martes, 9 de junio de 2026

Quemado

 Han pasado muchas cosas un 9 de junio. Trabajos, regresos, conocimientos, abandonos. La que me lleva más en estos momentos a la memoria no es ni siquiera un 9 de junio, aunque debería serlo: es de un 8 de agosto. El pasado 8 de agosto.

 Día de publicar podcast. Día de crisis laboral, como casi todos, luego de aguantar 17 llamadas en la jornada de una jefe extremadamente intensa. Y alguien me dice "me dicen que el podcast quedó con un error". Un podcast que casi no se puede grabar, que por poco me toca editar a mí, que me ganó un regaño porque alguna otra tarea imposible quedó en el tintero por tratar de sacarlo. Ahí no di más y presenté la carta de renuncia.

 Hoy, 10 meses después, de los cuales 9 se han ido sin empleo, me arrepiento profundamente. 

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Burnout: según la Organización Mundial de Salud, se trata de un síndrome ocupacional que resulta del estrés crónico en el trabajo. Se caracteriza por tres dimensiones:

  • Sentimientos de drenaje de energía o extenuación.
  • Distancia mental incrementada del trabajo, o sentimientos de negatividad o cinismo relacionados con su trabajo.
  • Eficacia profesional reducida.

 Llevo 9 meses sin un empleo formal. En un par de ellos tuve un empleo freelance que me permitió pagar las cuentas en su momento. Por ahora sobrevivo gracias a mis padres, que me apoyan para poder pagar la cuota del apartamento; si no, estaría en la calle. O trabajando en un call center, y quemado.

El burnout que tuve (que tengo) se pasó del tema laboral a otros aspectos de la vida. Hoy en día no tengo ni siquiera una sensación positiva para nada. Todo lo que me rodea es rencor y mal ánimo. Alguien me dirá que "hay que vibrar alto para que te lleguen cosas positivas": que se joda. Que vibren los celulares, a mí no me contratan por vibraciones. Ni por buena vibra. A mí no me contratan, punto.

He hecho de todo antes de que me digan que por qué no he hecho nada. He buscado puestos de gerente y de junior. He trabajado en mi salud mental, religiosa, espiritual, física, las energías, la mar en coche. Nada. He hecho freelances y no me han pagado porque aparentemente mi labor es "insuficiente". He buscado ayuda de amigos, profesionales, enemigos, y nadie da con la clave. Han tardado meses en rechazarme, han tardado 16 minutos (cronometrados). No sé qué pase, seguramente ya me jodió la parca y mi futuro solo esté manejando Uber.

He tenido que tomar decisiones dolorosas. Hay gente que he querido a la que tuve que dejar de lado, porque no merece esto. Hay cosas que tenía listas para hacer (Argentina me esperaba), pero sin dinero no las he hecho. He tratado de volver a Dios, pero me da tono ocupado. He hasta abierto mi curiosidad hacia otras manifestaciones, que aparentemente tienen menos éxito que una pedrea en la Nacional para tumbar al rector.

Solo me queda esto. Desquitarme con un teclado de un computador que ya van dos veces que está a punto de morir, pero es la única herramienta que me queda para seguirme presentando. Para hacer videos que verán 10 personas, porque ni siquiera eso. Toda la vida quise ser invisible, que nadie me joda y que me dejaran hacer mis cosas en paz. Ahora solo quiero que alguien me vea y diga "sí, este es el tipo que necesitamos" para poder trabajar en algo que justifique mis 38 años de vida, 12 de experiencia laboral, 4 de experiencia en mis labores. ¿Lo habrá? Cada vez hay menos esperanzas. Y cada vez siento que lo único que quedó después de quemarme fueron cenizas. Eso soy. Cenizas. 

lunes, 11 de agosto de 2025

Dejen descansar a Uribe Turbay en paz

Ante la muerte de Miguel Uribe Turbay, dos meses después del brutal atentado del que fue víctima en un parque de Modelia en medio de la campaña que lo llevaría a, probablemente, quemarse en una consulta de la derecha para las elecciones presidenciales de 2026, hay dos posturas. Sus amigos y contendientes en esa consulta, básicamente, han puesto toda la responsabilidad en el gobierno y casi que solo les falta decir que Petro dio la orden. Sus contrincantes y opositores han asegurado que se lo ganó por un discurso agresivo, que agravó la violencia y lo convirtió en blanco de un caso que, seguramente, será investigado exhaustivamente y del que sus responsables intelectuales nunca se conozcan realmente, más allá de los sicarios.

¿Algo cínico? Sí, porque este país nos enseñó a ser cínicos. Si no fue Juan Roa disparándole a Jorge Eliécer Gaitán y desencadenando una de las guerras civiles más cruentas de un continente lleno de guerras civiles, fueron los homicidios de miles de personas que se opusieron a que el país fuera comprado por las utilidades de la coca y la marihuana en los 80. Es simbólico que el más visible de estos casos en los medios, Guillermo Cano, tenga mañana la conmemoración de sus 100 años de nacimiento.

Y en últimas, como todos los que nacimos y crecimos entre 1981 y 1993, Miguel nació y creció en medio de esa violencia que lo tocó de frente con la muerte de su madre. Diana Turbay fue víctima de ese narcotráfico que la secuestró y asesinó, por ser una periodista valiente y por el peso de ser hija de un expresidente de la República.

La carrera de Miguel Uribe Turbay estuvo llena de momentos reprochables. Su respuesta al empalamiento de Rosa Elvira Cely en pleno Parque Nacional demostró una empatía nula, tal como sus palabras sobre cómo Dilan Cruz "se atravesó en el camino de la bala" que lo mató en medio de las protestas de 2019. Su vinculación al Centro Democrático y su defensa acérrima a algunos de los personajes más grotescos de la política nacional también son parte de ese legado que muchos quieren poner de frente para decir que no les duele la muerte de "uno de ellos". Pero Miguel era más que una plataforma política.

Lo conocí en persona entrevistándolo en medio de su campaña para las elecciones locales de 2019, en las que se quemó. En esa campaña me sorprendió que, a pesar de ser en la práctica un delfín (como Carlos Fernando Galán), se le notaba mucha más cercanía con la gente, al menos con la que apoyaba su visión. No digo que hubiera sido mejor alcalde que Claudia López o que el mismo Galán, no, pero en ese acercamiento demostró que tenía la empatía que le hizo falta para referirse al caso de Rosa Elvira, o a Dilan Cruz, o a las madres de Soacha. ¿Necesitaba caerle bien a un periodista, que para colmo estaba casado con alguien que trabajaba en su campaña? Muy seguramente, pero creo que esa discusión se aleja del objetivo.

Salir a decir que la muerte de Uribe Turbay no se debe llorar es deshumanizar al personaje. Y es lo mismo que el propio Uribe hizo con Rosa Elvira, Dilan y los falsos positivos de Soacha, entre otros casos sonados. Despreciar el sufrimiento de María Claudia Tarazona, de María Carolina Hoyos y de las personas que no lo conocieron por sus declaraciones de prensa, sino en la vida diaria, una que al fin y al cabo fue sesgada a menos de la mitad de la expectativa para un hombre de su generación. Su hijo tiene cinco años y crecerá sin padre, así como él creció sin madre desde los cinco años.

Ojalá Miguel Uribe Turbay pueda descansar en paz, y que su muerte no sea usada como una bandera de batalla en las elecciones a las que aspiraba presentarse. Tanto por los que lo van a martirizar usando términos tremendos como "magnicidio" o "crimen de Estado", como por los que lo van a satanizar negándole el carácter de humanidad que es lo único que tenemos todos los seres humanos en común. Y que cada vez más se nos olvida en medio de la radicalización: el otro también es humano.

sábado, 9 de agosto de 2025

Viernes, 1 am

 Dicen que la hora más oscura es exactamente antes del amanecer. Mi experiencia dice algo diferente.

 La hora más oscura suele ser a mitad de la madrugada. Todavía hay vida en la ciudad, pero es una vida tensa y difícil de lidiar porque está saturada en alcohol y en otras cosas. A esta hora, allá a lo lejos, se puede escuchar un borracho cantando a grito herido una canción injuriosa ante la que lo dejó botado. O de repente, pasa rauda una moto a toda velocidad cargando licor para quienes no quieren enfrentarse ante mi situación actual: solo, con frío, viendo llover en una cama a oscuras.

Y una luz, la del teléfono. Al otro lado, tú.

 Preguntas de todo tipo, que van y vienen. Un interés que a veces parece de entrevistadora y otras veces de terapeuta, pero que a este lado se siente legítimo. No hay ganas de desconectar, aunque a esta hora ya deberíamos ambos habernos dormido.

Sabes bien que no ha sido fácil. La timidez, la ansiedad y las malas experiencias me hacen mover de una manera distinta a la que este mundo está acostumbrado: más frontal, más directo, a veces, hasta golpeado. Al otro lado, se te nota más seria, aunque siempre parece que escribes con una sonrisa. No sé cómo lo haces pero pasa lo mismo aquí, así no te lo diga. Así te pongas nerviosa cuando lo leas.

Dicen que la hora más oscura de la noche es la que pasa justo antes de que aparezca la primera luz del amanecer. Mi experiencia dice algo diferente, pero la luz viene de ti, no del sol. 

viernes, 25 de abril de 2025

Perpetua

 ¿Alguna vez viste El Secreto de Sus Ojos? Recuerdas la escena en Constitución, seguramente. Cuando Espósito se encuentra con Morales, que hacía la ronda por las estaciones de tren. Un día ahí, otro en Once, o en Retiro, esperando que el asesino de su esposa aparezca. Y luego le cuenta al fiscal cómo a veces le parece que se le va olvidando la cosa, si era un té de limón o de manzanilla, y le queda un recuerdo de un recuerdo. Y le asusta.

Pensé que eras el recuerdo de un recuerdo. De una tarde en tu ciudad, ambos jóvenes e inmaduros, yo buscando un norte que a duras penas me aparece. O de otra tarde tomando café, cerca de mi casa, en esos viejos cafés del centro que todavía de vez en cuando visito pero ya no con el interés de antes, porque prefiero un grano que no necesita cigarrillo para ocultar el sabor sino que se toma sin azúcar. Alguna vez tengo que prepararte algo así, pero seguro tu esposo lo hace.

Y te vi de lejos, muchas veces. Algún día nos encontramos de pasada, como quien no quiere la cosa, y uno de esos otros amigos mutuos que sabes que estábamos detrás tuyo todos en una competencia despiadada pero amable, que sacó para la exhibición su Toyota Celica de colección, aprovechó para acercarnos a ambos porque ambos íbamos relativamente cerca. Y no sé, supe que nunca iba a ganarle mi Renault 9 a su Celica, pero bueno, en ese entonces todavía estudiaba contaduría. Después, ya sabes, terminé haciendo lo que quería y pude vivir de los carros.

O eso pensé, cuando te vi otra vez mucho tiempo después, ya acoplada a tu nueva vida, la docencia, la universidad, los trabajos. Tú también cambiaste y dejaste el trabajo con el Estado por irte a la academia. No te culpo, alguna vez me lo ofrecieron, hacerle campaña a un político, que estuviera en Hora 20 y que Julio lo llamara a las 7. No lo acepté, porque pensé que nunca podía hacerlo y porque me gustaba mucho presentar el programa que me permitió verte por última vez hace ya 6 años, nada más. Hasta que llegó la pandemia y lo mandó todo al carajo.

Sé que alguna vez viste El Secreto de Sus Ojos y te acuerdas del final, cuando Espósito visita a Morales en la finca afuera de la ciudad y se encuentra que había apresado al asesino. La frase que tal vez más me marcó de esa película, más que el "un hombre puede cambiar de lo que quiera, excepto de pasión", o toda la secuencia de atrapar al asesino en cancha de Huracán, o "esa mina tiene más ganas de casarse que Susanita", o incluso de cómo Francella se hace pasar por Darín para salvarle la vida, es la respuesta de Morales cuando lo descubre Darín.

"Usted me prometió perpetua".

Hace poco mi psicóloga me preguntó quién era yo, más allá de lo que hago. Tuve que volver a ver la película porque me acordé de inmediato de dos cosas. De cómo un hombre puede cambiar todo, excepto su pasión. Y de cómo esa pasión se vuelve perpetua. Y de cómo en 10 minutos que nos dio la vida luego de esa convención que me llevó a estar justo a la mitad de camino entre tu oficina y tu apartamento, más allá de esos planes elaborados que se trastocaban por una llamada urgente o un cubrimiento o un robo de celular que impedía los vuelos, pude volver a verte.

Dejaste de ser el recuerdo de un recuerdo.

Verte con tu vestido azul entre tantas camisas blancas hizo valer la pena todo, los regaños de los directores, los de la coordinadora, el vuelo de ida de madrugada y el de regreso de medianoche, la corredera eterna e insoportable.

Todo por verte 10 minutos, escuchar tus quejas de la asamblea de copropietarios y que sonrías. O que te quedes dormida en el bus, que salgas corriendo para que no te deje el semáforo en la mitad. Que me preguntes qué carajos es un "BYD Yuan Up" que te sale en la pantalla de Uber y te diga "la camioneta blanca que está subiendo detrás de los dos taxis". Que te emocione un café como en el centro. Una cerveza como en tu ciudad. Un agua Manantial como en el Oxxo. Pero que sea contigo y con esa pasión que sé que no voy a poder apagar, porque me prometí desde el primer día que te vi que sería perpetua.

lunes, 9 de diciembre de 2024

El baile y el salón

Santiago tenía la guardia baja, seguro porque estaba la firma casi en pleno allá, en un último piso de un edificio desvencijado por el que había pasado centenares de veces en una vida pasada pero que ahora era uno de los sitios de moda de la ciudad. La vista nublada por el vapor que exhalaban 200 personas, de las cuales 20 eran los compañeros. Entre tanta gente, Marcela, Lucía, Sandra y Esteban, los patinadores de los procesos. Ellos, dando todo en la pista porque así son, porque tienen la energía de los 25 años y porque sí les gusta el Ferxxo. Él, a pesar de la guardia baja, y aunque tenía mucho trago en la cabeza, no podía dejar de despreciar el reguetón. Bailaba de mala gana, como siempre, excepto cuando empezó a sonar La Guitarra y se dejó llevar por los recuerdos cada vez más borrosos de una miniteca.

Papara papa eo eo

Papara papa eo eo...

No podía estar sonando esa canción. No la canción que más le gustaba a María Cecilia. Y menos cuando el DJ había demorado lo que le pareció un mes el "papara papa eo eo". Se quedó quieto cuando Rubén Albarrán empezó a narrar cómo se besaron bailando en medio del lugar.

"¿Todo bien, Santi? Ven, bailemos"

Lucía lo cogió de ambas manos y empezó a contonearse despacio, como si lo que estuviera sonando no fuera Café Tacuba sino una bachata. Aún así, a Santiago no le importó y se dejó llevar, más atento de la letra que del ritmo. Así la música no fuera llegando al último compás, se quedó pensando.

Quién diría que después de este primer baile, me iba a enamorar.

¿Por qué veía así a Lucía? Era una niña rara, no parecía una abogada promedio: iba hasta los juzgados del centro con una patineta eléctrica que todo el mundo temía que fuera robada, pero nunca le daba miedo andar así. Y menos con unos stickers rosados. Además hablaba con la misma soltura de los trámites del Contencioso Administrativo que de los animes más famosos de Crunchyroll, y eso lo había comprobado ese mismo día, mientras los socios celebraban con McCallan un año exitosísimo y él se había tomado varios whiskys para bajar el mal sabor de boca de una cena francamente mejorable.

Lucía se le pegó mientras aceleraba la canción y le preguntó algo que terminó de desarmarlo.

- ¿No que te gusta Café Tacuba? ¿Por qué te bajoneó así? - Pues sí, pero también era una canción muy cargada, porque era la favorita de María Cecilia.

- Pues sí, pero es de las favoritas de mi ex.

- Ay, fresco, Santi. Hoy estás en otro ambiente. Estás conmigo.

Yo que era un solitario bailando, me quedé sin hablar, mientras tú me fuiste demostrando que el amor es bailar.

¿Por qué veía ahora así a Lucía? No era simplemente "la patinadora al cuadrado" como le decían en la firma por andar con su patineta. "Hay muchas parejas bailando a nuestro alrededor", pero no le importaban. Ni siquiera que él fuera un asociado, ni que media firma estaba al frente viéndolo cómo pasaba de bailar bachata a agarrarla como si fuera un vals.

Mientras tú me fuiste demostrando que el amor es bailar.

A María Cecilia no le gustaba bailar. Él no era el más adepto, pero lo de ella era la música en vinilo, con un vino y leyendo libros, y lo último que él quería era leer después de haber tenido que tragarse toneladas de papel de los procesos que llevaba. Hasta que un día apareció conque uno de sus amigos del club de libros iba a presentarse al mismo Erasmus que ella, algo sobre derechos humanos que ya no importa. Y le salió y lo dejó tirado todo acá, no tuvo la delicadeza de decir que terminaba todo sino mediante una videollamada desde el aeropuerto de Munich en la que muy evidentemente salía el amigote.

Pues vienen otros ritmos que te quieren separar de mí

Y no pueda abrazarme ni sentir tu cuerpo

Y vuelva a bailar solo, como antes de estar junto a ti...

No se dio cuenta y la última frase la cantó al oído de Lucía. Ella le sonrió y le recostó la cabeza en el hombro. Quedaron bailando así, más abrazados que otra cosa, y cuando acabó la canción y sonó algo de Cindy Lauper (¿o era de Blondie? Esa parte se torna borrosa), ella lo llevó a la barra para tomarse una cerveza. Pero no a la principal: a la de abajo, más calmada.

Santiago me contó esta historia el lunes siguiente, mientras hacíamos fila para comprar ramen en un sitio de Avenida Chile. Yo les había perdido la pista por más de una hora y cuando los encontré estaban besándose de una manera desaforada en uno de los sillones del segundo piso. Él me echó el cuento luego de que durara toda la semana pidiéndole explicaciones por Whatsapp y siendo ignorado olímpicamente, pero lo que me dijo me dejó noqueado, y por eso me atrevo a contarlo aquí, hoy ante ustedes.

"Parce", me dijo, "Rubén Albarrán tenía razón, el amor es bailar. Para él era una canción de sexo entre hombres, pero para mí fue con Lucía".

Y hoy, aquí, acompañados de sus seres queridos, familiares, amigos y sobre todo el uno del otro, solo puedo decirles que me hace muy feliz ver que dejaron de ser dos solitarios bailando, y que como todos los que los acompañamos hoy, espero que nunca dejen de bailar.

viernes, 9 de febrero de 2024

Cómo contar historias desde un escritorio con hambre

Este 9 de febrero es el día del periodista, por mucho que un gobierno haya tratado de imponer a la brava otra jornada por allá el 4 de agosto que dizque porque ese día Antonio Nariño publicó su traducción de los Derechos del Hombre. No: los periodistas celebramos el aniversario de la publicación del Papel Periódico de Bogotá, en 1791, con el que Manuel del Socorro Rodríguez contaba a la comunidad de Santa Fe los hechos que la Iglesia consideraba válidos narrar de lo acaecido en el virreinato. Fue el primer medio de comunicación de los más de 95 nacionales y regionales de primer nivel que existen, y los 9238582 locales, especializados y minoritarios.

Muchas veces se dice que el periodista lo es por el amor al oficio, y la verdad es que a veces este amor se vuelve tóxico. Sobre todo en los días del periodista se refuerza esa noción: las frases de los grandes cacaos, desde García Márquez hasta Javier Darío Restrepo, refuerzan esa noción de una labor sufrida que se goza porque uno la ama hacer. Que lo nuestro es de sacrificio, que es una labor malagradecida y mal paga, pero que lo hacemos con amor porque contamos historias, revelamos secretos y vemos cambios tangibles en la gente.

No sé ustedes, pero se parece demasiado al cuento de la mujer que el marido le pega pero sigue con él "porque él va a cambiar".

Y sí, el marido va a cambiar, pero para peor. Los medios de comunicación nacionales han llegado a un punto de contracción en el que sus espacios se han convertido, o en copia y pega de comunicados de prensa, o en granjas de clickbait dedicadas a seguirle la vida a ciertos nombres demasiado famosos. Esto mientras perfeccionan las inteligencias artificiales que lo van a reemplazar. Además, la pauta cada vez más escasa y dispersa ha hecho que las pocas redacciones que quedan prescindan de centenares de trabajadores. A nivel regional es aún peor la historia, con una desesperada lucha por cualquier pedacito de pauta que les permita subsistir mientras no choquen con los políticos locales que perfectamente los pueden acabar.

¿La solución es contar historias? Es posible pero algo reservado para una minoría reducida, que está compuesta por periodistas que alcanzaron a vivir los últimos estertores del periodismo tradicional previo a las redes sociales. Esto les permitió coger algo de renombre y, sobre todo, una comunidad similar que piensa como ellos y tiene los recursos para subsidiar a quienes pueden realizar una nota a la semana. Estos ejercicios ofrecen un servicio indudablemente necesario de control político y de develación, pero que a su vez tiene un lado perverso: la insistencia de que la pauta es mala per se.

A saber: desde que los periódicos se volvieron masivos en el siglo XIX, los medios de comunicación han dependido más de la publicidad que de los suscriptores. La idea de que la independencia de un medio surge a partir de su independencia de los anunciantes es nueva, a menos que contemos modelos como el de la BBC de Londres o la ARD alemana, en el que la financiación viene de recursos cobrados anualmente a todos los propietarios de radios y televisores. Hoy en día, aún en un medio como el New York Times que tiene cifras de suscripción astronómicas, el valor viene de la pauta.

Sin pauta no hay salarios para los periodistas, ni viáticos para poder cubrir cosas que no le lleguen por Tiktok. Sin anunciantes, no hay inversiones en mejoras técnicas. Todo depende de un mecenas que termina convirtiendo su medio en una plataforma para sus intereses, llámese Luis Carlos Sarmiento Angulo, Jaime Gilinski o Carlos Julio Ardila. Y así los pocos que quedan, dependientes de lo que tenga a bien Google de entregar a través de sus servicios publicitarios, deben sacar 10 o más artículos diarios. Y los que salen a la calle terminan siendo agredidos por fanáticos del líder político de turno al que no le gustó que su medio (que en general es "su director") no diga exactamente lo que él piensa.

Yo no me atrevo a desear un feliz día del periodista a quienes están en esa disyuntiva. Conozco de su sufrimiento, lo viví durante 8 años pero ya no más, me cansé que me peguen. Ojalá haya más oportunidades de contar historias y que no impliquen aplastar sus sueños por una granja de clics que los va a reemplazar en cualquier momento por cualquier herramienta de OpenAI desarrollada con 3 pesos. Es un casi imposible, y el pesimismo me domina. Ojalá no tenga que escribir esta columna en un año lamentando los medios que sacaron a toda su redacción por un par de malos agregadores de tuits y noticias relevantes de la Superfinanciera.

viernes, 2 de febrero de 2024

¿Quebrarse por tres días de fama?

El pasado 23 de enero, la Fórmula 1 anunció que el Gran Premio de España se va del Circuit de Montmeló, su casa desde 1991, a un trazado semipermanente en los alrededores del IFEMA de Madrid. Para ponerlos en contexto, sería el equivalente a que cerraran Corferias o Plaza Mayor y sus barrios aledaños para correr ahí. El GP de Madrid, que se correrá a partir de 2026, tendrá 10 años de duración en el contrato y, según la administración madrileña, contribuirá con más de 450 millones de euros a su economía. Ah, y será una maravilla de sostenibilidad, apuntando a emisiones de carbono net-zero (o séase, carbono neutrales) y a que el 90% de sus 110.000 asistentes vayan en transporte público.

El pasado 1 de febrero Panam Sports, organizadora de los Juegos Panamericanos, nombró finalmente las ciudades que disputarán la sede de los juegos de 2027: Lima y Asunción. Esto, porque Barranquilla, donde originalmente se iban a disputar los juegos, no pagó unas cláusulas que debía pagar en diciembre y, a pesar de un vergonzoso espectáculo de llanto, rechinar de dientes y paso de pelota entre las administraciones local, nacional y pasada, pasó lo que tenía que pasar: que le quitaran los juegos a la ciudad que no cumplió con el contrato.

Ambos eventos han sido unidos para demostrar una ineptitud del Gobierno. Por poner un ejemplo, el bojote que ocupó la Casa de Nariño entre 2018 y 2022 salió a decir que su sucesor perdió tanto los Panamericanos (cierto) como el Gran Premio que se sacó de la galera el alcalde Jaime Pumarejo. Todo para decir que acá no pensamos en grande, recordar que este fue el único país en la historia al que le quitaron un Mundial de Fútbol y burlarse de Belisario Betancur (y por interpuesta persona de Petro) al decir que esa plata se iba a destinar en colegios y hospitales.

Esto apunta más bien a otro problema de los juegos deportivos, sobre todo en el caso de los Panamericanos: las exigencias económicas son cada vez más inviables. Pasa desde las grandes gestas hasta las competencias locales: las inversiones en escenarios deportivos son extremadamente elevadas y no tienen retorno de la inversión. Y el descalabro que provocó la pandemia en las finanzas de todo el mundo es una muestra de ello.

Vamos de lo pequeño a lo grande. Los Juegos Nacionales de 2015 terminaron en desfalcos de talla mayor en todo el Tolima, y los de 2023 estuvieron a punto de no hacerse porque no se estaba entregando la plata. Los Bolivarianos de 2022 se hicieron en Valledupar porque se los quitaron a Valles del Tuy (Venezuela); los Centroamericanos de 2021 se cancelaron porque el gobierno de El Salvador y los organizadores se agarraron sobre la conveniencia de hacer todo en Santa Tecla y no llevar escenarios a San Salvador, y los Centroamericanos y del Caribe de 2023 eran de Panamá pero el país canalero prefirió entregarlos enmedio de la crisis del covid.

Y eso no solo aplica en América Latina. Los Olímpicos de 2032 fueron asignados a Brisbane porque nadie más quiso participar. Aún no hay sede de los Olímpicos de Invierno de 2030. El Mundial de Fútbol de 2030 tuvo que hacerse en un menjurje con siete (!) países sede porque no hubo forma de poner de acuerdo al resto, y el del 2034 se entregó a Arabia Saudí porque fue el único que presentó el cojonal de plata necesario. El espíritu de Pierre de Coubertin se ha ido tapando en medio de millones y millones de dólares de patrocinios de las más grandes multinacionales que han llevado hacia arriba el costo de cualquier evento deportivo, como todo en la vida.

Igual, al final de cuentas eso es la Fórmula 1: una lluvia de dinero que durante tres días pone a su sede en el ojo del mundo porque dan vueltas carros alrededor de un circuito. Y esos tres días cuestan, y mucho. Ya lo vimos en el caso de Madrid: un costo de más de 400 millones de euros sin poner un centímetro de asfalto, un guardarriel o una cámara. Más o menos el mismo costo que calculaba la organización de los Panamericanos que era necesario invertir en Barranquilla.

¿Vale la pena endeudarse para eso? Porque eso es lo que está pasando: no es coincidencia que la administración barranquillera esté acusando unas deudas altísimas por las obras de inversión necesarias para atender una población creciente. Más allá de la irresponsabilidad de la ministra Astrid Rodríguez de asustarse para hacer una transferencia a Panam Sports, ¿cabría la posibilidad de que fuera mejor no hacer las cosas? Es una duda que se han hecho hasta en Los Ángeles, donde las inversiones para los Olímpicos de 2028 han sido extremadamente criticadas como "desperdicio" en una ciudad sin agua, con un transporte público precario y en medio de una crisis histórica de población en situación de calle. Y Barranquilla, por muchas ventanas al mundo y aletas de tiburones que regale Cristian Daes, tiene problemas muy urgentes.

Endeudarse porque salga el nombre "Barranquilla" en Drive to Survive no tiene una lógica más allá de mostrar ese nombre en Netflix, Paramount+ y todos los canales donde transmiten la F1. Pero también abre el riesgo de tener que tapar un hueco, como los 50 millones de dólares que Melbourne paga a la organización del Gran Premio de Australia, con recursos que se necesitan desesperadamente para, digamos, solucionar los arroyos, tener en buen estado las vías o darle agua y energía a los miles de apartamentos nuevos que hay en construcción. Y eso que la F1 tiene esa visibilidad: unos Juegos Panamericanos no tienen esa misma exposición.

La respuesta a la pregunta del titular aplica para la ley de Betteridge: "todo titular que termina con una pregunta puede responderse con un no". Eso sí, el desarrollo del "no" espero que haya sido claro.

domingo, 28 de enero de 2024

El problema de la universidad privada no es el clasismo

Ya que por fin los incendios en gran parte del país se están aplacando, se puede hablar de otros temas. Entre ellos un video que publicó algún chino de Tiktok en el que se pone a preguntar a estudiantes de los Andes y de la Javeriana por qué se dan palo tan parejo.

Antes de continuar, debo decir que no soy imparcial en esta pelea, pues soy egresado de maestría de los Andes (y profesional del Rosario). Conozco muy bien los esfuerzos de la universidad ubicada en Germania para abrirse al país y que se acabe el famoso mito de "los Andes está de frente a Monserrate y de espaldas a Colombia". Y aunque no he hecho parte de la comunidad javeriana, conozco decenas de profesionales y hasta docentes del claustro jesuita que no solo son excelentes profesionales sino excelentes personas.

Pero como sabe cualquiera, estas excelentes personas no son todas. Hablar de que alguien que paga 10 millones por su carrera es un resentido porque "no le alcanza" para pagar los 15 millones que cuesta la misma carrera en el otro claustro es medio ridículo. En especial, considerando que esos 10 millones de pesos semestrales, o séase, 1.6 millones de pesos mensuales, es más de lo que gana más o menos el 60% de las familias colombianas. La burbuja de considerar que ese tipo de diferencias que pueden cubrir el 1 o 2% de la población colombiana invalida a alguien es parte de ese famoso mito del uniandino snob.

Por supuesto, es algo que viene de origen. Tanto la Javeriana, que extendiéndonos un poco es derivada del Colegio Mayor de San Bartolomé creado para educar a los hijos de los españoles y criollos de la Colonia, como los Andes, creada en 1948 para educar a las élites en una visión tecnocrática alejada de las peleas partidistas que ese mismo año estallarían en la Violencia, no nacieron como centros de educación popular. Es válido: muchos de los centros más prestigiosos del mundo, desde Oxford y Harvard hasta la Sorbona y la Complutense nacieron para generar élites ilustradas que permitieran dominar el conocimiento.

El problema es en este punto doble. Por un lado, el conocimiento está cada vez más abierto al público y las exigencias del público para abrirlo son mayores. La visión de una meritocracia implica un acceso más abierto a las oportunidades que ofrecen estos centros de prestigio, que muchas veces no son de carácter académico (para la muestra, el hecho que la Universidad Nacional sea en muchas carreras mejor que todas las privadas, y en algunos casos universidades públicas como la de Antioquia, la Distrital y la UPTC las superen), sino de redes de contactos, relacionamientos y el solo prestigio de tener "Andes", "Rosario", "Externado" o "Javeriana" en el diploma.

Y por otro, el país en el que estamos. Estoy seguro que los jóvenes del dichoso video vienen de colegios privados del norte de Bogotá, con nombres de santos, árboles o ciudades extranjeras que tribalizan esa posición. Que al final se unirán para mirar feo a sus compañeros becados porque no tienen plata para ir a Andrés el viernes, o porque llevan coca de almuerzo de la casa y no comen en el CityU. Y qué decir del palo que se le da generalizado a la Sergio Arboleda, que a su vez le da palo a otras instituciones de menor reconocimiento o, como las llamaba un profesor con el que tuve clases, "universitecas".

Esa situación es recurrente en todas las instituciones educativas, desde el kinder hasta el pregrado. En mis tiempos de bachillerato, los de mi colegio de curas se daban a traques con los del técnico del frente (yo no: mi mamá era profesora en el técnico) o con los del técnico público de más abajo cuando había Intercolegiados. Volviendo a la tribalización, esta misma distinción se da entre los de X y Y colegios, que termina con agresiones físicas, como ocurrió con el hijo de José Félix Lafaurie y María Fernanda Cabal agarrándose en pleno Hotel Tequendama con otro hijo de papi y mami porque uno estudiaba en el San Carlos y otro en el Nueva Granada o algo así.

Una de las dificultades más grandes que se viene en los próximos años está en el sector educativo. ¿En qué momento deja de ser rentable meterse cinco años en una carrera para que dé lo mismo que no hacerla? ¿Se justifica estudiar derecho cuando este país está repleto de abogados y uno de los mecanismos de selección para muchos trabajos de inicio es la propiedad de una moto? ¿Se justifica pagar 25 millones de pesos semestrales para tener un diploma que dice "médico" y atender pacientes en 15 minutos? ¿Es mejor no estudiar y volverse youtuber o streamer en Twitch? ¿O solo estudiar inglés y hacer carrera en un call center?

 Estas preguntas pasan por la cabeza de millones de niños y jóvenes de 10 a 18 años (y sus padres). Creer que el problema de la universidad privada es únicamente de estos jóvenes que miran por encima al resto es una visión tan cerrada como la de los propios protagonistas del dichoso video. Y es algo que las mismas universidades deben ver cómo solucionan. Tal vez le llegue más tarde esta discusión a los Andes que a otras instituciones sin su prestigio y sin su clasismo, pero estas no van a estar exentas de esa discusión.

Es cierto que parte de este esfuerzo es abrir las universidades a otros estratos, algo que ha hecho muy bien los Andes con sus becas (cuatro de cada 10 estudiantes de pregrado están becados) y que también impulsaron los gobiernos Santos y Duque mediante Ser Pilo Paga y Generación E. Pero también hay que replantear el tipo de educación que se está ejerciendo y su validez en el mundo académico actual, en especial si no queremos que haya peleítas entre los uniandinos de Teleperformance y los javerianos de Sutherland.

Adenda: es muy difícil no darle palo a la Sergio Arboleda cuando resulta, según la Liga contra el Silencio, que la propia universidad estuvo metida en negocios de tierras con Macaco...

jueves, 18 de enero de 2024

La pelea se da peleando

a little man with a pen fighting against a massive robot

 La industria de los medios de comunicación en todo el mundo es cada vez peor: consolidación de grandes grupos solo interesados en las cifras trimestrales, reducción de espacios para voces disonantes, compresión a las voces independientes, y sobre todo, la dilución de la palabra escrita. No es sino ver el sitio web de un periódico como El Tiempo para ver cómo ha caído eso. Mientras escribo este divertimento me encuentro conque las notas principales están cerradas a través de un paywall, lo que quedan son listículos y hay mucho video.

Aún cuando El Tiempo cerró hace más de cinco años su canal de noticias.

Y así funciona en todo lado. Las alternativas que han surgido han sido, básicamente, tratar de llevar al periodista al rol del influenciador. Sea un Juan Diego Alvira con su programa en Canal 1 o un Aldemar Moreno que renunció a Forbes para hablar de finanzas personales en YouTube, la cosa es difícil. Más cuando uno tiene en cuenta que estas alternativas no son financieramente rentables: Alvira recibe una fortuna porque el suyo es de los poquísimos programas que Canal 1 tiene para superar el 1% de rating. Aldemar, Sol Suárez y otros periodistas que se han lanzado a esto combinan sus productos con campañas de entrenamiento de vocería y consultoría. A los medios regionales no les queda más remedio que pasar el talonario y pedir pauta.

¿Y si uno no dependiera de eso para vivir?

Una de las cosas más maravillosas del Internet de los 2000 era cómo miles de aficionados salían a expresar sus voces en sus pequeños recintos sobre X, Y o Z temas armando comunidades que aún hoy flotan por ahí. La mayoría, como esta, casi abandonadas. Pero no. Es hora de llevar la pelea a un nuevo sitio.

Porque la pelea se la va a llevar la IA. Medios como Pulzo e Infobae ya han adelantado experimentos con inteligencias artificiales para automatizar la generación de ciertos contenidos. El desarrollo de los modelos de lenguaje como ChatGPT, Google Bard o Bing Chat amenaza con convertir estos experimentos en nuevas olas de consolidación, expulsión de personas de los medios y peores contenidos para todos.

Este espacio no es noticioso, porque mi ocupación diurna me lo impide. Más bien es un breve espacio de opiniones aperiódicas. Pero hay que darle periodicidad a esas opiniones para tratar de pelear contra corriente con estas tendencias. No es la primera vez que pasa, y el hecho que se haga de una manera escrita es una respuesta a la idea de hacerlo a través de reels de Instagram o videos de YouTube.

Si el futuro es una pelea del hombre pequeño contra la corporación, ya sé de qué lado voy a estar: del que me permita ser independiente y dar la pelea.

Así me toque apalancarme por ahora con una cuenta de Google.

Y la imagen que ilustra sea encontrada con la primera IA gratuita que me encontré.

viernes, 5 de mayo de 2023

Añoralgias de Les Luthiers

 Les Luthiers abandonó los escenarios luego de 56 años de carrera. El grupo argentino que impulsó Gerardo Masana, que contó con el jazz de Ernesto Acher, el piano de Carlos Núñez Cortés y los diálogos de Daniel Rabinovich y Marcos Mundstock, resistió a dos golpes de Estado, cuatro cambios de denominación de la moneda argentina, más de una guerra, tres papas y una pandemia antes de decir "¡Basta! ¡No toque más! ¡Osssú!".

Este jueves, se presentaron por última vez en Bogotá con un espectáculo en el que sí, hizo falta Marcos leyendo su carpeta roja, pero no más. De hecho, tanto Carlos López Puccio y Jorge Maronna como los cuatro reemplazantes de los Luthiers originales dieron un show digno para la Hora de la Nostalgia de los aficionados. Incluso, poniendo de presente al célebre compositor Johann Sebastian Mastropiero, a los instrumentos fabricados a la medida del grupo de artículos cotidianos, y hasta a algunas obras olvidadas. Por cierto, vote Rodríguez.

Pero en este homenaje que no fue tal, todo estaba lleno de los recuerdos del pasado, desde que un grupo de músicos de coros universitarios se reunieran en el Instituto Di Tella para convertir una cantata a un laxante en una ópera. I Musicisti, que se llamaba el grupo, se partió luego de la representación de la ópera: Masana, Mundstock, Núñez y Rabinovich fueron el núcleo de una nueva organización, con alusión a los fabricantes de instrumentos musicales y su obsesión por crearlos de objetos de la vida diaria. El latín, emblema de López Puccio; el gom-horn, especie de trompeta con una manguera que Marcos llevaba en la cabeza, y el bass-pipe a vara, trombón de varas hecho con tubos de cartón, eran los emblemas.

Y fueron creciendo hasta llegar a cosas como el nomeolbídet, un peculiar instrumento de cuerdas hecho con un bidet; la mandocleta, una bicicleta con una mandolina adosada a la rueda trasera que suena cuando se pedalea, y una marimba hecha con 20 cocos (que siempre la ejecuta mejor Cardozo). Y sus espectáculos se tornaron en un elemento humorístico increíble, en especial acompañadas por las anécdotas, historias y detalles de la vida y composición de la obra de Mastropiero narradas por Mundstock... o Rabinovich, en su peculiar estilo de enredos y juegos de palabras.

Eso sigue en esta última obra, "Más Tropiezos de Mastropiero". Los juegos de palabras abundan sin cesar, y no recomiendo comer maní mientras se ve. También la maestría de las ejecuciones, la exquisita precisión ante el piano o el latín, un cambio de ritmos que van del vals al chachachá a los villancicos y al rock and roll, pero sobre todo, la sensación de que, si quisieran, podrían dar mucho más humor. Pero ya, tal vez, es mejor dejar así.

Y es algo muy valioso para un grupo que empezó al tiempo con Jimi Hendrix. Ya tres de sus miembros fundadores han muerto: Gerardo, en 1973, atacado por un cáncer; Daniel y Marcos, pasados los 70 años y de diferentes males. La edad no es benévola para Pucho y Maronna, y la reacción del público con sus reemplazantes, a pesar de la calidad de Roberto Antier, Martín O'Connor, Tato Turano y Tomás Mayer Wolff, ha sido más bien reacia a cambiar a personajes tan queridos como Ramírez y Murena, que en la era de YouTube representan aún más al grupo que el bass-pipe a vara. Y bueno, la música también ha cambiado.

 Pero como el mismo Mastropiero dice en la obra, "uno debe ser muy serio para ser divertido". Y si algo destacó durante casi seis décadas a Les Luthiers es la seriedad en el humor. Ver sus obras es una lección no solo de risa, sino de manejo de la lengua. Un pueblito que es atacado por miles de buitres entre la sequía y la inundación, un grupo de políticos que cambian el himno nacional para hacerlo más acorde a los chicos que nacen en las actuales democracias (y las anteriores dictaduras), o cómo perdonar a la pareja luego que lo persiga por la casa con un hacha, son solo muestras de la genialidad de estos músicos. Si han decidido colgar los smokings, lo merecen y se retiran con la misma calidad que nos tienen acostumbrados.

 Antes de cerrar quiero pensar en uno de los momentos más hermosos de Leslu: el regreso de Carlitos.


 Y luego de la genialidad de Marcos y Ernesto, tengo una palabra para ellos: mil gracias.

¿Cómo, son dos? Ah, perdón: dos mil gracias.

martes, 16 de noviembre de 2021

Doctor Uribe, soy un niño grande

Duró como 15 días Iván Duque por fuera del país, y lo único que sacó, aparte de muchas fotos de la señora y los hijos en el Reino Unido, fue un problema diplomático por parte de su peor ministro. En un gobierno en que el nivel promedio es muy bajo, Diego Molano resalta como un cráter de los que hay por la Avenida 68, que destruyen suspensiones y mandan a volar a motociclistas despistados. Pero en este gobierno pareciera que todos los funcionarios se especializan en demostrarle que son los que más hacen a su patrón natural en Llanogrande, como los sobrinos haciendo piruetas en el borde de la piscina para que los vea la tía solterona. Y con los resultados de esperar.

Eso va desde el mismo inquilino de la Casa de Nariño, que tiene la correa pero evidentemente se quedó sin pantalones. Por eso se fue de viaje 15 días sin su canciller, que como es vicepresidenta se fue para otro lado dizque para garantizar la continuidad de la administración pública. Por eso se fue de viaje 15 días con su señora, hijos, jefe de gabinete y varios ministros, para llenar el cupo del 767 y decir que es "austeridad" porque no se viajó con avión solo. Para celebrar junto a impresentables como Boris Johnson o el príncipe Carlos, otro que sabe lo que es ser solo a la sombra de una figura poderosa, las mieles del protocolo y la diplomacia.

De eso último no tiene idea Molano, burdo como un hueco de la Carrera Séptima que pincha llantas, saliendo a acusar de buenas a primeras a Irán de enemigo. Esa misma falta de tacto que le hizo decir de buenas a primeras que los rusos estaban mandando noticias falsas para desestabilizar el país durante el paro, cuando en realidad las mandaban desde la muy eslava ciudad de Bogotá con una empresa de varias funcionarias que trabajaron a su cargo en el ICBF. La misma chambonada que le hizo decir que unos jóvenes muertos en el bombardeo eran "máquinas de guerra".

Porque en este gobierno, excepto Fernando Ruiz en el Ministerio de Salud y Juan Daniel Oviedo en el DANE, los ministros son elegidos por lo visibles que sean en Llanogrande. Por eso Carrasquilla hizo tres reformas tributarias y solo salió cuando el país estaba incendiado. Por eso Abudinen fue sostenida hasta lo insostenible, porque valía más llevar bien al tío Fuad y su corte juniorista que a todo un país exigiendo decencia. Por eso Molano sigue ahí, porque desde el protestódromo cuando era otro más de los 45 concejales de Bogotá ganó visibilidad en el seno mismo del uribato.

Hoy día tenemos a un gobierno incalificable por lo malo. El presidente del Senado es un perfecto anónimo, lo que ha hecho que una exreina de 34 años se gane todos los ojos en la Cámara, ya sea callando a los opositores u ordenando a Anatolio Hernández, el perdido representante de Guainía, que vote que sí y apoye que el país se quede sin ley de garantías. De los ministros, aparte de Ruiz y José Manuel Restrepo, no se hace un caldo. O son ineptos, como María Victoria Angulo a la que le quedó grande la reactivación de los colegios, o son ineficaces como Jonathan Malagón que convirtió al MinVivienda en una sucursal de Camacol para pelear con Claudia López, o son directamente malos como Margarita Cabello torciendo la justicia antes de irse a torcer la justicia como Procuradora. Molano es los tres.

Da igual. De este gobierno no puede decirse que termine "de manera melancólica y con bastante desprestigio" como lo dijo en su momento Daniel Samper Pizano tras la salida de Alfonso López Michelsen del entonces Palacio de San Carlos. De este no se puede ni siquiera asegurar que vaya a salir del poder, porque qué tal que gane Petro. Una de las mayores preocupaciones de la encuesta de Cifras y Conceptos a líderes del país es el riesgo de fraude en las elecciones de 2022. Para una democracia que se precia de tener elecciones ininterrumpidas desde 1957, y razonablemente limpias desde 1974, esta es una preocupación mayúscula.

¿Por qué? Porque no hay mejor forma de demostrarle a la tía que uno es un valiente que hacer la clavada más riesgosa, lanzarse del trampolín más alto o pegar la carrera más rápida al borde de la piscina. Y el mayor riesgo para la tía ahora es que Petro gane, así que hay que atajar ese riesgo. Todo vale: rifar el presupuesto mediante contratación ilegal, forzar la desconfianza de las cortes, manipular las cifras, llenar los formularios E-14, azuzar confrontaciones externas, mover a Ciudad Jardín para que saque a bala a la Minga, generar un enemigo interno. Y ahí Molano tiene la llave para una maniobra muy peligrosa, porque las tropas le creen y no solo por el principio de obediencia a los superiores digno de la milicia.

Ese es el verdadero "ojo con el 22": que por dárselas de niños grandes, el país se descomponga. Ya vimos que a ellos no les importa nada más que la apariencia de autoridad, ni siquiera la autoridad como tal. Si así fuera, hace muchísimo rato Duque hubiera mandado a Molano a hacer renders de su protestódromo, pero nuevamente: Duque no tiene pantalones, y no puede quitarse la correa...

jueves, 4 de noviembre de 2021

Presione "Enter" para Iniciar

Pantalla azul.

Dile adiós a la partida de Command and Conquer. A la base de datos que debías estar haciendo pero como estás teletrabajando, no necesitan saber qué haces. A la colección de discos que habías logrado descargar y al torrent gigante que estabas descargando con todas las temporadas de Breaking Bad.

¿No sabes qué pasó? Tratas de reiniciar el computador y de repente no vuelve a prender para nada.

Echas cabeza. ¿Fue por dejar prendido el computador para descargar el torrent gigante? No puede ser, lo has dejado más tiempo. Tal vez fue por andar jugando en las cobijas, porque lo sentías caliente. Pero no, el fallo es del disco duro. 

Inserte un disco de inicio y presione "Enter" para continuar. 

La BIOS carga pero te dice que no tienes disco de inicio ni nada. Nada de lo que está en el disco duro existe, es como si fuera hora de empezar de cero.

Empezar de cero.

Al lado el parlante sigue reproduciendo tus listas. No le has parado atención para tratar de recuperar la información. Ahí está todo: la tesis, que has estado trabajando por pedazos. La base de datos de la oficina. La oficina. Debes llamar a tu jefe y decirle que estás con un fallo técnico. Pero cuando coges el teléfono caes en cuenta de lo que suena. Es Cerati.

A mí me es fácil olvidar...

Olvidar.

Cristina. Ella debe estar en su propio plan, cogiendo carretera para Cali aunque dijo cuando estabas juntos que detestaba Cali y te trató de armar problema con ese viaje de la materia para evaluar la logística de la importación de motos. Pero no, el problema era Vanessa, que sí, te gustaba mucho pero por Dios, eso fue al principio de la carrera, luego le dabas la vida a Cristina pero es muy difícil que seas ingeniero industrial y ella politóloga. Y después de las peleas, terminamos.

Una borrachera, fue lo único que te permitiste. Ahora, tres meses después, estabas pensando en llamarla. Y para evitarlo te pusiste a jugar Command and Conquer. Pero otra vez está ahí la pantalla azul de la BIOS. El disco duro que no solo tiene lo del trabajo, ni lo de la tesis. También tiene todo lo que fue esa relación.

A mí me es fácil olvidar...

 Coges el teléfono y paras Spotify para timbrar a tu jefe.

- Sí, jefe. Tengo un problema técnico con mi computador, no reconoce el disco duro. ¿Conoce algún lugar donde lo cambien? No, no necesito recuperar la información, la base de datos está en la nube...

jueves, 23 de septiembre de 2021

Tachonazos 4: Cuando todo se derrumba

Solo pasaba por aquí a mirar qué tanto polvo se ha acumulado. Han pasado demasiadas cosas en cuatro meses de turbulencia que se han llevado todo por delante, pero el polvo aquí sigue quieto. Como si nada hubiera pasado. Como si nada fuera a pasar.

La vida. El último tachonazo tiene más de 10 años de vigencia y yo no soy el mismo tipo que era en ese noviembre de 2010, despechado por alguien que nunca iba ni va a ser el amor de mi vida por más que yo lo quisiera. Muy tarde lo vine a descubrir, cuando ya eso no solo había acabado mis opciones con ella, sino muchas otras. Hay muchas personas a las que les hice daño por perseguir una quimera, por tratar de buscar una luz al final del túnel que terminó siendo un tren y por poco me arrolla. Debo pedirles disculpas, pero no ahora. Hay que dejar que el tornado exterior se aplaque.

El tornado. Del tipo que era en febrero queda muy poco. Ya me había acostumbrado a una casa (en mucho más de un sentido) y al final las condiciones hicieron que fuera otra. Me convertí en otro tipo de persona, una que solo depende de sí mismo para hacerse una pasta, pagar el agua o levantarse todas las mañanas a aguantar los maltratos, los insultos, la amabilidad corrosiva que camuflaba puños de hierro en guantes de seda, que se mete en las entrañas y las despedaza, socava los cimientos de la identidad personal y genera dudas hasta de quién es uno. De qué es lo que hace. De si tomó la decisión correcta al jugársela a vivir de algo como el periodismo.

Quiso la fortuna, Dios o como lo quiera llamar usted, amigo lector, que aparecieran puntales para evitar que ese derrumbe fuera completo. Los hubo cuando el derrumbe era de hogar. Los hubo cuando la salud colapsó y en un momento, acostado en el colchón de una casa ajena pero donde me sentí más en mi hogar en mucho tiempo, llegué a pensar que iba a ser una de las cifras fatídicas del tercer pico del covid, de la variante alfa, delta, mu (ese nombre), de la que fuera que me tuvo 20 días tosiendo en vez de respirar. Sobreviví con problemas serios de concentración y de ansiedad. Y cuando intenté enfrentarlos, se derrumbó mi vida laboral.

Mientras escribo esta primera parte tengo la carta de renuncia que me pidieron al lado. No quiero que la gente de la página piense que es contra ellos, porque es un equipo brillante que es capaz de muchísimas cosas, donde la camaradería no va solo de dientes para afuera sino hay amistades legítimas y duraderas. Algún día nos tendremos que volver a ver para reírnos de todo esto.

Pero no, mejor no hablar de ciertas cosas. Vuelvo dos semanas después a ver el saldo: positivo en medio de la tormenta. Tal vez la expresión no era de tornado, sino como me dijera una antigua compañera, de incendio. Había que quemarlo todo para dejar que las cenizas se convirtieran en abono y desde ahí sembrar mejores cosas. Las llamas han hecho su labor purificadora, ahora solo queda en uno sembrar y evitar que la maleza se convierta en el elemento que domine este incendio. A trabajar, no queda de otra.

lunes, 20 de septiembre de 2021

No hay nada mejor que casa


Las tazas sobre el mantel
La lluvia derramada


No hay cosa más frustrante que buscar un apartamento en arriendo económico en Bogotá. Lo encuentras muy lejos, en mal estado, pequeño, te piden historia hasta de la llegada de tus ancestros al nuevo mundo, y al final te responden con un “gracias, vuelva pronto” porque no ganas lo suficiente, aunque estés entre los mejor pagos del país. Yo quería conseguir mi casa propia, irme del hotel mamá donde ya no se justificaba eso de estar “colaborando” cuando se tienen ya 30 años y un posgrado, tener un lugar donde pudiera decir “vengan y rematamos” o donde pudiera llevar a alguna hembrita. Un espacio propio.

Un poco de miel, un poco de miel no basta...

Pero me llamó la atención muchísimo una publicación en Facebook. Era un apartamento demasiado grande para irme a vivir solo. También era un apartamento que se me hacía muy conocido, aunque no sabía por qué. En uno de esos conjuntos de San Cristóbal, no habría forma de que no me quedara muy lejos ahora que tendría que volver a la oficina. Pero algo me lo recordaba, algo me atraía para que llamara al número y le dijera a la señora que estaba interesado en el apartamento y quería verlo.


El eclipse no fue parcial
Y cegó nuestras miradas


Cuadramos la cita para el sábado. Salí muy temprano de casa, para poder cumplir a las 10 sabiendo que era poco probable que el SITP pasara a tiempo. Al llegar al paradero sobre la 68, ahí estaba el bus, casi que esperándome. Me subí y dejé que Spotify hiciera su magia, con todo el Fito Páez, Calamaro, Pedro Aznar y Cerati que pudiera sacarme. Ando en una fase de fanatismo de rock argentino desde que Lorena me mandó al carajo.

Te vi que llorabas, te vi que llorabas por él…

El primer golpe fue al bajarme en el hospital San Blas, cruzar la Primero de Mayo y entrar al barrio. Todos los negocios me recordaban algo. ¿Esa panadería no hacía los roscones que no volví a encontrar cuando era niño? ¿Y en esa casa donde está la peluquería no tenían una máquina de arcade donde jugaba “el kinofaiter” que después me hizo tan popular entre los niños de Las Ferias?

Solo entendí cuando entré al conjunto, al apartamento y vi una pequeña marca en el armario. “Ricki no se va Ago-98”. La arrendataria creo que también se dio cuenta.

  • Disculpe, sumercé, es que ese rayón ya estaba cuando compré el apartamento, y como solo lo tengo para arrendar pues nunca le paré bolas, pero yo sé que toca cambiar esos clóseres…
  • No, no, tranquila. ¿Hace cuánto tiene el apartamento?
  • Pues don Ricardo, yo lo compré hace como 20 años al banco, tenía una plata de cesantías ahorrada y aproveché que lo vi barato.

Un sorbo de distracción
Buscando descifrarnos


La invité a tomar un café en la panadería, yo pedí un roscón y la dueña una garulla “porque esos roscones eran ricos, pero los dañaron hace rato”. Le pregunté sobre los arrendatarios, los vecinos, el problema para llegar allá, los servicios. Ella me preguntó sobre mi trabajo, mis intenciones con el apartamento, las ofertas que había visto. Solo cuando me fui le dije que no era lo que estaba buscando, pero que Ricki había vuelto al lugar de donde un banco desalmado lo sacó a punta de cuotas del UPAC, que tantos días de lágrimas le había causado a mamá y que había hecho trabajar tanto a papá que al final le provocó un infarto en el taxi...

miércoles, 30 de diciembre de 2020

Alcaldesa: no es malo que reconozca que la está embarrando

Estimada alcaldesa Claudia López:

Este viernes cumple un año al mando de Bogotá. No hay que recalcar que fue un año atípico, en el que todos nos enfrentamos a un riesgo inesperado y como pudimos, hemos llegado a esta época de balances de una manera más o menos positiva. A usted le correspondió una situación de control de una ciudad particularmente difícil, y durante un tiempo en marzo y abril usted fue una de las personas que más se puso a la altura de las circunstancias en este país. El manejo inicial en esas semanas críticas fue envidiable.

Pero algo se jodió entre junio y julio.

No sé si fue la situación económica que multiplicó las demandas de ayuda en un momento en el que no había recursos. Tampoco sé si hubo presiones excesivas por parte de gremios y empresarios con el fin de reabrir todo a las patadas. Incluso, no sé si pueda decirse que simplemente se acabó la luna de miel que cada nuevo mandatario tiene durante el inicio de su gobierno. Pero la verdad, alcaldesa, este segundo semestre de 2020 ha sido muy decepcionante.

No hablo únicamente de la atención de una pandemia que está amenazando nuevamente con desbordar a la ciudad. En este aspecto las medidas han brillado por su improvisación, en especial las de los últimos días. El caso de la ley seca es emblemático: el anuncio de las 12 cambiado por otro anuncio a las 5 y luego por un decreto que no decía exactamente lo que decía el otro anuncio, por lo que durante unos minutos nadie sabía exactamente qué pasaba, si había propiamente ley seca o solo restricción de consumo de licor, si los bogotanos podrían comprar un trago para brindar en Navidad. Al menos para el 31 quedó fijo que hay ley seca. Parafraseando a Homero Simpson, "la ley seca hace que los bogotanos beban más y se emborrachen más", así que la lluvia de pólvora y los accidentes de tránsito son conclusiones lógicas.

Tanto como las aglomeraciones y marchas en plena final del Fútbol Profesional Colombiano entre Santa Fe y América, con hinchas de ambos lados bloqueando vías y armando alboroto. E incluso, tanto como las aglomeraciones de miles de personas comprando regalos de navidad en San Victorino y en los centros comerciales.

Tengo mis dudas sobre si hubiera sido mejor un cierre en noviembre, pero eso ya es pasado. Lo que no es lo que la espera, alcaldesa, este 10 de enero cuando vuelva de sus vacaciones. No va a ser únicamente la pandemia: va a ser la oleada de delitos de altísimo impacto, porque ya no son solo robos sino muertes para quitar celulares. Va a ser la crisis de movilidad por chambonadas absurdas como quitarle un carril a la vía más congestionada de Bogotá para montar un bicicarril inútil mientras 500.000 personas deben lidiar con trancones de tres horas. Va a ser el equilibrio con un Concejo que no le cree y con una oposición cada vez más bulliciosa, y un apetito burocrático más difícil de saciar.

También va a ser la lista de evasivas a las promesas de campaña incumplidas, como pintar buses del Sitp de amarillo "para que se vea que son limpios" mientras hace tres troncales nuevas (68, Cali, Caracas hasta Usme y promete otras dos (13 y Séptima). O como la inversión en "escenarios para llevar la cultura en los barrios y apoyar a los artistas" que terminan convirtiéndose en fuente de aglomeraciones. O incluso, esas declaraciones en las que culpó de los crímenes en TransMilenio a los venezolanos, tratando luego de rescindirlas pero sin decir "la embarré".

Alcaldesa: tiene en sus manos un 2021 que puede convertirse en la oportunidad de oro para una recuperación y un repunte de Bogotá. El POT, el inicio de obras del Regiotram y el diseño de la segunda línea del Metro, la expansión de Bogotá Solidaria y la renta básica, la construcción del San Juan de Dios, e incluso cosas mucho más pequeñas como un colegio o un jardín infantil, son una chance para una ciudad más digna y mejor. Y todos sabemos que usted busca convertir el desempeño en el Palacio Liévano en un trampolín que la lleve dos cuadras más al sur, al Palacio de Nariño. Pero para llegar allá, tiene que hacer las cosas mejor que cualquier otro alcalde. Y no lo está haciendo.

Y sobre todo, reconozca que la está embarrando. La soberbia de no ver sus errores como tales la acerca más a sus enemigos políticos, a los que no hay que mencionar, de lo que quiere reconocer. Una de las cosas que más repudio causa de su antecesor es justamente esa soberbia de asumir que toda decisión que tomara era buena y que quien la rechazaba lo hacía únicamente por principios políticos. En el Congreso usted dio pruebas de ser capaz de negociar y ajustar cosas, sin perder la vehemencia. En la Alcaldía es parte del trabajo.

Atentamente,

El C. de R.

Adenda. El aborto es legal en Argentina, y es algo para celebrar. Pero no me deja de sonar sospechosa su aprobación en un momento tan crítico en el país, luego de tres años de una discusión increíblemente polarizante y desgastante. Y temo que en Colombia se convierta en una cortina de humo azuzada para pegar a cualquier proyecto político sin oficio ni beneficio ese activismo feminista...

miércoles, 11 de noviembre de 2020

Decadencia, Semana a Semana

Este martes, la dirección del grupo editorial Publicaciones Semana anunció cambios drásticos en sus medios de comunicación. Desde que la familia Gilinski compró el 50% de las acciones del grupo a Felipe López en 2019, estos cambios han sido mayormente negativos. El emblema del periodismo investigativo sucumbió ante un pivote a video que se ha comido a medios de la trascendencia de Vice y Gawker, multiplicado por un interés de su directora digital, Victoria Eugenia Dávila, de generar un espacio más a la derecha de NTN24, pero sin el peso que da estar en televisión.

La estrategia de Vicky y los Gilinski parece haber funcionado. Los cambios anunciados este martes indican que Dávila, cuya experiencia ha sido marcada en medios televisivos, será la directora editorial general de todo el grupo Semana, reemplazando a Alejandro Santos. Así mismo, las revistas Semana y Dinero se fusionarán, y las redacciones digital e impresa de los cuatro medios se combinarán en una sola. Aunque Semana seguirá circulando los domingos, el objetivo es, además de reducir costos, seguir "fortaleciendo" las plataformas digitales de la revista.

Suena irónico decir esto cuando trabajo para un periódico que a causa de la pandemia se ha vuelto 98% digital, pero el plan de Gilinski y Vicky no es fortalecer el portal Semana.com. Es debilitar la revista Semana. Así lo interpretaron Ricardo Calderón, María Jimena Duzán, Antonio Caballero, Rodrigo Pardo y las redacciones de Judicial y Nación en pleno, que renunciaron masivamente ante estos anuncios.

Porque al final, queda muy poco de la revista fundada por Felipe López en 1982, con la intención de ser "una Time colombiana". Está bien, la crisis de los anunciantes es cada vez mayor y por supuesto, las revistas semanales son costosas. Todas las redacciones han tenido la necesidad de recortarse, ajustarse y afinarse para afrontar el modelo actual de negocio. Y en ese sentido, los cambios que ha hecho Gabriel Gilinski podrían tener alguna justificación, en especial la unificación de redacciones que es algo que se ha planteado en cada medio.

Pero los mecanismos son completamente opuestos a la lógica. Gilinski, con el objetivo de fortalecer el portal, ha debilitado su buque insignia, que es la revista impresa. El contenido de altísima calidad que generaba la revista al mando de Ricardo Calderón la había convertido en un emblema latinoamericano del buen periodismo. Así lo entendía Felipe López; así no lo entendió Gabriel Gilinski, que prefirió irse por el subidón de un número en Google Analytics.

Un símil muy importante me lo da la historia de Packard. Hasta los años 1940, la marca norteamericana era uno de las fabricantes de vehículos más prestigiosos del mundo, por encima de Cadillac. Durante la Gran Depresión tuvo que construir autos más baratos (pero no propiamente baratos) para sobrevivir a la crisis, con su elegancia y su capacidad. La Segunda Guerra Mundial paró la producción de vehículos, pero en la reactivación de la economía en 1946, mientras sus competidoras Cadillac y Lincoln se dedicaron a hacer autos carísimos, Packard se fue a cazar números de producción.

Resultado: sus limusinas fueron reemplazadas por vehículos de "casi lujo" y hasta taxis, en un momento en el que hubieran podido vender todo lo que tenían. La expansión dejó a la marca descapitalizada, su prestigio por los suelos y sin capacidad suficiente para competir contra sus nuevos rivales, marcas con mucho más capital y mercado como Buick y Chrysler. La compañía dio tumbos hasta que en 1958, cerró con autos desastrosos.

A Semana le está pasando lo mismo. Su decadencia es notoria porque se fue a cazar números de Analytics o Comscore, descuidando su fuerte: el periodismo y análisis de largo alcance. Si Gabriel Gilinski pretende mantener la revista a flote debe encontrar formas de sostener esa calidad. Ahora bien, el nombramiento de Dávila como directora general y las renuncias masivas de sus redacciones apuntan a un rumbo (o para usar el término náutico, derrota) de ir solo por los números, estrategia arriesgada y que supone que la competencia de la revista no será más El Espectador o El Tiempo, sino Pulzo y Las 2 Orillas.

Ojalá la revista sobreviva a estos embates, pero no tengo fe. En 2020 ha acabado con casi todo lo que ha podido, desde las columnas de Coronell hasta la revista de Avianca, y a Dávila le queda revivir un cadáver. Los periodistas que quedan en Semana tendrán unos zapatos muy grandes que llenar, y me queda la duda de que tengan las herramientas para hacerlo bien. Si no, la decadencia de Semana se irá agravando con cada edición.

(N. de la R.: Este blog revive a partir de este artículo con columnas semanales, que espero que salgan los miércoles).

domingo, 8 de octubre de 2017

Cuento cartagenero

Torturada por los fantasmas de la histórica casa, Alicia sale todos los días a eso de las 4 a recorrer las calles adoquinadas entre el baluarte de San Juan y la plaza de Santa Clara en su silla motorizada. Aunque los años blanquearon su sien y curtieron la piel cetrina de sus brazos, su arrugado rostro muestra a la vez la distinción de ser la última marquesa de Consuegra y la esperanza de que este día sí encontraría al hombre que la amó antes de regresar al Louisville.

En su mente sólo existía esa posibilidad desde que lo despidió en la bahía, prometiéndole escribirle a diario y un pronto encuentro. Alicia lo supo desde que lo vio por primera vez, desorientado por allá en los tiempos en que Santo Domingo estaba cayéndose a pedazos y nadie venía. Con el inglés burdo y atropellado que aprendió en el Marymount hasta que pudo pagarlo, le preguntó qué buscaba. Quería hallar una oficina de correos para poner un telegrama.

Se ofreció a acompañar al apuesto joven a quien la blancura de los dientes y las charreteras del uniforme contrastaban con su tez oscura, pero diferente a la de Aminta y Bernardo. Tal vez fuera el uniforme de la armada o el dejo de Tennessee en su acento, pero algo la atrajo locamente. Y se ofreció a acompañarlo al correo y a mostrarle la ciudad.

El viejo Mauricio sólo se enteró a los dos días, cuando nadie le dio señal de por qué su hija no estaba a la hora de la cena. Aminta no la vio por andar en la cocina con su hija Leonor: Bernardo había lavado el Buick después del viaje a Manzanillo, y los fantasmas de los marqueses de Consuegra no aparecían sino después de las 8. La respuesta la tenían los de la tienda en lo que fuera la cochera. Alicia y su Jeffrey se habían ido a caminar su idilio mientras tomaban Jack Daniel's a poco de botella, y habían agarrado hacia los descampados de San Diego. Sí, estaban seguros: ninguna otra niña de 15 años había ido hacia allá muerta de la risa y en gancho con un marinero gringo negro.

Para don Mauricio, que aunque se apellidaba Samudio firmaba "de Consuegra", la situación estuvo al borde de provocar una apoplejía. ¿Alicia, la niña de sus ojos, con un negro? ¿Tomando alcohol a sus 15? ¿Y en el descampado de San Diego? Sacó la escopeta de su gaveta, prendió el Buick recién lavado y casi arrolló a Bernardo al salir disparado en su afán de recuperar el respeto de su casa, una de las más prestigiosas de Cartagena.

Cuando vio a la niña, está exhibía sus rizos dorados y su tez pálida recostada en el pecho del marinero, que le narraba entonces sus peripecias en un desembarco a Nicosia. El viejo frenó en seco y dejó a los dos jóvenes enceguecidos, dos cervatillos ante el arma despiadada del cazador.

- ¡Yo mato a este negro hijueputa por violar a mi hija!

Jeffrey, que a duras penas mascullaba tres palabras de castellano, le dijo que sacaría el arma, pero por delante se puso Alicia y pidió clemencia a su padre.

 - Nada de eso, hija, ¡quítate que lo mato así te mate!

Don Mauricio apuntó y haló el gatillo, pero la escopeta se encasquilló. Con un sonoro "¡carajo!" la lanzó al suelo: la pólvora estalló y un perdigón casi imperceptible se metió en la desnuda espalda de Alicia. El marino saltó a protegerla mientras se desplomaba, pero el colérico padre trató de meterle un culatazo. De un puño, Jeffrey logró noquear al viejo y se fue con Alicia al hospital naval. Mintió que la había salvado de un robo, vio cómo le sacaban una novedosa placa de radiografía y se despidió prometiéndole con todo el amor del mundo que le iba a escribir apenas zarparan de Cartagena. Un día se reunirían en su natal Chattanooga y serían felices.

Más duró en zarpar el Louisville de la bahía que el viejo Mauricio en desatar un escándalo internacional. Juró que el escopetazo había sido obra del marinero negro, que había tratado de violar a Alicia, y que ese infame pagaría con la pena capital. Logró pedirle al cónsul que le hicieran juicio marcial: a los tres días Jeffrey recibió la descarga deshonrosa por el escándalo en el que había metido a los Estados Unidos de América, y se esfumó.

Alicia vaga con la silla motorizada por el centro histórico para evitar que el fantasma de su padre y los otros marqueses sigan repitiendo esa infamia. El perdigón no solo le quitó el uso de sus piernas, sino la relación con su padre y el deseo de otro cuerpo que no sea el de Jeffrey. Cuando al viejo lo devoró la pleuresía, tapió la puerta de su habitación, y ahora solo le queda Leonor. Ella la apremia para que salga y le muestre al próximo gringo perdido en La Heroica dónde queda lo que quiere encontrar.

El Buick quedó sepultado bajo una mata de maleza que también destruye la pared que separa el parqueadero de la habitación paterna. La escopeta sigue en su portaequipajes, al lado del nido de ratones que se come el baúl donde el viejo colérico condenó al olvido las más de 600 cartas que la hija que había dejado sin piernas nunca leería, provenientes de Chattanooga.

miércoles, 9 de noviembre de 2016

This is the end...

Pongamos de una vez a Jim Morrison.




Mientras escribo esto, los Estados Unidos han votado y eligieron a Donald Trump como presidente. Sí, el tipo bronceado que dijo que se comería a la hija si no fuera la hija, que fue grabado diciendo que podría coger a cualquier mujer por la vagina, que cree que el calentamiento global se lo inventó China, cuya primera promesa de campaña es construir un muro para evitar que se metan los mexicanos (y que lo pague México). Ese hobre es el que va a gobernar el país más poderoso del mundo.

Hay muchos análisis que hacer. Si el miedo hizo que más viejos blancos votaran. Si funcionó la discriminación en las urnas contra negros y latinos. Si los millenials no salieron a votar. Todas las mismas excusas que escuchamos para analizar los resultados del brexit y del No se repetirán.

"No importa lo que ocurra, el sol saldrá mañana", dice Obama, pero es sinceramente aterrador pensar que Trump es presidente. Un tipo sin ideas, sin habilidad, no puede estar al lado del botón. Es básicamente lo mismo que se decía en los 80 de Reagan, con la diferencia que Reagan tuvo algo de experiencia mediante la gobernación de California.

Podemos decir que la gente es estúpida, pero esa no es la solución. La gente es inteligente, o al menos la que yo he conocido: otra cosa es que solo piense en lo que los afecta, llámese "no pagar más IVA a las Farc" o "quitarle trabajos a las fábricas mexicanas para devolverlo a Estados Unidos". El argumento de la idiocracia es tentador, pero simplón.

Ahora solo queda abrazarse, porque es más que probable que un empresario acusado de violaciones presione el botón de la bomba atómica luego de que lo insulta, digamos, Kim Jong-Un. Y que se diga a sí mismo "you're fired".

Por eso tengo miedo...

martes, 9 de agosto de 2016

Marchita por la familia

La marcha que mañana se realizará en varias ciudades del país contra el supuesto "adoctrinamiento" del Ministerio de Educación ha sido llamada por sus promotores, la Iglesia Católica y repentinas protectoras de la moral y buenas costumbres como las senadoras María del Rosario Guerra y Thania Vega, como una "marcha por la familia".

¿Qué es proteger la familia para estos defensores de la tradición? Parece ser impedir la idea de reconocer que en un aula de clases hay espacio para otras visiones que no sean las sacadas de la Biblia católica. Que la idea de un niño de conocer su orientación sexual se origina en el hostil ambiente de un salón de clases en vez de en su casa. Que porque sus hijos sepan que hay algo más que el papá y la mamá en la vida, se van a convertir en miembros de un frenesí sexual desinhibido, propio de Sodoma o de Babilonia.

La Iglesia tiene muy claro el motivo de su oposición. Es lógico: va en contra de la tradición y las costumbres que impuso y controló con su llegada de mano de los conquistadores en el siglo XVI. 500 años de dominio no se pueden perder tan fácil, sobre todo considerando todo el espacio que se ha perdido.

Hace 100 años los curas imponian qué enseñar. Hoy aseguran que decirle a los niños que ese hombre con falda no es una violación a la ley divina y una aberración a los ojos de Dios es una imposición. Ese poder de moldear los designios de Dios para moldear la política y la sociedad ha sido perdido y de qué forma.

Lo mismo sucede con tantos honorables personajes de la política y la sociedad que gritan su rechazo a la idea de que los niños aprendan algo que deberían aprender en su casa. Rechazan que un niño, tal vez un hijo suyo, sepa de la existencia de esa... de esa gente.

Así se perpetúa la discriminación. Con padres incapaces de pensar que esa ignorancia los somete a aún más riesgos porque no imaginan que sus angelitos debían saber de condones hasta que la curiosidad loa impulsa a tener relaciones sexuales sin protección y a un embarazo adolescente o una ETS. Con familias que no creen que un niño pueda entender algo como "ese señor está vestido de señora porque se siente más cómodo así, cree que es una señora metida en el cuerpo de un hombre" porque ellos le tienen pavor a esa idea: de sentirse feliz y cómodo con un estándar distinto al propio.

Cada quien construye su identidad y la moldea con sus experiencias personales. Esto no implica que dicha construcción no sea un proceso guiado o que se realice de manera independiente: la construcción de identidad (no de género: de toda la identidad personal) depende mucho de la educación, y sobre todo, de los padres.

Los participantes a la marcha de mañana no defienden la familia: defienden una idea marchita y caduca de la familia como papá, mamá, hijos, casa, carro y perro. La defensa verdadera de la familia no es la de exigir que todos piensen lo mismo que yo y de esconder a los puros oídos de los niños la idea de una comunidad LGTBI: es la de educarlos a respetar a sus congéneres, a no discriminar por motivos de género u orientación sexual y, sobre todo, a ser personas que puedan acabar con la idea caduca de que alguien es diferente por usar otra prenda. Sea una falda, camiseta de otro equipo o un vestuario étnico.

Adenda: ¿en serio alguien cree que un ministerio que no puede controlar la alimentación escolar se va a poner a repartir pornografía homosexual en los salones?

domingo, 12 de junio de 2016

All in

Las gotas de lluvia caían sobre el parabrisas con un martilleteo apenas amortiguado, y le daban a tu cara un brillo extraño e informe, cambiante cada segundo y que a veces destacaba tu ojo, otras veces tus labios, otras más se confundían con la lágrima que circulaba por tu mejilla.

- ¿Por qué lloras?

No me respondiste. No esperaba que lo hicieras, tampoco. Lo mío siempre han sido las preguntas estúpidas, lo sabes.

- Dime, por favor, por qué lloras.

- Porque sé que debo irme... y no quiero.

Es cierto. Normalmente me iba yo. A veces entre frases dramáticas que buscaban confundir la verdad a punta de prosopopeya, otras veces en un silencioso paso mientras movía la cabeza, negándolo. Pero esa vez tampoco lo podía hacer: había aprendido que el miedo, ese miedo que me paralizaba y era incapaz de hacerme reconocer que lo que sentía por ti era amor, podía ser vencido

Por eso estaba ahí, contigo. Porque después de haberme ido dando un portazo durante un par de semanas, te había vuelto a escribir por Whatsapp. Te había propuesto tomar un café en la pequeña panadería de la esquina del barrio y luego dar vueltas sin rumbo fijo. Al ver que el cerro de El Cable se tapaba en agua me ofrecí a llevarte hasta tu casa sin importar que hubiera un insoportable trancón causado por el pico y placa. Por eso, y porque no quería irme ni dejarte ir.

- No tienes que irte si no quieres, pero por favor, no llores.

- No es eso... es que...

Con mi último atisbo de confianza decidí lanzarme con todo en una medida desesperada. Decidí abalanzarme hacia ti, hacia tus labios que no había podido besar nunca paralizado por los miedos que muchas veces me dominan. Con mi mano te limpié la lágrima. De repente, una cara que no supe si era de incredulidad o de reproche.

- ¿Por qué lo hiciste?

- Porque te amo, y siempre te he amado. Si no lo hiciera no estaría aquí.

Por fin te vi sonreír. Y fuiste tú la que se abalanzó una, dos, diez, mil veces buscando mis labios que e habían quedado en un primer momento sin respuesta. En cada pausa musitabas un "te amo", que no tenías que decir: cada vez que lo hacías mi mente se alejaba de mi cuerpo y subía a un lugar distinto, un espacio donde la lluvia no existía, el viento cortante de los cerros orientales se convertía en suave brisa, y tu rostro alumbraba el sol.

- Te amo, mi amor.

Con cada "te amo" y cada roce de tus labios con los míos, con mi nariz, con mis párpados, no solo me sentía en ese campo elíseo: también me crecía la valentía y la confianza. Y la cursilería, porque allá arriba el oxígeno no llega con tanta suficiencia, y a veces uno dice las bobadas más bobas y las cursilerías más cursis. Y le salen desde el fondo del alma, suben hasta las alturas de la felicidad y luego las pronuncias, pero tú estabas también en esas alturas y lo entendías.

- Mi amor. Eres mi amor.

- Y tú eres mi amor. Te amo.

A veces uno debe recurrir a medidas desesperadas para evitar perder a alguien y reconciliarse con él. Yo sé que lo mío no fue solo una reconciliación. Fue un momento en el que supe que estaba hecho para ti. Tal vez debía haberlo sabido cuando tu mano buscaba la mía en la palanca de cambios, o cuando te agarraste con tanta fuerza de mí para evitar resbalar bajando un puente peatonal. Pero todavía me subo al auto y te siento ahí. Y siempre estará en esa silla de pasajero tu presencia, tu felicidad e, incluso, el rastro de corazones que dejaste cuando saliste esa noche, sin importar que la llovizna todavía te pudiera dejar afectada. Eso es el amor y la reconciliación.