martes, 16 de noviembre de 2021

Doctor Uribe, soy un niño grande

Duró como 15 días Iván Duque por fuera del país, y lo único que sacó, aparte de muchas fotos de la señora y los hijos en el Reino Unido, fue un problema diplomático por parte de su peor ministro. En un gobierno en que el nivel promedio es muy bajo, Diego Molano resalta como un cráter de los que hay por la Avenida 68, que destruyen suspensiones y mandan a volar a motociclistas despistados. Pero en este gobierno pareciera que todos los funcionarios se especializan en demostrarle que son los que más hacen a su patrón natural en Llanogrande, como los sobrinos haciendo piruetas en el borde de la piscina para que los vea la tía solterona. Y con los resultados de esperar.

Eso va desde el mismo inquilino de la Casa de Nariño, que tiene la correa pero evidentemente se quedó sin pantalones. Por eso se fue de viaje 15 días sin su canciller, que como es vicepresidenta se fue para otro lado dizque para garantizar la continuidad de la administración pública. Por eso se fue de viaje 15 días con su señora, hijos, jefe de gabinete y varios ministros, para llenar el cupo del 767 y decir que es "austeridad" porque no se viajó con avión solo. Para celebrar junto a impresentables como Boris Johnson o el príncipe Carlos, otro que sabe lo que es ser solo a la sombra de una figura poderosa, las mieles del protocolo y la diplomacia.

De eso último no tiene idea Molano, burdo como un hueco de la Carrera Séptima que pincha llantas, saliendo a acusar de buenas a primeras a Irán de enemigo. Esa misma falta de tacto que le hizo decir de buenas a primeras que los rusos estaban mandando noticias falsas para desestabilizar el país durante el paro, cuando en realidad las mandaban desde la muy eslava ciudad de Bogotá con una empresa de varias funcionarias que trabajaron a su cargo en el ICBF. La misma chambonada que le hizo decir que unos jóvenes muertos en el bombardeo eran "máquinas de guerra".

Porque en este gobierno, excepto Fernando Ruiz en el Ministerio de Salud y Juan Daniel Oviedo en el DANE, los ministros son elegidos por lo visibles que sean en Llanogrande. Por eso Carrasquilla hizo tres reformas tributarias y solo salió cuando el país estaba incendiado. Por eso Abudinen fue sostenida hasta lo insostenible, porque valía más llevar bien al tío Fuad y su corte juniorista que a todo un país exigiendo decencia. Por eso Molano sigue ahí, porque desde el protestódromo cuando era otro más de los 45 concejales de Bogotá ganó visibilidad en el seno mismo del uribato.

Hoy día tenemos a un gobierno incalificable por lo malo. El presidente del Senado es un perfecto anónimo, lo que ha hecho que una exreina de 34 años se gane todos los ojos en la Cámara, ya sea callando a los opositores u ordenando a Anatolio Hernández, el perdido representante de Guainía, que vote que sí y apoye que el país se quede sin ley de garantías. De los ministros, aparte de Ruiz y José Manuel Restrepo, no se hace un caldo. O son ineptos, como María Victoria Angulo a la que le quedó grande la reactivación de los colegios, o son ineficaces como Jonathan Malagón que convirtió al MinVivienda en una sucursal de Camacol para pelear con Claudia López, o son directamente malos como Margarita Cabello torciendo la justicia antes de irse a torcer la justicia como Procuradora. Molano es los tres.

Da igual. De este gobierno no puede decirse que termine "de manera melancólica y con bastante desprestigio" como lo dijo en su momento Daniel Samper Pizano tras la salida de Alfonso López Michelsen del entonces Palacio de San Carlos. De este no se puede ni siquiera asegurar que vaya a salir del poder, porque qué tal que gane Petro. Una de las mayores preocupaciones de la encuesta de Cifras y Conceptos a líderes del país es el riesgo de fraude en las elecciones de 2022. Para una democracia que se precia de tener elecciones ininterrumpidas desde 1957, y razonablemente limpias desde 1974, esta es una preocupación mayúscula.

¿Por qué? Porque no hay mejor forma de demostrarle a la tía que uno es un valiente que hacer la clavada más riesgosa, lanzarse del trampolín más alto o pegar la carrera más rápida al borde de la piscina. Y el mayor riesgo para la tía ahora es que Petro gane, así que hay que atajar ese riesgo. Todo vale: rifar el presupuesto mediante contratación ilegal, forzar la desconfianza de las cortes, manipular las cifras, llenar los formularios E-14, azuzar confrontaciones externas, mover a Ciudad Jardín para que saque a bala a la Minga, generar un enemigo interno. Y ahí Molano tiene la llave para una maniobra muy peligrosa, porque las tropas le creen y no solo por el principio de obediencia a los superiores digno de la milicia.

Ese es el verdadero "ojo con el 22": que por dárselas de niños grandes, el país se descomponga. Ya vimos que a ellos no les importa nada más que la apariencia de autoridad, ni siquiera la autoridad como tal. Si así fuera, hace muchísimo rato Duque hubiera mandado a Molano a hacer renders de su protestódromo, pero nuevamente: Duque no tiene pantalones, y no puede quitarse la correa...

jueves, 4 de noviembre de 2021

Presione "Enter" para Iniciar

Pantalla azul.

Dile adiós a la partida de Command and Conquer. A la base de datos que debías estar haciendo pero como estás teletrabajando, no necesitan saber qué haces. A la colección de discos que habías logrado descargar y al torrent gigante que estabas descargando con todas las temporadas de Breaking Bad.

¿No sabes qué pasó? Tratas de reiniciar el computador y de repente no vuelve a prender para nada.

Echas cabeza. ¿Fue por dejar prendido el computador para descargar el torrent gigante? No puede ser, lo has dejado más tiempo. Tal vez fue por andar jugando en las cobijas, porque lo sentías caliente. Pero no, el fallo es del disco duro. 

Inserte un disco de inicio y presione "Enter" para continuar. 

La BIOS carga pero te dice que no tienes disco de inicio ni nada. Nada de lo que está en el disco duro existe, es como si fuera hora de empezar de cero.

Empezar de cero.

Al lado el parlante sigue reproduciendo tus listas. No le has parado atención para tratar de recuperar la información. Ahí está todo: la tesis, que has estado trabajando por pedazos. La base de datos de la oficina. La oficina. Debes llamar a tu jefe y decirle que estás con un fallo técnico. Pero cuando coges el teléfono caes en cuenta de lo que suena. Es Cerati.

A mí me es fácil olvidar...

Olvidar.

Cristina. Ella debe estar en su propio plan, cogiendo carretera para Cali aunque dijo cuando estabas juntos que detestaba Cali y te trató de armar problema con ese viaje de la materia para evaluar la logística de la importación de motos. Pero no, el problema era Vanessa, que sí, te gustaba mucho pero por Dios, eso fue al principio de la carrera, luego le dabas la vida a Cristina pero es muy difícil que seas ingeniero industrial y ella politóloga. Y después de las peleas, terminamos.

Una borrachera, fue lo único que te permitiste. Ahora, tres meses después, estabas pensando en llamarla. Y para evitarlo te pusiste a jugar Command and Conquer. Pero otra vez está ahí la pantalla azul de la BIOS. El disco duro que no solo tiene lo del trabajo, ni lo de la tesis. También tiene todo lo que fue esa relación.

A mí me es fácil olvidar...

 Coges el teléfono y paras Spotify para timbrar a tu jefe.

- Sí, jefe. Tengo un problema técnico con mi computador, no reconoce el disco duro. ¿Conoce algún lugar donde lo cambien? No, no necesito recuperar la información, la base de datos está en la nube...

jueves, 23 de septiembre de 2021

Tachonazos 4: Cuando todo se derrumba

Solo pasaba por aquí a mirar qué tanto polvo se ha acumulado. Han pasado demasiadas cosas en cuatro meses de turbulencia que se han llevado todo por delante, pero el polvo aquí sigue quieto. Como si nada hubiera pasado. Como si nada fuera a pasar.

La vida. El último tachonazo tiene más de 10 años de vigencia y yo no soy el mismo tipo que era en ese noviembre de 2010, despechado por alguien que nunca iba ni va a ser el amor de mi vida por más que yo lo quisiera. Muy tarde lo vine a descubrir, cuando ya eso no solo había acabado mis opciones con ella, sino muchas otras. Hay muchas personas a las que les hice daño por perseguir una quimera, por tratar de buscar una luz al final del túnel que terminó siendo un tren y por poco me arrolla. Debo pedirles disculpas, pero no ahora. Hay que dejar que el tornado exterior se aplaque.

El tornado. Del tipo que era en febrero queda muy poco. Ya me había acostumbrado a una casa (en mucho más de un sentido) y al final las condiciones hicieron que fuera otra. Me convertí en otro tipo de persona, una que solo depende de sí mismo para hacerse una pasta, pagar el agua o levantarse todas las mañanas a aguantar los maltratos, los insultos, la amabilidad corrosiva que camuflaba puños de hierro en guantes de seda, que se mete en las entrañas y las despedaza, socava los cimientos de la identidad personal y genera dudas hasta de quién es uno. De qué es lo que hace. De si tomó la decisión correcta al jugársela a vivir de algo como el periodismo.

Quiso la fortuna, Dios o como lo quiera llamar usted, amigo lector, que aparecieran puntales para evitar que ese derrumbe fuera completo. Los hubo cuando el derrumbe era de hogar. Los hubo cuando la salud colapsó y en un momento, acostado en el colchón de una casa ajena pero donde me sentí más en mi hogar en mucho tiempo, llegué a pensar que iba a ser una de las cifras fatídicas del tercer pico del covid, de la variante alfa, delta, mu (ese nombre), de la que fuera que me tuvo 20 días tosiendo en vez de respirar. Sobreviví con problemas serios de concentración y de ansiedad. Y cuando intenté enfrentarlos, se derrumbó mi vida laboral.

Mientras escribo esta primera parte tengo la carta de renuncia que me pidieron al lado. No quiero que la gente de la página piense que es contra ellos, porque es un equipo brillante que es capaz de muchísimas cosas, donde la camaradería no va solo de dientes para afuera sino hay amistades legítimas y duraderas. Algún día nos tendremos que volver a ver para reírnos de todo esto.

Pero no, mejor no hablar de ciertas cosas. Vuelvo dos semanas después a ver el saldo: positivo en medio de la tormenta. Tal vez la expresión no era de tornado, sino como me dijera una antigua compañera, de incendio. Había que quemarlo todo para dejar que las cenizas se convirtieran en abono y desde ahí sembrar mejores cosas. Las llamas han hecho su labor purificadora, ahora solo queda en uno sembrar y evitar que la maleza se convierta en el elemento que domine este incendio. A trabajar, no queda de otra.

lunes, 20 de septiembre de 2021

No hay nada mejor que casa


Las tazas sobre el mantel
La lluvia derramada


No hay cosa más frustrante que buscar un apartamento en arriendo económico en Bogotá. Lo encuentras muy lejos, en mal estado, pequeño, te piden historia hasta de la llegada de tus ancestros al nuevo mundo, y al final te responden con un “gracias, vuelva pronto” porque no ganas lo suficiente, aunque estés entre los mejor pagos del país. Yo quería conseguir mi casa propia, irme del hotel mamá donde ya no se justificaba eso de estar “colaborando” cuando se tienen ya 30 años y un posgrado, tener un lugar donde pudiera decir “vengan y rematamos” o donde pudiera llevar a alguna hembrita. Un espacio propio.

Un poco de miel, un poco de miel no basta...

Pero me llamó la atención muchísimo una publicación en Facebook. Era un apartamento demasiado grande para irme a vivir solo. También era un apartamento que se me hacía muy conocido, aunque no sabía por qué. En uno de esos conjuntos de San Cristóbal, no habría forma de que no me quedara muy lejos ahora que tendría que volver a la oficina. Pero algo me lo recordaba, algo me atraía para que llamara al número y le dijera a la señora que estaba interesado en el apartamento y quería verlo.


El eclipse no fue parcial
Y cegó nuestras miradas


Cuadramos la cita para el sábado. Salí muy temprano de casa, para poder cumplir a las 10 sabiendo que era poco probable que el SITP pasara a tiempo. Al llegar al paradero sobre la 68, ahí estaba el bus, casi que esperándome. Me subí y dejé que Spotify hiciera su magia, con todo el Fito Páez, Calamaro, Pedro Aznar y Cerati que pudiera sacarme. Ando en una fase de fanatismo de rock argentino desde que Lorena me mandó al carajo.

Te vi que llorabas, te vi que llorabas por él…

El primer golpe fue al bajarme en el hospital San Blas, cruzar la Primero de Mayo y entrar al barrio. Todos los negocios me recordaban algo. ¿Esa panadería no hacía los roscones que no volví a encontrar cuando era niño? ¿Y en esa casa donde está la peluquería no tenían una máquina de arcade donde jugaba “el kinofaiter” que después me hizo tan popular entre los niños de Las Ferias?

Solo entendí cuando entré al conjunto, al apartamento y vi una pequeña marca en el armario. “Ricki no se va Ago-98”. La arrendataria creo que también se dio cuenta.

  • Disculpe, sumercé, es que ese rayón ya estaba cuando compré el apartamento, y como solo lo tengo para arrendar pues nunca le paré bolas, pero yo sé que toca cambiar esos clóseres…
  • No, no, tranquila. ¿Hace cuánto tiene el apartamento?
  • Pues don Ricardo, yo lo compré hace como 20 años al banco, tenía una plata de cesantías ahorrada y aproveché que lo vi barato.

Un sorbo de distracción
Buscando descifrarnos


La invité a tomar un café en la panadería, yo pedí un roscón y la dueña una garulla “porque esos roscones eran ricos, pero los dañaron hace rato”. Le pregunté sobre los arrendatarios, los vecinos, el problema para llegar allá, los servicios. Ella me preguntó sobre mi trabajo, mis intenciones con el apartamento, las ofertas que había visto. Solo cuando me fui le dije que no era lo que estaba buscando, pero que Ricki había vuelto al lugar de donde un banco desalmado lo sacó a punta de cuotas del UPAC, que tantos días de lágrimas le había causado a mamá y que había hecho trabajar tanto a papá que al final le provocó un infarto en el taxi...

miércoles, 30 de diciembre de 2020

Alcaldesa: no es malo que reconozca que la está embarrando

Estimada alcaldesa Claudia López:

Este viernes cumple un año al mando de Bogotá. No hay que recalcar que fue un año atípico, en el que todos nos enfrentamos a un riesgo inesperado y como pudimos, hemos llegado a esta época de balances de una manera más o menos positiva. A usted le correspondió una situación de control de una ciudad particularmente difícil, y durante un tiempo en marzo y abril usted fue una de las personas que más se puso a la altura de las circunstancias en este país. El manejo inicial en esas semanas críticas fue envidiable.

Pero algo se jodió entre junio y julio.

No sé si fue la situación económica que multiplicó las demandas de ayuda en un momento en el que no había recursos. Tampoco sé si hubo presiones excesivas por parte de gremios y empresarios con el fin de reabrir todo a las patadas. Incluso, no sé si pueda decirse que simplemente se acabó la luna de miel que cada nuevo mandatario tiene durante el inicio de su gobierno. Pero la verdad, alcaldesa, este segundo semestre de 2020 ha sido muy decepcionante.

No hablo únicamente de la atención de una pandemia que está amenazando nuevamente con desbordar a la ciudad. En este aspecto las medidas han brillado por su improvisación, en especial las de los últimos días. El caso de la ley seca es emblemático: el anuncio de las 12 cambiado por otro anuncio a las 5 y luego por un decreto que no decía exactamente lo que decía el otro anuncio, por lo que durante unos minutos nadie sabía exactamente qué pasaba, si había propiamente ley seca o solo restricción de consumo de licor, si los bogotanos podrían comprar un trago para brindar en Navidad. Al menos para el 31 quedó fijo que hay ley seca. Parafraseando a Homero Simpson, "la ley seca hace que los bogotanos beban más y se emborrachen más", así que la lluvia de pólvora y los accidentes de tránsito son conclusiones lógicas.

Tanto como las aglomeraciones y marchas en plena final del Fútbol Profesional Colombiano entre Santa Fe y América, con hinchas de ambos lados bloqueando vías y armando alboroto. E incluso, tanto como las aglomeraciones de miles de personas comprando regalos de navidad en San Victorino y en los centros comerciales.

Tengo mis dudas sobre si hubiera sido mejor un cierre en noviembre, pero eso ya es pasado. Lo que no es lo que la espera, alcaldesa, este 10 de enero cuando vuelva de sus vacaciones. No va a ser únicamente la pandemia: va a ser la oleada de delitos de altísimo impacto, porque ya no son solo robos sino muertes para quitar celulares. Va a ser la crisis de movilidad por chambonadas absurdas como quitarle un carril a la vía más congestionada de Bogotá para montar un bicicarril inútil mientras 500.000 personas deben lidiar con trancones de tres horas. Va a ser el equilibrio con un Concejo que no le cree y con una oposición cada vez más bulliciosa, y un apetito burocrático más difícil de saciar.

También va a ser la lista de evasivas a las promesas de campaña incumplidas, como pintar buses del Sitp de amarillo "para que se vea que son limpios" mientras hace tres troncales nuevas (68, Cali, Caracas hasta Usme y promete otras dos (13 y Séptima). O como la inversión en "escenarios para llevar la cultura en los barrios y apoyar a los artistas" que terminan convirtiéndose en fuente de aglomeraciones. O incluso, esas declaraciones en las que culpó de los crímenes en TransMilenio a los venezolanos, tratando luego de rescindirlas pero sin decir "la embarré".

Alcaldesa: tiene en sus manos un 2021 que puede convertirse en la oportunidad de oro para una recuperación y un repunte de Bogotá. El POT, el inicio de obras del Regiotram y el diseño de la segunda línea del Metro, la expansión de Bogotá Solidaria y la renta básica, la construcción del San Juan de Dios, e incluso cosas mucho más pequeñas como un colegio o un jardín infantil, son una chance para una ciudad más digna y mejor. Y todos sabemos que usted busca convertir el desempeño en el Palacio Liévano en un trampolín que la lleve dos cuadras más al sur, al Palacio de Nariño. Pero para llegar allá, tiene que hacer las cosas mejor que cualquier otro alcalde. Y no lo está haciendo.

Y sobre todo, reconozca que la está embarrando. La soberbia de no ver sus errores como tales la acerca más a sus enemigos políticos, a los que no hay que mencionar, de lo que quiere reconocer. Una de las cosas que más repudio causa de su antecesor es justamente esa soberbia de asumir que toda decisión que tomara era buena y que quien la rechazaba lo hacía únicamente por principios políticos. En el Congreso usted dio pruebas de ser capaz de negociar y ajustar cosas, sin perder la vehemencia. En la Alcaldía es parte del trabajo.

Atentamente,

El C. de R.

Adenda. El aborto es legal en Argentina, y es algo para celebrar. Pero no me deja de sonar sospechosa su aprobación en un momento tan crítico en el país, luego de tres años de una discusión increíblemente polarizante y desgastante. Y temo que en Colombia se convierta en una cortina de humo azuzada para pegar a cualquier proyecto político sin oficio ni beneficio ese activismo feminista...

miércoles, 11 de noviembre de 2020

Decadencia, Semana a Semana

Este martes, la dirección del grupo editorial Publicaciones Semana anunció cambios drásticos en sus medios de comunicación. Desde que la familia Gilinski compró el 50% de las acciones del grupo a Felipe López en 2019, estos cambios han sido mayormente negativos. El emblema del periodismo investigativo sucumbió ante un pivote a video que se ha comido a medios de la trascendencia de Vice y Gawker, multiplicado por un interés de su directora digital, Victoria Eugenia Dávila, de generar un espacio más a la derecha de NTN24, pero sin el peso que da estar en televisión.

La estrategia de Vicky y los Gilinski parece haber funcionado. Los cambios anunciados este martes indican que Dávila, cuya experiencia ha sido marcada en medios televisivos, será la directora editorial general de todo el grupo Semana, reemplazando a Alejandro Santos. Así mismo, las revistas Semana y Dinero se fusionarán, y las redacciones digital e impresa de los cuatro medios se combinarán en una sola. Aunque Semana seguirá circulando los domingos, el objetivo es, además de reducir costos, seguir "fortaleciendo" las plataformas digitales de la revista.

Suena irónico decir esto cuando trabajo para un periódico que a causa de la pandemia se ha vuelto 98% digital, pero el plan de Gilinski y Vicky no es fortalecer el portal Semana.com. Es debilitar la revista Semana. Así lo interpretaron Ricardo Calderón, María Jimena Duzán, Antonio Caballero, Rodrigo Pardo y las redacciones de Judicial y Nación en pleno, que renunciaron masivamente ante estos anuncios.

Porque al final, queda muy poco de la revista fundada por Felipe López en 1982, con la intención de ser "una Time colombiana". Está bien, la crisis de los anunciantes es cada vez mayor y por supuesto, las revistas semanales son costosas. Todas las redacciones han tenido la necesidad de recortarse, ajustarse y afinarse para afrontar el modelo actual de negocio. Y en ese sentido, los cambios que ha hecho Gabriel Gilinski podrían tener alguna justificación, en especial la unificación de redacciones que es algo que se ha planteado en cada medio.

Pero los mecanismos son completamente opuestos a la lógica. Gilinski, con el objetivo de fortalecer el portal, ha debilitado su buque insignia, que es la revista impresa. El contenido de altísima calidad que generaba la revista al mando de Ricardo Calderón la había convertido en un emblema latinoamericano del buen periodismo. Así lo entendía Felipe López; así no lo entendió Gabriel Gilinski, que prefirió irse por el subidón de un número en Google Analytics.

Un símil muy importante me lo da la historia de Packard. Hasta los años 1940, la marca norteamericana era uno de las fabricantes de vehículos más prestigiosos del mundo, por encima de Cadillac. Durante la Gran Depresión tuvo que construir autos más baratos (pero no propiamente baratos) para sobrevivir a la crisis, con su elegancia y su capacidad. La Segunda Guerra Mundial paró la producción de vehículos, pero en la reactivación de la economía en 1946, mientras sus competidoras Cadillac y Lincoln se dedicaron a hacer autos carísimos, Packard se fue a cazar números de producción.

Resultado: sus limusinas fueron reemplazadas por vehículos de "casi lujo" y hasta taxis, en un momento en el que hubieran podido vender todo lo que tenían. La expansión dejó a la marca descapitalizada, su prestigio por los suelos y sin capacidad suficiente para competir contra sus nuevos rivales, marcas con mucho más capital y mercado como Buick y Chrysler. La compañía dio tumbos hasta que en 1958, cerró con autos desastrosos.

A Semana le está pasando lo mismo. Su decadencia es notoria porque se fue a cazar números de Analytics o Comscore, descuidando su fuerte: el periodismo y análisis de largo alcance. Si Gabriel Gilinski pretende mantener la revista a flote debe encontrar formas de sostener esa calidad. Ahora bien, el nombramiento de Dávila como directora general y las renuncias masivas de sus redacciones apuntan a un rumbo (o para usar el término náutico, derrota) de ir solo por los números, estrategia arriesgada y que supone que la competencia de la revista no será más El Espectador o El Tiempo, sino Pulzo y Las 2 Orillas.

Ojalá la revista sobreviva a estos embates, pero no tengo fe. En 2020 ha acabado con casi todo lo que ha podido, desde las columnas de Coronell hasta la revista de Avianca, y a Dávila le queda revivir un cadáver. Los periodistas que quedan en Semana tendrán unos zapatos muy grandes que llenar, y me queda la duda de que tengan las herramientas para hacerlo bien. Si no, la decadencia de Semana se irá agravando con cada edición.

(N. de la R.: Este blog revive a partir de este artículo con columnas semanales, que espero que salgan los miércoles).

domingo, 8 de octubre de 2017

Cuento cartagenero

Torturada por los fantasmas de la histórica casa, Alicia sale todos los días a eso de las 4 a recorrer las calles adoquinadas entre el baluarte de San Juan y la plaza de Santa Clara en su silla motorizada. Aunque los años blanquearon su sien y curtieron la piel cetrina de sus brazos, su arrugado rostro muestra a la vez la distinción de ser la última marquesa de Consuegra y la esperanza de que este día sí encontraría al hombre que la amó antes de regresar al Louisville.

En su mente sólo existía esa posibilidad desde que lo despidió en la bahía, prometiéndole escribirle a diario y un pronto encuentro. Alicia lo supo desde que lo vio por primera vez, desorientado por allá en los tiempos en que Santo Domingo estaba cayéndose a pedazos y nadie venía. Con el inglés burdo y atropellado que aprendió en el Marymount hasta que pudo pagarlo, le preguntó qué buscaba. Quería hallar una oficina de correos para poner un telegrama.

Se ofreció a acompañar al apuesto joven a quien la blancura de los dientes y las charreteras del uniforme contrastaban con su tez oscura, pero diferente a la de Aminta y Bernardo. Tal vez fuera el uniforme de la armada o el dejo de Tennessee en su acento, pero algo la atrajo locamente. Y se ofreció a acompañarlo al correo y a mostrarle la ciudad.

El viejo Mauricio sólo se enteró a los dos días, cuando nadie le dio señal de por qué su hija no estaba a la hora de la cena. Aminta no la vio por andar en la cocina con su hija Leonor: Bernardo había lavado el Buick después del viaje a Manzanillo, y los fantasmas de los marqueses de Consuegra no aparecían sino después de las 8. La respuesta la tenían los de la tienda en lo que fuera la cochera. Alicia y su Jeffrey se habían ido a caminar su idilio mientras tomaban Jack Daniel's a poco de botella, y habían agarrado hacia los descampados de San Diego. Sí, estaban seguros: ninguna otra niña de 15 años había ido hacia allá muerta de la risa y en gancho con un marinero gringo negro.

Para don Mauricio, que aunque se apellidaba Samudio firmaba "de Consuegra", la situación estuvo al borde de provocar una apoplejía. ¿Alicia, la niña de sus ojos, con un negro? ¿Tomando alcohol a sus 15? ¿Y en el descampado de San Diego? Sacó la escopeta de su gaveta, prendió el Buick recién lavado y casi arrolló a Bernardo al salir disparado en su afán de recuperar el respeto de su casa, una de las más prestigiosas de Cartagena.

Cuando vio a la niña, está exhibía sus rizos dorados y su tez pálida recostada en el pecho del marinero, que le narraba entonces sus peripecias en un desembarco a Nicosia. El viejo frenó en seco y dejó a los dos jóvenes enceguecidos, dos cervatillos ante el arma despiadada del cazador.

- ¡Yo mato a este negro hijueputa por violar a mi hija!

Jeffrey, que a duras penas mascullaba tres palabras de castellano, le dijo que sacaría el arma, pero por delante se puso Alicia y pidió clemencia a su padre.

 - Nada de eso, hija, ¡quítate que lo mato así te mate!

Don Mauricio apuntó y haló el gatillo, pero la escopeta se encasquilló. Con un sonoro "¡carajo!" la lanzó al suelo: la pólvora estalló y un perdigón casi imperceptible se metió en la desnuda espalda de Alicia. El marino saltó a protegerla mientras se desplomaba, pero el colérico padre trató de meterle un culatazo. De un puño, Jeffrey logró noquear al viejo y se fue con Alicia al hospital naval. Mintió que la había salvado de un robo, vio cómo le sacaban una novedosa placa de radiografía y se despidió prometiéndole con todo el amor del mundo que le iba a escribir apenas zarparan de Cartagena. Un día se reunirían en su natal Chattanooga y serían felices.

Más duró en zarpar el Louisville de la bahía que el viejo Mauricio en desatar un escándalo internacional. Juró que el escopetazo había sido obra del marinero negro, que había tratado de violar a Alicia, y que ese infame pagaría con la pena capital. Logró pedirle al cónsul que le hicieran juicio marcial: a los tres días Jeffrey recibió la descarga deshonrosa por el escándalo en el que había metido a los Estados Unidos de América, y se esfumó.

Alicia vaga con la silla motorizada por el centro histórico para evitar que el fantasma de su padre y los otros marqueses sigan repitiendo esa infamia. El perdigón no solo le quitó el uso de sus piernas, sino la relación con su padre y el deseo de otro cuerpo que no sea el de Jeffrey. Cuando al viejo lo devoró la pleuresía, tapió la puerta de su habitación, y ahora solo le queda Leonor. Ella la apremia para que salga y le muestre al próximo gringo perdido en La Heroica dónde queda lo que quiere encontrar.

El Buick quedó sepultado bajo una mata de maleza que también destruye la pared que separa el parqueadero de la habitación paterna. La escopeta sigue en su portaequipajes, al lado del nido de ratones que se come el baúl donde el viejo colérico condenó al olvido las más de 600 cartas que la hija que había dejado sin piernas nunca leería, provenientes de Chattanooga.