Cuatrocientas dos vacantes presentadas a través de LinkedIn. En Magneto, otras 40, y en Computrabajo, Elempleo, hasta la IA esa de Alexander Torrenegra que "ayuda" a las empresas a buscar trabajo. Más o menos unas 25 entrevistas, 7 pruebas técnicas. Una que tenía todo para ser el trabajo de mi vida pero que no lo fue porque básicamente se me olvidó la posibilidad de que me preguntaran por liderazgo y vocería. Enteramente mi culpa.
Enteramente mi culpa que después de más de un año no consiga empleo.
Y que probablemente nunca, jamás, lo consiga.
¿Por qué el tremendismo? Básicamente, porque el sector de la comunicación y las relaciones públicas está acabado de manera definitiva. No hay medios de comunicación, que también están acabados o han pivotado en folletos debidos enteramente a sus dueños corporativos. No es coincidencia que los dos principales diarios, los dos principales canales, la revista más leída, dos de las tres cadenas radiales y hasta los periódicos locales sean todos propiedad de los tres grupos económicos más grandes de Colombia, y que la única excepción a la regla sea una cadena radial que está en permanente quiebra y se sostiene porque la mitad del país político no se imagina desayunar sin que Ana Vargas salga con una chambonada desde su puesto en Miami.
Eso también afecta a las comunicaciones. Menos voces, y las pocas existentes se concentran únicamente en temas comerciales. Quien me conoce sabe que mi sector fuerte es el automotor, pero la explosión de marcas de vehículos llevó a una paradójica contracción en la que una empresa representa 10 o más líneas peleando por un público cada vez más pequeño porque todos quieren un Tesla. Hoy mismo se confirma la absorción de la marca Movistar por parte de Tigo y la conversión del oligopolio de las comunicaciones en un duopolio en la práctica. Ahora existen supermercados D1 de lujo. Y lo que no, se lo está llevando la IA: desde un comunicado de prensa hasta ese poster horrible de la pelada que no quiero ni saber cómo se llama en medio de las marchas de este 14 de octubre contra Abelardo de la Espriella.
Mientras escribo esto mi mejor amigo me muestra cómo uno de los tipos más detestables que conozco termina brandeando sus posts de fútbol con casas de apuestas. Porque esa es la respuesta que le dan a todos: "marca personal". Los gurús de LinkedIn, los genios del UGC (que aparentemente puede representar igual de bien a un tipo probando audífonos que a una modelo de OnlyFans, que igual es contenido generado por usuarios), los maestros de la venta de humo insisten que lo que uno tiene que hacer es mostrarse más. Darle más duro.
Donde ellos ponen el Harder, Better, Stronger, Faster de Daft Punk, a mí me suena el Fitter, Happier, More Productive de Radiohead.
Este es un mercado laboral imposible, en el que un tipo tan inútil como Andrés Marocco no solo llegó a ESPN sino que lleva casi 20 años, mientras que otros genios en lo suyo como Sebastián Vignolo, Álvaro Martín y Andrés Agulla debieron salir de la cadena. Ah, hablando de menos voces: tenemos ESPN7 porque todo se lo llevó el ratón del mal. Y la alternativa es pedir domicilio y comerse goles con papas a la francesa y una cuña a las salsas del dueño del canal.
En fin, así está el patio.
El punto de quiebre, sin duda, pasó la semana pasada. Una vacante que publicaron por tercera vez en una agencia en la que ya había tenido entrevistas. Así que me tomé el riesgo de preguntar qué había pasado, y la respuesta fue muy simple: "ah, sí, ya escogimos a la persona. En una hora la contratamos". Cuando la oferta había sido publicada nuevamente hacía 15 minutos. Este mercado está imposible.
Por eso este es mi adiós a las comunicaciones. Lo que sea que vaya a pasar en adelante, muy seguramente no será en una agencia. Siempre pensé que trabajar en un call center era tocar fondo, pero en este momento la opción es tocar fondo o seguirme desbarrancando con el resto del sector de la economía que elegí.
Yo aquí toco fondo y me lanzo a un salvavidas.