martes, 9 de junio de 2026

Quemado

 Han pasado muchas cosas un 9 de junio. Trabajos, regresos, conocimientos, abandonos. La que me lleva más en estos momentos a la memoria no es ni siquiera un 9 de junio, aunque debería serlo: es de un 8 de agosto. El pasado 8 de agosto.

 Día de publicar podcast. Día de crisis laboral, como casi todos, luego de aguantar 17 llamadas en la jornada de una jefe extremadamente intensa. Y alguien me dice "me dicen que el podcast quedó con un error". Un podcast que casi no se puede grabar, que por poco me toca editar a mí, que me ganó un regaño porque alguna otra tarea imposible quedó en el tintero por tratar de sacarlo. Ahí no di más y presenté la carta de renuncia.

 Hoy, 10 meses después, de los cuales 9 se han ido sin empleo, me arrepiento profundamente. 

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Burnout: según la Organización Mundial de Salud, se trata de un síndrome ocupacional que resulta del estrés crónico en el trabajo. Se caracteriza por tres dimensiones:

  • Sentimientos de drenaje de energía o extenuación.
  • Distancia mental incrementada del trabajo, o sentimientos de negatividad o cinismo relacionados con su trabajo.
  • Eficacia profesional reducida.

 Llevo 9 meses sin un empleo formal. En un par de ellos tuve un empleo freelance que me permitió pagar las cuentas en su momento. Por ahora sobrevivo gracias a mis padres, que me apoyan para poder pagar la cuota del apartamento; si no, estaría en la calle. O trabajando en un call center, y quemado.

El burnout que tuve (que tengo) se pasó del tema laboral a otros aspectos de la vida. Hoy en día no tengo ni siquiera una sensación positiva para nada. Todo lo que me rodea es rencor y mal ánimo. Alguien me dirá que "hay que vibrar alto para que te lleguen cosas positivas": que se joda. Que vibren los celulares, a mí no me contratan por vibraciones. Ni por buena vibra. A mí no me contratan, punto.

He hecho de todo antes de que me digan que por qué no he hecho nada. He buscado puestos de gerente y de junior. He trabajado en mi salud mental, religiosa, espiritual, física, las energías, la mar en coche. Nada. He hecho freelances y no me han pagado porque aparentemente mi labor es "insuficiente". He buscado ayuda de amigos, profesionales, enemigos, y nadie da con la clave. Han tardado meses en rechazarme, han tardado 16 minutos (cronometrados). No sé qué pase, seguramente ya me jodió la parca y mi futuro solo esté manejando Uber.

He tenido que tomar decisiones dolorosas. Hay gente que he querido a la que tuve que dejar de lado, porque no merece esto. Hay cosas que tenía listas para hacer (Argentina me esperaba), pero sin dinero no las he hecho. He tratado de volver a Dios, pero me da tono ocupado. He hasta abierto mi curiosidad hacia otras manifestaciones, que aparentemente tienen menos éxito que una pedrea en la Nacional para tumbar al rector.

Solo me queda esto. Desquitarme con un teclado de un computador que ya van dos veces que está a punto de morir, pero es la única herramienta que me queda para seguirme presentando. Para hacer videos que verán 10 personas, porque ni siquiera eso. Toda la vida quise ser invisible, que nadie me joda y que me dejaran hacer mis cosas en paz. Ahora solo quiero que alguien me vea y diga "sí, este es el tipo que necesitamos" para poder trabajar en algo que justifique mis 38 años de vida, 12 de experiencia laboral, 4 de experiencia en mis labores. ¿Lo habrá? Cada vez hay menos esperanzas. Y cada vez siento que lo único que quedó después de quemarme fueron cenizas. Eso soy. Cenizas. 

lunes, 11 de agosto de 2025

Dejen descansar a Uribe Turbay en paz

Ante la muerte de Miguel Uribe Turbay, dos meses después del brutal atentado del que fue víctima en un parque de Modelia en medio de la campaña que lo llevaría a, probablemente, quemarse en una consulta de la derecha para las elecciones presidenciales de 2026, hay dos posturas. Sus amigos y contendientes en esa consulta, básicamente, han puesto toda la responsabilidad en el gobierno y casi que solo les falta decir que Petro dio la orden. Sus contrincantes y opositores han asegurado que se lo ganó por un discurso agresivo, que agravó la violencia y lo convirtió en blanco de un caso que, seguramente, será investigado exhaustivamente y del que sus responsables intelectuales nunca se conozcan realmente, más allá de los sicarios.

¿Algo cínico? Sí, porque este país nos enseñó a ser cínicos. Si no fue Juan Roa disparándole a Jorge Eliécer Gaitán y desencadenando una de las guerras civiles más cruentas de un continente lleno de guerras civiles, fueron los homicidios de miles de personas que se opusieron a que el país fuera comprado por las utilidades de la coca y la marihuana en los 80. Es simbólico que el más visible de estos casos en los medios, Guillermo Cano, tenga mañana la conmemoración de sus 100 años de nacimiento.

Y en últimas, como todos los que nacimos y crecimos entre 1981 y 1993, Miguel nació y creció en medio de esa violencia que lo tocó de frente con la muerte de su madre. Diana Turbay fue víctima de ese narcotráfico que la secuestró y asesinó, por ser una periodista valiente y por el peso de ser hija de un expresidente de la República.

La carrera de Miguel Uribe Turbay estuvo llena de momentos reprochables. Su respuesta al empalamiento de Rosa Elvira Cely en pleno Parque Nacional demostró una empatía nula, tal como sus palabras sobre cómo Dilan Cruz "se atravesó en el camino de la bala" que lo mató en medio de las protestas de 2019. Su vinculación al Centro Democrático y su defensa acérrima a algunos de los personajes más grotescos de la política nacional también son parte de ese legado que muchos quieren poner de frente para decir que no les duele la muerte de "uno de ellos". Pero Miguel era más que una plataforma política.

Lo conocí en persona entrevistándolo en medio de su campaña para las elecciones locales de 2019, en las que se quemó. En esa campaña me sorprendió que, a pesar de ser en la práctica un delfín (como Carlos Fernando Galán), se le notaba mucha más cercanía con la gente, al menos con la que apoyaba su visión. No digo que hubiera sido mejor alcalde que Claudia López o que el mismo Galán, no, pero en ese acercamiento demostró que tenía la empatía que le hizo falta para referirse al caso de Rosa Elvira, o a Dilan Cruz, o a las madres de Soacha. ¿Necesitaba caerle bien a un periodista, que para colmo estaba casado con alguien que trabajaba en su campaña? Muy seguramente, pero creo que esa discusión se aleja del objetivo.

Salir a decir que la muerte de Uribe Turbay no se debe llorar es deshumanizar al personaje. Y es lo mismo que el propio Uribe hizo con Rosa Elvira, Dilan y los falsos positivos de Soacha, entre otros casos sonados. Despreciar el sufrimiento de María Claudia Tarazona, de María Carolina Hoyos y de las personas que no lo conocieron por sus declaraciones de prensa, sino en la vida diaria, una que al fin y al cabo fue sesgada a menos de la mitad de la expectativa para un hombre de su generación. Su hijo tiene cinco años y crecerá sin padre, así como él creció sin madre desde los cinco años.

Ojalá Miguel Uribe Turbay pueda descansar en paz, y que su muerte no sea usada como una bandera de batalla en las elecciones a las que aspiraba presentarse. Tanto por los que lo van a martirizar usando términos tremendos como "magnicidio" o "crimen de Estado", como por los que lo van a satanizar negándole el carácter de humanidad que es lo único que tenemos todos los seres humanos en común. Y que cada vez más se nos olvida en medio de la radicalización: el otro también es humano.

sábado, 9 de agosto de 2025

Viernes, 1 am

 Dicen que la hora más oscura es exactamente antes del amanecer. Mi experiencia dice algo diferente.

 La hora más oscura suele ser a mitad de la madrugada. Todavía hay vida en la ciudad, pero es una vida tensa y difícil de lidiar porque está saturada en alcohol y en otras cosas. A esta hora, allá a lo lejos, se puede escuchar un borracho cantando a grito herido una canción injuriosa ante la que lo dejó botado. O de repente, pasa rauda una moto a toda velocidad cargando licor para quienes no quieren enfrentarse ante mi situación actual: solo, con frío, viendo llover en una cama a oscuras.

Y una luz, la del teléfono. Al otro lado, tú.

 Preguntas de todo tipo, que van y vienen. Un interés que a veces parece de entrevistadora y otras veces de terapeuta, pero que a este lado se siente legítimo. No hay ganas de desconectar, aunque a esta hora ya deberíamos ambos habernos dormido.

Sabes bien que no ha sido fácil. La timidez, la ansiedad y las malas experiencias me hacen mover de una manera distinta a la que este mundo está acostumbrado: más frontal, más directo, a veces, hasta golpeado. Al otro lado, se te nota más seria, aunque siempre parece que escribes con una sonrisa. No sé cómo lo haces pero pasa lo mismo aquí, así no te lo diga. Así te pongas nerviosa cuando lo leas.

Dicen que la hora más oscura de la noche es la que pasa justo antes de que aparezca la primera luz del amanecer. Mi experiencia dice algo diferente, pero la luz viene de ti, no del sol. 

viernes, 25 de abril de 2025

Perpetua

 ¿Alguna vez viste El Secreto de Sus Ojos? Recuerdas la escena en Constitución, seguramente. Cuando Espósito se encuentra con Morales, que hacía la ronda por las estaciones de tren. Un día ahí, otro en Once, o en Retiro, esperando que el asesino de su esposa aparezca. Y luego le cuenta al fiscal cómo a veces le parece que se le va olvidando la cosa, si era un té de limón o de manzanilla, y le queda un recuerdo de un recuerdo. Y le asusta.

Pensé que eras el recuerdo de un recuerdo. De una tarde en tu ciudad, ambos jóvenes e inmaduros, yo buscando un norte que a duras penas me aparece. O de otra tarde tomando café, cerca de mi casa, en esos viejos cafés del centro que todavía de vez en cuando visito pero ya no con el interés de antes, porque prefiero un grano que no necesita cigarrillo para ocultar el sabor sino que se toma sin azúcar. Alguna vez tengo que prepararte algo así, pero seguro tu esposo lo hace.

Y te vi de lejos, muchas veces. Algún día nos encontramos de pasada, como quien no quiere la cosa, y uno de esos otros amigos mutuos que sabes que estábamos detrás tuyo todos en una competencia despiadada pero amable, que sacó para la exhibición su Toyota Celica de colección, aprovechó para acercarnos a ambos porque ambos íbamos relativamente cerca. Y no sé, supe que nunca iba a ganarle mi Renault 9 a su Celica, pero bueno, en ese entonces todavía estudiaba contaduría. Después, ya sabes, terminé haciendo lo que quería y pude vivir de los carros.

O eso pensé, cuando te vi otra vez mucho tiempo después, ya acoplada a tu nueva vida, la docencia, la universidad, los trabajos. Tú también cambiaste y dejaste el trabajo con el Estado por irte a la academia. No te culpo, alguna vez me lo ofrecieron, hacerle campaña a un político, que estuviera en Hora 20 y que Julio lo llamara a las 7. No lo acepté, porque pensé que nunca podía hacerlo y porque me gustaba mucho presentar el programa que me permitió verte por última vez hace ya 6 años, nada más. Hasta que llegó la pandemia y lo mandó todo al carajo.

Sé que alguna vez viste El Secreto de Sus Ojos y te acuerdas del final, cuando Espósito visita a Morales en la finca afuera de la ciudad y se encuentra que había apresado al asesino. La frase que tal vez más me marcó de esa película, más que el "un hombre puede cambiar de lo que quiera, excepto de pasión", o toda la secuencia de atrapar al asesino en cancha de Huracán, o "esa mina tiene más ganas de casarse que Susanita", o incluso de cómo Francella se hace pasar por Darín para salvarle la vida, es la respuesta de Morales cuando lo descubre Darín.

"Usted me prometió perpetua".

Hace poco mi psicóloga me preguntó quién era yo, más allá de lo que hago. Tuve que volver a ver la película porque me acordé de inmediato de dos cosas. De cómo un hombre puede cambiar todo, excepto su pasión. Y de cómo esa pasión se vuelve perpetua. Y de cómo en 10 minutos que nos dio la vida luego de esa convención que me llevó a estar justo a la mitad de camino entre tu oficina y tu apartamento, más allá de esos planes elaborados que se trastocaban por una llamada urgente o un cubrimiento o un robo de celular que impedía los vuelos, pude volver a verte.

Dejaste de ser el recuerdo de un recuerdo.

Verte con tu vestido azul entre tantas camisas blancas hizo valer la pena todo, los regaños de los directores, los de la coordinadora, el vuelo de ida de madrugada y el de regreso de medianoche, la corredera eterna e insoportable.

Todo por verte 10 minutos, escuchar tus quejas de la asamblea de copropietarios y que sonrías. O que te quedes dormida en el bus, que salgas corriendo para que no te deje el semáforo en la mitad. Que me preguntes qué carajos es un "BYD Yuan Up" que te sale en la pantalla de Uber y te diga "la camioneta blanca que está subiendo detrás de los dos taxis". Que te emocione un café como en el centro. Una cerveza como en tu ciudad. Un agua Manantial como en el Oxxo. Pero que sea contigo y con esa pasión que sé que no voy a poder apagar, porque me prometí desde el primer día que te vi que sería perpetua.

lunes, 9 de diciembre de 2024

El baile y el salón

Santiago tenía la guardia baja, seguro porque estaba la firma casi en pleno allá, en un último piso de un edificio desvencijado por el que había pasado centenares de veces en una vida pasada pero que ahora era uno de los sitios de moda de la ciudad. La vista nublada por el vapor que exhalaban 200 personas, de las cuales 20 eran los compañeros. Entre tanta gente, Marcela, Lucía, Sandra y Esteban, los patinadores de los procesos. Ellos, dando todo en la pista porque así son, porque tienen la energía de los 25 años y porque sí les gusta el Ferxxo. Él, a pesar de la guardia baja, y aunque tenía mucho trago en la cabeza, no podía dejar de despreciar el reguetón. Bailaba de mala gana, como siempre, excepto cuando empezó a sonar La Guitarra y se dejó llevar por los recuerdos cada vez más borrosos de una miniteca.

Papara papa eo eo

Papara papa eo eo...

No podía estar sonando esa canción. No la canción que más le gustaba a María Cecilia. Y menos cuando el DJ había demorado lo que le pareció un mes el "papara papa eo eo". Se quedó quieto cuando Rubén Albarrán empezó a narrar cómo se besaron bailando en medio del lugar.

"¿Todo bien, Santi? Ven, bailemos"

Lucía lo cogió de ambas manos y empezó a contonearse despacio, como si lo que estuviera sonando no fuera Café Tacuba sino una bachata. Aún así, a Santiago no le importó y se dejó llevar, más atento de la letra que del ritmo. Así la música no fuera llegando al último compás, se quedó pensando.

Quién diría que después de este primer baile, me iba a enamorar.

¿Por qué veía así a Lucía? Era una niña rara, no parecía una abogada promedio: iba hasta los juzgados del centro con una patineta eléctrica que todo el mundo temía que fuera robada, pero nunca le daba miedo andar así. Y menos con unos stickers rosados. Además hablaba con la misma soltura de los trámites del Contencioso Administrativo que de los animes más famosos de Crunchyroll, y eso lo había comprobado ese mismo día, mientras los socios celebraban con McCallan un año exitosísimo y él se había tomado varios whiskys para bajar el mal sabor de boca de una cena francamente mejorable.

Lucía se le pegó mientras aceleraba la canción y le preguntó algo que terminó de desarmarlo.

- ¿No que te gusta Café Tacuba? ¿Por qué te bajoneó así? - Pues sí, pero también era una canción muy cargada, porque era la favorita de María Cecilia.

- Pues sí, pero es de las favoritas de mi ex.

- Ay, fresco, Santi. Hoy estás en otro ambiente. Estás conmigo.

Yo que era un solitario bailando, me quedé sin hablar, mientras tú me fuiste demostrando que el amor es bailar.

¿Por qué veía ahora así a Lucía? No era simplemente "la patinadora al cuadrado" como le decían en la firma por andar con su patineta. "Hay muchas parejas bailando a nuestro alrededor", pero no le importaban. Ni siquiera que él fuera un asociado, ni que media firma estaba al frente viéndolo cómo pasaba de bailar bachata a agarrarla como si fuera un vals.

Mientras tú me fuiste demostrando que el amor es bailar.

A María Cecilia no le gustaba bailar. Él no era el más adepto, pero lo de ella era la música en vinilo, con un vino y leyendo libros, y lo último que él quería era leer después de haber tenido que tragarse toneladas de papel de los procesos que llevaba. Hasta que un día apareció conque uno de sus amigos del club de libros iba a presentarse al mismo Erasmus que ella, algo sobre derechos humanos que ya no importa. Y le salió y lo dejó tirado todo acá, no tuvo la delicadeza de decir que terminaba todo sino mediante una videollamada desde el aeropuerto de Munich en la que muy evidentemente salía el amigote.

Pues vienen otros ritmos que te quieren separar de mí

Y no pueda abrazarme ni sentir tu cuerpo

Y vuelva a bailar solo, como antes de estar junto a ti...

No se dio cuenta y la última frase la cantó al oído de Lucía. Ella le sonrió y le recostó la cabeza en el hombro. Quedaron bailando así, más abrazados que otra cosa, y cuando acabó la canción y sonó algo de Cindy Lauper (¿o era de Blondie? Esa parte se torna borrosa), ella lo llevó a la barra para tomarse una cerveza. Pero no a la principal: a la de abajo, más calmada.

Santiago me contó esta historia el lunes siguiente, mientras hacíamos fila para comprar ramen en un sitio de Avenida Chile. Yo les había perdido la pista por más de una hora y cuando los encontré estaban besándose de una manera desaforada en uno de los sillones del segundo piso. Él me echó el cuento luego de que durara toda la semana pidiéndole explicaciones por Whatsapp y siendo ignorado olímpicamente, pero lo que me dijo me dejó noqueado, y por eso me atrevo a contarlo aquí, hoy ante ustedes.

"Parce", me dijo, "Rubén Albarrán tenía razón, el amor es bailar. Para él era una canción de sexo entre hombres, pero para mí fue con Lucía".

Y hoy, aquí, acompañados de sus seres queridos, familiares, amigos y sobre todo el uno del otro, solo puedo decirles que me hace muy feliz ver que dejaron de ser dos solitarios bailando, y que como todos los que los acompañamos hoy, espero que nunca dejen de bailar.

viernes, 9 de febrero de 2024

Cómo contar historias desde un escritorio con hambre

Este 9 de febrero es el día del periodista, por mucho que un gobierno haya tratado de imponer a la brava otra jornada por allá el 4 de agosto que dizque porque ese día Antonio Nariño publicó su traducción de los Derechos del Hombre. No: los periodistas celebramos el aniversario de la publicación del Papel Periódico de Bogotá, en 1791, con el que Manuel del Socorro Rodríguez contaba a la comunidad de Santa Fe los hechos que la Iglesia consideraba válidos narrar de lo acaecido en el virreinato. Fue el primer medio de comunicación de los más de 95 nacionales y regionales de primer nivel que existen, y los 9238582 locales, especializados y minoritarios.

Muchas veces se dice que el periodista lo es por el amor al oficio, y la verdad es que a veces este amor se vuelve tóxico. Sobre todo en los días del periodista se refuerza esa noción: las frases de los grandes cacaos, desde García Márquez hasta Javier Darío Restrepo, refuerzan esa noción de una labor sufrida que se goza porque uno la ama hacer. Que lo nuestro es de sacrificio, que es una labor malagradecida y mal paga, pero que lo hacemos con amor porque contamos historias, revelamos secretos y vemos cambios tangibles en la gente.

No sé ustedes, pero se parece demasiado al cuento de la mujer que el marido le pega pero sigue con él "porque él va a cambiar".

Y sí, el marido va a cambiar, pero para peor. Los medios de comunicación nacionales han llegado a un punto de contracción en el que sus espacios se han convertido, o en copia y pega de comunicados de prensa, o en granjas de clickbait dedicadas a seguirle la vida a ciertos nombres demasiado famosos. Esto mientras perfeccionan las inteligencias artificiales que lo van a reemplazar. Además, la pauta cada vez más escasa y dispersa ha hecho que las pocas redacciones que quedan prescindan de centenares de trabajadores. A nivel regional es aún peor la historia, con una desesperada lucha por cualquier pedacito de pauta que les permita subsistir mientras no choquen con los políticos locales que perfectamente los pueden acabar.

¿La solución es contar historias? Es posible pero algo reservado para una minoría reducida, que está compuesta por periodistas que alcanzaron a vivir los últimos estertores del periodismo tradicional previo a las redes sociales. Esto les permitió coger algo de renombre y, sobre todo, una comunidad similar que piensa como ellos y tiene los recursos para subsidiar a quienes pueden realizar una nota a la semana. Estos ejercicios ofrecen un servicio indudablemente necesario de control político y de develación, pero que a su vez tiene un lado perverso: la insistencia de que la pauta es mala per se.

A saber: desde que los periódicos se volvieron masivos en el siglo XIX, los medios de comunicación han dependido más de la publicidad que de los suscriptores. La idea de que la independencia de un medio surge a partir de su independencia de los anunciantes es nueva, a menos que contemos modelos como el de la BBC de Londres o la ARD alemana, en el que la financiación viene de recursos cobrados anualmente a todos los propietarios de radios y televisores. Hoy en día, aún en un medio como el New York Times que tiene cifras de suscripción astronómicas, el valor viene de la pauta.

Sin pauta no hay salarios para los periodistas, ni viáticos para poder cubrir cosas que no le lleguen por Tiktok. Sin anunciantes, no hay inversiones en mejoras técnicas. Todo depende de un mecenas que termina convirtiendo su medio en una plataforma para sus intereses, llámese Luis Carlos Sarmiento Angulo, Jaime Gilinski o Carlos Julio Ardila. Y así los pocos que quedan, dependientes de lo que tenga a bien Google de entregar a través de sus servicios publicitarios, deben sacar 10 o más artículos diarios. Y los que salen a la calle terminan siendo agredidos por fanáticos del líder político de turno al que no le gustó que su medio (que en general es "su director") no diga exactamente lo que él piensa.

Yo no me atrevo a desear un feliz día del periodista a quienes están en esa disyuntiva. Conozco de su sufrimiento, lo viví durante 8 años pero ya no más, me cansé que me peguen. Ojalá haya más oportunidades de contar historias y que no impliquen aplastar sus sueños por una granja de clics que los va a reemplazar en cualquier momento por cualquier herramienta de OpenAI desarrollada con 3 pesos. Es un casi imposible, y el pesimismo me domina. Ojalá no tenga que escribir esta columna en un año lamentando los medios que sacaron a toda su redacción por un par de malos agregadores de tuits y noticias relevantes de la Superfinanciera.

viernes, 2 de febrero de 2024

¿Quebrarse por tres días de fama?

El pasado 23 de enero, la Fórmula 1 anunció que el Gran Premio de España se va del Circuit de Montmeló, su casa desde 1991, a un trazado semipermanente en los alrededores del IFEMA de Madrid. Para ponerlos en contexto, sería el equivalente a que cerraran Corferias o Plaza Mayor y sus barrios aledaños para correr ahí. El GP de Madrid, que se correrá a partir de 2026, tendrá 10 años de duración en el contrato y, según la administración madrileña, contribuirá con más de 450 millones de euros a su economía. Ah, y será una maravilla de sostenibilidad, apuntando a emisiones de carbono net-zero (o séase, carbono neutrales) y a que el 90% de sus 110.000 asistentes vayan en transporte público.

El pasado 1 de febrero Panam Sports, organizadora de los Juegos Panamericanos, nombró finalmente las ciudades que disputarán la sede de los juegos de 2027: Lima y Asunción. Esto, porque Barranquilla, donde originalmente se iban a disputar los juegos, no pagó unas cláusulas que debía pagar en diciembre y, a pesar de un vergonzoso espectáculo de llanto, rechinar de dientes y paso de pelota entre las administraciones local, nacional y pasada, pasó lo que tenía que pasar: que le quitaran los juegos a la ciudad que no cumplió con el contrato.

Ambos eventos han sido unidos para demostrar una ineptitud del Gobierno. Por poner un ejemplo, el bojote que ocupó la Casa de Nariño entre 2018 y 2022 salió a decir que su sucesor perdió tanto los Panamericanos (cierto) como el Gran Premio que se sacó de la galera el alcalde Jaime Pumarejo. Todo para decir que acá no pensamos en grande, recordar que este fue el único país en la historia al que le quitaron un Mundial de Fútbol y burlarse de Belisario Betancur (y por interpuesta persona de Petro) al decir que esa plata se iba a destinar en colegios y hospitales.

Esto apunta más bien a otro problema de los juegos deportivos, sobre todo en el caso de los Panamericanos: las exigencias económicas son cada vez más inviables. Pasa desde las grandes gestas hasta las competencias locales: las inversiones en escenarios deportivos son extremadamente elevadas y no tienen retorno de la inversión. Y el descalabro que provocó la pandemia en las finanzas de todo el mundo es una muestra de ello.

Vamos de lo pequeño a lo grande. Los Juegos Nacionales de 2015 terminaron en desfalcos de talla mayor en todo el Tolima, y los de 2023 estuvieron a punto de no hacerse porque no se estaba entregando la plata. Los Bolivarianos de 2022 se hicieron en Valledupar porque se los quitaron a Valles del Tuy (Venezuela); los Centroamericanos de 2021 se cancelaron porque el gobierno de El Salvador y los organizadores se agarraron sobre la conveniencia de hacer todo en Santa Tecla y no llevar escenarios a San Salvador, y los Centroamericanos y del Caribe de 2023 eran de Panamá pero el país canalero prefirió entregarlos enmedio de la crisis del covid.

Y eso no solo aplica en América Latina. Los Olímpicos de 2032 fueron asignados a Brisbane porque nadie más quiso participar. Aún no hay sede de los Olímpicos de Invierno de 2030. El Mundial de Fútbol de 2030 tuvo que hacerse en un menjurje con siete (!) países sede porque no hubo forma de poner de acuerdo al resto, y el del 2034 se entregó a Arabia Saudí porque fue el único que presentó el cojonal de plata necesario. El espíritu de Pierre de Coubertin se ha ido tapando en medio de millones y millones de dólares de patrocinios de las más grandes multinacionales que han llevado hacia arriba el costo de cualquier evento deportivo, como todo en la vida.

Igual, al final de cuentas eso es la Fórmula 1: una lluvia de dinero que durante tres días pone a su sede en el ojo del mundo porque dan vueltas carros alrededor de un circuito. Y esos tres días cuestan, y mucho. Ya lo vimos en el caso de Madrid: un costo de más de 400 millones de euros sin poner un centímetro de asfalto, un guardarriel o una cámara. Más o menos el mismo costo que calculaba la organización de los Panamericanos que era necesario invertir en Barranquilla.

¿Vale la pena endeudarse para eso? Porque eso es lo que está pasando: no es coincidencia que la administración barranquillera esté acusando unas deudas altísimas por las obras de inversión necesarias para atender una población creciente. Más allá de la irresponsabilidad de la ministra Astrid Rodríguez de asustarse para hacer una transferencia a Panam Sports, ¿cabría la posibilidad de que fuera mejor no hacer las cosas? Es una duda que se han hecho hasta en Los Ángeles, donde las inversiones para los Olímpicos de 2028 han sido extremadamente criticadas como "desperdicio" en una ciudad sin agua, con un transporte público precario y en medio de una crisis histórica de población en situación de calle. Y Barranquilla, por muchas ventanas al mundo y aletas de tiburones que regale Cristian Daes, tiene problemas muy urgentes.

Endeudarse porque salga el nombre "Barranquilla" en Drive to Survive no tiene una lógica más allá de mostrar ese nombre en Netflix, Paramount+ y todos los canales donde transmiten la F1. Pero también abre el riesgo de tener que tapar un hueco, como los 50 millones de dólares que Melbourne paga a la organización del Gran Premio de Australia, con recursos que se necesitan desesperadamente para, digamos, solucionar los arroyos, tener en buen estado las vías o darle agua y energía a los miles de apartamentos nuevos que hay en construcción. Y eso que la F1 tiene esa visibilidad: unos Juegos Panamericanos no tienen esa misma exposición.

La respuesta a la pregunta del titular aplica para la ley de Betteridge: "todo titular que termina con una pregunta puede responderse con un no". Eso sí, el desarrollo del "no" espero que haya sido claro.