidad. Los dos alejados por la distancia; una serie de alambres y una visita a Skype nos acerca a los dos.
Pero ya no es suficiente.

Yo no quiero estar contigo sin estarlo. No es lo mismo oírte gimiendo y suspirando sin sentir tus suspiros encima. No es lo mismo leer cómo te mojas por lo que mi teclado y mi lengua dicen, no por lo que mis dedos y mi lengua (te) hacen. No es lo mismo ver cómo te secas el sudor sin secártelo lamiéndote. En fin, no es lo mismo instruirte para que te masturbes, y masturbarme en el proceso, que tener sexo.

Yo sé, en los primeros días fue suficiente, y fue muy excitante. Desde aquella remota noche de octubre en que nos quitamos las prevenciones y te pasaste la mano por encima de la camisa, provocativa y seductora, cada quien conoció los gustos, del otro y hasta los propios, como cuando te dejaste sólo el audífono izquierdo porque descubriste que hablarte por ese lado te excitaba más. Poco a poco, Skype y tu iniciativa fueron campo para poder vencer mis temores y miedos, hasta el día en que tu regalo por mi cumpleaños resultó ser la primera sesión de sexo virtual en mi vida. Y sí que fue excitante esa vez, y las siguientes. Hasta que nos conocimos.

Esa tarde, tú estabas acá por algún motivo laboral que se me olvida. Yo sabía que ibas a venir, y había intentado cuadrar un café contigo, pero te me adelantaste; como siempre, tú llevando la iniciativa. Llegaste a la universidad a la hora exacta en la que salía ese martes, y ahí lo supe: pediste tu tiquete en el primer avión para poder pasar la noche acá, conmigo. Y así fue: no necesitamos más que un par de cervezas y una cena. Ya sabíamos lo que nos gustaba, lo que nos excitaba, y cómo conseguir del otro el máximo de placer; y así, sin mediar palabra, tuvimos un polvo épico, si cabe la expresión. De esos que muy pocas veces se repiten.

Han pasado ocho días, y todavía tengo tu sabor en la punta de la lengua; tu olor se aparece en los lugares más insospechados, y tu estallido se alojó en un lugar recóndito de mi cerebro. Hoy volvimos a Skype, a volver a hablarte de lo que te haría, pero esta vez, te dije lo que te hice. Y tú te diste cuenta, y me dijiste lo que me hiciste. No sé tú, pero esta vez sentí que me masturbaba con el recuerdo de la noche pasada, no con lo que me decías. Creo que debemos tener más frecuentemente sexo físico, el virtual no es suficiente. Ya encontré el tiquete aéreo, y seguramente será en el próximo festivo.

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sábado, 18 de diciembre de 2010

Altamont, o el fin de la comuna hippie de Twitter

El autódromo de Altamont era, hasta octubre de 2008, una más de centenares de pistas de carreras en los Estados Unidos. Aún así, la fama de esta pequeña pista de carreras, de 800 metros, en la parte interna de California, no se da por sus competencias, sino por un concierto enorme en diciembre de 1969, que, según muchos, dio fin a la concepción de los hippies como una comunidad pacífica e idílica. El Festival Altamont, con los Rolling Stones, Grateful Dead y otros grandes nombres del rock de los 60 a bordo, estaba destinado a ser una repetición en el área metropolitana de San Francisco de Woodstock; pero no. La muerte de una persona en ese escenario, los actos de violencia ocurridos, en parte, por el increíble abuso de drogas (en especial LSD y anfetaminas), la presencia de la famosa - e infame - banda de motociclistas Hells Angels, y otros hechos acabaron con la idea que había dejado Woodstock de paz y amor.

Curiosa entrada para una reflexión de Twitter, supongo, pero es algo que, después de los inconvenientes presentados a lo largo de esta semana sobre los Premios TWT 2010, y en lo que la fundadora de los premios Lorena Chaparro, desde Lyon, coincide, hay una similitud muy grande. La comunidad twittera, y su modo hippie, se ha perdido. Los ideales de tranquilidad y colaboración mutua, que hicieron de la comunidad colombiana de Twitter una comuna hippie 2.0, están ahora dispersos en una masa de intrigas, celos, ciertos problemas graves y comercialización suprema, algo que a uno, como twittero viejo, da pena.

Da pena, por ejemplo, ver unos premios que hace un año eran, como bien lo pone Lorena en su post al respecto, una integración divertida a final de año, donde nos rieramos y dijeramos “uy mire, nosequien se ganó el premio al más pelión”. Esos premios, que se entregaron la semana pasada, pasaron a ser dominados por un afán comercial excesivo. La idea ya no es reírnos de quién es el más tropelero, la más viajada o el que más levanta, no: ahora hay que darle viaje a Aruba a la pareja más linda, un bono comercial al que más emprende, y un reconocimiento a la marca porque es la marca. Y claro, entre estas peleas comerciales y laborales, se da el caso que a uno se le olvide una pendejadita como quién fue el que ganó un premio, entregarlo al sexto de la votación, y luego salir con un "ups, qué pena". Pendejadas que pasan.

Da pena, también, ver cómo la gente que entró a Twitter siendo unas personas se volvieron otras, apenas se les subió un número de followers indeterminado. La divez, como la voy a llamar, se ha tomado el timeline. La forma en la que la gente ha cambiado, y se cree que quien no los idolatre es un troll, un enemigo y alguien que debemos eliminar, se ha vuelto cada vez más contundente. Todo es cosa de divez, y de quién es más diva y cómo se demuestra que somos más divas que el otro. Y si uno dice "oiga, usted está haciendo esto mal", se arma EL mierdero, porque cómo es posible: yo no puedo estar haciendo nada mal, tengo 1529 followers, usted no más tiene 1050, usted es un don nadie, usted es un resentido, chite pa'llá, ucha.

Veamos algunos casos en los que la divez se ha metido más allá de donde debiera, alborotando el criterio de la comunidad de meses pasados en la que todos colaborábamos para todos:

- Algunas versiones de la Twitteratón, que es una teletón dentro de Twitter para recoger ayudas a los damnificados por el invierno, se han visto afectados por problemas personales entre los que los organizan. Por ejemplo, Twitteratón Barranquilla ha tenido inconvenientes debido a la guerra que algunos usuarios mantienen contra uno de sus organizadores, @Turint, por el tema del blog de este último y su afamada sexión (?) "De quién son estas tetas?".

- Los trabajos de publicidad viral tanto en Twitter como en Facebook, que son regulados por un par de agencias publicitarias (algo nada raro, y aclaro: no tengo nada contra la publicidad viral. Es apenas normal que alguien intente posicionar sus marcas en un medio de comunicación, llámese Caracol TV, Todelar o Twitter), han sido asignados permanentemente a los mismos 10 o 20 usuarios, con algunos aumentos recientes. La principal característica que une a los usuarios "benditos" por estos lucrativos empleos, es que todos son amigos de una persona que, sin trabajar en la agencia (de hecho, desde Buenos Aires), controla los nombramientos según como le plazca.

- Aún esto se tomó los Premios. Luego del mierdero comentado, la guerra se trasladó porque el ganador de este premio fue Vladdo, pero la "ganadora" fue @state_0f_mind, una de las twitteras más tradicionales, si se quiere... que de hecho, quedó de sexta en la votación. Cuando se hizo el cambio, arrancó el mierdero para ambos lados, que si era rosca de los organizadores de los premios para con State_0f_Mind, y que, por otro lado, era el colmo darle el premio a la sexta si era un error de conteo.

Cuál es el principal problema con la divez? Que las divas, como dije anteriormente, no aceptan media situación que no sea tal como ellos dicen. Y cuando dos divas se encuentran, la guerra es amplia, como lo hemos visto anteriormente. Así mismo, el deseo actual de las compañías por conseguir reconocimiento y renombre en Twitter ha hecho que la divez tenga un valor económico y social importante, en el que todo el mundo trata de conseguir renombre por cualquier medio para poder codearse con las "celebridades" y tener acceso a las oportunidades financieras que esto acarrea. Despreciable en la opinión de este humilde fulano.

Quisiera seguir hablando de estas razones, pero no da. La verdad es que los ánimos de paz y colaboración se mantienen, pero dispersos, la marea comercial y la tensión traída por trolls y divas ha vuelto que el himno de la comunidad twittera deje de ser un All You Need is Love (de Los Beatles), Good Vibrations (de los Beach Boys) o un Bound for Glory (de Woody Guthrie). Más bien parece un Street Fighting Man (de los Rolling Stones) o un My Generation (de The Who)...

viernes, 19 de noviembre de 2010

Premios PTW 2010: El arte de ser troll

Siempre me ha llamado la atención la facilidad que mucha gente tiene para criticar. Porque criticar es algo difícil, por lo menos para mí. Tiendo a ver, en general, las cosas buenas que tienen las cosas, por malas que sean. Intento ser mesurado en mis opiniones y no dejarme llevar, y las críticas intento hacerlas en tono constructivo, que no destructivo y arrasador con todo y con todos. Tal vez eso es algo que tenga que aprender en los próximos dos meses, cuando por fin pueda leer en calma las obras de Lucas Caballero Calderón "Klim", y pueda ver cómo este maestro de la pluma y el fino humor cachaco, inspirador de algunas de las mejores caricaturas de Héctor Osuna, y de quien Daniel Samper Ospina (una de las pocas cosas a las que todavía no le puedo ver algo positivo) dice que es su maestro, era capaz de aplastar a un crítico con dos frases certeras, penetrantes, agudas y, sobre todo, cómicas.

Porque es una verdadera pelea criticar con habilidad. Y no puedo decantarme a hacer lo que hacen muchos "trolls" y pelafustanes de media petaca, en pleno timeline, cuya (des) gracia es salir insultando con las primeras tres sandeces que se les ocurran. Podría hacer como mi adlátere, el lechón Link, de responder sus ataques de forma tan rebuscada y compleja que no sepan hacerlo, pero prefiero hacerlo a MI estilo, con la llamada "diplomacia machecoriana", arte que aprendí en la caja del Bestiario2 (un saludo para ellos, gracias por leerme y gracias por preocuparse de mis problemas sicológicos, Ajax) y que consiste en atacar de frente y de costado, con términos cortos, certeros, agudos y penetrantes. Por ejemplo:

El FPC es un torneo emocionante. Y las películas de Stallone son emocionantes. Pero malísimos ambos.

Contundente. Me permite redondear en 15 palabras mis opiniones sobre el FPC: es un torneo emocionante, sí, con un final explosivo, como una película de Stallone, pero que no sirve para desarrollar nada más que  pánico a la humanidad. Y también tiene algunos ribetes sutiles: es el relleno de los domingos por la tarde, le gusta incomprensiblemente a cantidad de personas (más que nada, porque lo meten hasta por los oídos en RCN), fue de lo mejor del mundo en los 80, pero se quedó ahí...

Toda esta reflexión anterior sobre críticas y trolleadas se da sobre otra nueva iniciativa, como la que ayer comenté de los premios TWT 2010, y que de hecho está derivada indirectamente de la anterior: los Premios PTW 2010 (de ahora en adelante, PP). El PTW traduce "Peor de TWitter", lo que explica directamente la idea del concurso: sacar a los peores twitteros y las peores cosas de Twitter hoy día. O séase, la oportunidad para que un colectivo tan disímil entre sus similitudes, una turba iracunda sin líderes reales, pueda expresar una de las cosas que más fácilmente los identifica: el odio.

La mentalidad de turba de Twitter es apropiada para que los odios de uno se masifiquen. Sea porque uno encuentra que mucha gente odia lo que uno, sea porque uno se hace odiar (la señora de los ensayos, docente de la Central que, según cierta amiga que estudió en la Central, es medio loca pero no es más, es experta en eso), pero es seguro que alguien podrá asimilar sus impresiones negativas sobre algún evento o suceso. Es parte de la postura de la red social, así que nosotros podemos pensar que esto es algo previsible, incluso deseable, aunque no lo sea.

Ciertamente, en Twitter hay espacio para todo. Así como hay quien aplaude a la señora de los ensayos, así como hay quien cree que es graciosísimo decir "marica petarda", y así como hay quien cree que es la mata de la ofensa decirle a un gordo barbado de 22, que vive fuera de su casa desde los 16 "gordo barbado de 40 que vive con su mamá", pues también hay quien cree que su objetivo en la vida es hacerse el irreverente y ofensivo porque "ay, no, es que esta gente del tal Twitter es una jartera, todos niños pupis y relamiditos, no señor, acá toca es dárselas de irreverente". Y se ponen a ofender para dárselas de tales. Y fracasan rotundamente. Por eso el único dizque troll que está en los PP (y no en la categoría de peor troll) es @nikoarrieta, y más que nada, por incoherente: no se puede pretender dárselas de ofensivo y de ir contra la corriente, si a los 10 tweets pide que por favor voten por él en un concurso de MTV. Niña, mal.

Para poder joder a la gente, creo que es más importante conocerla. Muchos de los que ponen "lo peor de Twitter" en los PP lo hacen porque simplemente no conocen a la gente, y actúan por resentimiento. Es más fácil atacar al que está arriba, y eso en este país parece ser una forma de elevarse: Twitter sigue siendo una comunidad de colombianos, y como tal, está inmersa en las dinámicas del país. El hecho que haya nominaciones dobles en los PP y en los Premios TWT (@adrianitaca, por ejemplo), es diciente.

Ya por último, considero un éxito que no haya sido nominado ni en los PP ni en los TWT. El motivo es simple: por muy Jaider Villa que suene, yo no fui a Twitter a hacerme famoso. Si tengo 975 followers, es porque a la gente le interesa en algo lo que yo digo, lo que yo hago. Mis esfuerzos por salir de la olla, y alguno que otro comentario que, como dije antes, tiene la intención de ser corto, certero, agudo y penetrante. Dejaré la gracia para cuando lea a Klim.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Premios TWT 2010: Reinado de Popularidad

(N. del C. de R.: Debido a una serie de razones en la que no tiene nada que ver los posts anteriores, la Presidencia de la Floresta de Varia Estulticia ha sido reemplazada por un Consejo de Redacción. El Consejo de Redacción ha decidido lanzar un rediseño de la Floresta, para volver más atractivo el sitio. Ojalá les guste el British Racing Green.)

Siempre que se realiza alguna elección, de cualquier cosa, en cualquier medio, existe la polémica de los mecanismos hechos para elegir a los candidatos. Que fulano no sirve porque tiene un problema de corrupción, que zutano no se merece la candidatura porque le pega a la esposa, que mengana no debe representar a tal lado porque nunca ha vivido allá, etcétera. Eso es inherente al proceso de clasificación de una elección, para ver quién es la persona más apta para un puesto, cargo o concurso: no hay candidatura en la que queden todos contentos.

Los Premios Twitter Colombia 2010 (de ahora en adelante, PT) son una elección más. En teoría, los centenares de twitteros colombianos vamos a votar por los que nos parece que son los mejores usuarios de la red social, en la cual nos encontramos inmersos. Con el apoyo de Heineken, Nokia y otras empresas, se busca también hacer que los twitteros, una población que está en general en los estratos económicos más altos, y que en general tiene alguna clase de compromiso social, apoye una serie de campañas sociales para el beneficio de la población vulnerable del país. Una perspectiva loable hacer que Twitter sea más que un sitio web para quejarse de Samuel Moreno, decir que hay trancones, cuadrar rumbas y beberecuas, o armar bochinche. Y en todas estas, dárselas de gran celebridad.

Porque, a pesar que digan que no, eso es lo que más se ve en la enorme batea de masa amorfa, aunque todavía con ciertas similitudes sociales, que se ha vuelto Twitter. Un mundo en el que uno puede conseguir un reconocimiento relativo de un momento a otro, donde el pensamiento de turba (usualmente iracunda) es dominante, y donde los que tienen un número de followers elevado se sienten con la capacidad de poder moldear la opinión de su público, es un caldo de cultivo perfecto para las ansias de fama de muchas de estas personas. Y para legitimar esto, nada mejor que una ceremonia con alfombra roja, transmisión a todo el mundo por la vía del Internet, y votaciones directas y en bulto, donde supuestamente se premie a los mejores twitteros, pero en donde realmente se premia a los más populares.

Porque esa es la verdad: el esquema está diseñado para premiar a los más populares. Se supone que los PT son para los mejores usuarios, pero para escogerlos, el método es ver quién saca más votos. Y por simple lógica numérica, un Daniel Coronell, Vladdo, o Ramoncito, capaces de reunir 30000 seguidores, y con un reconocimiento popular, tienen gran posibilidad de ser nominados por la masa ignara que no conoce de Twitter más allá de lo que dicen en Caracol, El Espectador y Semana. En menor medida, un usuario con 4000 seguidores va a tener más opción de conseguir los votos que un usuario con 500, así el de 4000 sea un completo tarambana y el de 500 tenga la filosofía magistral que lo hace heredero de Kant, Aristóteles y García Márquez.

Así mismo, resulta evidente la gana de figurar de demasiada gente. La abundancia de categorías (21), algunas de las cuales seguramente serán perdidas (como la de mejor celebridad: a las "estrellas" de la "farándula" colombiana no les importa Twitter, así de sencillo), hacen pensar que la intención es premiar a la gente para que más se comprometa ahí. Y los nominados están ya, desde el lunes que se lanzaron las categorías, mendigando votos para conseguir el apoyo de la masa. Algunos, para compensar la falta de seguidores de la que hablé arriba; otros, para potenciarla.

Pero bueno, eso no es culpa de los premios, ni mucho menos de los organizadores, gente a la que estimo a pesar de tener algunas diferencias con ellos. Es parte de, como decía, la dificultad de poder trazar un mecanismo de selección adecuado. Que beneficia a los tradicionales, lo hace, pero es lo mejor que hay, y la emocracia (es decir, la lloradera por las elecciones, sus candidatos, sus mecanismos y demás situaciones relacionadas con esto) es algo que, a pesar de suceder con mucha frecuencia en Twitter, yo no comulgo con eso. En ese sentido, mi postura es el importaculismo.

Los PT no son el primer intento de categorizar a alguien como "mejor" twittero. Tampoco son la primera vez en las que las ganas de creerse populares terminan formando parte de los proyectos de la comunidad. Mientras escribo estas líneas, se lanza un evento de twitteros de Bogotá que, palabras más o menos, intenta tomar la idea de las reuniones twitteras anteriores, pero metiéndole a la nación, cobrando cover y, en fin, haciéndolo aparentar como una fiesta de lo más jai. Viendo así el asunto, los PT son una cosa loable. Aún así, hay críticas que hacerle a estos premios, y no hacerlas resulta

lunes, 26 de julio de 2010

La crema sin nata

Casi toda la leche del mundo tiene dos procesos que la habilitan para venta: pasteurización y homogeneización. El proceso de homogeneización sirve para que la grasa de la leche se descomponga, y se formen glóbulos más y más pequeños que no puedan subir con tanta facilidad (es decir, que no se forme nata en la leche cuando se deja en reposo). Resultado: la leche entera en bolsa mantiene la crema que la compone, pero no forma (tanta) nata. Algo agradable cuando uno se la va a tomar o va a preparar café, pero no tanto para armar postres. Y a mi gusto, los postres son mejores que el café.

Pero usted, amigo lector, se preguntará qué carajos tiene que ver la nata de la leche y por qué le dedico una entrada a eso. Pues bien, esta figura de la nata fue usada por Richard Nixon en su libro "Leaders", para referirse a cómo, de la misma forma en que la nata no sube a la superficie homogeneizada, no se destacaban los políticos más brillantes entre las generaciones de congresos por televisión. Eso mismo voy a usarlo yo, para referirme a Twitter.

El núcleo de usuarios de Twitter, más o menos hasta inicios de este año, fue muy restringido, y se puede dividir en tres tipos básicos globales: gente muy metida en los cuentos de sistemas y que tiene todos los servicios habidos y por haber (y los usa), a quienes llamaremos "geeks"; gente muy metida en blogs y demás servicios de comunicación y divulgación por Internet, a quienes llamaremos "bloggers" (me incluyo en este rubro), y gente muy metida en los cuentos de medios, innovación en prensa y etcétera, a quienes llamaremos de forma un tanto burda "comunicadores". A grosso modo, estos tres eran los tipos de twitteros hasta enero del 2010, acá en Colombia.


A pesar de la gente que ha ido llegando cada vez en mayor medida a Twitter, todavía se puede decir que la gente sigue acomodándose en uno de estos grupos. Y por ende, hay muy poco espacio para la independencia. Miramos feo al que llega haciendo o diciendo cosas raras. Nos contradecimos a nosotros mismos en el proceso. Y tratamos de opacar a quien opina distinto, hundiéndolo en un mar de insultos y trolleadas.

Un par de ejemplos simples: a pesar que muchos nos la dimos de "abiertos" durante las elecciones, todos caímos, en un punto dado, en la monta a otro por sus opiniones políticas opuestas a las nuestras. Así mismo, gritamos a todos los vientos que no queremos que nos jodan por nuestras opiniones, pero somos descaradamente polémicos. Y nos creemos genios, queremos RTs continuos y miles de followers; pero nuestros tweets (los míos, sobre todo) son una birria.

Por ambos lados perdemos. La originalidad se pierde entre usuarios, porque cuando encontramos a alguien que opina diferente, lo intentamos opacar. Se supone que Twitter debería ser espacio para la discusión de ideas, pero cuando la opinión de alguien no nos gusta, paf, unfollow y ya. Y así, nos perdemos comentarios valiosos en otro sentido. Henry Kaiser, cuyas empresas hicieron, entre otras cosas, la represa Hoover, los Jeep originales y los buques Liberty de la Segunda Guerra Mundial, decía, respecto a un subordinado suyo: "este hombre lleva 50 años contradiciendo todas mis decisiones; es el empleado más valioso de mi compañía". Nosotros no aceptamos la opción de poder estar equivocados: somos nosotros, estamos bien. Y punto. No siempre la sabiduría popular es correcta: piense usted, amigo lector, en los millones de personas que votaron por cientos de corruptos al Congreso.

Así mismo, nuestros tweets a veces tienen buenas ideas. Pero las dejamos perder por el afán de escribir siempre genialidades. E intentamos homogeneizar todo, con mayor frecuencia, subiendo de nivel tweets pendejos, y volviéndonos sobreactuados. Un unfollow es un drama, un malentendido con otro twittero se vuelve una guerra, un atardecer de los que, afortunadamente, abundan en Bogotá, es un espectáculo increíble. Así, cuando de verdad queremos decir algo, la gente lo minimiza. "Otra pendejada de este güevón", y perdimos la idea en general.

Nuestras grandes ideas son la nata de la vida. Si se separan y se cocinan, pueden hacer grandes cosas, como un delicioso postre de natas o una mantecada. Además, otras personas realmente destacadas pueden subir y hacer parte de un postre aún mejor. Pero si tendemos a homogeneizar nuestros pensamientos y nuestro entorno, nuestra vida será homogénea. Rutinaria, si se quiere. Y nuestras ideas, a duras penas, podrán igualarse a la leche pasteurizada: no nos enfermaremos, tal vez, pero posiblemente, no podamos hacer nada mejor que café con ellas.

Yo mientras tanto, sigo haciendo birrias de tweets.

jueves, 17 de junio de 2010

Unplugged

Dedicado a Laura, Juan David, Andrés Felipe y Augusto. Me alegra que les haya ido bien por Cali, agradezco al Dios en el que crean que estén bien después del accidente, y espero estar con ustedes a la próxima.

Con la proliferación de Blackberrys, planes económicos de mensajería o redes sociales a bajo precio, y la popularización de servicios como Twitter, se está volviendo cada vez más común la gente que, literalmente, se vuelve un caos si no tiene a su lado su aparato, con plan de datos ilimitado, 50 cuentas de correo, una serie de requerimientos laborales, y etcétera. Y que sobre todo, lo usa para hacer comentarios pendejos sobre cualquier cosa.

Si bien es cierto que estos servicios ofrecen un rango de inmediatez importantísimo a la hora de dar mensajes como información del tráfico, posibles incidentes de seguridad, catástrofes (en esto, los chilenos durante el terremoto de febrero dieron muestra de cómo hacerlos servir), el exceso y saturación de información es algo que se pasa al rango de ser molesto para otros. Por ejemplo, amigo lector, usted no necesita saber que fulano está haciendo mercado, o las quejas de zutano sobre mengano durante su excursión de carretera. Sé que muchos estarán conmigo, en mi molestia, por ejemplo, porque alguien chicanea de cómo la está pasando del putas con la novia y los amigos en un rumbeadero, mientras uno está fritando carne para pasar el hambre.

A veces me pregunto si no será que ahora, con tantos gadgets pegados, no nos estamos dejando ganar por ellos. Por ejemplo, hace un año, ¿quién tenía un Blackberry? Era entonces, y muchos lo siguen viendo así, una rareza, un equipo que presentaba al usuario por derecho como un ocupadísimo hombre de negocios, los cuales debían atenderse a distancia y en el acto (por cierto, eso mismo se decía hace 10 años del celular, y hoy día hay 30 millones de líneas en Colombia). Hoy día, la publicidad nos ha metido en la cabeza la idea de que, si no estamos con ese berriondo aparatejo en el bolsillo, y mirándolo cada tres minutos, estamos "desconectados" de lo que sucede en el mundo. Y yo me pregunto, ¿es eso necesariamente malo?

Muchas veces, el abuso de comentar las pendejadas que suceden, nos hace perder nociones más amplias a la que estamos mirando. Nos quedamos en el chiste pendejo, o en el comentario "genial" y simplón, en vez de hacer un análisis más profundo. Así mismo, obviamos cosas que pueden ser más importantes, por quedarnos en las urgentes. Recuerdo muchos visitantes a Boyacá en diciembre, que se ponían a tomar foto a esto, recuerdo por acá, sabajón acá, córrale que tenemos que llegar al otro pueblo. ¿Conocieron algo? No. Las fotos que tienen no les traen ningún recuerdo, y los souvenirs llegan a la casa convertidos en chécheres de otro paseo.

Eso sucede cuando nos dejamos llevar por el exceso de información. Creemos que comentamos muchísimo y muy bien, y a los tres días, cuando se quiere recordar algo, los únicos registros que se tiene de eso son los comentarios, que a veces se vuelven un maremágnum de citas aleatorias sin mayor sentido, en realidad. Y uno intenta ir más al fondo, y se encuentra conque al final, de todo esto, no quedó nada. Es por eso que escribo entradas larguísimas en los blogs, a pesar de lo que los otros digan: quiero extenderme más allá de lo que otros llegan. No me contento con brochazos, quiero toda la información, y toda la idea.

Así mismo, quiero sacarle el jugo completo a las situaciones importantes. Uno muchas veces, por intentar "compartir momentos" con otras personas, resulta dejándolos de lado. Por ejemplo, por intentar tomar fotos de los otros, twittear, y andar por todo lado comentando que está de paseo, ¿usted realmente está disfrutando su paseo? Usted va a tener recuerdos, sí, pero ¿cuáles? De que todos echaron un comentario genial y usted estaba con la cámara, o que se quedó sin batería y se amargó medio día por eso. No lo sé, pero yo cuando voy a algún lado, y le digo a alguien "quiero hacer algo contigo", es con esa persona, no con la persona y todo el arsenal de followers de Twitter detrás.

Y finalmente, creo que hay cosas que pueden esperar para ser twitteadas, si tanto quiere uno hacerlo. Una foto, por ejemplo, se mantiene inalterada hasta que alguien le meta la mano en Photoshop, y si es una broma, la broma será entendida igualmente. Así mismo, un comentario estúpido es un comentario estúpido, sea a las 2 am o a las 6 pm. Y si tiene uno algo muy urgente que comentarle a alguien vía mensajería instantánea, pues pague una llamada! Ni que los minutos no se consiguieran a $150...

Tal vez el exceso de conexiones nos está saturando. Yo por eso no quiero tener un smartphone. Quiero conservar un nivel de privacidad y de autocontrol que no voy a tener con la tentación al lado. Quiero conservar un tiempo del día en el que no esté durmiendo, pero tampoco al rabo de lo que dice fulano. Y quiero, sobre todo, poder conservar ese maravilloso privilegio de la raza humana, que es la interacción social. No es lo mismo decirle "amigo" a alguien de frente, que hacerlo a través de una pantalla. Quiero que, si estoy con algún ser querido al lado, pueda dedicarme enteramente a ella, y que ella se dedique enteramente a mí, sin interrumpir porque "ay, arroba rimulero dice que todos los del container son una parranda de borrachos". Y quiero poder empaparme de los paisajes, las comidas, la gente y la cultura, antes de compartirlo con quienes quiero comprenderlo.

P.D: Puede que esto sea resentimiento. Pero como dice arriba, son "pensamientos inconexos en forma de post". El resentimiento también es humano.

miércoles, 10 de marzo de 2010

El cuentahuesos que llevo adentro

(iba a escribir un post sobre las elecciones, pero tocó hacer este primero)

Amigo twittero. No se tome en serio la mayoría de mis tweets. Muchas veces me da por hacer chistes malos, malísimos, terribles, perversos... y mis chistes. Hoy me dio por eso, con el siguiente comentario.

El nombre de la boletería para los que van a ver a Metallica en la Virgilo Barco, debería ser Run to the Hills #cuentahuesos


Por supuesto, yo sé que Run to the Hills es una canción emblemática de Iron Maiden. También sé que no hay boletería para la Virgilio Barco, y que de hecho, allá no se ve nada del concierto. Bueno, de pronto la pólvora. E incluso, también sé que toca Metallica esta noche, por si alguno cree que estoy confundido de banda.

Así pues, amigo que cayó a caerme, me explico. El chiste es, precisamente, el concepto de la boletería en la Virgilio Barco, tan ilógico que usa una canción de Iron Maiden para nombrar la "tribuna". En un sentido más amplio, implica la ignorancia de muchísimos metaleros que van allá a cantar Enter Sandman, The Unforgiven, tal vez Whisky in the Jar, pero les ponen Whiplash y creen que cambiaron de banda.

Aprovecho este espacio, para explicar tres hashtags que me han preguntado varias personas qué carajo quieren decir.

  • #cuentahuesos Como su nombre lo indica, está derivado del cuentahuesos de La Luciérnaga y Sábados Felices, interpretado por Alerta. Y su objetivo es exactamente el mismo. Hacer chistes malos respecto a comentarios de la vida real, usualmente referidos al absurdo.
  • #muchogalarcio Manuel Galarcio, famoso defensor de varios equipos (famoso porque le pasó por encima a alguien en su camioneta en el 2006, cuando jugaba en el Cartagena), era conocido porque sus cierres eran supremamente criminales. Así mismo, cuando un comentario mío me parece supremamente duro, cortante y puede parecer criminal, lo uso como "mucho Galarcio", es decir, mucho guache o mucho chambón.
  • (?) La DRAE define este interrogante entre paréntesis como una muestra de duda, no exenta de ironía. La notación del ajedrez lo utiliza para denotar una jugada mala. Yo corroboro con este signo un comentario mayormente sarcástico.
Este es el manual. Gracias por su colaboración.

viernes, 27 de noviembre de 2009

De trolls, twitteros y la comunidad 2.0

Como los que leen este chuzo saben, yo tengo cuenta en Twitter, pero no la pongo porque pa'qué. Prefiero que un tuitero me diga "vea, hermano, usted es bueno, por eso lo sigo y quiero que me siga"; o que los Following Fridays me incluyan de vez en cuando, así lo único que diga es sandez tras sandez. Y que al menos una vez al día haga reír a alguien, no será LA vida pero me alegra saber que la gente disfruta leyéndome.

Exceptuando un par de usuarios que conozco, sorprendentemente mi paso por Twitter ha sido calmado y agradable, al contrario de lo que yo esperaba. Digo: a mi modo de ver, la comunidad 2.0 colombiana me parecía bastante cerrada, como me pareció que demostraban varios tuitazos respecto a sus reuniones y eventos. Un día de esos, me dio por añadir gente más allá de mi contacto. Y facilito: en Twitter, una de las características que más me agradó fue ver que la gente lo añade a uno y lo sigue, y que uno puede entrar en una polémica con toda la facilidad y poner su granito de arena a pesar de que la opinión, vista dos días después, le haga decir a uno "uy, la iba cagando".

También en eso Twitter me sorprendió, pues la gente a nadie lo juzga porque usted es fulano, y como hace dos meses dijo esto entonces cáigale todos los días. Eso, por ejemplo, es un problema recurrente en un par de foros en el que ando, donde uno o dos pelagatos osan de recriminar cada nada temas que ni siquiera tienen que ver con el asunto a tratar. Por ejemplo, en un tema de fútbol, alguien trata de debilitar mi punto porque "usted es un pobre güevón que sólo tiene cibertragas". Y sí, tengo cibertragas y ciberamistades, y qué! También tengo novia, y amigos muy cercanos.

Así pues, no faltan los trolls. Algún pelmazo que se cree la última CocaCola del desierto, así malviva en un puesto de morondanga para algún oscuro y recóndito agujero del inmenso entramado que es la economía nacional. Algún tipo que, por razones que se escapan a mi limitado intelecto, dio por creer que el trabajo de su vida es joderme la vida. Y que, para colmo de males, cree que mis opiniones son demeritables sin motivo, con términos del calibre de "cobardazo", "blogger orate", "gentucita" (qué horror de término, si de por sí gentuza es un diminutivo, pa'qué otro!) y así.

Pero por supuesto, está de contrapeso una comunidad bastante amplia y, sobre todo, colaborativa. Tengo en este momento 62 seguidores, entre los que hay unos 5 o 6 spammers. A los otros 56 los sigo. Y con todos he intentado cruzar al menos una palabra, muchas veces con éxito. Entre ellos he visto que se ayudan, y yo mismo he conseguido ayudar a algunos, sin saber nada de ellos, ni que ellos sepan nada de mí, más allá de que es @mengano y me sigue, y yo lo sigo. No puedo decir que soy el gran twittero, pero algo intento, y sobre todo, sé que es posible que alguien me responda.

En la comunidad 2.0 no estoy integrado, y no sé qué tan posible es que me integre. Para probarlo, voy a ir a un evento que es el domingo 6, habrá francachela, comilona y esas cosas. Si no logro integrarme, pensaré en la gente detrás de los usuarios de Twitter de la forma que me dijo cierta conocida, antropóloga ella, cuando le solucioné un problemita de la universidad mientras ella andaba en Madrid: "estoy seguro que eres virtual". El Bacardí también lo era, deduzco.

Si logro integrarme, sé que podré complementar los conocimientos de 6 años de gente universitaria, 4 años de usuarios de Hattrick, 2 años de controversistas y 2 de bloggers y cajuelos, con los de la comunidad 2.0 y sus derivados, y eso es ganancia. Y mientras los trolls se mantengan en su cueva, no veo por qué habría de preocuparme más. No es suficiente con las preocupaciones cotidianas, como para preocuparme por problemas virtuales?